martes, 20 de abril de 2010

En la casa de Dios.

Cuando el hermano Marco se ordenó, los curitas de blanco le dijeron que allí encontraría la salvación, pero los curitas de blanco eran muy estrictos y tenían muchas reglas: había horas para dormir, para jugar, para rezar, para estudiar. Sentía que su vida estaba controlada y bajo vigilancia constante y el hermano Marco sentía que en ese vino de consagrar se colaban unas pepitas que lo adormilaban.

El hermano Marco no era demasiado inteligente, pero era muy sagaz con las cuentas, por lo que uno de los curitas de blanco le delegó la responsabilidad de los presupuestos. Todos los días debía sumar y dividir en las planillas las operaciones financieras básicas. Pronto fue capaz de organizar el presupuesto mensual del monasterio para que el rector no se diera cuenta del pequeño pero constante hilito de dinero que desaparecía de las arcas.

En los libros de cuentas figuraban los alimentos, las verduras, los pagos de los servicios, las sábanas, los detergentes, el jabón líquido, las medicinas con sus precios cotidianos, pero el hermano Marco hábilmente aumentaba los precios, dividía los porcentajes y alteraba las cifras para obtener esa ganancia extra que tanto atesoraba.

Pero, ¿por qué el hermano Marco ponía en riesgo su reputación, su hogar, su espiritualidad y su integridad quebrantando el cuarto mandamiento? Porque en la soledad del monasterio, con la vida de abstinencia aburrida y las pepitas somníferas, el hermano Marco recuperaba pacientemente el tesoro que le fue robado cuando lo declararon mentalmente inestable y lo encerraron en ese tal centro llamado “Instituto mental: La casa de Dios”.

(Cuento modelo: La rana que quería ser una rana auténtica, de Augusto Monterroso)

5 comentarios:

.M.a.c.o. dijo...

Hola Kate,

Leí tu cuento antes de leer los tres de la tarea. No sé si habrá sido por eso (algo así como el factor sorpresa) pero me gustó un montón. Súper creativo el vuelco que da.

Te felicito.

Saludos.

M dijo...

Hola Kate. Me confundí un poco al leer el cuento, cuando lo leí el otro día a primer ojo y habías dicho que era basado en "felicidad clandestina", pensé que se parecía al de la rana, pero ahora volví a releer el de la rana y este, ay no sé! me confunde jajaja, pero tu cuento está muy bueno, aunque me habría gustado, y esta es mi opinión personal, un texto un poco más largo, como que me sabe a poco. Ahora, no sé si el objetivo de la tarea está cumplido, eso se lo dejo a Tito, a mí me gustó tu cuento.

De primera me suena raro, eso de que el cura tenga horas para jugar, pero al leer el final, y volver a leer el principio, voy entendiendo eso de "los curitas de blanco" y "las pepitas somniferas". Muy bien!!! Me gustó mucho (eso ya lo dije, no :P)

Blue dijo...

Kate: Me parecio demasiado bueno. Es corto, conciso, potente, me parece bien escrito, sarcastico, ingenuo, hermoso, la idea genial; tal vez los mas entendidos podria ver algun defecto que yo no veo, pero para mi esta perfecto. Me encanto!!! Felicitaciones.
Un abrazo.
Blue.

Kate dijo...

Hola Chicas,

Muchísimas gracias por sus comentarios... y sí... quería hacerlo más larguito pero por factores de tiempo no pude :(

Espero con ansias la próxima tarea!!

Tito Manfred dijo...

muy bien, Kate, entendiste y alcanzaste de excelente forma el objetivo de la tarea. hiciste una lectura fina del relato-modelo y no te limitaste a imitarlo de forma obvia (por ejemplo, escribiendo otro cuento sobre animales); en vez de eso, replicaste la macroestructura de fábula del mismo.
si bien comparto la opinión de que podría haber sido un poco más largo el cuento, no hay mucho más que reprocharle. el lenguaje es preciso y sencillo, tal como se estila en las fábulas, pero valiéndose de cierto tono irónico que satiriza el género en cuestión.
donde sí me parece que el relato queda al debe es en el final; no es un buen remate, ya que aun cuando es meritorio el factor sorpresa, resulta un tanto obvia, un tanto "subrayada", la forma en que éste se presenta. en vez de revelar tan explícitamente el lugar en que se encontraba Marco, podrías dar a entender lo mismo de forma más sutil, indirecta o codificada. ¡hay que hacer trabajar al lector!