viernes, 24 de diciembre de 2010

The last christmas

Se había levantado temprano. O mejor dicho, no había dormido. Llevaba muchas noches sin dormir.

Se había levantado muy temprano, después de horas de mirar el techo a oscuras. Había preparado la leche de su hija, había dejado programada la cafetera para su marido, había agarrado su bolso y había salido de casa cuando aún estaba oscuro. Caminó varias cuadras hasta la estación de metro más cercana y esperó a que abrieran la boletería con las manos en los bolsillos. La mañana estaba fría.

Pagó su pasaje, bajó las escaleras a paso lento, esperó a que llegara el primer tren de la mañana y se sentó, puso su bolso sobre sus rodillas, las manos entrelazadas, y se dedicó a observar a los pasajeros. A esa hora de la mañana viajaban hombres vestidos de oficinista y mujeres vestidas de secretaria. Se los imaginó en su sillas, tecleando frente a un monitor, haciendo llamadas importantes. Subían y bajaban del tren. A medida que fue avanzando hacia los barrios menos pudientes, a las estaciones pobres, el tren empezó a vaciarse. Llegó al final del recorrido, subió pesadamente los escalones que indicaban "cambio de andén", bajó al otro lado de la estación y esperó el tren de regreso. El público cambió. Obreros, estudiantes, señoras. Nanas, abuelos, más estudiantes, algunos niños, más oficinistas, obreros. Llegó al final del recorrido y volvió a cambiar de andén y a tomar el tren de vuelta. Un tren idéntico a los anteriores, con la misma gente y los mismos anuncios navideños.

Hizo el recorrido incontables veces. Miraba a la gente ir y venir, subir y bajar. Buscaba en sus rostros algo que le explicara por qué se sentía así, vacía, sin objetivos, sin metas, como si toda su existencia fuera un automatismo o como si ella misma fuera una marioneta dirigida por hilos invisibles que controlaban cada uno de sus movimientos. Lo único que escuchaba era el zumbido de las conversaciones, el traqueteo del tren y sus propias preguntas sin respuesta.

No llevaba reloj ni celular, pero vió pasar la mañana y las horas con los cambios de gente. La mayoría se veían estresados y sudorosos. El día se había puesto caluroso y la gente trataba de acomodarse lo mejor posible con los inmensos paquetes que seguramente habían comprado a última hora para llenar el espacio debajo del árbol de navidad. Adivinaba bicicletas y autos a control remoto, muñecas y computadores último modelo, comprados con tarjetas de crédito, padres endeudados hasta marzo cuando empezaba el colegio y empezaba nuevamente el círculo. De pronto, entre los paquetes, lo vió. Él la miraba fijamente, aunque se notaba perdido, perdido quizás como se sentía ella. Se fijó que llevaba una mochila, una cámara fotográfica enorme colgada del cuello y un mapa entre las manos. Se acercó a ella de dos zancadas.

- Excuse me... I was wondering... do you speak english?
- Yes, a little bit
- Oh great! I am so lost! I am trying to get - y le indicó un punto en el mapa - here... and I have no idea where I am.
- Let me see... - tomó el mapa de sus manos, lo dió vuelta y con un dedo le indicó dónde se encontraban - we are here, you are going the wrong direction.
- Oh really! I feel so stupid! So.. how do I get there?
- Well, you can go out in the next station, then you have to follow the sign that says... - observó su cara de confusión. Definitivamente se sentía tan perdido como ella - you know what? I'll go with you.
- Really?
- Sure!
- But... am I taking you away from something?
- No, not really, I have nothing to do today, so... it's no problem for me, really...
- So nice of you! Are you sure? Today is Christmas Eve, don't you have to go home and...
- No, really.
- Oh, great then!

Se bajaron juntos en la siguiente estación, cambiaron de andén y tomaron el tren de vuelta.

- So... my name is John
- Oh, sorry, my name is... Soledad
- Souh-le-dha?
- Hehehe, yes, something like that
- What does it mean?
- Means... lonely

Se hizo un silencio incómodo interrumpido por los anuncios del conductor.

- So... what are you doing here? I mean... are you visiting? And where are you from? I am not so good at accents but I'll guess England?
- Hehehe, that's a big guess. I am from London. Came here to see South America and visit some friends.
- Sounds fun.
- It is, but kind of scary too, not so many people here speaks english!
- No, I am afraid not...
- You're pretty good, though...
- Thanks...

Otro silencio incómodo.

- We have to go out next station, then change to another train
- Really?
- Yes
- Oh God, thank you so much for your help, are you sure it is ok for you...
- Yes, yes, don't worry

Conversaron del clima y de la ciudad y luego de un viaje cortísimo, llegaron a su destino. Se bajaron juntos.

- Well... here we are.
- Is it here?
- Yes, here is the park. You just have to go up the stairs and you'll be there, I'll walk you outside so you don't get lost.
- Oh, you are way too nice with me, really, I don't know what to say... or how to thank you...
- Don't worry, is nothing, really.


Lo acompañó hasta la calle y le indicó hacia dónde seguir. Él le volvió a dar las gracias varias veces. Lo vió alejarse por el parque hacia el oriente, con su mapa en una mano y la cámara en la otra.


Pensó en volver al metro, pero sus pies la llevaron al parque. Se sentó en una banca. Se veía poca gente a pesar del día soleado. Seguramente llenaban los centros comerciales. Por todos lados se veía decoración navideña. Pensó en las películas de navidad que pasaban por la tele, películas gringas ambientadas en invierno. Los adornos en pleno verano le parecían ridículos. Vacíos. Sin sentido. Volvió a preguntarse desde cuándo se sentía así. Era desde que se había casado o quizás desde que descubrió las mentiras y los engaños o fue cuando se quedó embarazada sin quererlo o fue cuando tuvo a su hija y no sintió esa conexión especial que todas las demás madres decían sentir, o quizás cuando perdió su trabajo... volvió al presente y a recordar que esa noche era nochebuena y pensó en las navidades de su niñez. Y no pudo recordar cómo se sentía ser niña. Alguien le tocó el hombro.


- Are you still here?
- Oh... it is you... you didn't find what you were looking for?
- Yes, but that was 3 hours ago!
- Oh really? I don't have a clock, didn't notice the time...
- hmm... are you ok?
- Yes, yes, just sitting here, you know... watching the life white it goes by...
- Are you hungry? Will you like to eat lunch with me? I mean, I understand if you have something to do...
- No, it's ok, I have nothing to do...


Buscaron un restaurant cerca del parque. Encontraron uno que ofrecía un buen menú a bajos precios, pero estaba invadido por el humo de los comensales. Decidieron comer ahí de todas maneras.


- You look... troubled?
- No, I am fine... just, hasn't been a god time lately and with all this christmas crazyness...
- Yeah, I understand...
- But tell me about you...
- Well, first of all, it is so strange to experience christmas at summer!


Hablaron por dos o tres horas. A la comida se sumó un café, un cigarro, el postre, otro cigarro. Él la miraba hablar, el movimiento de su boca, la soledad que se reflejaba en sus ojos... un no-sé-qué inexplicable que le provocaba en las entrañas... No sabía de ella más que su nombre, parecía evitar astutamente toda pregunta personal, no sabía por qué seguía ahí, ni quien la esperaba en su casa ni por qué tenía esa expresión en sus ojos... pero le gustaba. Le habría dado un beso, había oído cuentos sobre lo cálidas que eran las latinoamericanas comparadas con las europeas, pero también había oído que podrían haberle dado una cachetada en respuesta. La encontraba bonita, de todas formas, aunque había algo, algo que no sabía cómo definir...


- You know... we have talked about a lot, but I still feel there is something that is making you... sad?
- No, it's nothing really, haven't been so good lately, but that's all... I think... I think it's time for me to go...
- Ok... - miró su reloj - I guess is time for me to start going too... I've been invited to the christmas party of my friends... I guess will take me some time to get there.
- Do you have an address?
- Yes...
- Well... we are here now and you have to get there... - le mostró el otro lado de la ciudad en el mapa - if you take the metro again, you'll be there in less than an hour...
- Oh, that's great!
- I'll tell you what... I have to take the metro too, we will go together two stations, then Iæ'll leave you at your train and continue in mine - le explicó dónde bajarse y cómo llegar a la dirección que tenía anotada. Estaba a una calle del metro, le hizo una marca en el mapa, perderse era imposible y el barrio era seguro, así que estaría bien - what do you think about that?
- I think you are an angel...

Caminaron hacia el metro, conversaron de más cosas. Él quería pedirle su número de teléfono, pero sentía que la oportunidad no se le daba. Llegaron al cambio de estación, se bajaron del metro, pasaron a la otra línea y esperaron el tren de él. Anunciaron que llegaría en los próximos minutos.

- Do you... believe in destiny? - tan pronto como la pregunta salió de sus labios se dió cuenta de lo estúpido de la situación.

Antes de que ella le respondiera, le tomó la cara con las manos y la besó. Un beso cálido que sabía a café, a cigarro y a dulce. Ella se dejó besar, sin responder, pero sin rechazarlo. Volvieron a anunciar el tren. Sus bocas se separaron.

- You know... I don't need to take this train... or go to the party... or perhaps you will like to come with me to the party?

Ella lo miró con lo que él recordaría años más tarde como unos ojos vacíos, sin luz, muertos. Separó las manos de su cara y se acercó a la línea amarilla del andén.

- I don't think...

Se le hizo imposible oír lo que le decía con el ruido del tren que se acercaba. No alcanzó a reaccionar tampoco cuando se dió cuenta de lo que quería hacer. Quiso acercarse pero ella fue más rápida y todo lo que vió fue su salto hacia las líneas y su cuerpo desaparecer debajo del tren, sintió el pitazo del tren, los gritos de la gente y la conmoción en el andén. Vió a los guardias de seguridad correr y la gente llevarse las manos a la boca, soltando sus paquetes de navidad, horrorizados.

- Maybe she didn't believe in Santa... or found out that Santa isn't real... - fue lo que le dijeron sus amigos cuando consiguió llegar a la fiesta, entre risas etílicas - what did you say her name was, again?
- Her name was lonely... - pensó él con una copa de vino en la mano - Lonely - repitió en voz alta.
- Lonely? That's not really a name, you know... - cuando oyó las carcajadas, entendió todo lo que Soledad no le había dicho con palabras.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Cuento navideño

Después de una pausa inesperada en nuestro taller, volvemos a las tareas.


Para esta ocasión les propongo un cuento, pero no un cuento cualquiera, sino de acuerdo a las fechas que se acercan: un cuento navideño.


O mejor dicho, un cuento relacionado con la navidad.


No piensen solamente en el típico cuento navideño de Charles Dickens con los tres fantasmas y el avaro que cambia su forma de ser, ni en aquel en que un matrimonio de escasos recursos sacrifica sus más valiosos tesoros para comprarle algo a su pareja, sólo para descubrir que el regalo les era inservible sin los tesoros que vendieron! No, puede ser cualquier tipo de cuento, pero inspirado o que suceda durante la época de navidad.


Para este cuento se dará un plazo de casi un mes, si lo terminan antes, pueden programarlo (en la parte de abajo del post están las "opciones de entrada" donde pueden editar fechas y programar las entradas para cierto día) para que aparezca publicado el 24 de diciembre. Luego se dará una semana de plazo para comentarlos (o luego veremos en caso de que los escritores y escritoras estén de vacaciones y no puedan comentar). La idea es que sea un cuento largo, de unas tres páginas, por eso se da este plazo más largo y porque creemos que la idea se puede "explotar" bien.


Nos leemos pronto!

sábado, 30 de octubre de 2010

Buena y mala literatura

Para esta semana, mientras esperamos a que surjan más temas de trabajo, proponemos este ejercicio/debate sobre Buena Literatura y Mala Literatura:


A veces lo tomamos como algo obvio, pero no muchas veces nos hemos detenido a pensar: ¿Qué hace que una lectura sea "realmente" buena? ¿Qué diferencia a la buena de la mala literatura?

Lo más difícil en este caso es calificar un texto desde un punto de vista objetivo, porque obivamente en gustos no hay nada escrito y diferenciar lo "bueno" de lo "malo" puede, en muchos casos, ser demasiado subjetivo. Muchas veces pasa (y ha pasado en este taller literario) que decimos: "A mí parecer creo que al texto le faltó/sobró algo" pero ¿podemos basar un argumento en algo que nosotros mismos pensamos o sentimos?

A mí en lo personal me carga Paulo Coelho, pero eso no quita que haya un montón de gente que lo lee y lo ha transformado en best seller. ¿Por qué si yo creo que él es un pésimo escritor hay otra gente que lo admira? Porque por supuesto el veredicto jamás se puede basar en una opinión 100% objetiva. Yo creo que no existe ninguna receta para escribir grandes obras maestras, creo que el talento de un escritor está en su visión. En la visión que tiene de las cosas y en como él o ella es capaz de transmitir esa visión en palabras que se nos transforman en imágenes. Me parece a mí que cuando el autor crea complejas imaginerías que se nos hacen simples de esbozar, que se nos hacen simples de recrear como una escena o sentimiento cuando leemos, es un buen autor.

Pero no basta con la capacidad de crear buenas imaginerías, sino que también se trata de no caer en clichés, se trata de ser original y realmente crear las imaginerías por cuenta propia, algo que nadie nunca antes haya dicho de la misma manera . Volviendo al caso de Paulo Coelho (en mi caso me carga, pero lo uso sólo de ejemplo y que me perdone la persona que le guste) me parece que él tiene un problema de caer en la obviedad, no me parece que cuando escribe dice algo nuevo o que no sepamos de antes. Sus interminables frases del tipo: "El amor es..." demuestra que no tiene la capacidad de asombrarnos y que recurre al recurso más trillado de la humanidad al explicarnos con otras palabras cosas que son de conocimiento universal ("El amor todo lo puede y es puro y blah blah...")

Otra de las cosas que en mí opinión hacen un buen texto es que el texto sea en sí un ejercicio intelectual. El texto debe tener espacio para poder ser interpretado, digerido y al no sernos entregado en bandeja podemos disfrutarlo y usar más tiempo en él. Claro que no en todos los casos es o tiene que ser así de complicado. Tampoco es así que lo único que leamos vaya a ser Kafka. También podemos disfrutar de otro tipo de lecturas un poco más livianas.

Lo que debería ser universal en el arte de escribir buenos textos vendría a ser:

  • El uso del vocabulario debe ser completo y debe respetar el conexto en que se desarrolla la historia
  • El uso de la gramática por supuesto debe ser correcto (A menos que algo se trate de lograr, al alterar la gramática en forma deliberada para darle alguna interpretación o expresión al texto que el lector debería interpretar)
  • El diálogo debe ser creíble
  • Los personajes centrales deben tener caracteres bien definidos (Otra vez también, dependiendo de lo que el autor quiera expresar)
  • La historia debe ser coherente y se deben seguir algunos aspectos técnicos de la narrativa. Esto quiere decir que se deben usar los tipos de narrador de manera coherente, tiene que haber un tema a seguir, un tipo de mundo etc, lo que a veces puede alternarse en el transcurso de la historia pero de manera eligible y con una intención clara y definida.

También están los aspectos más subjetivos para que un texto nos guste o no:

  • La historia es interesante y el lector se siente identificado con la historia o se siente atraído hacia ella.
  • La lectura se hace placentera para el lector. Es subjetivo en el caso de que una lectura se puede hacer más placentera para unos que para otros.
  • Los personajes me cayeron mal o bien (Sí, creánme, a la hora de juzgar un texto, hay de todo)
  • La lectura se nos hizo muy difícil o muy fácil.
  • Al lector le pareció que en el texto habían muchos modismos y no los entendió por lo que el texto se le hizo demasiado "distante" a su realidad.
  • El lector considera que el texto debería haber sido escrito de otra manera.
Y ahora el ejercicio que quiero proponer. En el espacio de los comentarios quiero que opinen qué les parece a ustedes una buena o mala lectura y por qué. La idea es que abramos un diálogo y luego una discusión sobre el tema. Lo mejor es si alguien me dice si es que no está de acuerdo conmigo o con alguno de los puntos que escribí y porqué no lo está y abramos la discusión. Este ejercicio nos va a servir para saber los puntos de vista de cada una y para cuando comentemos los cuentos de las demás sepamos a que atenernos, ya que, como dije, lo principal a la hora de dar una crítica y recibirla es saber que siempre se va a tratar de un punto de vista subjetivo, al menos cuando se trata de textos.

Esperamos sus comentarios!

viernes, 29 de octubre de 2010

Noche oscura

Horas de juego interminables
mis pensamientos sin sentido
y tu sonrisa adorable
ven, que ya ha anochecido.

Dame un abrazo que me desarme
únamonos en un sólo latido
calla, deja que primero te hable
sobre lo de siempre y lo añadido.

Toma mi mano muy fuerte
No importa si ya has caído
incluso al borde del abismo
antes de que caigas ya te he cogido.

Es hora de dormir cariño
cierra tus ojos como hemos convenido
que aquí estaré cuando despiertes
te prometo nunca estarás desprotegido.

Te miro cual ángel en mis brazos
una vez que te has dormido
esas pestañas largas y hermosas
y me pregunto a quien has salido.

Despacio te dejo en la cama
una amago de sonrisa, ¿sueñas algo divertido?
pasos silenciosos hasta la puerta
y me voy sin hacer ni un ruido.

Tejo en mi silla, esperando la mañana
oigo que en la cocina la tetera ya ha hervido
y mientras saboreo el olor de la canela
me pierdo en la noche y su oscuro olvido.

lunes, 25 de octubre de 2010

Dedicado a ti

Corro, no por la pradera,
ya no corro contigo,
corro sin ti,
comienzo otra era.

Hemos cambiado,
ya no somos iguales,
pero tanto yo te he dado
que queda poco de mí

Mucho te he pensado,
a tí y a mi contigo,
pero nos hemos alejado,
y por eso hoy me despido

A pesar de lo que digo,
y aunque de mí te has marchado,
en mis sueños te persigo
y tu recuerdo sigue aquí

Corro, ya no por la pradera,
no corro contigo,
ahora corro sin ti,
comienza otra era.

Una sonrisa te dejo
un beso te envío
y aunque se viene el hastío,
ya puedo correr sin tí.

domingo, 17 de octubre de 2010

La despedida

Día soleado, día de estrellas,
noches blancas, luna llena
el pasto mojado, rocío mañanero,
la brisa fresca soplando en el cielo
sin embargo mi alma, sufre una afrenta
cual pequeño velero en plena tormenta

Esta carta honesta, a ti dirigida
contiene en sus versos mi despedida
no la firmaré porque tu posición debe ser cuidada
y si la sociedad se entera mi alma se verá quebrada

Párrafos cortos, letra menuda,
pequeños dibujos que esconden la duda
estilo ligero, triste por demás,
una que otra lagrima cayendo al compás
espero que me oigas, espero que entiendas
que la decisión hoy tomada, no permite arengas

Fueron noches hermosas las que pasé a tu lado
disfruté la brisa y el calor del verano
las noches de invierno fueron aún más bellas
el calor de tu cuerpo ocultaba las centellas

Pero de esos momentos de amor y pasión
quedó como resultado una terrible adicción
a ti, a tus besos, a tu piel como fruto
y en mi vientre, hoy, un creciente tributo.

Ambos sabemos que el fruto de nuestro amor
en este mundo cruel no tendría perdón
sufriría el yugo de los hijos rechazados
porque sus progenitores no eran aceptados
por eso hoy, mi decisión prima
y mi amor por ti me lleva a la cima
de un terrible pico de dolor y tensión
pero lo prefiero antes que tu dimisión.

Unas cuantas pastillas, un poco de alcohol
quizás un veneno calme esta desazón
sólo espero comprendas, ni siquiera que perdones
porque me llevo conmigo parte de tus dones
y aunque quizás tú ni te des cuenta
sé que mi alma quedará contenta

Recuerda que siempre contigo estaré
desde allí donde estemos de ti cuidaré
nos vamos hoy, pero no te olvidaremos
tú continúa con tu vida de sueños supremos
y algún día, cuando a nosotros te unas
recuerda que un amor no muere en la bruma
permanece por siempre, aún en la eternidad
porque en este mundo, no permiten la verdad

viernes, 15 de octubre de 2010

Poesía

El tema para este trabajo lo ha propuesto Kate y es Poesía:

En wikipedia podemos encontrar qué es la poesía y los tipos de poesía que existen.

La propuesta para la próxima tarea es escribir una poesía (tema libre) pero con la condición que cada párrafo tenga cuatro líneas y que rimen (ya sea la línea uno con la cuatro o la dos con la cuatro o la uno con la tres). La idea es que transmita un sentimiento a través de las rimas.

Como ayuda Kate encontró este diccionario de rimas. Simplemente ponen las palabras y el diccionario les busca posibles rimas.

Es una buena ayuda, sin embargo, como comentó alguien "Un diccionario de rimas no ayuda a escribir buena poesía, así como el Kama Sutra no contribuye a una satisfactoria relación sexual, ni la guía telefónica nos puede relacionar con toda esa gente.

Al que Salamanca non da…"

A poner a volar la imaginación!!!

Bueno, ya está dada la tarea... Nos leemos pronto!

domingo, 10 de octubre de 2010

Una limpieza difícil

Se ha hablado de todo tipo de fantasmas, los que habitan en las casas, los que habitan en los lugares baldíos, los que se pegan a los seres humanos y le roban las energías (creo que les llaman vampiros), en fin, si hablamos del reino sobrenatural, las manifestaciones demoníacas son muchas.

Sin embargo, la historia que me pasó hace poco supera todas las expectativas. Si mal no tenía entendido, un ente sobrenatural se encuentra más que todo en lugares viejos, decrépitos y con mucha historia de actividad paranormal. No en vano las historias que nos asustaban de pequeños tenían lugar en casas antiguas, en terrenos extraños, en noches oscuras de tormentas. Por eso al principio no pensé que a mí me estuviera pasando algo sobrenatural, pero este ente que me persiguió estaba en mi computador

Sí, así como lo escuchan. Yo pensé que era algún virus de computadora, de esos que te vuelven la vida cuadritos. Pero llegó un punto en el que lo que hacía era demasiado extraño para un virus, y cuando pasó al plano real, mi imprudencia casi me mata.

Mejor empiezo por el principio. A mí me gustaba mucho andar visitando esas páginas que contaban historias de terror y que hablaban de brujería, satanismo, demonios, y otras cosas paranormales. Mi hobbie era quedarme hasta tarde leyendo, viendo videos y escuchando esas grabaciones que llaman psicofonías. Era completamente adicta a dichos sitios y mi imaginación volaba con ellos.

Ya mi abuela me lo había advertido, que me dejara de esas cosas, que lo que estaba haciendo era abrir una puerta para que los del reino de los indeseables entraran, y que esa limpieza era muy difícil. Yo me ría de ella: - Ay abuela, estamos hablando de tecnología, de cosas que usted no entiende. Antes si se podía temer porque los muertos quedaban atrapados en lugares físicos y la gente iba a molestarlos, pero aquí lo que estoy viendo es como una especie de biblioteca virtual, no hay ningún peligro – Y yo seguía terca, adicta a esta información.

Una tarde que llegué temprano del colegio, que estaba sola en la casa, me fui derecho a mi computador a seguir mi investigación paranormal. Había encontrado una página en la cual se encontraban varias psicofonías grabadas en casas embrujadas, en cementerios y hasta una en la habitación de un bebe. Estaba concentrada escuchando cuando mi mirada se posó sobre uno de los links de esa página, que decía “psicofonía de limpieza virtual”, inmediatamente di clic sobre ella. Al instante me salió una ventana con un aviso: “Usted entra a este sitio bajo su propia cuenta y riesgo, si usted es una persona sensible le recomendamos salir inmediatamente”.

Me reí de la ingenuidad de quienes advertían, ¿qué peligro podía haber en escuchar una psicofonía? Sin embargo, la prohibición hizo que mi curiosidad se disparara, y haciendo caso omiso entré. Al principio no pasó nada, luego me pidió confirmación para bajar un archivo que guardé en mi disco para poder borrarlo después. Era una grabación y con mucha expectativa le di play. Escuché un pequeño rasguño, una respiración y una voz que decía… hola… todo en menos de veinte segundos.

Me sentí decepcionada porque esperaba más de semejante introducción, sin embargo sabía que había gente payasa en Internet que trataba de hacerle dar susto a los otros, pero lo que hacían era que uno perdiera el tiempo.

Cerré dicha página y me concentré en hacer mis tareas. Debía empezar a escribir sobre los hechos de la segunda guerra mundial, pero no me lograba concentrar. Aún tenía rabia por haberme ilusionado tontamente. Empecé a escribir cuando empecé a notar que mi Mouse se movía, no el ratón sino el puntero. Pensé que había dejado mal puesto y lo moví. Volvió a la normalidad. Luego empezó a titilar mi pantalla, como si quisiera apagarse. La golpeé un poco y se arregló. Al rato el computador se apagó, intenté con ctrl + alt + supr cuando la pantalla se puso verde, y lentamente una figura fue tomando forma en la pantalla. Repentinamente la figura se transformó en una cara, parecía una máscara, con los ojos cerrados. Yo estaba paralizada, no me podía mover, no podía ni reaccionar. Esa cara me tenía hipnotizada. Repentinamente, la cara empezó a abrir los ojos, y en ese momento recuperé fuerzas y salí corriendo de mi cuarto. En el pasillo me encontré con mí a abuela que había acabado de entrar. Sintiendo mi agitación me preguntó qué había pasado. Casi sin voz le dije que había algo raro en mi computadora. Entramos juntas y yo casi con los ojos cerrados, sin embargo, mi computador estaba encendido como de costumbre con mi tarea abierta.

Mi abuela me regañó porque seguro me había quedado dormida y había tenido una pesadilla. Me regañó otra vez por estar viendo páginas de fantasmas y me advirtió que el reino sobrenatural no respeta tecnologías ni fronteras: “Todos somos energía, y tu preciosa tecnología una mucha energía, seguro estas abriéndole la puerta a algo que no quieres tener aquí”.

Me quedé pensando en lo que me dijo mi abuela, sin embargo, me sentí tonta. Revisé la computadora pero no encontré nada extraño. Apagué y me fui a dormir. La tarea la terminaría después.

Me dormí inmediatamente, sin embargo, ya avanzada la noche sentí un rasguño cerca de la cabecera de mi cama. No quise abrir los ojos, porque pensé que seguro iba a pasar, cuando al momento siguiente, escuché una leve respiración. Pensé que era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada, sin embargo me quedé absolutamente quieta. Era verdad, sentía una presencia al lado de mi cama, alguien estaba rasguñando la cabecera de la cama y respiraba lentamente. Traté de no moverme, de no dar a entender que estaba plenamente consciente, pero la entidad presintió mi cambio, y sentí que alguien o algo se sentó en mi cama. Con los ojos aún cerrados me levanté, me enredé en las cobijas y caí al piso. Comencé a gritar cuando sentí que un par de manos me agarraba la espalda y me volteaban. Abrí los ojos y de golpe vi a mi abuela con cara de preocupación. Estaba bastante asustada y me preguntaba qué me pasaba. Sólo pude abrazarla y entre llantos le conté lo que me había pasado. Ella me dijo que me había escuchado hablar, y al abrir la puerta estaba en el piso gritando. Esa noche me pasé al cuarto de ella porque no quería volver al mío.

Al día siguiente me sentí tonta, y pensé que me había dejado llevar demasiado por mi imaginación. Sin embargo evité mi habitación por un buen rato. En la tarde ya no encontraba nada que hacer y decidí volver a mi computadora. Prendí y entré a internet, de repente me saltó un vínculo que decía "Detalles de limpieza", y aparecía mi cara. Me asusté, pero la curiosidad pudo más. Hice clic en vínculo y abrió un video. Era mi cuarto, la noche pasada, visto desde arriba, como si una cámara colgara del techo, allí estaba yo dormida, y había alguien a mi lado, que me observaba. De repente yo me levantaba y salía corriendo y el ente me perseguía, yo me tropezaba y luego caía y ya el ente se desaparecía. En ese momento aparecía mi abuela y me agarraba. Muy asustada bajé corriendo a decirle a mi abuela que viera el video, pero cuando llegamos a la computadora, ya el link redirigía a una página no encontrada.

Mi abuela ya estaba preocupada, me decía que dejara de entrar a esas páginas porque me estaba buscando un peligro serio. Por ese día le hice caso, pero tenía miedo que en la noche me fuera a pasar algo parecido. Así que decidí irme a dormir con mi abuela.

A media noche desperté de repente, un ruido… venía de mi habitación. Mi abuela dormía profundamente así que no la quise despertar, pero con el corazón en la mano me dirigí a mi cuarto. Abrí la puerta, y vi que mi computadora estaba encendida. Me acerqué a ver qué me quería mostrar y vi en la pantalla otra cara, diferente a la que había visto hacía dos noches. Esta me miraba fijamente, y aunque por mi garganta subía un grito, mis labios no lo dejaron salir. Me acerqué firmemente a la pantalla y confronté a lo que fuera que me estaba mirando. Sin embargo, mientras me acercaba iba notando algo extrañamente familiar en esa mirada. Me recordaba a alguien, sólo que no lo lograba ubicar. Me acerqué aún más, y estiré la mano para apagar la pantalla cuando sentí un calambre por todo mi cuerpo y perdí la consciencia.

Al rato desperté en mi cama, y no me podía levantar. Abrí los ojos y vi la misma persona que me miraba desde la pantalla, pero esta vez frente a mi cama. Intenté moverme pero no pude, intenté gritar pero tampoco logré pronunciar sonido. El ente empezó a rondar mi cama y yo sólo atinaba a mirarlo. A pesar que tenía miedo, sólo lograba preguntarme quién era y qué quería. Su cara me era muy familiar, esos ojos grandes y grises, cómo los míos. La forma de la nariz, la curvatura de la boca. ¿Sería posible? Inmediatamente, como si el ente supiera lo que yo estaba pensando, me dirigió la mirada y se empezó a acercar a mí. Mi corazón empezó a latir muy rápido y en un momento dado, alcancé a levantarme de la cama y corrí hacia la habitación de mi abuela. Ella no estaba en su habitación, pero antes de salir divisé que bajo de su cama había un computador portátil, uno que nunca antes había visto. La curiosidad se apoderó de mí y tomé el computador en mis manos, estaba encendido y tenía un archivo conocido, aquella psicofonía que había escuchado días atrás. Vi que tenía varios videos también, de aquella figura que rodeaba mi cama mientras bailaba de una forma extraña, como describiendo un ritual, como si luchara con el aire. Casi todos los videos tenían el mismo contenido, y en ellos yo estaba profundamente dormida.

Repentinamente caí en cuenta, la segunda cara que había visto era la de mi abuela, pero mucho más rejuvenecida. Me dirigí otra vez a mi cuarto y allá la encontré, tenía los ojos grises muy abiertos, y luchaba con el aire. O eso me pareció. Lentamente otra figura fue tomando forma dentro de mi cuarto, la máscara que había visto en mi computadora la primera noche. Esos ojos que me miraron con tanta profundidad. Mi abuela seguía en su lucha y yo paralizada no sabía qué hacer. Lentamente todo se fue poniendo negro y perdí otra vez la consciencia.

Ya sé que no vuelvo a meterme en esas páginas paranormales, ya mi abuela me lo había advertido. Ella me había dicho que esa limpieza era difícil, todas las noches ella debía limpiar y sacar a todos los entes que yo dejaba entrar. Y lo peor es que nunca se sabe cuándo puede quedar uno por ahí en algún archivo, en alguna carpeta oculta…

jueves, 7 de octubre de 2010

Evidencia

Fue una noche terrible. Primero pensé que era un resfrío que estaba empezando, porque a ratos me moría de calor y sudaba y a ratos temblaba y sentía que el frío me calaba los huesos. Al otro día tenía que levantarme temprano. Era el día de defensa de mi tesis, el día que culminaba mi esfuerzo de cinco años de sacrificio. Quizás eran sólo nervios. Me dormí a saltos.

Eran pasadas las tres de la mañana cuando me desperté. La luz de la luna se filtraba por la cortina que cubría mi ventana. La casa estaba tan silenciosa que me llamó la atención. No se oía ni un crujido nocturno de la casa expandiéndose o recogiéndose, ni los ladridos de algún perro solitario e insomne, ni los maullidos de alguna gata en celo sobre el tejado vecino. Sólo oía el silencio y el latido acelerado de mi corazón. Corrí la cortina para tapar la ventana completamente, pensé que era la luz lo que me había despertado, y me tapé hasta la nariz. Sin una razón aparente, recé un padrenuestro. No lo hacía desde hacía años. Volví a dormirme.

Cuando me desperté nuevamente y miré el reloj, me dí cuenta de que sólo habían pasado quince minutos. Algo estaba mal, mi cuerpo me avisaba que algún peligro invisible y desconocido me acechaba. Pensé que eran paranoias mías y que un vaso de leche tibia solucionaría mi dificultad para conciliar el sueño, pero cuando quise levantarme...

No podía moverme. No podía hablar. Pensé que era una pesadilla. Mil veces había oído hablar de ese estado de semiconsciencia en que no estás completamente dormida ni completamente despierta. Sentía que estaba despierta, mi mente estaba despierta, pero mi cuerpo estaba totalmente inmóvil y adormecido. Los ojos, sin embargo, podía girarlos y ver a mi alrededor. El reloj en la mesa de noche, la cortina cubriendo la luz de la ventana y en la puerta... en la puerta ví la sombra.

Cuando ví esa sombra claramente humana parada en la puerta, sentí que un aullido inhumano, gutural y primitivo escapó de mi garganta. Era miedo, miedo puro, miedo irracional. Un escalofrío de terror me recorrió la columna, una corriente de terror me paralizó el corazón por un microsegundo. Cerré los ojos fuertemente. Padre Nuestro que estás en los cielos...

Una pesadilla, tenía que ser una pesadilla. Aún así, seguía sin poder mover el cuerpo y no me atreví a abrir los ojos. Los muelles de mi cama crujieron. Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino...

Por favor, por favor, por favor, supliqué. Sea lo que sea, Diosito, que se vaya, por favor, protégeme. Sentí el peso de un cuerpo sobre mi cuerpo. Me oprimía el pecho, me costaba respirar. Sentía los latidos del corazón enfurecidos en mi garganta. El peso sobre mi cuerpo incrementaba, me iba a aplastar, me iba a reventar. Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo...

Por fin pude gritar y con el grito, el peso desapareció. Salí corriendo de mi habitación y me refugié en el dormitorio de mi hermana. Se asustó al verme. Le dije que había tenido una pesadilla horrible y que me dejara quedarme con ella. Pasé las pocas horas hasta la mañana soñando pesadillas extrañas y difusas.

Por la mañana me fui a la universidad. Defendí mi tesis mediocremente, pero obtuve una nota aceptable. Nos fuimos a celebrar con mis compañeros. Yo no podía sentirme alegre. Algo me oprimía el corazón y miraba con temor cada esquina, cada persona, cada rincón de oscuridad. Un par de tragos más tarde ya sentía el alma más ligera. Qué tonta había sido. Me había asustado una pesadilla sin sentido. Ya estaba oscuro cuando cada uno se fue a su casa.

Del paradero a mi casa hay dos cuadras de distancia. El miedo volvió a asaltarme cuando me encontré en la calle vacía y silenciosa. Decidí caminar por el medio de la calle, lejos de las sombras de los árboles. Varias luces de los postes empezaron a parpadear cuando estaba a mitad de camino. Sentí pasos detrás mío. Me volví a mirar. Ahí estaba de nuevo. La sombra me seguía. Corrí desesperada hasta llegar a mi casa.

En casa no hay nadie. Tengo miedo. Hasta hoy nunca creí en estas cosas. Tengo todas las luces prendidas y siento que me va a dar un ataque cardiaco cada vez que parpadean. Llamé por teléfono a mis padres y a mis hermanos, pero los teléfonos no comunican. No me atrevo a salir de la casa. Escribo estás líneas porque...






El resto de la carta está ilegible. Es la única evidencia que se ha encontrado de la desaparecida. En su habitación no hay señales de forcejeo ni de que ha estado aquí después de haber salido por la mañana. Las últimas personas en verla fueron sus compañeros de universidad. Los padres nos llamaron al llegar a casa y encontrar todas las luces encendidas, sin señales de su hija. Se procede a dar el parte a la sección de personas desaparecidas. No se descarta alguna enfermedad mental latente y/o el uso de drogas alucinógenas, de acuerdo a lo leído en la carta encontrada en la mesa de noche. Se da el parte a hospitales e instituciones de salud mental.

Firma.
Tte. Marcos González
Santiago, 07 de septiembre de 2010

jueves, 23 de septiembre de 2010

Cuento de terror

Para esta semana, les propongo escribir un relato o cuento de terror, miedo o suspenso, como quieran llamarle.

Para orientarnos, les invito a que lean la página de Ciudad Seva y también que le den un vistazo a la información general que pone Wikipedia sobre los cuentos de terror y sus características.

El tema en sí es bastante "libre", refiriéndonos al hecho de que hay mil opciones que escoger y en las que basar nuestro cuento. La única "obligación" es que sea de terror, que logremos transmitir miedo al lector, que hagamos que al leer se le ponga la piel de gallina y los pelos de punta.

Nos leemos pronto! Espero que les guste la tarea...

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Propuesta de temas

Dejo esta entrada para que propongamos temas para las tareas del taller literario. Las propuestas se pueden hacer en los comentarios, ojalá con alguna referencia. No sólo decir "escribamos poesía" sino explicar, dentro de lo posible, qué tipo de poesía, en que consiste, sus características, que se espera de la tarea, etc. Así con todos los temas que propongamos.

Ojalá se animen y propongan muchos temas! Somos pocos los que participamos, pero siento y leo que la calidad ha mejorado considerablemente, siempre es un gusto leer los demás relatos y ver como una misma idea nos inspira de distinta forma.

Ah! a medida que vayamos proponiendo, se irán subiendo las tareas, así no estamos improvisando el día anterior sobre qué tema escribir esta semana.

Nos leemos pronto!

sábado, 18 de septiembre de 2010

La eterna primavera

Nunca entendió porqué le decían la ciudad de la eterna primavera, hasta que salió de ella.

En aquel pueblito norteño casi se congela. El frío era tan extremo que la mantenía dormida, las precauciones eran máximas debido a que un olvido de guantes, gorros o bufanda, un hueco en su ropa térmica y tenía una pulmonía asegurada.

En el desierto casi se ahoga. El calor abrasante impedía pensar con claridad, se mantenía fatigada, con sed y desesperada. El clima seco y caliente era simplemente insoportable.

En aquella ciudad se sentía plena, no hacía mucho frío ni mucho calor, el clima era sencillamente fresco. La ciudad era hermosa, lo que ayudaba más a la ilusión de encontrarse en un pequeño paraíso en una tierra virgen, inexplorada.

Los árboles verdes daban un aroma natural que la rápida urbanización no lograba opacar. El cielo siempre se mantenía claro, aun cuando llovía, y lo más frío que podría estar se solucionaba con un simple saco, y en casos extremos, una bufanda.

Sí, era cierto que, en otros lugares del mundo, los otoños son espectaculares y que los veranos son deliciosos, pero en este pequeño rincón del mundo donde estaba su vida, la eterna primavera daba la sensación de calidez y confort que ningún otro lugar del planeta puede proporcionar.

Las montañas también daban una extraña sensación de seguridad. Esos gigantes verdes rodeaban la ciudad como un fuerte, cobijando a sus habitantes y brindándoles un pequeño refugio contra las fuertes embestidas de los vientos oceánicos que devastaban la mayor parte del país.

Clima fresco, viento suave, montañas verdes, cielo azul, aroma a café. Esta es la eterna primavera y allí vive feliz.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Recuerdos

Desde el avión, la vista es absolutamente espectacular, no solo por lo pequeñas que se ven las cosas desde el aire, sino por la sensación de tranquilidad que causa ver la ciudad. Sobre todo si es de noche, con sus infinitas hileras de luces por todas partes que la pintan de naranja, pero un naranja bonito -luz y calidez-. Parece que el creador se dedico esmeradamente a crear cuando le toco el turno a esta ciudad, porque lo que se ve desde el aeropuerto no solo es organizado y con ínfulas de ciudad primermundista, sino que el mar lo rodea y baña la playa y parece un pequeño pedacito de cielo.
Y te sientes bien, te llenas de calma y al mismo tiempo de expectación, porque abajo, en tierra firme, podrás descansar y disfrutar.
Si llegas de noche, esa sensación te acompaña hasta la mañana siguiente cuando te toca salir de la habitación de tu hotel, y abandonar ese idílico estado de bienestar.
Si llegas de día, la realidad te golpea en todo su soleado esplendor apenas pones un pie afuera del aeropuerto.
Y tus sentidos son puestos a prueba.
Sientes una ola de calor que te golpea, tan fuerte que deja de parecerte ola y en tus mejores momentos bromearas sobre un tsunami pero en ese es lo último que se te ocurre. Y hay una multitud que te rodea, llena de pancartas y de Welcome, extranjero, que no hace nada para alejar esa primera sensación.
Y como ellos tampoco se alejan, viene el fastidioso zumbido de la gente murmurando, y a pesar de querer huir de ese terrible sonido en el primer automóvil que encuentres, realmente no sirve de mucho, porque además de gritar desaforadamente para invitarte a utilizar sus servicios, y cobrarte lo que luego de enteraras es una tarifa carísima, el taxista que eliges no deja de hablar en todo el trayecto, eso si, sin bajarle en ningún momento a la música de su radio.
Pero por lo menos tiene aire acondicionado.
Hay que agradecer las pequeñas cosas de la vida.
Pero el camino entre el taxi y la recepción del hotel –que no tiene aire acondicionado- es de nuevo terrible. Como bien dice un amigo que vive aquí, esta ciudad es 100 grados más caliente que el infierno. Y es así todo el maldito año.
Cada vez que vengo aquí siento que me derrito. Es un fastidio, lo único que se me ocurre hacer es tirarme en una cama o un sofá encender el aire y dormir.
Hasta que pienso en ti.
Porque este es el único lugar que me permito hacerlo, que me permito recordar tu cabello ondeando con la brisa mientras anochecía, recordar tu risa, recordarte.
Y cuando lo hago, no siento calor ni fastidio, todo es diferente. Siento la lluvia mojando de nuevo mi piel, siento tu risa mientras tu blusa blanca se moja y yo te digo que te cubras, nos veo de nuevo corriendo como niños bajo la lluvia. Un torrencial aguacero de verano que nunca supimos de donde vino ni porqué.
Pero que aprendí, gracias a ti, a disfrutar.
Recuerdo que tirabas de mí diciéndome que era muy serio y debía aprender a disfrutar las pequeñas cosas de la vida, y que en ese momento sería tu misión.
Y cómo levantaste las palmas de tus manos para recibir el agua, y tu risa de niña consentida, y la alegría de tus ojos cuando finalmente me decidí a unirme a tus juegos.
Y siento cada gota que cae sobre mi cuerpo, y cada una de las que cayó sobre tu cuerpo.
Y soy feliz de nuevo.

jueves, 16 de septiembre de 2010

Pablo

Arañitas. Veía a las arañitas correr por el pasto, perderse en las largas hojas afiladas y puntiagudas. Hacía calor, un calor casi sofocante, pero a la sombra del árbol no se sentía tanto. Me picaba el abdomen. La frazada que habíamos puesto sobre el pasto casi seco era de lana de oveja y picaba. Cerré los ojos, apoyé la cabeza en mis brazos y escuché el silencio. A esa hora todos dormían la siesta, incluso los grillos habían preferido dormitar al calor y dejar sus cantos para más tarde. Sentía las gotas de sudor resbalar por mi nuca y mi cuello.

- En dos semanas entras a clases...

La voz de Pablo me sonó lejana. Era lo que más odiaba del verano, que llegara a su fin, tener que volver a la rutina, a las clases, a la ciudad. Me habría quedado para siempre en la casa de campo, tirando piedras al río para ver cuántas veces rebotaban antes de hundirse, comiendo fruta verde directo de los árboles, mirando a las arañitas hacer sus castillos de hilo.

- Quería contarte que... en dos semanas yo también me voy.

Me sacudí la modorra y me senté. Miré a Pablo, quien a su vez evitaba mirarme. Parecía estar muy concentrado en unos arbustos en la distancia

- ¿Cómo que te vas? ¿Dónde te vas?
- Me voy a estudiar. Mi papá no quiere que me dedique a ser el capataz de la hacienda de tu papá. Quiere algo mejor para mí. Ha ahorrado todos estos años para pagarme una carrera, me aceptaron en la Universidad, voy a...

La voz de Pablo sonaba como algodón en mis oídos. Pablo, mi Pablo, no podía irse. Él pertenecía al paisaje de la casa de campo, él estaba ahí siempre que íbamos por el fin de semana o para las vacaciones. Pablo, siempre recibiéndonos montado en su caballo, con la mirada baja cuando papá estaba presente, con un guiño travieso cuando me veía sola. Pablo me pertenecía, no podía irse. De pronto el calor se volvió insoportable. Sentí que la cara se me puso colorada y sentí unos deseos terribles de llorar y de gritar y de pegarle a Pablo con todas mis fuerzas. Mi reacción era injusta, lo sé, pero yo sólo tenía 16 años y mi mundo era yo, y todo el universo giraba en torno a mí. Una arañita cayó del árbol sobre mi pierna y trató de subir afirmándose del vello sudoroso. La veía borrosa a través de las lágrimas que no quería dejar escapar.

- No quiero que te vayas...
- No puedo quedarme aquí. Tengo que hacer algo con mi vida... eres sólo una niña, no pensé que lo entenderías.

Le dí un manotazo a la araña y la reventé en mi muslo. ¡Una niña! ¿Así es como Pablo me veía? ¿Una niña?

- No me importa lo que hagas. ¡Puedes irte a la mierda si quieres!

Quise levantarme e irme. No quería que me viera llorar. Pablo me tomó de las manos y me abrazó.

- Si hago esto es por ti... ¿no lo ves? Es por nosotros. Tu papá jamás permitiría algo entre nosotros, pero si tengo un título, una profesión, un futuro sólido... ¿o es que ya no me quieres?

Pablo... Me puse a llorar en su cuello. Yo amaba a Pablo con todo mi ser. Después de años de besos robados a cada instante, de caricias en lugares prohibidos, de horas hablando de todo y nada, Pablo me decía todo esto. Pablo no entendía que mi familia jamás me habría dejado estar con él, con su título o sin su título, él era, simplemente, de otra clase. Si al menos se hubiera quedado en la hacienda, quizás con los años ambos nos habríamos casado con otra persona y nosotros nos habríamos seguido viendo a escondidas, como se rumoreaba que hacía mamá con el encargado de los caballos. Pero Pablo quería arruinar todo, quería irse, quería aspirar a lo imposible. Era el momento de dejarlo ir.

Me solté de su abrazo, me quité toda la ropa y me tendí sobre la frazada. Me picaba la espalda y los muslos horriblemente, pero aguanté. Pablo titubeó unos segundos, y luego me siguió. Esa tarde de fines de verano hicimos el amor tres veces. Recuerdo el cuerpo cálido de Pablo, las gotas de su sudor mezclándose con las mías, el dolor, el placer y la sangre de mi entrepierna primeriza, el peso de su respiración, su cara concentrada y por sobre nosotros, las arañitas del árbol lanzándose en picada afirmadas de su tela, corriendo traviesas por el pasto, ajenas a nuestra despedida.

martes, 7 de septiembre de 2010

Estaciones del año

Para esta semana les propongo escribir un relato relacionado con alguna de las estaciones del año. La idea no es sólo contar "era invierno" o "era verano", sino describir las sensaciones de esa estación del año, algo que haga al lector identificarse con la estación que hemos escogido, "sentir", al leer, que está en nuestro cuento, sentir la estación del año en el cuerpo... Además de escribir una historia interesante, por supuesto.

Espero que la idea les parezca interesante. Recuerden que si tienen otra ideas pueden subirlas como borrador y las iremos subiendo a medida que vayamos avanzando con las tareas.

domingo, 29 de agosto de 2010

Libertad fantasma



Quince años. Quince largos años llevo confinada a esta silla de ruedas, todo por su culpa. No hay noche en que no sueñe con el maldito accidente ni día que pase sin recordármelo a cada minuto. Éramos jóvenes, teníamos el mundo por delante, planes, queríamos tener hijos, estábamos recién casados. Era la noche de año nuevo, habíamos cenado con la familia de Jorge y Jorge... Jorge había bebido más de la cuenta. Yo me sentía tan feliz, tan plena... A la semana siguiente tenía cita con mi médico para confirmar mis sospechas de embarazo. No había querido decirle nada a Jorge hasta estar completamente segura. Iba pensando en todo esto, en la sorpresa que le iba a dar, cuando sentí el impacto y al segundo siguiente, oscuridad y dolor. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en el hospital, el médico informándome que no sólo había perdido al bebé, también había perdido la movilidad de mis piernas. De la cintura para abajo era un vegetal muerto, jamás volvería a caminar. Nunca sabría que era parir un hijo. Pregunté por Jorge. Él estaba bien, sólo había sufrido heridas leves. Era yo quien me había llevado la peor parte.

Parece que hubiese sido hoy por la mañana. Si cierro mis ojos aún puedo sentir ese diminuto bebé queriendo vivir dentro mío. Me arrastro en mi silla de ruedas por el living. Jorge no ha vuelto del trabajo. Probablemente llegue tarde, como tantas noches, como casi todas las noches. Yo sé que me desprecia, que para él no soy más que un estorbo, pero yo lo amo, lo amo tanto... Si tan sólo él me quisiera un poco de lo que yo lo quiero. Pongo música en la radio. Guns n' Roses, la música de mi juventud perdida. November rain. No puedo evitar llorar a gritos "When I look into your eyes, I can see a love restrained, But darlin' when I hold you, Don't you know, I feel the same, 'Cause nothin' lasts forever, And we both know hearts can change, And it's hard to hold a candle, In the cold November rain, We've been through this, Such a long long time, Just tryin' to kill the pain"...

El dolor... Mis piernas muertas... La puerta se abre cuando suena en el reproductor Don't cry... Jorge me mira con hastío. Cuánto más puedo soportar vivir esta pesadilla que se repite día a día. De pronto lo entiendo todo. Jorge será más feliz sin mí, podrá rehacer su vida, podrá completar todos los planes que algún día me atreví a soñar junto a él. Quiero decirle que es libre, pero Jorge se ha ido a la cocina. Lo oigo abrir el refrigerador. Jorge nunca será libre mientras yo esté viva, si es que a ser un parásito en esta silla de ruedas puede llamársele vida... Talk to me softly, There is something in your eyes, Don't hang your head in sorrow, And please don't cry, I know how you feel inside I've, I've been there before, Something is changin' inside you, And don't you know...

Detrás de los libros está la pistola que siempre guardo a mano. Jorge solía decirme que tenía que aprender a defenderme por si algo pasaba mientras él estaba en el trabajo. Incluso me había enseñado a usarla. La reviso con manos temblorosas y ojos nublados... Don't you cry tonight, I still love you baby, Don't you cry tonight, Don't you cry tonight, There's a heaven above you baby, And don't you cry tonight...

Llamo a Jorge. Se demora en venir. En segundos recuerdo todo lo que voy a echar de menos de esta vida. Quizás no ha sido tan terrible. Quizás si me han pasado cosas que valen la pena... Si sólo Jorge me hubiera mostrado que me amaba... Give me a whisper, And give me a sign, Give me a kiss before you, tell me goodbye...

Jorge no se sorprende de verme con la pistola apuntándome la cabeza. Creo ver un destello de alegría y alivio en sus ojos, un amago de sonrisa, un no-sé-cómo-describir en su cuerpo. Qué estás haciendo... oigo la falsedad en su voz, la falta de preocupación. Me siento tan sola... Lloro con fuerza. Si Jorge me dijera que me ama... Pero sólo oigo su silencio y a Axel cantar en la radio Don't you take it so hard now, And please don't take it so bad, I'll still be thinkin' of you, And the times we had...baby

Jorge... Dime que me quieres... Pero Jorge se calla. Este es el momento que he esperado toda mi vida, que me diga que vamos a estar bien, que me diga que no haga esto, que me ama y me necesita, que soy su vida... Pero Jorge sólo se queda parado con las manos en los bolsillos, lo veo a través de mis lágrimas, como desafiándome a que dispare. Aprieto el gatillo y en un microsegundo alcanzo a ver su cara de sorpresa, cuando he cambiado la dirección al apuntar. Jorge no alcanza a reaccionar. La bala le entra por el ojo izquierdo y veo salir una explosión de sangre detrás de su cabeza que mancha el muro, y Jorge cae al suelo.

Han pasado varias horas. Los detectives me han dado esta hoja de confesión. Dicen que si me declaro culpable la pena será mucho menor. No sé cuántos años de cárcel me esperan. La detective que me custodia no entiende por qué sonrío. And please remember that I never lied, And please remember, how I felt inside now honey, You gotta make it your own way, But you'll be alright now sugar, You'll feel better tomorrow, Come the morning light now baby... La detective no sabe que el cosquilleo que sentía en los dedos de los pies ha vuelto, no sabe que el médico le llama una sensación fantasma y que me ha dicho que es normal en personas que han perdido la movilidad, no sabe que el médico estaba equivocado y que por fin, después de 15 años y después de que Jorge se ha ido, he sido capaz de mover los dedos de los pies. Ella no sabe que sonrío porque por fin he empezado a saborear mi libertad.

viernes, 27 de agosto de 2010

Larga vida al rey

video

La coronación tuvo lugar en la pequeña capilla de Notre Mère de la Paix. Fue un momento emocionante, cuando el padre ponía la corona en su cabeza, la corona real. Siempre supo que este era su destino: tenía ahora un reino que gobernar, unos vasallos con quienes contar, muchos planes de expansión del reino que su padre le había dejado y que él incrementaría para sus hijos.

También tenía enemigos, enemigos peligrosos, hombres y mujeres que se habían visto impactados cuando las reformas habían puesto de relieve los negocios oscuros que desangraban el tesoro real. Pero no le importaba, sabía que iba a prosperar, sabía que lo que su padre había construido (antes una tierra inhóspita, hoy el centro del mundo) debía perdurar. En su corazón estaba el sentido del deber y ahora la corona en su cabeza le otorgaba el poder.

Sin embargo, ese poder se le otorgaba en un momento de bastante inestabilidad. Se enfrentaba a una corte agitada por intrigas y complots. Se enfrentaba a un reino hambriento que reclamaba justicia. No sabía en quien podía confiar puesto que su propia familia estaba divida entre continuar las tradiciones y morir en el intento, o reformar el reino y seguir hacia un futuro incierto, a un futuro donde quizás ya no haya un reino.

Todo esto lo pensaba mientras se dirigía hacia el atrio principal a saludar a su pueblo. Pasos cortos y firmes, lentos pero seguros. La emoción era tan intensa que empezó a sentir que su corazón se aceleraba, sudaba frío, temblaba. En su cabeza tenía la voz de su padre: "en todo momento debes mantener el porte de un Rey" por lo cual siguió caminando erguido, sin prestarle atención al dolor que empezaba a subirle por el pecho.

Ya faltaba poco para llegar al atrio, afuera escuchaba la voz de su prefecto que lo anunciaba y los gritos de su pueblo que lo aclamaban. De repente una luz brillante cegó sus ojos y luego todo se volvió oscuridad.

Fue el reinado más corto de la historia, el nuevo Rey había muerto de un ataque al corazón aún antes de aparecer frente a su pueblo. Toda la corte agitada clamaba a una sola voz: larga vida al rey.

Curriculum Mortis

http://www.youtube.com/watch?v=NofWe8Cqw44&feature=related

Oscuridad. Luz. Manos viejas de partera. Mi madre sonríe discretamente. Mi padre se toma el bigote orgulloso. Pezón. Leche tibia. Biberón. Primeros pasos. Papá, Mamá, ¡Cabrón!. Sombrerito con mi nombre grabado. Alcohol. Mi madre llora. Mi padre ya nunca se tomará el bigote. Velorio. Ráfagas de pólvora hacía el cielo. Escuela. 1,2,3,4,5. A,B,C,D,E. Pelea. Siempre pelea afuera de la escuela. Mi primer mascota un gallo. Cumpleaños. Juegos, nadie quiere ser el policía. Adolescencia. Mi primer trabajo. ! Ahí vienen los judas! Reformatorio. Más peleas. Más trucos. Adiós inocencia. Libertad. Mi primer arma. Mi primera misión. Mis manos manchadas de sangre. Insomnio. Escalofríos. Arrepentimiento. No hay marcha atrás. Soy uno más. Paquetes de 100 grs escondidos en la cajuela. 1000 Dólares para mí. Fajo piteado con mi nombre. Texana. Camioneta grande. Nadar por el Rio Bravo con 20 kilos pegados al cuerpo. Federales. Mis manos manchadas de sangre. Me limpio con mi pañuelo y sigo adelante. Cantina. Amigos. Ráfagas entran por las ventanas. Suerte. Mi hermano menor se ha ido con mi Padre. Venganza. Rifles Ak47. 5 muertos. Reputación. Casa para mi madre. Comer en la mesa del jefe. Mujeres. Todas las mujeres que quiera. Oro. Diamantes en las cachas. Balas de plata. Camionetas del año. Blindadas. Respeto y miedo. Soy el amo de mi colonia. Avión. Colombia. Mi primer Millón de dólares. Mano derecha de mi patrón. Sobornos. Policía. Gobierno. Iglesia. Poder. Nada más excitante que ver sus caras llenas de miedo. Crecimiento. La mitad de la ciudad es mía. La mitad de lo mío es de mi jefe. Amor a la esposa de mi jefe. No más amos. Cabeza del ex jefe colgada fuera de su casa. 30 muertos a cuestas. Sangre sobre sangre. Más dinero del que se pueda contar. Coca pura. Ejercito y gobernador amigos. Coca inyectada. Caminar sin miedo donde sea. Tráfico. Hombre pobre se cruza en mi camino. Hombre pobre muerto. Más coca. Ordenes no cumplidas. Ayudante muerto. Familia de ayudante muerto. Desconfianza. Mitad de mis soldados muertos. Paranoia. Descuido. La casa rodeada por conocidos. Más gente que tiros en mi Ak 47. Han entrado. Un último tequila. Una última línea. Una última canción. Llamas de colores. Sueño y Oscuridad de nuevo.

Por: Legas

sábado, 21 de agosto de 2010

Relato Musical

Hola a todos/as:

Por lo visto seguimos todavía sin profesor, y como no se han presentado propuestas de profesores invitados, entonces supongo que continuaremos nosotras mismas proponiendo las actividades semanales.

Les propongo que nuestra próxima tarea sea un relato utilizándo música, puede ser subiendo un video de youtube que tenga la canción que queramos. De esta forma podemos explorar la combinación de dos sentidos al mismo tiempo.

La idea es que escribamos un relato y adjuntemos un clip de audio que refuerce lo que estamos escribiendo, por ejemplo: si escribimos una historia divertida podemos utilizar música alegre, si es una historia triste hay muchas baladas y música clásica que lo pueden acompañar, si es una historia de acción, está la música de las películas de acción, etc. La idea es que con la música se resalten las emociones de las letras.

En un comentario les había dejado esta página que explica mejor lo que propongo (omitiendo obviamente la parte física).

Espero que se animen los que andan perdidos, y son todos bienvenidos a presentar sus trabajos :)

martes, 10 de agosto de 2010

La niña del lago escondido

Era casi como la leyenda del dorado, excepto que éste lugar era real. Todos los veranos mis amigos y yo íbamos a una casa – campamento en las afueras de nuestra ciudad. Nuestros padres nos enviaban allí para aprender a sobrevivir lejos de ellos, aunque creo que era más bien porque no sabían que hacer con nosotros durante tres meses de vacaciones.

La casa campamento se encontraba ubicada sobre un gran terreno Su mayor atracción era el gran lago frente a los campamentos, pero mis amigos y yo nos adentramos en el bosque y encontramos un pequeño lago rodeado de altos y frondosos árboles. El agua cristalina provenía de una pequeña gruta encerrada por dos grandes rocas. Era nuestro lugar favorito para jugar, porque era privado y porque era hermoso. Allí habíamos construido una casa en uno de los árboles, y amarramos unas lianas con las cuales nos balanceábamos sobre el agua y nos lanzábamos dentro del lago.

Los días se iban en juegos y exploración del lugar. En las noches, encendíamos fogatas y contábamos historias. No recuerdo cuándo fue la primera vez que alguien mencionó la historia de la niña perdida, pero sí recuerdo que me fascinó de inmediato. Una niña perdida en el bosque se ahogó en una cascada muy parecida a nuestra cascada secreta, estaba jugando y no se dio cuenta donde pisó, cayó y se golpeó la cabeza y murió ahogada en el fondo del lago.

A pesar que no le prestábamos atención a esta historia, en las noches sentía una leve opresión en mi pecho cuando pensaba en la niña que se encontraba en el fondo del lago.

Una tarde, mientras tomábamos un descanso de la maratón inicial de juegos, decidí ir a pasear por el campamento. Estaba triste porque extrañaba a mis padres, pero sentía algo más, un impulso que me guiaba firmemente hacia algún lugar específico. No me resistí y me dejé llevar, pronto me encontré mirando fijamente nuestra cascada secreta, y sentí temor por lo que me había traído hasta allí. Una cosa era estar jugando con mis amigos, otra muy distinta era venir sola luego de escuchar la temible historia.

Permanecí allí otro rato más, hasta que al fin sentí la corneta que nos llamaba para la cena. Empecé a regresar al campamento cuando una suave voz me detuvo. Me devolví y vi a una niña, de más o menos mi edad, mirándome con ojos grandes y asustados. Corrí lo más rápido que pude hacia mi campamento y les conté a mis amigos.
Nadie me creyó, por supuesto, dijeron que había sido mi imaginación. Pero yo sabía lo que había visto ¿o no?

Al fin convencí a mis amigos que me acompañaran otra vez, para mostrarles lo que había visto. Regresamos pero no había nada, aunque sabíamos que si algo iba a aparecer, no aparecería inmediatamente, entonces encendimos la fogata y empezamos a contar historias. Al rato me aburrí y como el chocolate que me estaba comiendo lo derritió el fuego y me había caído en la camisa, decidí acercarme al lago para lavarme.

Cuando me agaché para tocar el agua, repentinamente volví a ver el reflejo de aquel rostro que había visto unas horas antes, pero esta vez, antes de poder gritar, unas poderosas manos me arrastraron hacia el agua. Desesperada luchaba contra esa fuerza que me halaba, esperaba que mis amigos hubieran escuchado la caída, o por lo menos notaran mi ausencia, aunque nadie llegaba a socorrerme.

El tiempo pasaba y me sentía más sofocada, más débil. El impulso de respirar se hacía cada vez más apremiante pero las manos invisibles me mantenían firmemente debajo del agua. En cierto momento mi cuerpo no pudo más, mis pulmones se abrieron por reflejo y el agua empezó a entrar en mi cuerpo. Era una sensación de quemazón, de angustia, de terror. Un momento después, todo quedó negro.

Un rato más tarde abrí los ojos y comprendí que seguía en el fondo del lago. Mirándo la noche estrellada supe que esta vez tampoco saldría. Esos niños que estaban en la orilla no se percataban de mi presencia, pero ellos no eran los amigos que hacía ya años me acompañaban el día que caí en este lago y este árbol, con ramas como manos, me aprisionó tan fuerte que no me dejó salir nunca más.

lunes, 9 de agosto de 2010

La cascada de la bruja

Cierta vez encontraron intestinos y sangre en la gruta detrás de la cascada. Se dijeron muchas cosas, entre ellas que eran las tripas que las brujas vomitaban para poder transformarse en pájaros malditos que anunciaban la muerte. Las supuestas brujas después, se suponía, volvían a la gruta, ingerían sus propios intestinos y recuperaban su forma humana. Más tarde se demostró que los intestinos eran animales y surgieron otras teorías, se habló de cultos satánicos y de orgías con animales, pero el nombre, la cascada de la bruja, perduró para siempre.

La gruta es usada normalmente para fiestas entre estudiantes, quienes se desafían los unos a los otros a cruzar la cascada y entrar a la gruta por la pequeña cuesta que rodea el borde, casi invisible para quien no conoce el terreno, y difícil de sortear con el cuerpo sobrio. En lo que llevo de policía me ha tocado ver tres estudiantes ahogados y varios con una pierna rota e intoxicados. Yo mismo, en mis tiempos de estudiante, participé en alguna que otra excursión a la cascada de la bruja. Lo típico era después de una fiesta, cuando el ambiente empezaba a decaer y los grados de alcohol en el cuerpo a subir, alguien proponía ir a la cascada de la bruja. Nadie se negaba. Nadie quería parecer cobarde. Nos íbamos conduciendo con cuidado, de suerte ninguno se mató en un accidente de tránsito, y llegábamos cuando casi estaba amaneciendo. Nos quitábamos los zapatos y los calcetines, nos arremangábamos los pantalones y con mucho cuidado bajábamos primero, afirmándonos con mucho cuidado de alguna planta, algún arbusto, alguna saliente rocosa, hasta la cuesta. De ahí caminábamos un par de metros haciendo equilibrio hasta la cascada. La perspectiva de caer al agua fría nos despejaba la cabeza y lográbamos llegar con éxito.

Dentro de la gruta se sentía la humedad que te respiraba en los huesos, que te helaba los pies descalzos. Encendíamos alguna vela dejada por alguien, o alguna de las nuestras. Era un código silencioso de honor, siempre llevar a la gruta algo que usaríamos y algo que dejaríamos para quien viniera después. Era algo así como un apartamento común. Todos habíamos contribuido a amoblarlo y decorarlo. En las paredes habían pinturas, nombres, fechas, un John Lennon hecho a carbón, una Madre Teresa en tonos tierra. Mi esposa, en ese tiempo mi novia, solía abrazarse a mí y decirme que no le gustaba estar ahí. Había algo malsano en el aire, me decía, y yo aprovechaba de sujetarla con fuerza contra mi cuerpo.

La fiesta solía morir en la gruta. A veces nos quedábamos hasta tarde, desayunábamos cerveza y los restos de la fiesta, esperábamos a que saliera el sol y nadábamos. El agua de la cascada era fría como el hielo, me dolían los testículos de nadar ahí.

Con los años dejamos de ir a la cascada de la bruja. El trabajo, los estudios, la familia, los hijos... No pensaba en la cascada de la bruja hasta el siguiente caso de un estudiante herido o en el peor de los casos, muerto, y volvía a recordar mis tiempos de estudiante. Ayer, sin embargo... Alguien nos llamó diciendo que desde la cascada de la bruja de oían gritos inhumanos. Normalmente no son estudiantes en un día de semana los que circulan por la cascada de la bruja. Pensamos que podía ser alguien herido, así que me dirigí allá con mi autopatrulla y una ambulancia. Me costó bajar hacia la cuesta con mi uniforme rígido y mis bototos militares, además de que los años no han pasado en vano. Con cuidado, recorrí la cuesta hasta la gruta. Los paramédicos esperaban una orden mía para bajar. No escuchaba ni un solo sonido, ni un grito, ni un gemido. Quizás había sido un animal agonizando o alguna broma, o bien la superstición de la gente que a veces juega malas pasadas. De todas formas, me quise asegurar de que no había nadie dentro de la gruta. Entré apuntando con mi linterna y lo que ví... Lo que ví...

En el suelo habían varias frazadas sobre la dura roca. En los muros, aún estaban John Lennon y la Madre Teresa como guardianes borrosos de la gruta, compartiendo el espacio con nombres y fechas que seguramente se habían añadido después de mis tiempos. Al fondo de la gruta, las llamas oscilaban sobre dos velas casi consumidas. Sobre las frazadas, una mujer inconsciente yacía apoyando la cabeza en el muro, las piernas abiertas, desnuda de cintura para abajo y entre las piernas, sus tripas asomando sangrientas. Recordé la leyenda a la que la cascada le debía el nombre, pero entonces ví en un rincón de la gruta un movimiento, me llevé la mano a la pistola rápido y le grite a eso, fuera lo que fuera, que se quedara quieto o dispararía. Una mujer, una anciana, levantó las manos. Me dijo que no le disparara, que estaba desarmada. Me acerqué a ella y ví que tenía las manos llenas de sangre. Siempre apuntándola, me acerqué a la mujer, una jovencita en realidad, cuando la miré de más cerca, que yacía en el suelo. Estaba muerta. Inmovilicé a la vieja, la esposé, y llamé a los paramédicos.

Una vez en el cuartel, interrogué a la vieja. Me dijo que desde hacía años practicaba abortos en la gruta de la cascada de la bruja. El lugar era ideal, oculto, de difícil acceso, la superstición de la gente mantenía alejados a los intrusos y la vieja nunca practicaba los abortos en un fin de semana, porque sabía que los estudiantes podrían acercarse. Después de practicado el aborto lanzaba el feto al agua o lo enterraba por las cercanías. Me dió escalofríos pensar en esos pequeños fetos de forma semi humana hundiéndose en el agua, los estudiantes nadando sobre ellos. Algo había salido mal esta última vez, me dijo la vieja. La chica le había dicho que tenía varios meses menos de gestación de los que en realidad tenía, el bebé estaba cruzado, la chica era débil... Moví la cabeza con pesar. La vieja se iba a llevar al menos 10 años de cárcel por la muerte de la chica y el aborto. Me fui a casa con la cabeza confundida.

Mientras miraba una antigua foto de la cascada de la bruja, le conté a mi mujer lo que había pasado. Siempre te dije que ese lugar estaba maldito, que había algo raro en el aire, me dijo ella. Tomó la foto de mis manos, la miró con detenimiento y me dijo: nunca me había dado cuenta, pero la cascada de la bruja tiene la forma de una mujer pariendo. Volví a mirar la foto. Ví que tenía razón. Las rocas de los lados eran sus piernas, el agua eran sus interiores sangrantes y palpitantes. No me costó visualizar el resto de la jovencita muerta y de su hijo nonato. Sin poder evitarlo, vomité.

viernes, 23 de julio de 2010

Fotorelato (3)

La tarea de esta semana es la foto de Kate y la tomó prestada de aquí:




Saludos. Nos leemos!

lunes, 19 de julio de 2010

La Pasantia

Era la primera fiesta a la que me invitaban desde que empece mi pasantía de verano en aquella multinacional reconocida. Yo tenia 18 años y me sentía grande, importante, casi toda una ejecutiva, excepto que todavía me faltaban tres años para graduarme y era todavía en gran parte dependiente de mis padres.

La fiesta la había organizado mi cuasi jefe. Un argentino muy divertido con el cual coqueteaba inocentemente durante horas de oficina. El argentino era guapo pero no me interesaba. Ya había puesto los ojos en Juan, un chico de mi edad que me gusto desde que lo conocí cuando nos presentaron. Juan también estaba haciendo una pasantía ese verano. Yo tenía a Juan en la mira como prospecto de amor de verano y ya nos habíamos besado entre copas - sin compromiso, por supuesto. Juan estaba conmigo en la fiesta solo como "amigo"

El argentino había puesto unos cuantos chorizos en la barbacoa. Estábamos en la terraza y una leve brisa nos traía el olor de la carne. Juan y yo conversábamos con otros chicos de nuestra edad que trabajaban con nosotros. El vino tinto había empezado a correr por mis venas y yo empezaba a tener una exquisita sensación de levedad. El timbre sonó y un hombre maduro entro, le dio un abrazo al argentino y le entrego una copa de vino. El argentino y el recién llegado se acercaron a nosotros.

- Les presento a Tomas, gerente de mercadeo. Dijo el argentino

Extendí mi mano y con una sonrisa me presente al gerente. El, apretó mi mano un poco mas largo de lo normal y me pregunto que estudiaba. Empezamos a conversar en grupo y poco a poco nos fuimos quedando solos. Al principio hablamos sobre el campo profesional: lo que el hacia, lo que yo quería hacer con mi carrera, y cosas por el estilo. Después de unas tantas copas lo profesional quedo atrás y conversábamos sobre lo delicioso que era bailar. Me pidió que bailáramos y así lo hicimos por casi el resto de la noche. Juan nos interrumpió y me dijo que se iba. Me sentí apenada por haberlo dejado solo todo ese tiempo así que me despedí de Tomas y me fui con Juan.

Al día siguiente me encontré con Juan y su amigo en un festival de Jazz. Mientras escuchábamos una de las bandas de Jazz, el amigo de Juan recibió una llamada en su celular. Hablo un par de minutos y luego se dirigió a nosotros:

-Era mi amigo que se va a encontrar con nosotros. Viene para acá en un par de minutos.

Unos minutos después, llego, nada mas y nada menos, que Tomas. Me sonroje al verle y me sentí un poco incomoda estando con el y Juan en el mismo sitio. Lo salude de beso en la mejilla. Nos tomamos unas cervezas y al final de la noche Tomas se brindo a llevarme a casa, con la excusa de que mi apartamento estaba en camino al suyo. Me fui con Tomas y cuando llegamos a su auto, un Audi TT del año, vi que tenía mi chaqueta, la que había olvidado en la casa del argentino la noche anterior.

- La dejaste en la fiesta anoche y quería asegurarme de que la tuvieras de vuelta…y también quería asegurarme de que te volvería a ver. Me gustas, y me gustaría invitarte a comer mañana.

- Me encantaría.

Fuimos a comer y a bailar varias veces. Tomas me llevaba a sitios elegantes, ordenaba vinos exquisitos y champaña con cada cena. Siempre hablaba de los negocios que estaba a punto de cerrar, de los países que visitaba en sus viajes de negocios, de los sitios a donde me quería llevar. Con el me sentía como una mujer sofisticada, madura y sensual. Cada vez que nos tocábamos sentía corriente en todo el cuerpo. Hacíamos el amor todo el tiempo y en todas partes. Nunca pensé que fuese posible explotar en éxtasis una y otra vez en una sola ocasión, pero así lo fue con Tomas. Nunca hablamos del estatús de nuestra relación y yo seguía saliendo con Juan de vez en cuando pese a que me la pasaba contando los minutos hasta el próximo encuentro con Tomas.

Era el ultimo día de nuestra pasantía. Tuvimos una fiesta de despedida en el trabajo. Mientras comíamos pastel, Juan me tomo de la mano y me guío a una oficina vacía. En aquella oficina me dijo que me amaba y que quería que fuera su novia aunque viviéramos en diferentes ciudades. Lo vi tan frágil y sincero y aunque mi voz interna me decía que fuera honesta, no podía soportar la idea de verlo decepcionado, así que mentí y le dije que si. Juan me invito a cenar a un restaurante elegante esa noche para celebrar.

Mientras caminábamos a nuestra mesa me quede pálida al ver que en la mesa de al lado estaba Tomas con otra mujer. Me quería morir. Le invente una excusa a Juan, y le dije que no me sentía bien y que me tenia que ir. Juan intento convencerme de que me llevaba a casa y yo me negué. Mientras caminaba hacia la puerta, la mirada de Tomas encontró la mía. Salí rápido del lugar y caminaba llena de ira y vergüenza al mismo tiempo. Me lo merecía. Debí haber sido honesta con Juan. si lo hubiera sido, no hubiera visto a Tomas con otra. No me sentiría culpable y engañada a la vez.

A la media noche tocaron en mi puerta. Abrí medio dormida y me sorprendí al ver a Tomas.
-Quiero pedirte disculpas.
-¿A que te refieres?
- Te mentí. Soy casado, y nunca te lo dije.

Agarro mi mano en la noche oscura y me beso.

- Te amo. Ya no siento nada por mi esposa. Quiero estar contigo. No me importa lo que cueste.

Lo mire con tristeza y le dije:

- Yo también te mentí. Estoy saliendo con Juan y la verdad no estoy lista para una relación con alguien tan mayor. Gracias por mostrarme aquel mundo clamoroso, pero lo nuestro, no puede ser. Todavía soy muy joven e inmadura aunque estuve jugando a mujer por un rato contigo, nunca podré ser quien soy. Mas no me arrepiento de los momentos contigo y espero algún día volver a sentir sensaciones tan intensas con alguien mas. Adiós Tomas.

Lentamente sentí mi mano escabullirse de la suya en la oscuridad y deje atrás aquella sensación correntosa que había sentido durante el verano. Cerré la puerta tras de mi y me dirigí hacia el teléfono. Levante el auricular y le marque a Juan.

- Àlo.
- Hola Juan. Es Ana. Quiero decirte que todo este tiempo he estado saliendo con otro hombre. No quiero ser tu novia. Perdóname y suerte en tu vida.

Colgué el teléfono mientras una lagrima se escurría por mi mejilla, y en ese momento me di cuenta, que ya no era una niña.

martes, 13 de julio de 2010

La carta

Hoy te recuerdo como el primer día que te vi, tan joven y bella. Me impactó tu sonrisa y tu mirada. Todo tu ser estaba tan lleno de luz que por primera vez sentí que mi vida tenía un propósito, y que tu serías el motor de mis acciones.

Recuerdo la primera vez que te tuve en mis brazos, estabas tan cálida y confortable. Sólo podía besarte y admirarte, tu mano en mi mano me hacía creer que sería así por siempre. Mi corazón estallaba de alegría. Juro que nunca había sentido algo así.
Juré que nunca te iba a perder, que te protegería con todo mi ser, que mi vida entera la dedicaría a preservar esa pureza que para algunos pasaba desapercibida, pero para mí era un faro de luz en la oscuridad.

Ya había perdido a una mujer a quien había amado, pero juré que ese amor lo duplicaría, y te haría tan o más feliz de lo que la hice a ella.

Han sido unos años maravillosos a tu lado, me encantó todo lo que me enseñaste, me hiciste sentir vivo, joven, le diste sentido a mi vida. Estuve ahí para ver tus alegrías y tus tristezas, y tú estuviste también allí para compartir todos los momentos en mi vida.

Estaba tan orgulloso de que fueras mía, que no vi el paso del tiempo ni como ibas cambiando. Aquella mujer que tanto me complacía, para quien yo era su todo, se fue transformando en una extraña. No sé si era la situación... o quizás yo cambié también. Pero nuestras vidas se separaron y mi corazón roto, llorando tu silencio, esperaba que notaras que yo siempre iba a estar allí para ti.

Poco a poco regresaste, pero ya no era lo mismo. Ahora tenías nuevas ideas y sentimientos, querías ir a buscar otra vida. De repente tu mundo se abrió hacia otras nuevas posibilidades, y a pesar de mi dolor, mi amor por ti me dijo que tenía que dejarte ir.

Regresaste y mi corazón se colmó de alegría. Pero no regresaste por mí. En esa búsqueda encontraste al hombre ideal, al amor de tu vida, ese que ahora será tu vida y tú felicidad... y no puedo más que alegrarme de tu destino.

Hija mía, hoy en el día de tu matrimonio, quiero expresarte cuánto te amo, cuán importante eres para mí y cómo esa manito, que algún día buscó la mía con desesperación, con el temor a lo desconocido en un mundo extraño, sin la plena consciencia pero el temprano presentimiento que sólo seríamos dos, es ahora la mano que entrego a quien elegiste como tu compañero de vida, rogando a Dios que sea el hombre que pueda darte toda la felicidad que te mereces.

Sin embargo, la vida está llena de sorpresas, por eso siempre debes recordar que no importa que tan lejos vaya esa manito, nunca se sentirá sola ni desprotegida, porque aquí te ofrezco la mía, férrea y firme como un roble ante el paso del tiempo, para seguir dándote todo el amor que hay en mí para ti.

lunes, 12 de julio de 2010

Las cosas sencillas

Siempre me decía que le gustaban las cosas simples de la vida: tomar sopa, caminar descalza por la arena, leer a Neruda, pintarse las uñas. Le gustaba tomarle fotos a todo, cada vez que salíamos, ella llevaba su cámara. Paseábamos por el parque forestal mientras el click del obturador marcaba nuestros pasos. Le gustaba fotografíar las cosas sencillas, la gente de la calle, las palomas, los pacos de las esquinas con cara de aburridos, las micros, los niños en los juegos, los puentes malolientes del Mapocho... Pero ella, ella no salía nunca en las fotos.

- Yo soy la fotógrafa - Solía decirme cuando yo le pedía que posara para una foto - tengo que estar detrás de la cámara, no enfrente de ella.

Yo la amaba con un amor quizás desquiciado, ella era todo para mí. Nunca cuestioné ninguna de sus decisiones, excepto aquella última, la que se la llevó de mi lado.

- Tengo cáncer - Me dijo un día de rompe y raja - Y te digo desde ya que estoy en la fase cuatro, que no quiero tratamientos que me hagan mierda el cuerpo y me alarguen una miseria de seis meses una vida indigna. Fue asintomático, el médico me lo descubrió hace dos semanas y he decidido vivir lo que me queda de vida de la mejor forma posible.

Se me hizo un nudo horrible en la garganta.

- No quiero perderte...
- ¿Por qué te enfocas en lo negativo? ¿No te das cuenta de que te estoy diciendo de que estos últimos meses, días, horas o minutos que me queden, quiero pasarlos contigo?
- Pero si hay algo que hacer... Una mínima luz de esperanza...
- No la hay, y aunque así fuera, me alegro de tener este aviso. ¿Qué tal si hoy por la mañana me hubieran atropellado y ahora estuviera muerta? ¡No habría alcanzado a vivir nada de lo que quiero!

Tenía razón, aunque en ese momento no lo entendí. En ese momento le dije que era egoísta, que no pensaba en nosotros, en mí. Ella, recuerdo, me abrazó muy fuerte, consolándome, como si hubiera sido yo quien había recibido el anuncio de muerte.

Tal como el médico había pronosticado, se fue apagando gradualmente durante esos seis últimos meses de vida. En un intento frenético de, como ella le llamaba, atrapar el mundo en su cámara, tomaba fotos por doquier. En una caja tengo guardadas cientos de tarjetas de memoria con sus fotos. Aún no soy capaz de sentarme con tiempo a verlas. Aún no tengo la fuerza de hacerlo. Yo le pedía que me dejara tomarle alguna foto y ella se reía de mi estupidez.

- ¿Cómo se te ocurre que quiero que me recuerdes así? ¿Con esta cara de muerta?

Yo no la contradecía. Esos seis meses, los mejores seis meses de mi vida, fuí su esclavo. Por las noches se recostaba en mi pecho y la oía respirar con dificultad. Le daba su medicación para el dolor, le hacía cariño, y la sentía alejarse de mí.

Falleció una noche, en el sueño, como suele decirse. Estaba recostada con su cabeza en mi hombro, liviana como una pluma. La quise despertar. Le dí un beso en la frente. La noté fría y rígida, y entendí. Se había ido para siempre. La dejé con cuidado en la cama, fuí a su cosmetiquero lleno de artilugios inentendibles y escogí un esmalte de uñas, uno oscuro que sabía era su favorito y le pinté con cuidado las uñas. Llamé a la funeraria y me avisaron que llegarían en unas horas. Preparé una sopa, serví dos tazones que se enfriaron en la mesa, sin nadie que los bebiera. Fuí por su cámara y tomé una foto de mi mano tomando su mano, con sus uñas oscuras y sus dedos muertos. Me dolieron todas las caricias que nunca recibiría y la certeza de que nunca, nunca más, iba a conocer a alguien que me hiciera sentir lo que ella. La funeraria me encontró recostado a su lado, leyéndole los cien sonetos de amor de Neruda. Días más tarde esparcí sus cenizas en la orilla de la playa, descalzo sobre la arena.

jueves, 1 de julio de 2010

Fotorelato (2)

Nuestro siguiente "Fotorelato" ha sido propuesto por Claudia y esta es la fotografía:


Nos leemos!

lunes, 28 de junio de 2010

La cajita de color crema

Yo llevaba un par de semanas con Renato cuando conocí a su hermano gemelo, Javier. Renato me gustaba, era un buen tipo, pero Javier... Javier era otra cosa. A pesar de ser idénticos por fuera, por dentro eran totalmente distintos. Renato era tranquilo, risueño, caballero, confiable. Todo en él parecía bondad. Javier, en cambio, representaba el peligro, era poco comprometido, siempre andaba serio, era el mino, y él lo sabía. Yo habría caído por Javier sin dudas, de haberlo conocido primero, y lamenté cuando Renato me lo presentó. A mí los que me gustaban eran los que eran como Javier, no los niñitos buenos, aburridos y predecibles como Renato.

No recuerdo cuánto tiempo pasó. Quizás fueron unos meses. Yo aprovechaba cada momento en que veía a Javier para compararlo con Renato, mi novio formal, y quejarme en silencio de lo que él no era y nunca sería. Javier me gustaba, me atraía, pero tenía claro que nunca pasaría algo entre nosotros. Sin embargo un día... Fue un día sábado. Yo fui a buscar a Renato a su casa. Javier estaba solo. Me hizo pasar. Nos sentamos en el living, me ofreció algo de tomar mientras esperábamos a Renato. Conversamos, para ser sincera, no recuerdo de qué, pero recuerdo la sensación de cosquilleo, de nervios, de pensar en lo imposible... Hasta que pasó. Javier y yo nos besábamos, casi arrastrándonos por el suelo, camino a su dormitorio. A medio desnudar nos detuvimos, nos dijimos algo, una disculpa, con voz entrecortada y volvimos al living, arreglándonos la ropa. No podíamos hacer eso, no podíamos hacerle eso a Renato. Cinco minutos después estábamos completamente desnudos en la cama de Javier.

Estuvimos así cerca de un año. Nos veíamos en los momentos robados a Renato. En los paseos familiares, en las cenas en casa de sus abuelos, en las noches en que me quedaba a dormir en casa de Renato y le exigía dormir sola. Renato hacía pequeños intentos de avanzar conmigo en lo sexual, pero yo lo detenía, le decía que quería esperar hasta el matrimonio, y Renato, pobre Renato, me creía y me respetaba, y se iba a dormir a su dormitorio mientras yo me quedaba en el de invitados. Cuando todos dormían, Javier aparecía por el dormitorio y nos faltaban minutos para acariciarnos en silencio, antes de que amaneciera.

Fue en la casa de campo que la familia tenía, que Renato me pidió matrimonio. En el gesto más cursi del mundo, me llevó a dar un paseo. Paramos al lado de un árbol. Renato me mostró un corazon dibujado con su nombre y el mío adentro y al pie del árbol, en una cajita color crema, un anillo reluciente. No supe decirle que no. Renato se puso a llorar cuando, de rodillas, puso el anillo en mi dedo. Me sentí asqueada. Esa misma tarde me las arreglé para que Renato se fuera a dar un paseo con su madre y me escapé con Javier al campo. Fuimos al mismo árbol y le conté que Renato me había pedido matrimonio. Javier me daba la espalda. Yo estaba sentada en el suelo, sobre el pasto seco y largo, jugando con una ramita. Cuando levanté la vista después de haberle preguntado qué íbamos a hacer, ví que Javier, con una piedra afilada, había borrado los nombres dentro del corazón. Fue la primera vez que lo ví demostrarme que yo le importaba, que lo que teníamos, lo que fuera que haya sido, le importaba. Lo hicimos ahí, con el pasto enterrándoseme y picándome en el cuerpo. Javier me dijo que no le importaba echarse a su familia encima, que estaba enamorado de mí, que me quería para él, que ya no soportaba verme con su hermano, saberme de Renato. Yo a Renato le tenía cariño, me costaba pensar en desprenderme de él y por otra parte, pensaba en que Renato era algo seguro. Con Javier corría el riesgo de que no funcionara, de que no fuera lo que yo quería que fuera. Quizás, al final, lo que quería era una mezcla de Renato y Javier. Obviamente no lo podría tener nunca. Ese mismo día terminé con Renato, le devolví el anillo, le dije que lo sentía, y desaparecí de su vida. Tampoco quise ver a Javier.

Hoy Renato está casado y tiene una hija. Javier ha vuelto a buscarme. Según él, quería cerrar el círculo conmigo, responder lo que quedó inconcluso entre nosotros. Fuimos a su casa de campo. Caminamos conversando. Llegamos hasta el viejo árbol, todavía con las cicatrices del engaño en su tronco. Javier me preguntaba si yo creía que podíamos intentarlo de nuevo. Que nunca dejó de quererme, que ahora el tiempo había pasado, que su familia lo entendería. Puse mi mano sobre el corazón rugoso y áspero mientras lo que me decía Javier se iba haciendo más y más pequeñito. Cuando miré hacia abajo, arrimada a una raíz sobresaliente del árbol y casi oculta por el pasto crecido, vi una pequeña, sucia y maltratada cajita de color crema.

Mundo paralelo

Lo siento, nunca te di esperanzas, me dio pena que las cosas resultaran así, y que después de nuestro encuentro te arrastraras con promesas de amor que nunca busqué y de las que huí por mucho tiempo.

Habían sido meses de intentos inconclusos, faltaban un par de días para que viajaras; habíamos llegado demasiado lejos para echarse atrás, point of no return y la química nos explotaba por los poros. Te lo dije desde el dia uno, no seré tu pareja, menos tu amante, sabes que ya no creo en el amor. Somos adultas, vivamos lo que haya que vivir. Reconozco que fue especial, que me gustaste en el instante en que te vi, que tu cara y tu exquisitez era como la imaginaba, y que morí de placeres una y otra vez enredada en tu cuerpo hasta la madrugada, varias madrugadas después de noches que competían entre si hasta llegar casi a confundirme.

Hasta aquel último día camino a la cordillera, volábamos en la moto, y llegamos a ese cafecito de cuentos, kuchen de manzana y chocolate caliente, tu mano tomando la mía; me decias que yo era tu sueño hecho realidad y yo no sabia que decir. Al rato bajamos al rio, y nos quedamos sentadas entre las rocas, oyendo el agua mientras atardecía. Me abrigabas del frío con tu abrazo, y cerré los ojos con la esperanza de un nuevo comienzo.

Pero no fue así, me sumergí en un dolor inmenso, y lloré desconsolada en silencio, de impotencia, rabia, de no poder sentir nada. Estaba en medio de un paisaje maravilloso, con una persona especial, después de unos días soñados, pero mi corazón estaba en otro lugar, un lugar escondido y grabado a fuego por alguien más. Lo supiste de inmediato, aun cuando trate de apagarlo, y no recuerdo si preguntaste si lloraba por ella, y no recuerdo si te respondí que si.

Han pasado los años y otra vez vuelves a buscarme, me cuentas que aun sigo en ti, que nunca me olvidaste, y que en aquellas piedras grabaste nuestros nombres. Dices que me escribirás, que esperas verme algún día. Me quedo quieta y cierro los ojos, y recuerdo la inmensidad del paisaje, el cielo gris, la dureza de las rocas, el ritmo furioso del agua bajando, y me pregunto si existirá un mundo paralelo donde ella ya no exista mas.

El primer beso

Increíble que después de tantos años todavía siga allí. Recuerdo mucho el día en que Felipe, mi primer "novio," tallo aquel corazón. En esa época yo tenía 11 años y era la única niña que se pasaba jugando fútbol con los niños del barrio. A esa edad ya empezaban las niñas del barrio a fijarse en los niños y por medio de juegos, de risas, y de coquetería inocente, muchas recibieron su primer beso. Yo creía, en esa época, que nadie se fijaría en mi y que nunca besaría a nadie. Pero estaba equivocada.

Felipe llego al barrio en épocas de navidad de ese año. David, su primo, me lo presentó en una tarde calurosa mientras jugábamos fútbol a la vuelta de la esquina de la casa de la abuela. Felipe me miraba y me miraba, pero no decía nada. Después de tres días de escondite, partidos de fútbol, lleva y carreras en bicicleta, Felipe me pregunto que si quería ser su novia.

¿Felipe quería que yo fuera su novia? ¿yo? Se me hacía muy extraño que aquel chico se hubiese fijado en mi. No podía entender por que quería que yo fuera su novia. Felipe era uno de los chicos más guapos del grupo y era un año mayor que yo. ¿por que habiendo tantas otras chicas bonitas en el barrio, me había preguntado a mi?

Le dije que si, y en ese momento Felipe talló el corazón con nuestros nombres en el. Me agarro de la mano y me dijo:
- Ahora me tienes que dar un beso.
-¿Un beso? pe..pero no es muy rápido, le conteste
- Pero si no me das un beso, entonces no somos novios
- bueno, te doy un beso en la mejilla.
- NO. Tiene que ser en la boca…

Mi corazón latía a millón. Nunca le había dado un beso a nadie. ¿Que tal que el lo detestara? ¿Que se arrepintiera de haberme pedido que fuera su novia? Pero un beso no podía ser tan difícil. En ese momento, recordé las decenas de escenas de novela que había visto de reojo, mientras pretendía jugar cuando la abuela sollozaba, hipnotizada, en frente de la pantalla del televisor.  Me acerque a el, cerré los ojos, y sentí sus labios húmedos y suaves sobre los míos. Sentía como si miles de mariposas pequeñas batieran sus alas dentro de mi estomago. Abrí un poco la boca y sentí su lengua intentar colarse dentro de la mía. Me sorprendió aquel intento y cerré la boca bruscamente mientras su lengua todavía estaba en la mía. Felipe emitió un pequeño gemido de dolor y con eso el beso termino abruptamente. Lo mire, sonrojada, le pedí disculpas, y salí corriendo.

Al día siguiente Felipe vino a buscarme a casa. Mi abuela le dijo que yo y mis primos estábamos en la piscina del club. Mientras estaba en la piscina lo vi llegar, pero el no me vio. Me escondí el resto de la tarde, pues me moría de la pena de verlo o besarlo otra vez. Después de una horas vi que se fue con la cabeza baja. Fue la ultima vez que vi a Felipe. Durante el resto de las vacaciones de Navidad me la pase escondiendome de el.

La visita de Felipe a su primo llego a su fin y el se fue igual de rápido e inesperado que aquel beso. Y al igual que aquel corazón tallado en esa piedra, Felipe y su beso quedaron marcados para siempre en mi corazón, como una bella memoria de mi niñez y el primero de muchos besos por venir.