viernes, 17 de septiembre de 2010

Recuerdos

Desde el avión, la vista es absolutamente espectacular, no solo por lo pequeñas que se ven las cosas desde el aire, sino por la sensación de tranquilidad que causa ver la ciudad. Sobre todo si es de noche, con sus infinitas hileras de luces por todas partes que la pintan de naranja, pero un naranja bonito -luz y calidez-. Parece que el creador se dedico esmeradamente a crear cuando le toco el turno a esta ciudad, porque lo que se ve desde el aeropuerto no solo es organizado y con ínfulas de ciudad primermundista, sino que el mar lo rodea y baña la playa y parece un pequeño pedacito de cielo.
Y te sientes bien, te llenas de calma y al mismo tiempo de expectación, porque abajo, en tierra firme, podrás descansar y disfrutar.
Si llegas de noche, esa sensación te acompaña hasta la mañana siguiente cuando te toca salir de la habitación de tu hotel, y abandonar ese idílico estado de bienestar.
Si llegas de día, la realidad te golpea en todo su soleado esplendor apenas pones un pie afuera del aeropuerto.
Y tus sentidos son puestos a prueba.
Sientes una ola de calor que te golpea, tan fuerte que deja de parecerte ola y en tus mejores momentos bromearas sobre un tsunami pero en ese es lo último que se te ocurre. Y hay una multitud que te rodea, llena de pancartas y de Welcome, extranjero, que no hace nada para alejar esa primera sensación.
Y como ellos tampoco se alejan, viene el fastidioso zumbido de la gente murmurando, y a pesar de querer huir de ese terrible sonido en el primer automóvil que encuentres, realmente no sirve de mucho, porque además de gritar desaforadamente para invitarte a utilizar sus servicios, y cobrarte lo que luego de enteraras es una tarifa carísima, el taxista que eliges no deja de hablar en todo el trayecto, eso si, sin bajarle en ningún momento a la música de su radio.
Pero por lo menos tiene aire acondicionado.
Hay que agradecer las pequeñas cosas de la vida.
Pero el camino entre el taxi y la recepción del hotel –que no tiene aire acondicionado- es de nuevo terrible. Como bien dice un amigo que vive aquí, esta ciudad es 100 grados más caliente que el infierno. Y es así todo el maldito año.
Cada vez que vengo aquí siento que me derrito. Es un fastidio, lo único que se me ocurre hacer es tirarme en una cama o un sofá encender el aire y dormir.
Hasta que pienso en ti.
Porque este es el único lugar que me permito hacerlo, que me permito recordar tu cabello ondeando con la brisa mientras anochecía, recordar tu risa, recordarte.
Y cuando lo hago, no siento calor ni fastidio, todo es diferente. Siento la lluvia mojando de nuevo mi piel, siento tu risa mientras tu blusa blanca se moja y yo te digo que te cubras, nos veo de nuevo corriendo como niños bajo la lluvia. Un torrencial aguacero de verano que nunca supimos de donde vino ni porqué.
Pero que aprendí, gracias a ti, a disfrutar.
Recuerdo que tirabas de mí diciéndome que era muy serio y debía aprender a disfrutar las pequeñas cosas de la vida, y que en ese momento sería tu misión.
Y cómo levantaste las palmas de tus manos para recibir el agua, y tu risa de niña consentida, y la alegría de tus ojos cuando finalmente me decidí a unirme a tus juegos.
Y siento cada gota que cae sobre mi cuerpo, y cada una de las que cayó sobre tu cuerpo.
Y soy feliz de nuevo.

4 comentarios:

M dijo...

Colleen: Que lindo relato! Cuando empecé a leer, no entendía bien adonde ibas, pero luego que se fue armando...

Creo que describes muy bien no sólo el clima y la estación del año (que era la tarea), también describes increíblemente bien el "ambiente" de la ciudad. No me costó nada transportarme al taxi en esa ciudad de calor infernal.

Hay una oración que me gustó muchísimo: esta ciudad es 100 grados más caliente que el infierno.

Si hubiera algo que te mencionaría corregir, es que algunas veces me pasó que sentía que se cortaba la continuidad. No sé si será algo de la puntuación o la forma en que escribiste, o quizás es una diferencia de dialectos, pero me pasó que tuve que leer algunas partes más de una vez para entenderlas claramente. Eso y que en algunas palabras faltan tildes, es lo único que se me ocurre que se podría corregir.

Gracias por tu relato! Me encantó, de verdad! Gracias por participar en el taller y espero leerte muchas veces!

Saludos

Colleen Krijgsman dijo...

Hola, y gracias por comentar.
Me alegra mucho que te haya gustado, y procuraré corregir lo que me dices.. Se que tienes razón en lo de las tildes, pero poco a poco estoy tratando de usarlas (es tedioso, pero toca) y en cuanto a lo e la continuidad se que es así, me pasa que me dicen que escribo como hablo y eso sé que es confuso.
Gracias!!
Saludos

Kate dijo...

Hola Colleen, un relato verdaderamente hermoso, y un uso descriptivo bastante preciso. Sabes transmitir las sensaciones con las palabras.

Aparte de las tildes y el uso de ciertas pausas, comas o puntos, no veo nada más para comentar.

Excelente.

Hada de Luz dijo...

Algo confuso al principio, pero me gustó desde cuando cuentas "Hasta que pienso en ti" en adelante...