Para la siguiente tarea propongo el tema: cosas comunes.
El relato es de estilo libre pero debe contener todos los elementos "comunes" propuestos en los comentarios. Cada participante propondrá 5 elementos y se debe hacer un relato con el total de todos ellos.
Los elementos o cosas comunes pueden ser por ejemplo: una casa, un perro, un automóvil, etc.
Espero que la tarea tenga buena acogida a ver si retomamos de nuevo el taller. El plazo propuesto es de 4 semanas (hasta el 15 de abril), pero ojalá lo antes posible.
Saludos.
martes, 15 de marzo de 2011
domingo, 2 de enero de 2011
Una navidad
Una navidad sucedió y una navidad nos enteramos. Ella lo quería tanto, lo protegía, era incondicional. El también la quería, era su pequeña sombra. Aún mucho después de que crecieron se veía esa complicidad… nunca nos habríamos imaginado.
Pero mejor empiezo por el principio. Yo había ido a visitar a mi abuela, como todas las navidades, puesto que era tradición que todos nos reuniéramos en su casa. Era una vieja casa victoriana, con un porche amplio, techos altos y revestidos en madera. Era una casa muy antigua y muy bella.
Lo mejor de esa casa era el bosquecito que la rodeaba. Cuando mi abuela tuvo a mi mamá, decidió que con seis hijos, la ciudad no sería un buen escenario de crianza. Por esta razón habló con mi abuelo y decidieron venderlo todo y mudarse al campo. Compraron una pequeña hacienda rodeada de un bosque y que colindaba con un pequeño riachuelo que bordeaba la propiedad.
Con mis primos jugábamos mucho al escondite en el bosque. Los adultos nos decían que no nos alejáramos mucho, y trataban de asustarnos con historias de duendes y brujas, pero nosotros teníamos un espíritu aventurero que sólo niños de 10 años pueden tener y el bosque era nuestro territorio inexplorado. Lo que más nos gustaba del bosque eran los misteriosos pinos altos y la piedra grande que hacía las veces de mirador en una de las partes más altas del bosque. Desde allí se podía ver todo el bosque, el pueblo y mucho más allá de las vías de la recién construida línea de tren.
Ese diciembre al que me refiero no fue particularmente agradable. Todos tenían miedo, y con justa razón. Por esos días habían aparecido varias personas asesinadas y se rumoreaba que era culpa de un convicto que había escapado de la prisión de un pueblito cercano. Claro está, los adultos no nos dejaban ir a jugar al bosque, si salíamos debíamos estar acompañados y casi todas las actividades se hacían dentro de la casa.
Fue el 22 de diciembre que a Lorena, la prima mayor, se le ocurrió la idea de fugarnos un ratico mientras los adultos iban al pueblo a comprar varias cosas para la cena navideña. La estadía de tantos días en la casa de la abuela, sin poder salir, nos había acumulado demasiada energía. A pesar que corríamos todo el día por esa vieja casa, la necesidad de libertad, de aire fresco era mucho mayor, por eso no fue muy difícil convencernos que era una buena idea. Como nos dejaron con la tía Mary y el tío Paco (la una estaba vieja y sorda, el segundo se la pasaba todo el día frente a su televisor viendo las carreras de caballos y discutiendo porque en su tiempo los jinetes eran mucho mejores que esos “chiquillos aficionados de hoy en día”) no fue muy difícil salir sin que ellos notaran nuestra ausencia.
Ya dije que Lorena era la mayor. Tenía doce años y era la única hija de mis tíos. Era una de mis primas preferidas porque era una persona con mucha imaginación, nos contaba historias de fantasmas, hadas y duendes, nos enseñaba juegos nuevos y divertidos y siempre sabía mucho más de todo que el resto de nosotros. Era una hermana mayor porque nos protegía a todos, como si fuéramos sus propios hermanos. A pesar que sólo nos veíamos en las vacaciones de diciembre, y en algunas ocasiones en las vacaciones de fin de curso, siempre podíamos hablar con ella como si no hubiera pasado un solo día desde la separación. Lorena tenía una imaginación bastante grande y fue ella quién nos enseñó que podíamos jugar al escondite en el bosque, pretendiendo ser animales fantásticos con nombres propios de un libro de cuentos. Lorena era la reina del lugar y todos la respetábamos porque era una reina justa y buena.
Los segundos al mando eran Louis y su hermano gemelo Leonard, ellos eran dos de los tres hijos de mi tía, viuda de un general del ejército a quién sólo Lorena conoció puesto que murió a los días de que los gemelos nacieran. Ella estaba casada en segundas nupcias con el tío Walter, poeta, músico y escritor, quién nos deleitaba en las frías noches que quedábamos atrapados por las tormentas de nieve. El tercer hermano era tan sólo un bebe, el más joven de la familia, por lo tanto sólo lo veíamos cuando su mamá lo traía en brazos para que la familia lo viera. Louis y Leonard tenían 11 años y eran físicamente grandes, como su difunto padre, por esa razón eran los guerreros de la corte.
Molly era la siguiente en la escala. Molly no era familia propiamente, ella era hija del tío Mick, quién no era hijo de mi abuela, pero ella lo había criado como tal. Con seis hijos, una casa completa y un esposo al que atender, no sé como mi abuela fue capaz de hacerse con otro más. Sin embargo el tío Mick es quién más quería a la abuela, estaba pendiente de ella y la ayudaba con todo. Después de ir a la universidad, el tío Mick se casó con una chica del pueblo y se fue a vivir cerca de la abuela, por esta razón, Molly era la que más conocía el bosque y hacía de guía para todos.
Luego veníamos Camille mi hermana y yo. Yo era mayor que ella, puesto que tenía 8 años y ella 7, y éramos también parte de la tradición de visitar a la abuela en las vacaciones de diciembre. Como éramos los que vivíamos más lejos, los que menos conocíamos los alrededores y los más pequeños del grupo, hacíamos parte del séquito de Lorena. Yo era caballero de la corte y Camille era dama de compañía.
De la corte también hacían parte tres vecinos de la casa de mi abuela. Tom y Julie. Eran casi parte de la familia. Tenían 4 y 10 años respectivamente. Tom era bastante inquieto, pero mi hermana era quien se hacía cargo de él. Julie era la que ponía a pelear a los hermanos gemelos puesto que era muy bella, y ellos siempre querían escoltarla. Había un tercer personaje que aparecía muy de vez en cuando. Se llamaba Rick y era el hermano mayor de Tom. Ambos eran hijos de una pareja que era muy pobre. Rick era bastante dominante y aunque ya trabajaba para ayudar a su familia, a veces venía y jugaba con nosotros. El problema era que siempre terminaba peleando con Lorena. En esa época no entendía por qué ellos siempre peleaban. Lorena era la reina, eso lo sabíamos, pero cuando Rick llegaba, decía que siempre debía haber un rey. Y ahí empezaban las peleas. Varias veces habían llegado a los puños y los gemelos tenían que intervenir para separarlos. Lorena era una persona muy calmada, pero Rick sabía enojarla. Ahora veo las cosas tan claras, pero en esa época yo era sólo un niño y no podía entender muchas cosas.
Ese día salimos todos a jugar y en el camino nos encontramos con Tom y con Julie. Lorena siempre había sentido un cariño muy especial por Tom, al ser el más pequeño, lo llevaba en brazos y siempre lo protegía, más que a todos nosotros. Tom apenas estaba aprendiendo a hablar, y casi nunca entendíamos lo que decía. Lorena era la única que lo entendía, por eso congeniaron tan bien. En fin, ese día salimos a jugar y como siempre, nos adentramos en lo profundo del bosque, hasta la piedra mirador que era el palacio de la reina. Desde allí, mirando hacia la pared de la montaña, alguien empezaría a contar y todos saldríamos corriendo a escondernos. Jugamos un rato al escondite y luego empezamos a jugar al palacio, los guerreros decidieron irse a verificar el perímetro, yo encontré unas tizas olvidadas en un hueco de la roca y empecé a dibujar y decorar el palacio de la reina, dibujaba sobre lo que el hielo dejaba y trazaba figuras que recrearían palacios de cuentos de hadas. Tom se entretuvo jugando con una ardilla que se internó en el bosque y Lorena fue tras él para que no se perdiera o se hiciera daño. Mi hermana estaba jugando con bolas de nieve con Julie y Molly. En este momento pienso que si tan sólo no nos hubiéramos separado, nada de aquello habría pasado. Pero el destino es incierto y las cosas pasan más rápido de lo que uno planea, completamente fuera de nuestro control.
En mi mente todo parece haber pasado en menos de unos minutos, pero sé que fueron unas dos horas mientras terminaba de dibujar cuando empecé a notar la prolongada ausencia de Lorena. Las niñas habían dejado de tirarse bolas de nieve y se habían entretenido armando un muñeco de nieve. Los gemelos habían llegado hacía una media hora y estaban abriendo una brecha para deslizarnos por una colina que se inclinaba desde la piedra. Poco a poco nos dimos cuenta que Lorena y Tom no regresaban y empezamos a buscarlos.
Creo que pasaron unos cuarenta minutos antes de escuchar ese grito desgarrador y correr en dirección a él. El grito provenía de la parte más espesa del bosque, cerca a una cañada que desembocaba en el río que por allí pasaba. Cuando logramos llegar, encontramos a Lorena blandiendo una rama frente a un señor que nunca habíamos visto, lo había golpeado y el hombre yacía en el piso, semiinconsciente. No entendía que pasaba, pero podía ver a Lorena, con su vestido rasgado, su ropa interior al aire, el cabello lleno de nieve y visiblemente nerviosa. Soltó un grito desgarrador y tortuoso: “Ese hombre me quería violar y acaba de matar a Rick”.
Las siguientes horas pasaron como un sueño. En mis recuerdos sé que en ese momento llegaron más personas, nuestros familiares y vecinos que habían acudido en cuanto escucharon el fuerte grito, que yo pensaba era de Lorena. Al mirar por el barranco, abajo en el río yacía el cuerpo de Rick, desfigurado por la caída. En ese momento sentí que las piernas me flaquearon y alguien me apartó de allí. Rápidamente nos condujeron a la casa, a Lorena se la llevaron para la estación de policía y nosotros fuimos a dormir luego de que nuestros padres se aseguraran que estábamos bien.
Ese 23 de diciembre fue extraño. El ambiente de la casa era de celebración, por la vida de Lorena, pero también había mucha tristeza en el aire. Rick había muerto y cuando Lorena contó la historia a los mayores (los pequeños no estábamos presentes, pero yo me agazapé en la puerta para escuchar) todos tuvieron un fuerte escalofrío.
Mi prima estaba aún saliendo de su estado de shock, tenía varios magullones y un ojo morado, como si la hubieran golpeado. Las heridas de arañazos en sus piernas, las que vi cuando llegué al risco, estaban ocultas bajo sus faldas, pero ella se tocaba, para disminuir el dolor. No entendía qué había pasado, yo sólo era un niño. En ese entonces no comprendía por qué querían hacerle daño a Lorena, era una niña buena, atractiva e inteligente. ¿Quién querría dañar a una persona así?
Lorena estaba jugando con Tom y con la ardilla y no se dio cuenta todo lo que se adentró en el bosque. En un momento dado, Tom salió al claro que se encontraba frente al risco y Lorena corrió para evitar que se fuera a asomar y posiblemente caerse. En ese momento, sintió un empujón por detrás y cuando unas manos le dieron vuelta, vio que un hombre extraño estaba encima de ella y que empezaba a tocarla. Lorena describió la cara del hombre con palabras que, cuando comprendí, me hicieron estremecer: “el hombre tenía una mirada oscura, perdida, sus labios no dejaban de moverse y salivaba como un perro en celo”. En ese momento Lorena empezó a llorar. Entendí que el hombre había logrado arrancar su vestido y había llegado a su ropa interior cuando, de repente, se movió hacia un lado, como si lo hubieran empujado. En ese momento vio a Rick, que se abalanzaba sobre él, y que empezaban a forcejear. Lorena sólo atinó a agarrar a Tom y una rama de un árbol. Rick intentaba golpear al hombre, pero en un momento dado, el hombre, mucho más fuerte, lo alzó por el costado y la pierna, y lo lanzo hacia el abismo. Ahí me di cuenta que el grito había sido de Rick, no de Lorena. Lorena entonces blandió una rama y aprovechando que el hombre se hallaba un poco distraído, lo golpeó, dejándolo inconsciente, fue cuando nosotros llegamos y el resto era historia. Lorena no dejaba de llorar y decir: “Pobre Rick, yo siempre lo traté mal y él me ayudó cuando más lo necesité ¿Por qué tuvo que morir por mí?”
El hombre había sido identificado como el asesino convicto que se había escapado. Las autoridades lo condenaron a muerte por el asesinato de Rick, y de varias otras personas y lo mataron el mismo 23 de diciembre.
Esa navidad pasamos en casa de la abuela, agradecidos porque Lorena estuviera viva pero al mismo tiempo apesadumbrados por la muerte de Rick. Como Lorena era hija única sus padres casi siempre la complacían en todo, aún más después de sobrevivir a semejante ataque. Ella pidió quedarse con Tom, que lo llevaran a la casa y lo criaran como su hermano menor. De esta forma quería retribuir a los padres de Rick la pérdida de su hijo. Los padres de Lorena estaban un poco reticentes al principio, pero viendo las buenas intenciones de su hija, accedieron rápidamente a complacerla. Los padres de Tom no opusieron resistencia. Esa familia le daría a su hijo lo que ellos no podrían darles, y además recibirían una renta mensual. Podría decirse que finalmente fue una buena navidad.
Los años pasaron y fuimos creciendo. Aún continuábamos reuniéndonos en la casa de la abuela las navidades, pero evitábamos hablar de lo que había pasado esa navidad. Lorena y Tom eran más cercanos que nunca, sin embargo, pronto notaron que Tom tenía un problema más profundo: había perdido la facultad de hablar. Los años pasaban y Tom no hablaba, lo llevaron donde todos los médicos posibles, le hacían todas las terapias propuestas, pero Tom simplemente no hablaba. Los psiquiatras determinaron que el impacto de ver a su hermano morir de forma violenta había causado la inhibición de sus centros de habla. Sin embargo, decían, menos mal encontró una familia amorosa y una hermana mayor que lo adoraba, puesto que el shock se habría podido extender, causarle depresión extrema e incluso, matarlo. Cada vez que estas palabras se pronunciaban, Lorena se estremecía y abrazaba a Tom con mucha fuerza. El a su vez la correspondía.
Ellos tenían una relación muy bonita, Lorena era su guía y él su sombra. Siempre andaban juntos, Lorena siempre le contaba cuentos en las noches y le susurraba algo al oído. Tom abría los ojos gigantes y la abrazaba. Luego se dormía. Sin embargo, Tom no hablaba. Nunca se separaba de Lorena, no compartía con más nadie que no fuera ella. Todos los veíamos y hablábamos de una unidad entre hermanos bastante peculiar. Sin embargo, entre más pasaba el tiempo, era evidente que ninguno de los dos se despegaba del otro. Lorena casi no tenía amigos, Tom tampoco tenía amigos. Sólo eran ellos dos juntos contra el mundo.
Casi 20 años después de los sucesos nos volvimos a reunir. Esta vez fue para asistir al funeral de la abuela. Ya nuestros tíos eran personas mayores. La tercera generación, es decir nosotros, ya éramos adultos casados, con hijos, con trabajos y con responsabilidades. En el transcurso de estos años yo había conservado el contacto con todos mis primos, ya hombres y mujeres adultos con familia, incluso con Julie, quien siguió siendo amiga de mi hermana y asistieron a la misma universidad. Con todos excepto con Lorena, a quien ninguno había vuelto a ver desde que ella cumplió los quince años cuando sus padres murieron y a ella y a Tom los adoptaron unos familiares por el lado de su padre.
Uno por uno todos fueron llegando. La última en llegar fue Lorena y me impactó mucho verla, hacía casi 15 años que no la veía y estaba convertida en una mujer muy atractiva. Más atrás de ella venía Tom, todo un joven de 24 años, aún seguía mudo y seguía tras Lorena. Sin embargo, esta vez, la relación era mucho más extraña. Lorena estaba mucho más imponente, mucho menos dulce de lo que la recordaba. Ahora bebía y estaba constantemente de mal humor. Tom iba tras ella, se notaba cansado y fatigado. Sin embargo, el ritual de los cuentos por la noche, el susurro en el oído, los ojos grandes, el abrazo y las buenas noches no había muerto. Esa fue la última vez que vi a Lorena y a Tom.
Unos años después de la muerte de la abuela, un 23 de diciembre, llegaba a casa con mis hijos, después de un paseo en trineo por el parque y mi esposa salió bastante agitada. Me dijo que tenía una gran visita esperándome en la sala. Me dirigí hacia allí y mi sorpresa fue grande al ver a Molly, a Julie, a los gemelos y a mi hermana, todos reunidos en la sala. Nos abrazamos mucho y a pesar de mi felicidad por compartir con mi familia, pronto noté en sus ojos un dejo de tristeza y temor. Mi esposa nos trajo café y bizcochos y enviamos a los niños a jugar afuera. Louis tomó la palabra y lo que contó me dejó frío.
“Ayer 22 de diciembre pasó algo terrible. Lorena murió a manos de Tom, y éste se suicidó después. Al parecer él tomó un cuchillo de la cocina y se abalanzó sobre ella degollándola. Luego subió a su habitación, escribió algo en unas hojas, se desfiguró la cara y luego se enterró el cuchillo en su corazón”
Mi mente no dejaba de girar y miles de preguntas se agolpaban allí ¿Por qué? ¿Qué pasó con esa relación tan unida? ¿Están seguros? ¿Qué escribió? Por sola respuesta me pasaron unas hojas, manchadas de sangre, que los policías entregaron a mis primos cuando hicieron las pesquisas. Las hojas exhibían una escritura infantil, temblorosa y manchada de sangre y algo que parecía ser agua, lágrimas de Tom mientras lo escribió.
Mi voz me impide comunicarme y contar al mundo el sufrimiento en el que vivo. Hoy, 22 de diciembre de 19**, en el aniversario número 24 de la muerte de mi hermano Rick, quiero por fin contar la verdadera historia. Para ello tuve que eliminar mi mayor impedimento. Pero no me arrepiento. La quise mucho, mucho más de lo que nadie se ha imaginado, porque sé que Lorena actuó bien cuando hizo lo que hizo. Pero no puedo vivir bajo su yugo mucho más tiempo. Siento que ambos hemos enloquecido, y sólo la muerte será nuestra liberación, limpiará su consciencia y yo la acompañaré.
Lorena no es la persona que todos creyeron que era. Ella es la responsable de la muerte de Rick. Yo era muy niño, pero lo vi todo, y ella lo sabe. Ella estaba ese día en el risco, jugando conmigo, cuando mi hermano Rick apareció. Rick era una buena persona, y Lorena le gustaba mucho. Recuerdo que empezaron a hablar, y pronto la conversación se tornó violenta. Rick empujó a Lorena al piso y rasgó su vestido. Pensé que jugaban y me iba a unir a su juego cuando Lorena se lo quitó de encima y empezó a pegarle. Rick le pegó también, pero Lorena logro acorralarlo frente al risco y lo empujó. Del bosque salió un hombre que había escuchado todo. Le dijo algo a Lorena, pero ella lo golpeó con una rama y lo dejó inconsciente. Luego llegaron los primos y Lorena les dijo que el hombre había matado a Rick y ella le había golpeado para evitar que me hicieran daño.
Lorena siempre fue cariñosa conmigo y por mucho tiempo no entendí qué había pasado. Un día me llevaron a su casa, me dieron juguetes y se convirtió en mi hermana mayor. Yo estaba feliz. Poco tiempo después, sin embargo, le pregunté a Lorena sobre la versión que yo recordaba de los hechos. Lorena entonces me miró con ojos como poseídos y me dijo que nunca más podía volver a recordar aquello, que si decía una sola palabra a alguien, ella me mataría tal y como había matado a mi hermano. Luego me abrazaba, me contaba un cuento y yo enseguida volvía a dormir. Esto se ha repetido todas las noches desde que tengo 5 años. Lorena se acerca a mi cama, me cuenta un cuento y antes de irse, me susurra en el oído que si hablo, me mata como mató a mi hermano. Luego me abraza y me duermo.
No resisto más, hoy es el aniversario de la muerte de mi hermano, Lorena ha estado bebiendo estos últimos años y está mucho más cruel de lo normal. Hoy pensó que la estaba viendo cuando salía de darse su baño. Me dijo que era un cerdo violador tal y como lo fue mi hermano. Que también era retrasado. Mi Lorena, es buena persona cuando no bebe, cuando olvida todo aquello. Pero creo que mi cara le recuerda a mi hermano. Hoy no aguanto más. Ella me dio una vida agradable, pero no resisto su voz chillona cuando me dice que me va a matar. Hoy le retribuí su gran favor, la liberé de su cuerpo, de su mente enferma y pronto me uniré a ella, en ese lugar donde sólo hay amor, alegría.
Una navidad sucedió, una navidad nos enteramos. Ella su protectora y torturadora. Él su seguidor y su justiciero.
Pero mejor empiezo por el principio. Yo había ido a visitar a mi abuela, como todas las navidades, puesto que era tradición que todos nos reuniéramos en su casa. Era una vieja casa victoriana, con un porche amplio, techos altos y revestidos en madera. Era una casa muy antigua y muy bella.
Lo mejor de esa casa era el bosquecito que la rodeaba. Cuando mi abuela tuvo a mi mamá, decidió que con seis hijos, la ciudad no sería un buen escenario de crianza. Por esta razón habló con mi abuelo y decidieron venderlo todo y mudarse al campo. Compraron una pequeña hacienda rodeada de un bosque y que colindaba con un pequeño riachuelo que bordeaba la propiedad.
Con mis primos jugábamos mucho al escondite en el bosque. Los adultos nos decían que no nos alejáramos mucho, y trataban de asustarnos con historias de duendes y brujas, pero nosotros teníamos un espíritu aventurero que sólo niños de 10 años pueden tener y el bosque era nuestro territorio inexplorado. Lo que más nos gustaba del bosque eran los misteriosos pinos altos y la piedra grande que hacía las veces de mirador en una de las partes más altas del bosque. Desde allí se podía ver todo el bosque, el pueblo y mucho más allá de las vías de la recién construida línea de tren.
Ese diciembre al que me refiero no fue particularmente agradable. Todos tenían miedo, y con justa razón. Por esos días habían aparecido varias personas asesinadas y se rumoreaba que era culpa de un convicto que había escapado de la prisión de un pueblito cercano. Claro está, los adultos no nos dejaban ir a jugar al bosque, si salíamos debíamos estar acompañados y casi todas las actividades se hacían dentro de la casa.
Fue el 22 de diciembre que a Lorena, la prima mayor, se le ocurrió la idea de fugarnos un ratico mientras los adultos iban al pueblo a comprar varias cosas para la cena navideña. La estadía de tantos días en la casa de la abuela, sin poder salir, nos había acumulado demasiada energía. A pesar que corríamos todo el día por esa vieja casa, la necesidad de libertad, de aire fresco era mucho mayor, por eso no fue muy difícil convencernos que era una buena idea. Como nos dejaron con la tía Mary y el tío Paco (la una estaba vieja y sorda, el segundo se la pasaba todo el día frente a su televisor viendo las carreras de caballos y discutiendo porque en su tiempo los jinetes eran mucho mejores que esos “chiquillos aficionados de hoy en día”) no fue muy difícil salir sin que ellos notaran nuestra ausencia.
Ya dije que Lorena era la mayor. Tenía doce años y era la única hija de mis tíos. Era una de mis primas preferidas porque era una persona con mucha imaginación, nos contaba historias de fantasmas, hadas y duendes, nos enseñaba juegos nuevos y divertidos y siempre sabía mucho más de todo que el resto de nosotros. Era una hermana mayor porque nos protegía a todos, como si fuéramos sus propios hermanos. A pesar que sólo nos veíamos en las vacaciones de diciembre, y en algunas ocasiones en las vacaciones de fin de curso, siempre podíamos hablar con ella como si no hubiera pasado un solo día desde la separación. Lorena tenía una imaginación bastante grande y fue ella quién nos enseñó que podíamos jugar al escondite en el bosque, pretendiendo ser animales fantásticos con nombres propios de un libro de cuentos. Lorena era la reina del lugar y todos la respetábamos porque era una reina justa y buena.
Los segundos al mando eran Louis y su hermano gemelo Leonard, ellos eran dos de los tres hijos de mi tía, viuda de un general del ejército a quién sólo Lorena conoció puesto que murió a los días de que los gemelos nacieran. Ella estaba casada en segundas nupcias con el tío Walter, poeta, músico y escritor, quién nos deleitaba en las frías noches que quedábamos atrapados por las tormentas de nieve. El tercer hermano era tan sólo un bebe, el más joven de la familia, por lo tanto sólo lo veíamos cuando su mamá lo traía en brazos para que la familia lo viera. Louis y Leonard tenían 11 años y eran físicamente grandes, como su difunto padre, por esa razón eran los guerreros de la corte.
Molly era la siguiente en la escala. Molly no era familia propiamente, ella era hija del tío Mick, quién no era hijo de mi abuela, pero ella lo había criado como tal. Con seis hijos, una casa completa y un esposo al que atender, no sé como mi abuela fue capaz de hacerse con otro más. Sin embargo el tío Mick es quién más quería a la abuela, estaba pendiente de ella y la ayudaba con todo. Después de ir a la universidad, el tío Mick se casó con una chica del pueblo y se fue a vivir cerca de la abuela, por esta razón, Molly era la que más conocía el bosque y hacía de guía para todos.
Luego veníamos Camille mi hermana y yo. Yo era mayor que ella, puesto que tenía 8 años y ella 7, y éramos también parte de la tradición de visitar a la abuela en las vacaciones de diciembre. Como éramos los que vivíamos más lejos, los que menos conocíamos los alrededores y los más pequeños del grupo, hacíamos parte del séquito de Lorena. Yo era caballero de la corte y Camille era dama de compañía.
De la corte también hacían parte tres vecinos de la casa de mi abuela. Tom y Julie. Eran casi parte de la familia. Tenían 4 y 10 años respectivamente. Tom era bastante inquieto, pero mi hermana era quien se hacía cargo de él. Julie era la que ponía a pelear a los hermanos gemelos puesto que era muy bella, y ellos siempre querían escoltarla. Había un tercer personaje que aparecía muy de vez en cuando. Se llamaba Rick y era el hermano mayor de Tom. Ambos eran hijos de una pareja que era muy pobre. Rick era bastante dominante y aunque ya trabajaba para ayudar a su familia, a veces venía y jugaba con nosotros. El problema era que siempre terminaba peleando con Lorena. En esa época no entendía por qué ellos siempre peleaban. Lorena era la reina, eso lo sabíamos, pero cuando Rick llegaba, decía que siempre debía haber un rey. Y ahí empezaban las peleas. Varias veces habían llegado a los puños y los gemelos tenían que intervenir para separarlos. Lorena era una persona muy calmada, pero Rick sabía enojarla. Ahora veo las cosas tan claras, pero en esa época yo era sólo un niño y no podía entender muchas cosas.
Ese día salimos todos a jugar y en el camino nos encontramos con Tom y con Julie. Lorena siempre había sentido un cariño muy especial por Tom, al ser el más pequeño, lo llevaba en brazos y siempre lo protegía, más que a todos nosotros. Tom apenas estaba aprendiendo a hablar, y casi nunca entendíamos lo que decía. Lorena era la única que lo entendía, por eso congeniaron tan bien. En fin, ese día salimos a jugar y como siempre, nos adentramos en lo profundo del bosque, hasta la piedra mirador que era el palacio de la reina. Desde allí, mirando hacia la pared de la montaña, alguien empezaría a contar y todos saldríamos corriendo a escondernos. Jugamos un rato al escondite y luego empezamos a jugar al palacio, los guerreros decidieron irse a verificar el perímetro, yo encontré unas tizas olvidadas en un hueco de la roca y empecé a dibujar y decorar el palacio de la reina, dibujaba sobre lo que el hielo dejaba y trazaba figuras que recrearían palacios de cuentos de hadas. Tom se entretuvo jugando con una ardilla que se internó en el bosque y Lorena fue tras él para que no se perdiera o se hiciera daño. Mi hermana estaba jugando con bolas de nieve con Julie y Molly. En este momento pienso que si tan sólo no nos hubiéramos separado, nada de aquello habría pasado. Pero el destino es incierto y las cosas pasan más rápido de lo que uno planea, completamente fuera de nuestro control.
En mi mente todo parece haber pasado en menos de unos minutos, pero sé que fueron unas dos horas mientras terminaba de dibujar cuando empecé a notar la prolongada ausencia de Lorena. Las niñas habían dejado de tirarse bolas de nieve y se habían entretenido armando un muñeco de nieve. Los gemelos habían llegado hacía una media hora y estaban abriendo una brecha para deslizarnos por una colina que se inclinaba desde la piedra. Poco a poco nos dimos cuenta que Lorena y Tom no regresaban y empezamos a buscarlos.
Creo que pasaron unos cuarenta minutos antes de escuchar ese grito desgarrador y correr en dirección a él. El grito provenía de la parte más espesa del bosque, cerca a una cañada que desembocaba en el río que por allí pasaba. Cuando logramos llegar, encontramos a Lorena blandiendo una rama frente a un señor que nunca habíamos visto, lo había golpeado y el hombre yacía en el piso, semiinconsciente. No entendía que pasaba, pero podía ver a Lorena, con su vestido rasgado, su ropa interior al aire, el cabello lleno de nieve y visiblemente nerviosa. Soltó un grito desgarrador y tortuoso: “Ese hombre me quería violar y acaba de matar a Rick”.
Las siguientes horas pasaron como un sueño. En mis recuerdos sé que en ese momento llegaron más personas, nuestros familiares y vecinos que habían acudido en cuanto escucharon el fuerte grito, que yo pensaba era de Lorena. Al mirar por el barranco, abajo en el río yacía el cuerpo de Rick, desfigurado por la caída. En ese momento sentí que las piernas me flaquearon y alguien me apartó de allí. Rápidamente nos condujeron a la casa, a Lorena se la llevaron para la estación de policía y nosotros fuimos a dormir luego de que nuestros padres se aseguraran que estábamos bien.
Ese 23 de diciembre fue extraño. El ambiente de la casa era de celebración, por la vida de Lorena, pero también había mucha tristeza en el aire. Rick había muerto y cuando Lorena contó la historia a los mayores (los pequeños no estábamos presentes, pero yo me agazapé en la puerta para escuchar) todos tuvieron un fuerte escalofrío.
Mi prima estaba aún saliendo de su estado de shock, tenía varios magullones y un ojo morado, como si la hubieran golpeado. Las heridas de arañazos en sus piernas, las que vi cuando llegué al risco, estaban ocultas bajo sus faldas, pero ella se tocaba, para disminuir el dolor. No entendía qué había pasado, yo sólo era un niño. En ese entonces no comprendía por qué querían hacerle daño a Lorena, era una niña buena, atractiva e inteligente. ¿Quién querría dañar a una persona así?
Lorena estaba jugando con Tom y con la ardilla y no se dio cuenta todo lo que se adentró en el bosque. En un momento dado, Tom salió al claro que se encontraba frente al risco y Lorena corrió para evitar que se fuera a asomar y posiblemente caerse. En ese momento, sintió un empujón por detrás y cuando unas manos le dieron vuelta, vio que un hombre extraño estaba encima de ella y que empezaba a tocarla. Lorena describió la cara del hombre con palabras que, cuando comprendí, me hicieron estremecer: “el hombre tenía una mirada oscura, perdida, sus labios no dejaban de moverse y salivaba como un perro en celo”. En ese momento Lorena empezó a llorar. Entendí que el hombre había logrado arrancar su vestido y había llegado a su ropa interior cuando, de repente, se movió hacia un lado, como si lo hubieran empujado. En ese momento vio a Rick, que se abalanzaba sobre él, y que empezaban a forcejear. Lorena sólo atinó a agarrar a Tom y una rama de un árbol. Rick intentaba golpear al hombre, pero en un momento dado, el hombre, mucho más fuerte, lo alzó por el costado y la pierna, y lo lanzo hacia el abismo. Ahí me di cuenta que el grito había sido de Rick, no de Lorena. Lorena entonces blandió una rama y aprovechando que el hombre se hallaba un poco distraído, lo golpeó, dejándolo inconsciente, fue cuando nosotros llegamos y el resto era historia. Lorena no dejaba de llorar y decir: “Pobre Rick, yo siempre lo traté mal y él me ayudó cuando más lo necesité ¿Por qué tuvo que morir por mí?”
El hombre había sido identificado como el asesino convicto que se había escapado. Las autoridades lo condenaron a muerte por el asesinato de Rick, y de varias otras personas y lo mataron el mismo 23 de diciembre.
Esa navidad pasamos en casa de la abuela, agradecidos porque Lorena estuviera viva pero al mismo tiempo apesadumbrados por la muerte de Rick. Como Lorena era hija única sus padres casi siempre la complacían en todo, aún más después de sobrevivir a semejante ataque. Ella pidió quedarse con Tom, que lo llevaran a la casa y lo criaran como su hermano menor. De esta forma quería retribuir a los padres de Rick la pérdida de su hijo. Los padres de Lorena estaban un poco reticentes al principio, pero viendo las buenas intenciones de su hija, accedieron rápidamente a complacerla. Los padres de Tom no opusieron resistencia. Esa familia le daría a su hijo lo que ellos no podrían darles, y además recibirían una renta mensual. Podría decirse que finalmente fue una buena navidad.
Los años pasaron y fuimos creciendo. Aún continuábamos reuniéndonos en la casa de la abuela las navidades, pero evitábamos hablar de lo que había pasado esa navidad. Lorena y Tom eran más cercanos que nunca, sin embargo, pronto notaron que Tom tenía un problema más profundo: había perdido la facultad de hablar. Los años pasaban y Tom no hablaba, lo llevaron donde todos los médicos posibles, le hacían todas las terapias propuestas, pero Tom simplemente no hablaba. Los psiquiatras determinaron que el impacto de ver a su hermano morir de forma violenta había causado la inhibición de sus centros de habla. Sin embargo, decían, menos mal encontró una familia amorosa y una hermana mayor que lo adoraba, puesto que el shock se habría podido extender, causarle depresión extrema e incluso, matarlo. Cada vez que estas palabras se pronunciaban, Lorena se estremecía y abrazaba a Tom con mucha fuerza. El a su vez la correspondía.
Ellos tenían una relación muy bonita, Lorena era su guía y él su sombra. Siempre andaban juntos, Lorena siempre le contaba cuentos en las noches y le susurraba algo al oído. Tom abría los ojos gigantes y la abrazaba. Luego se dormía. Sin embargo, Tom no hablaba. Nunca se separaba de Lorena, no compartía con más nadie que no fuera ella. Todos los veíamos y hablábamos de una unidad entre hermanos bastante peculiar. Sin embargo, entre más pasaba el tiempo, era evidente que ninguno de los dos se despegaba del otro. Lorena casi no tenía amigos, Tom tampoco tenía amigos. Sólo eran ellos dos juntos contra el mundo.
Casi 20 años después de los sucesos nos volvimos a reunir. Esta vez fue para asistir al funeral de la abuela. Ya nuestros tíos eran personas mayores. La tercera generación, es decir nosotros, ya éramos adultos casados, con hijos, con trabajos y con responsabilidades. En el transcurso de estos años yo había conservado el contacto con todos mis primos, ya hombres y mujeres adultos con familia, incluso con Julie, quien siguió siendo amiga de mi hermana y asistieron a la misma universidad. Con todos excepto con Lorena, a quien ninguno había vuelto a ver desde que ella cumplió los quince años cuando sus padres murieron y a ella y a Tom los adoptaron unos familiares por el lado de su padre.
Uno por uno todos fueron llegando. La última en llegar fue Lorena y me impactó mucho verla, hacía casi 15 años que no la veía y estaba convertida en una mujer muy atractiva. Más atrás de ella venía Tom, todo un joven de 24 años, aún seguía mudo y seguía tras Lorena. Sin embargo, esta vez, la relación era mucho más extraña. Lorena estaba mucho más imponente, mucho menos dulce de lo que la recordaba. Ahora bebía y estaba constantemente de mal humor. Tom iba tras ella, se notaba cansado y fatigado. Sin embargo, el ritual de los cuentos por la noche, el susurro en el oído, los ojos grandes, el abrazo y las buenas noches no había muerto. Esa fue la última vez que vi a Lorena y a Tom.
Unos años después de la muerte de la abuela, un 23 de diciembre, llegaba a casa con mis hijos, después de un paseo en trineo por el parque y mi esposa salió bastante agitada. Me dijo que tenía una gran visita esperándome en la sala. Me dirigí hacia allí y mi sorpresa fue grande al ver a Molly, a Julie, a los gemelos y a mi hermana, todos reunidos en la sala. Nos abrazamos mucho y a pesar de mi felicidad por compartir con mi familia, pronto noté en sus ojos un dejo de tristeza y temor. Mi esposa nos trajo café y bizcochos y enviamos a los niños a jugar afuera. Louis tomó la palabra y lo que contó me dejó frío.
“Ayer 22 de diciembre pasó algo terrible. Lorena murió a manos de Tom, y éste se suicidó después. Al parecer él tomó un cuchillo de la cocina y se abalanzó sobre ella degollándola. Luego subió a su habitación, escribió algo en unas hojas, se desfiguró la cara y luego se enterró el cuchillo en su corazón”
Mi mente no dejaba de girar y miles de preguntas se agolpaban allí ¿Por qué? ¿Qué pasó con esa relación tan unida? ¿Están seguros? ¿Qué escribió? Por sola respuesta me pasaron unas hojas, manchadas de sangre, que los policías entregaron a mis primos cuando hicieron las pesquisas. Las hojas exhibían una escritura infantil, temblorosa y manchada de sangre y algo que parecía ser agua, lágrimas de Tom mientras lo escribió.
Mi voz me impide comunicarme y contar al mundo el sufrimiento en el que vivo. Hoy, 22 de diciembre de 19**, en el aniversario número 24 de la muerte de mi hermano Rick, quiero por fin contar la verdadera historia. Para ello tuve que eliminar mi mayor impedimento. Pero no me arrepiento. La quise mucho, mucho más de lo que nadie se ha imaginado, porque sé que Lorena actuó bien cuando hizo lo que hizo. Pero no puedo vivir bajo su yugo mucho más tiempo. Siento que ambos hemos enloquecido, y sólo la muerte será nuestra liberación, limpiará su consciencia y yo la acompañaré.
Lorena no es la persona que todos creyeron que era. Ella es la responsable de la muerte de Rick. Yo era muy niño, pero lo vi todo, y ella lo sabe. Ella estaba ese día en el risco, jugando conmigo, cuando mi hermano Rick apareció. Rick era una buena persona, y Lorena le gustaba mucho. Recuerdo que empezaron a hablar, y pronto la conversación se tornó violenta. Rick empujó a Lorena al piso y rasgó su vestido. Pensé que jugaban y me iba a unir a su juego cuando Lorena se lo quitó de encima y empezó a pegarle. Rick le pegó también, pero Lorena logro acorralarlo frente al risco y lo empujó. Del bosque salió un hombre que había escuchado todo. Le dijo algo a Lorena, pero ella lo golpeó con una rama y lo dejó inconsciente. Luego llegaron los primos y Lorena les dijo que el hombre había matado a Rick y ella le había golpeado para evitar que me hicieran daño.
Lorena siempre fue cariñosa conmigo y por mucho tiempo no entendí qué había pasado. Un día me llevaron a su casa, me dieron juguetes y se convirtió en mi hermana mayor. Yo estaba feliz. Poco tiempo después, sin embargo, le pregunté a Lorena sobre la versión que yo recordaba de los hechos. Lorena entonces me miró con ojos como poseídos y me dijo que nunca más podía volver a recordar aquello, que si decía una sola palabra a alguien, ella me mataría tal y como había matado a mi hermano. Luego me abrazaba, me contaba un cuento y yo enseguida volvía a dormir. Esto se ha repetido todas las noches desde que tengo 5 años. Lorena se acerca a mi cama, me cuenta un cuento y antes de irse, me susurra en el oído que si hablo, me mata como mató a mi hermano. Luego me abraza y me duermo.
No resisto más, hoy es el aniversario de la muerte de mi hermano, Lorena ha estado bebiendo estos últimos años y está mucho más cruel de lo normal. Hoy pensó que la estaba viendo cuando salía de darse su baño. Me dijo que era un cerdo violador tal y como lo fue mi hermano. Que también era retrasado. Mi Lorena, es buena persona cuando no bebe, cuando olvida todo aquello. Pero creo que mi cara le recuerda a mi hermano. Hoy no aguanto más. Ella me dio una vida agradable, pero no resisto su voz chillona cuando me dice que me va a matar. Hoy le retribuí su gran favor, la liberé de su cuerpo, de su mente enferma y pronto me uniré a ella, en ese lugar donde sólo hay amor, alegría.
Una navidad sucedió, una navidad nos enteramos. Ella su protectora y torturadora. Él su seguidor y su justiciero.
viernes, 24 de diciembre de 2010
The last christmas
Se había levantado temprano. O mejor dicho, no había dormido. Llevaba muchas noches sin dormir.
Se había levantado muy temprano, después de horas de mirar el techo a oscuras. Había preparado la leche de su hija, había dejado programada la cafetera para su marido, había agarrado su bolso y había salido de casa cuando aún estaba oscuro. Caminó varias cuadras hasta la estación de metro más cercana y esperó a que abrieran la boletería con las manos en los bolsillos. La mañana estaba fría.
Pagó su pasaje, bajó las escaleras a paso lento, esperó a que llegara el primer tren de la mañana y se sentó, puso su bolso sobre sus rodillas, las manos entrelazadas, y se dedicó a observar a los pasajeros. A esa hora de la mañana viajaban hombres vestidos de oficinista y mujeres vestidas de secretaria. Se los imaginó en su sillas, tecleando frente a un monitor, haciendo llamadas importantes. Subían y bajaban del tren. A medida que fue avanzando hacia los barrios menos pudientes, a las estaciones pobres, el tren empezó a vaciarse. Llegó al final del recorrido, subió pesadamente los escalones que indicaban "cambio de andén", bajó al otro lado de la estación y esperó el tren de regreso. El público cambió. Obreros, estudiantes, señoras. Nanas, abuelos, más estudiantes, algunos niños, más oficinistas, obreros. Llegó al final del recorrido y volvió a cambiar de andén y a tomar el tren de vuelta. Un tren idéntico a los anteriores, con la misma gente y los mismos anuncios navideños.
Hizo el recorrido incontables veces. Miraba a la gente ir y venir, subir y bajar. Buscaba en sus rostros algo que le explicara por qué se sentía así, vacía, sin objetivos, sin metas, como si toda su existencia fuera un automatismo o como si ella misma fuera una marioneta dirigida por hilos invisibles que controlaban cada uno de sus movimientos. Lo único que escuchaba era el zumbido de las conversaciones, el traqueteo del tren y sus propias preguntas sin respuesta.
No llevaba reloj ni celular, pero vió pasar la mañana y las horas con los cambios de gente. La mayoría se veían estresados y sudorosos. El día se había puesto caluroso y la gente trataba de acomodarse lo mejor posible con los inmensos paquetes que seguramente habían comprado a última hora para llenar el espacio debajo del árbol de navidad. Adivinaba bicicletas y autos a control remoto, muñecas y computadores último modelo, comprados con tarjetas de crédito, padres endeudados hasta marzo cuando empezaba el colegio y empezaba nuevamente el círculo. De pronto, entre los paquetes, lo vió. Él la miraba fijamente, aunque se notaba perdido, perdido quizás como se sentía ella. Se fijó que llevaba una mochila, una cámara fotográfica enorme colgada del cuello y un mapa entre las manos. Se acercó a ella de dos zancadas.
- Excuse me... I was wondering... do you speak english?
- Yes, a little bit
- Oh great! I am so lost! I am trying to get - y le indicó un punto en el mapa - here... and I have no idea where I am.
- Let me see... - tomó el mapa de sus manos, lo dió vuelta y con un dedo le indicó dónde se encontraban - we are here, you are going the wrong direction.
- Oh really! I feel so stupid! So.. how do I get there?
- Well, you can go out in the next station, then you have to follow the sign that says... - observó su cara de confusión. Definitivamente se sentía tan perdido como ella - you know what? I'll go with you.
- Really?
- Sure!
- But... am I taking you away from something?
- No, not really, I have nothing to do today, so... it's no problem for me, really...
- So nice of you! Are you sure? Today is Christmas Eve, don't you have to go home and...
- No, really.
- Oh, great then!
Se bajaron juntos en la siguiente estación, cambiaron de andén y tomaron el tren de vuelta.
- So... my name is John
- Oh, sorry, my name is... Soledad
- Souh-le-dha?
- Hehehe, yes, something like that
- What does it mean?
- Means... lonely
Se hizo un silencio incómodo interrumpido por los anuncios del conductor.
- So... what are you doing here? I mean... are you visiting? And where are you from? I am not so good at accents but I'll guess England?
- Hehehe, that's a big guess. I am from London. Came here to see South America and visit some friends.
- Sounds fun.
- It is, but kind of scary too, not so many people here speaks english!
- No, I am afraid not...
- You're pretty good, though...
- Thanks...
Otro silencio incómodo.
- We have to go out next station, then change to another train
- Really?
- Yes
- Oh God, thank you so much for your help, are you sure it is ok for you...
- Yes, yes, don't worry
Conversaron del clima y de la ciudad y luego de un viaje cortísimo, llegaron a su destino. Se bajaron juntos.
- Well... here we are.
- Is it here?
- Yes, here is the park. You just have to go up the stairs and you'll be there, I'll walk you outside so you don't get lost.
- Oh, you are way too nice with me, really, I don't know what to say... or how to thank you...
- Don't worry, is nothing, really.
Lo acompañó hasta la calle y le indicó hacia dónde seguir. Él le volvió a dar las gracias varias veces. Lo vió alejarse por el parque hacia el oriente, con su mapa en una mano y la cámara en la otra.
Pensó en volver al metro, pero sus pies la llevaron al parque. Se sentó en una banca. Se veía poca gente a pesar del día soleado. Seguramente llenaban los centros comerciales. Por todos lados se veía decoración navideña. Pensó en las películas de navidad que pasaban por la tele, películas gringas ambientadas en invierno. Los adornos en pleno verano le parecían ridículos. Vacíos. Sin sentido. Volvió a preguntarse desde cuándo se sentía así. Era desde que se había casado o quizás desde que descubrió las mentiras y los engaños o fue cuando se quedó embarazada sin quererlo o fue cuando tuvo a su hija y no sintió esa conexión especial que todas las demás madres decían sentir, o quizás cuando perdió su trabajo... volvió al presente y a recordar que esa noche era nochebuena y pensó en las navidades de su niñez. Y no pudo recordar cómo se sentía ser niña. Alguien le tocó el hombro.
- Are you still here?
- Oh... it is you... you didn't find what you were looking for?
- Yes, but that was 3 hours ago!
- Oh really? I don't have a clock, didn't notice the time...
- hmm... are you ok?
- Yes, yes, just sitting here, you know... watching the life white it goes by...
- Are you hungry? Will you like to eat lunch with me? I mean, I understand if you have something to do...
- No, it's ok, I have nothing to do...
Buscaron un restaurant cerca del parque. Encontraron uno que ofrecía un buen menú a bajos precios, pero estaba invadido por el humo de los comensales. Decidieron comer ahí de todas maneras.
- You look... troubled?
- No, I am fine... just, hasn't been a god time lately and with all this christmas crazyness...
- Yeah, I understand...
- But tell me about you...
- Well, first of all, it is so strange to experience christmas at summer!
Hablaron por dos o tres horas. A la comida se sumó un café, un cigarro, el postre, otro cigarro. Él la miraba hablar, el movimiento de su boca, la soledad que se reflejaba en sus ojos... un no-sé-qué inexplicable que le provocaba en las entrañas... No sabía de ella más que su nombre, parecía evitar astutamente toda pregunta personal, no sabía por qué seguía ahí, ni quien la esperaba en su casa ni por qué tenía esa expresión en sus ojos... pero le gustaba. Le habría dado un beso, había oído cuentos sobre lo cálidas que eran las latinoamericanas comparadas con las europeas, pero también había oído que podrían haberle dado una cachetada en respuesta. La encontraba bonita, de todas formas, aunque había algo, algo que no sabía cómo definir...
- You know... we have talked about a lot, but I still feel there is something that is making you... sad?
- No, it's nothing really, haven't been so good lately, but that's all... I think... I think it's time for me to go...
- Ok... - miró su reloj - I guess is time for me to start going too... I've been invited to the christmas party of my friends... I guess will take me some time to get there.
- Do you have an address?
- Yes...
- Well... we are here now and you have to get there... - le mostró el otro lado de la ciudad en el mapa - if you take the metro again, you'll be there in less than an hour...
- Oh, that's great!
- I'll tell you what... I have to take the metro too, we will go together two stations, then Iæ'll leave you at your train and continue in mine - le explicó dónde bajarse y cómo llegar a la dirección que tenía anotada. Estaba a una calle del metro, le hizo una marca en el mapa, perderse era imposible y el barrio era seguro, así que estaría bien - what do you think about that?
- I think you are an angel...
Caminaron hacia el metro, conversaron de más cosas. Él quería pedirle su número de teléfono, pero sentía que la oportunidad no se le daba. Llegaron al cambio de estación, se bajaron del metro, pasaron a la otra línea y esperaron el tren de él. Anunciaron que llegaría en los próximos minutos.
- Do you... believe in destiny? - tan pronto como la pregunta salió de sus labios se dió cuenta de lo estúpido de la situación.
Antes de que ella le respondiera, le tomó la cara con las manos y la besó. Un beso cálido que sabía a café, a cigarro y a dulce. Ella se dejó besar, sin responder, pero sin rechazarlo. Volvieron a anunciar el tren. Sus bocas se separaron.
- You know... I don't need to take this train... or go to the party... or perhaps you will like to come with me to the party?
Ella lo miró con lo que él recordaría años más tarde como unos ojos vacíos, sin luz, muertos. Separó las manos de su cara y se acercó a la línea amarilla del andén.
- I don't think...
Se le hizo imposible oír lo que le decía con el ruido del tren que se acercaba. No alcanzó a reaccionar tampoco cuando se dió cuenta de lo que quería hacer. Quiso acercarse pero ella fue más rápida y todo lo que vió fue su salto hacia las líneas y su cuerpo desaparecer debajo del tren, sintió el pitazo del tren, los gritos de la gente y la conmoción en el andén. Vió a los guardias de seguridad correr y la gente llevarse las manos a la boca, soltando sus paquetes de navidad, horrorizados.
- Maybe she didn't believe in Santa... or found out that Santa isn't real... - fue lo que le dijeron sus amigos cuando consiguió llegar a la fiesta, entre risas etílicas - what did you say her name was, again?
- Her name was lonely... - pensó él con una copa de vino en la mano - Lonely - repitió en voz alta.
- Lonely? That's not really a name, you know... - cuando oyó las carcajadas, entendió todo lo que Soledad no le había dicho con palabras.
Se había levantado muy temprano, después de horas de mirar el techo a oscuras. Había preparado la leche de su hija, había dejado programada la cafetera para su marido, había agarrado su bolso y había salido de casa cuando aún estaba oscuro. Caminó varias cuadras hasta la estación de metro más cercana y esperó a que abrieran la boletería con las manos en los bolsillos. La mañana estaba fría.
Pagó su pasaje, bajó las escaleras a paso lento, esperó a que llegara el primer tren de la mañana y se sentó, puso su bolso sobre sus rodillas, las manos entrelazadas, y se dedicó a observar a los pasajeros. A esa hora de la mañana viajaban hombres vestidos de oficinista y mujeres vestidas de secretaria. Se los imaginó en su sillas, tecleando frente a un monitor, haciendo llamadas importantes. Subían y bajaban del tren. A medida que fue avanzando hacia los barrios menos pudientes, a las estaciones pobres, el tren empezó a vaciarse. Llegó al final del recorrido, subió pesadamente los escalones que indicaban "cambio de andén", bajó al otro lado de la estación y esperó el tren de regreso. El público cambió. Obreros, estudiantes, señoras. Nanas, abuelos, más estudiantes, algunos niños, más oficinistas, obreros. Llegó al final del recorrido y volvió a cambiar de andén y a tomar el tren de vuelta. Un tren idéntico a los anteriores, con la misma gente y los mismos anuncios navideños.
Hizo el recorrido incontables veces. Miraba a la gente ir y venir, subir y bajar. Buscaba en sus rostros algo que le explicara por qué se sentía así, vacía, sin objetivos, sin metas, como si toda su existencia fuera un automatismo o como si ella misma fuera una marioneta dirigida por hilos invisibles que controlaban cada uno de sus movimientos. Lo único que escuchaba era el zumbido de las conversaciones, el traqueteo del tren y sus propias preguntas sin respuesta.
No llevaba reloj ni celular, pero vió pasar la mañana y las horas con los cambios de gente. La mayoría se veían estresados y sudorosos. El día se había puesto caluroso y la gente trataba de acomodarse lo mejor posible con los inmensos paquetes que seguramente habían comprado a última hora para llenar el espacio debajo del árbol de navidad. Adivinaba bicicletas y autos a control remoto, muñecas y computadores último modelo, comprados con tarjetas de crédito, padres endeudados hasta marzo cuando empezaba el colegio y empezaba nuevamente el círculo. De pronto, entre los paquetes, lo vió. Él la miraba fijamente, aunque se notaba perdido, perdido quizás como se sentía ella. Se fijó que llevaba una mochila, una cámara fotográfica enorme colgada del cuello y un mapa entre las manos. Se acercó a ella de dos zancadas.
- Excuse me... I was wondering... do you speak english?
- Yes, a little bit
- Oh great! I am so lost! I am trying to get - y le indicó un punto en el mapa - here... and I have no idea where I am.
- Let me see... - tomó el mapa de sus manos, lo dió vuelta y con un dedo le indicó dónde se encontraban - we are here, you are going the wrong direction.
- Oh really! I feel so stupid! So.. how do I get there?
- Well, you can go out in the next station, then you have to follow the sign that says... - observó su cara de confusión. Definitivamente se sentía tan perdido como ella - you know what? I'll go with you.
- Really?
- Sure!
- But... am I taking you away from something?
- No, not really, I have nothing to do today, so... it's no problem for me, really...
- So nice of you! Are you sure? Today is Christmas Eve, don't you have to go home and...
- No, really.
- Oh, great then!
Se bajaron juntos en la siguiente estación, cambiaron de andén y tomaron el tren de vuelta.
- So... my name is John
- Oh, sorry, my name is... Soledad
- Souh-le-dha?
- Hehehe, yes, something like that
- What does it mean?
- Means... lonely
Se hizo un silencio incómodo interrumpido por los anuncios del conductor.
- So... what are you doing here? I mean... are you visiting? And where are you from? I am not so good at accents but I'll guess England?
- Hehehe, that's a big guess. I am from London. Came here to see South America and visit some friends.
- Sounds fun.
- It is, but kind of scary too, not so many people here speaks english!
- No, I am afraid not...
- You're pretty good, though...
- Thanks...
Otro silencio incómodo.
- We have to go out next station, then change to another train
- Really?
- Yes
- Oh God, thank you so much for your help, are you sure it is ok for you...
- Yes, yes, don't worry
Conversaron del clima y de la ciudad y luego de un viaje cortísimo, llegaron a su destino. Se bajaron juntos.
- Well... here we are.
- Is it here?
- Yes, here is the park. You just have to go up the stairs and you'll be there, I'll walk you outside so you don't get lost.
- Oh, you are way too nice with me, really, I don't know what to say... or how to thank you...
- Don't worry, is nothing, really.
Lo acompañó hasta la calle y le indicó hacia dónde seguir. Él le volvió a dar las gracias varias veces. Lo vió alejarse por el parque hacia el oriente, con su mapa en una mano y la cámara en la otra.
Pensó en volver al metro, pero sus pies la llevaron al parque. Se sentó en una banca. Se veía poca gente a pesar del día soleado. Seguramente llenaban los centros comerciales. Por todos lados se veía decoración navideña. Pensó en las películas de navidad que pasaban por la tele, películas gringas ambientadas en invierno. Los adornos en pleno verano le parecían ridículos. Vacíos. Sin sentido. Volvió a preguntarse desde cuándo se sentía así. Era desde que se había casado o quizás desde que descubrió las mentiras y los engaños o fue cuando se quedó embarazada sin quererlo o fue cuando tuvo a su hija y no sintió esa conexión especial que todas las demás madres decían sentir, o quizás cuando perdió su trabajo... volvió al presente y a recordar que esa noche era nochebuena y pensó en las navidades de su niñez. Y no pudo recordar cómo se sentía ser niña. Alguien le tocó el hombro.
- Are you still here?
- Oh... it is you... you didn't find what you were looking for?
- Yes, but that was 3 hours ago!
- Oh really? I don't have a clock, didn't notice the time...
- hmm... are you ok?
- Yes, yes, just sitting here, you know... watching the life white it goes by...
- Are you hungry? Will you like to eat lunch with me? I mean, I understand if you have something to do...
- No, it's ok, I have nothing to do...
Buscaron un restaurant cerca del parque. Encontraron uno que ofrecía un buen menú a bajos precios, pero estaba invadido por el humo de los comensales. Decidieron comer ahí de todas maneras.
- You look... troubled?
- No, I am fine... just, hasn't been a god time lately and with all this christmas crazyness...
- Yeah, I understand...
- But tell me about you...
- Well, first of all, it is so strange to experience christmas at summer!
Hablaron por dos o tres horas. A la comida se sumó un café, un cigarro, el postre, otro cigarro. Él la miraba hablar, el movimiento de su boca, la soledad que se reflejaba en sus ojos... un no-sé-qué inexplicable que le provocaba en las entrañas... No sabía de ella más que su nombre, parecía evitar astutamente toda pregunta personal, no sabía por qué seguía ahí, ni quien la esperaba en su casa ni por qué tenía esa expresión en sus ojos... pero le gustaba. Le habría dado un beso, había oído cuentos sobre lo cálidas que eran las latinoamericanas comparadas con las europeas, pero también había oído que podrían haberle dado una cachetada en respuesta. La encontraba bonita, de todas formas, aunque había algo, algo que no sabía cómo definir...
- You know... we have talked about a lot, but I still feel there is something that is making you... sad?
- No, it's nothing really, haven't been so good lately, but that's all... I think... I think it's time for me to go...
- Ok... - miró su reloj - I guess is time for me to start going too... I've been invited to the christmas party of my friends... I guess will take me some time to get there.
- Do you have an address?
- Yes...
- Well... we are here now and you have to get there... - le mostró el otro lado de la ciudad en el mapa - if you take the metro again, you'll be there in less than an hour...
- Oh, that's great!
- I'll tell you what... I have to take the metro too, we will go together two stations, then Iæ'll leave you at your train and continue in mine - le explicó dónde bajarse y cómo llegar a la dirección que tenía anotada. Estaba a una calle del metro, le hizo una marca en el mapa, perderse era imposible y el barrio era seguro, así que estaría bien - what do you think about that?
- I think you are an angel...
Caminaron hacia el metro, conversaron de más cosas. Él quería pedirle su número de teléfono, pero sentía que la oportunidad no se le daba. Llegaron al cambio de estación, se bajaron del metro, pasaron a la otra línea y esperaron el tren de él. Anunciaron que llegaría en los próximos minutos.
- Do you... believe in destiny? - tan pronto como la pregunta salió de sus labios se dió cuenta de lo estúpido de la situación.
Antes de que ella le respondiera, le tomó la cara con las manos y la besó. Un beso cálido que sabía a café, a cigarro y a dulce. Ella se dejó besar, sin responder, pero sin rechazarlo. Volvieron a anunciar el tren. Sus bocas se separaron.
- You know... I don't need to take this train... or go to the party... or perhaps you will like to come with me to the party?
Ella lo miró con lo que él recordaría años más tarde como unos ojos vacíos, sin luz, muertos. Separó las manos de su cara y se acercó a la línea amarilla del andén.
- I don't think...
Se le hizo imposible oír lo que le decía con el ruido del tren que se acercaba. No alcanzó a reaccionar tampoco cuando se dió cuenta de lo que quería hacer. Quiso acercarse pero ella fue más rápida y todo lo que vió fue su salto hacia las líneas y su cuerpo desaparecer debajo del tren, sintió el pitazo del tren, los gritos de la gente y la conmoción en el andén. Vió a los guardias de seguridad correr y la gente llevarse las manos a la boca, soltando sus paquetes de navidad, horrorizados.
- Maybe she didn't believe in Santa... or found out that Santa isn't real... - fue lo que le dijeron sus amigos cuando consiguió llegar a la fiesta, entre risas etílicas - what did you say her name was, again?
- Her name was lonely... - pensó él con una copa de vino en la mano - Lonely - repitió en voz alta.
- Lonely? That's not really a name, you know... - cuando oyó las carcajadas, entendió todo lo que Soledad no le había dicho con palabras.
lunes, 29 de noviembre de 2010
Cuento navideño
Después de una pausa inesperada en nuestro taller, volvemos a las tareas.
Para esta ocasión les propongo un cuento, pero no un cuento cualquiera, sino de acuerdo a las fechas que se acercan: un cuento navideño.
O mejor dicho, un cuento relacionado con la navidad.
No piensen solamente en el típico cuento navideño de Charles Dickens con los tres fantasmas y el avaro que cambia su forma de ser, ni en aquel en que un matrimonio de escasos recursos sacrifica sus más valiosos tesoros para comprarle algo a su pareja, sólo para descubrir que el regalo les era inservible sin los tesoros que vendieron! No, puede ser cualquier tipo de cuento, pero inspirado o que suceda durante la época de navidad.
Para este cuento se dará un plazo de casi un mes, si lo terminan antes, pueden programarlo (en la parte de abajo del post están las "opciones de entrada" donde pueden editar fechas y programar las entradas para cierto día) para que aparezca publicado el 24 de diciembre. Luego se dará una semana de plazo para comentarlos (o luego veremos en caso de que los escritores y escritoras estén de vacaciones y no puedan comentar). La idea es que sea un cuento largo, de unas tres páginas, por eso se da este plazo más largo y porque creemos que la idea se puede "explotar" bien.
Nos leemos pronto!
Para esta ocasión les propongo un cuento, pero no un cuento cualquiera, sino de acuerdo a las fechas que se acercan: un cuento navideño.
O mejor dicho, un cuento relacionado con la navidad.
No piensen solamente en el típico cuento navideño de Charles Dickens con los tres fantasmas y el avaro que cambia su forma de ser, ni en aquel en que un matrimonio de escasos recursos sacrifica sus más valiosos tesoros para comprarle algo a su pareja, sólo para descubrir que el regalo les era inservible sin los tesoros que vendieron! No, puede ser cualquier tipo de cuento, pero inspirado o que suceda durante la época de navidad.
Para este cuento se dará un plazo de casi un mes, si lo terminan antes, pueden programarlo (en la parte de abajo del post están las "opciones de entrada" donde pueden editar fechas y programar las entradas para cierto día) para que aparezca publicado el 24 de diciembre. Luego se dará una semana de plazo para comentarlos (o luego veremos en caso de que los escritores y escritoras estén de vacaciones y no puedan comentar). La idea es que sea un cuento largo, de unas tres páginas, por eso se da este plazo más largo y porque creemos que la idea se puede "explotar" bien.
Nos leemos pronto!
sábado, 30 de octubre de 2010
Buena y mala literatura
Para esta semana, mientras esperamos a que surjan más temas de trabajo, proponemos este ejercicio/debate sobre Buena Literatura y Mala Literatura:
A veces lo tomamos como algo obvio, pero no muchas veces nos hemos detenido a pensar: ¿Qué hace que una lectura sea "realmente" buena? ¿Qué diferencia a la buena de la mala literatura?
Lo más difícil en este caso es calificar un texto desde un punto de vista objetivo, porque obivamente en gustos no hay nada escrito y diferenciar lo "bueno" de lo "malo" puede, en muchos casos, ser demasiado subjetivo. Muchas veces pasa (y ha pasado en este taller literario) que decimos: "A mí parecer creo que al texto le faltó/sobró algo" pero ¿podemos basar un argumento en algo que nosotros mismos pensamos o sentimos?
A mí en lo personal me carga Paulo Coelho, pero eso no quita que haya un montón de gente que lo lee y lo ha transformado en best seller. ¿Por qué si yo creo que él es un pésimo escritor hay otra gente que lo admira? Porque por supuesto el veredicto jamás se puede basar en una opinión 100% objetiva. Yo creo que no existe ninguna receta para escribir grandes obras maestras, creo que el talento de un escritor está en su visión. En la visión que tiene de las cosas y en como él o ella es capaz de transmitir esa visión en palabras que se nos transforman en imágenes. Me parece a mí que cuando el autor crea complejas imaginerías que se nos hacen simples de esbozar, que se nos hacen simples de recrear como una escena o sentimiento cuando leemos, es un buen autor.
Pero no basta con la capacidad de crear buenas imaginerías, sino que también se trata de no caer en clichés, se trata de ser original y realmente crear las imaginerías por cuenta propia, algo que nadie nunca antes haya dicho de la misma manera . Volviendo al caso de Paulo Coelho (en mi caso me carga, pero lo uso sólo de ejemplo y que me perdone la persona que le guste) me parece que él tiene un problema de caer en la obviedad, no me parece que cuando escribe dice algo nuevo o que no sepamos de antes. Sus interminables frases del tipo: "El amor es..." demuestra que no tiene la capacidad de asombrarnos y que recurre al recurso más trillado de la humanidad al explicarnos con otras palabras cosas que son de conocimiento universal ("El amor todo lo puede y es puro y blah blah...")
Otra de las cosas que en mí opinión hacen un buen texto es que el texto sea en sí un ejercicio intelectual. El texto debe tener espacio para poder ser interpretado, digerido y al no sernos entregado en bandeja podemos disfrutarlo y usar más tiempo en él. Claro que no en todos los casos es o tiene que ser así de complicado. Tampoco es así que lo único que leamos vaya a ser Kafka. También podemos disfrutar de otro tipo de lecturas un poco más livianas.
Lo que debería ser universal en el arte de escribir buenos textos vendría a ser:
También están los aspectos más subjetivos para que un texto nos guste o no:
Esperamos sus comentarios!
A veces lo tomamos como algo obvio, pero no muchas veces nos hemos detenido a pensar: ¿Qué hace que una lectura sea "realmente" buena? ¿Qué diferencia a la buena de la mala literatura?
Lo más difícil en este caso es calificar un texto desde un punto de vista objetivo, porque obivamente en gustos no hay nada escrito y diferenciar lo "bueno" de lo "malo" puede, en muchos casos, ser demasiado subjetivo. Muchas veces pasa (y ha pasado en este taller literario) que decimos: "A mí parecer creo que al texto le faltó/sobró algo" pero ¿podemos basar un argumento en algo que nosotros mismos pensamos o sentimos?
A mí en lo personal me carga Paulo Coelho, pero eso no quita que haya un montón de gente que lo lee y lo ha transformado en best seller. ¿Por qué si yo creo que él es un pésimo escritor hay otra gente que lo admira? Porque por supuesto el veredicto jamás se puede basar en una opinión 100% objetiva. Yo creo que no existe ninguna receta para escribir grandes obras maestras, creo que el talento de un escritor está en su visión. En la visión que tiene de las cosas y en como él o ella es capaz de transmitir esa visión en palabras que se nos transforman en imágenes. Me parece a mí que cuando el autor crea complejas imaginerías que se nos hacen simples de esbozar, que se nos hacen simples de recrear como una escena o sentimiento cuando leemos, es un buen autor.
Pero no basta con la capacidad de crear buenas imaginerías, sino que también se trata de no caer en clichés, se trata de ser original y realmente crear las imaginerías por cuenta propia, algo que nadie nunca antes haya dicho de la misma manera . Volviendo al caso de Paulo Coelho (en mi caso me carga, pero lo uso sólo de ejemplo y que me perdone la persona que le guste) me parece que él tiene un problema de caer en la obviedad, no me parece que cuando escribe dice algo nuevo o que no sepamos de antes. Sus interminables frases del tipo: "El amor es..." demuestra que no tiene la capacidad de asombrarnos y que recurre al recurso más trillado de la humanidad al explicarnos con otras palabras cosas que son de conocimiento universal ("El amor todo lo puede y es puro y blah blah...")
Otra de las cosas que en mí opinión hacen un buen texto es que el texto sea en sí un ejercicio intelectual. El texto debe tener espacio para poder ser interpretado, digerido y al no sernos entregado en bandeja podemos disfrutarlo y usar más tiempo en él. Claro que no en todos los casos es o tiene que ser así de complicado. Tampoco es así que lo único que leamos vaya a ser Kafka. También podemos disfrutar de otro tipo de lecturas un poco más livianas.
Lo que debería ser universal en el arte de escribir buenos textos vendría a ser:
- El uso del vocabulario debe ser completo y debe respetar el conexto en que se desarrolla la historia
- El uso de la gramática por supuesto debe ser correcto (A menos que algo se trate de lograr, al alterar la gramática en forma deliberada para darle alguna interpretación o expresión al texto que el lector debería interpretar)
- El diálogo debe ser creíble
- Los personajes centrales deben tener caracteres bien definidos (Otra vez también, dependiendo de lo que el autor quiera expresar)
- La historia debe ser coherente y se deben seguir algunos aspectos técnicos de la narrativa. Esto quiere decir que se deben usar los tipos de narrador de manera coherente, tiene que haber un tema a seguir, un tipo de mundo etc, lo que a veces puede alternarse en el transcurso de la historia pero de manera eligible y con una intención clara y definida.
También están los aspectos más subjetivos para que un texto nos guste o no:
- La historia es interesante y el lector se siente identificado con la historia o se siente atraído hacia ella.
- La lectura se hace placentera para el lector. Es subjetivo en el caso de que una lectura se puede hacer más placentera para unos que para otros.
- Los personajes me cayeron mal o bien (Sí, creánme, a la hora de juzgar un texto, hay de todo)
- La lectura se nos hizo muy difícil o muy fácil.
- Al lector le pareció que en el texto habían muchos modismos y no los entendió por lo que el texto se le hizo demasiado "distante" a su realidad.
- El lector considera que el texto debería haber sido escrito de otra manera.
Esperamos sus comentarios!
Etiquetas:
Buena literatura,
Mala literatura.
viernes, 29 de octubre de 2010
Noche oscura
Horas de juego interminables
mis pensamientos sin sentido
y tu sonrisa adorable
ven, que ya ha anochecido.
Dame un abrazo que me desarme
únamonos en un sólo latido
calla, deja que primero te hable
sobre lo de siempre y lo añadido.
Toma mi mano muy fuerte
No importa si ya has caído
incluso al borde del abismo
antes de que caigas ya te he cogido.
Es hora de dormir cariño
cierra tus ojos como hemos convenido
que aquí estaré cuando despiertes
te prometo nunca estarás desprotegido.
Te miro cual ángel en mis brazos
una vez que te has dormido
esas pestañas largas y hermosas
y me pregunto a quien has salido.
Despacio te dejo en la cama
una amago de sonrisa, ¿sueñas algo divertido?
pasos silenciosos hasta la puerta
y me voy sin hacer ni un ruido.
Tejo en mi silla, esperando la mañana
oigo que en la cocina la tetera ya ha hervido
y mientras saboreo el olor de la canela
me pierdo en la noche y su oscuro olvido.
mis pensamientos sin sentido
y tu sonrisa adorable
ven, que ya ha anochecido.
Dame un abrazo que me desarme
únamonos en un sólo latido
calla, deja que primero te hable
sobre lo de siempre y lo añadido.
Toma mi mano muy fuerte
No importa si ya has caído
incluso al borde del abismo
antes de que caigas ya te he cogido.
Es hora de dormir cariño
cierra tus ojos como hemos convenido
que aquí estaré cuando despiertes
te prometo nunca estarás desprotegido.
Te miro cual ángel en mis brazos
una vez que te has dormido
esas pestañas largas y hermosas
y me pregunto a quien has salido.
Despacio te dejo en la cama
una amago de sonrisa, ¿sueñas algo divertido?
pasos silenciosos hasta la puerta
y me voy sin hacer ni un ruido.
Tejo en mi silla, esperando la mañana
oigo que en la cocina la tetera ya ha hervido
y mientras saboreo el olor de la canela
me pierdo en la noche y su oscuro olvido.
lunes, 25 de octubre de 2010
Dedicado a ti
Corro, no por la pradera,
ya no corro contigo,
corro sin ti,
comienzo otra era.
Hemos cambiado,
ya no somos iguales,
pero tanto yo te he dado
que queda poco de mí
Mucho te he pensado,
a tí y a mi contigo,
pero nos hemos alejado,
y por eso hoy me despido
A pesar de lo que digo,
y aunque de mí te has marchado,
en mis sueños te persigo
y tu recuerdo sigue aquí
Corro, ya no por la pradera,
no corro contigo,
ahora corro sin ti,
comienza otra era.
Una sonrisa te dejo
un beso te envío
y aunque se viene el hastío,
ya puedo correr sin tí.
domingo, 17 de octubre de 2010
La despedida
Día soleado, día de estrellas,
noches blancas, luna llena
el pasto mojado, rocío mañanero,
la brisa fresca soplando en el cielo
sin embargo mi alma, sufre una afrenta
cual pequeño velero en plena tormenta
Esta carta honesta, a ti dirigida
contiene en sus versos mi despedida
no la firmaré porque tu posición debe ser cuidada
y si la sociedad se entera mi alma se verá quebrada
Párrafos cortos, letra menuda,
pequeños dibujos que esconden la duda
estilo ligero, triste por demás,
una que otra lagrima cayendo al compás
espero que me oigas, espero que entiendas
que la decisión hoy tomada, no permite arengas
Fueron noches hermosas las que pasé a tu lado
disfruté la brisa y el calor del verano
las noches de invierno fueron aún más bellas
el calor de tu cuerpo ocultaba las centellas
Pero de esos momentos de amor y pasión
quedó como resultado una terrible adicción
a ti, a tus besos, a tu piel como fruto
y en mi vientre, hoy, un creciente tributo.
Ambos sabemos que el fruto de nuestro amor
en este mundo cruel no tendría perdón
sufriría el yugo de los hijos rechazados
porque sus progenitores no eran aceptados
por eso hoy, mi decisión prima
y mi amor por ti me lleva a la cima
de un terrible pico de dolor y tensión
pero lo prefiero antes que tu dimisión.
Unas cuantas pastillas, un poco de alcohol
quizás un veneno calme esta desazón
sólo espero comprendas, ni siquiera que perdones
porque me llevo conmigo parte de tus dones
y aunque quizás tú ni te des cuenta
sé que mi alma quedará contenta
Recuerda que siempre contigo estaré
desde allí donde estemos de ti cuidaré
nos vamos hoy, pero no te olvidaremos
tú continúa con tu vida de sueños supremos
y algún día, cuando a nosotros te unas
recuerda que un amor no muere en la bruma
permanece por siempre, aún en la eternidad
porque en este mundo, no permiten la verdad
noches blancas, luna llena
el pasto mojado, rocío mañanero,
la brisa fresca soplando en el cielo
sin embargo mi alma, sufre una afrenta
cual pequeño velero en plena tormenta
Esta carta honesta, a ti dirigida
contiene en sus versos mi despedida
no la firmaré porque tu posición debe ser cuidada
y si la sociedad se entera mi alma se verá quebrada
Párrafos cortos, letra menuda,
pequeños dibujos que esconden la duda
estilo ligero, triste por demás,
una que otra lagrima cayendo al compás
espero que me oigas, espero que entiendas
que la decisión hoy tomada, no permite arengas
Fueron noches hermosas las que pasé a tu lado
disfruté la brisa y el calor del verano
las noches de invierno fueron aún más bellas
el calor de tu cuerpo ocultaba las centellas
Pero de esos momentos de amor y pasión
quedó como resultado una terrible adicción
a ti, a tus besos, a tu piel como fruto
y en mi vientre, hoy, un creciente tributo.
Ambos sabemos que el fruto de nuestro amor
en este mundo cruel no tendría perdón
sufriría el yugo de los hijos rechazados
porque sus progenitores no eran aceptados
por eso hoy, mi decisión prima
y mi amor por ti me lleva a la cima
de un terrible pico de dolor y tensión
pero lo prefiero antes que tu dimisión.
Unas cuantas pastillas, un poco de alcohol
quizás un veneno calme esta desazón
sólo espero comprendas, ni siquiera que perdones
porque me llevo conmigo parte de tus dones
y aunque quizás tú ni te des cuenta
sé que mi alma quedará contenta
Recuerda que siempre contigo estaré
desde allí donde estemos de ti cuidaré
nos vamos hoy, pero no te olvidaremos
tú continúa con tu vida de sueños supremos
y algún día, cuando a nosotros te unas
recuerda que un amor no muere en la bruma
permanece por siempre, aún en la eternidad
porque en este mundo, no permiten la verdad
viernes, 15 de octubre de 2010
Poesía
El tema para este trabajo lo ha propuesto Kate y es Poesía:
En wikipedia podemos encontrar qué es la poesía y los tipos de poesía que existen.
La propuesta para la próxima tarea es escribir una poesía (tema libre) pero con la condición que cada párrafo tenga cuatro líneas y que rimen (ya sea la línea uno con la cuatro o la dos con la cuatro o la uno con la tres). La idea es que transmita un sentimiento a través de las rimas.
Como ayuda Kate encontró este diccionario de rimas. Simplemente ponen las palabras y el diccionario les busca posibles rimas.
Es una buena ayuda, sin embargo, como comentó alguien "Un diccionario de rimas no ayuda a escribir buena poesía, así como el Kama Sutra no contribuye a una satisfactoria relación sexual, ni la guía telefónica nos puede relacionar con toda esa gente.
Al que Salamanca non da…"
A poner a volar la imaginación!!!
Bueno, ya está dada la tarea... Nos leemos pronto!
En wikipedia podemos encontrar qué es la poesía y los tipos de poesía que existen.
La propuesta para la próxima tarea es escribir una poesía (tema libre) pero con la condición que cada párrafo tenga cuatro líneas y que rimen (ya sea la línea uno con la cuatro o la dos con la cuatro o la uno con la tres). La idea es que transmita un sentimiento a través de las rimas.
Como ayuda Kate encontró este diccionario de rimas. Simplemente ponen las palabras y el diccionario les busca posibles rimas.
Es una buena ayuda, sin embargo, como comentó alguien "Un diccionario de rimas no ayuda a escribir buena poesía, así como el Kama Sutra no contribuye a una satisfactoria relación sexual, ni la guía telefónica nos puede relacionar con toda esa gente.
Al que Salamanca non da…"
A poner a volar la imaginación!!!
Bueno, ya está dada la tarea... Nos leemos pronto!
domingo, 10 de octubre de 2010
Una limpieza difícil
Se ha hablado de todo tipo de fantasmas, los que habitan en las casas, los que habitan en los lugares baldíos, los que se pegan a los seres humanos y le roban las energías (creo que les llaman vampiros), en fin, si hablamos del reino sobrenatural, las manifestaciones demoníacas son muchas.
Sin embargo, la historia que me pasó hace poco supera todas las expectativas. Si mal no tenía entendido, un ente sobrenatural se encuentra más que todo en lugares viejos, decrépitos y con mucha historia de actividad paranormal. No en vano las historias que nos asustaban de pequeños tenían lugar en casas antiguas, en terrenos extraños, en noches oscuras de tormentas. Por eso al principio no pensé que a mí me estuviera pasando algo sobrenatural, pero este ente que me persiguió estaba en mi computador
Sí, así como lo escuchan. Yo pensé que era algún virus de computadora, de esos que te vuelven la vida cuadritos. Pero llegó un punto en el que lo que hacía era demasiado extraño para un virus, y cuando pasó al plano real, mi imprudencia casi me mata.
Mejor empiezo por el principio. A mí me gustaba mucho andar visitando esas páginas que contaban historias de terror y que hablaban de brujería, satanismo, demonios, y otras cosas paranormales. Mi hobbie era quedarme hasta tarde leyendo, viendo videos y escuchando esas grabaciones que llaman psicofonías. Era completamente adicta a dichos sitios y mi imaginación volaba con ellos.
Ya mi abuela me lo había advertido, que me dejara de esas cosas, que lo que estaba haciendo era abrir una puerta para que los del reino de los indeseables entraran, y que esa limpieza era muy difícil. Yo me ría de ella: - Ay abuela, estamos hablando de tecnología, de cosas que usted no entiende. Antes si se podía temer porque los muertos quedaban atrapados en lugares físicos y la gente iba a molestarlos, pero aquí lo que estoy viendo es como una especie de biblioteca virtual, no hay ningún peligro – Y yo seguía terca, adicta a esta información.
Una tarde que llegué temprano del colegio, que estaba sola en la casa, me fui derecho a mi computador a seguir mi investigación paranormal. Había encontrado una página en la cual se encontraban varias psicofonías grabadas en casas embrujadas, en cementerios y hasta una en la habitación de un bebe. Estaba concentrada escuchando cuando mi mirada se posó sobre uno de los links de esa página, que decía “psicofonía de limpieza virtual”, inmediatamente di clic sobre ella. Al instante me salió una ventana con un aviso: “Usted entra a este sitio bajo su propia cuenta y riesgo, si usted es una persona sensible le recomendamos salir inmediatamente”.
Me reí de la ingenuidad de quienes advertían, ¿qué peligro podía haber en escuchar una psicofonía? Sin embargo, la prohibición hizo que mi curiosidad se disparara, y haciendo caso omiso entré. Al principio no pasó nada, luego me pidió confirmación para bajar un archivo que guardé en mi disco para poder borrarlo después. Era una grabación y con mucha expectativa le di play. Escuché un pequeño rasguño, una respiración y una voz que decía… hola… todo en menos de veinte segundos.
Me sentí decepcionada porque esperaba más de semejante introducción, sin embargo sabía que había gente payasa en Internet que trataba de hacerle dar susto a los otros, pero lo que hacían era que uno perdiera el tiempo.
Cerré dicha página y me concentré en hacer mis tareas. Debía empezar a escribir sobre los hechos de la segunda guerra mundial, pero no me lograba concentrar. Aún tenía rabia por haberme ilusionado tontamente. Empecé a escribir cuando empecé a notar que mi Mouse se movía, no el ratón sino el puntero. Pensé que había dejado mal puesto y lo moví. Volvió a la normalidad. Luego empezó a titilar mi pantalla, como si quisiera apagarse. La golpeé un poco y se arregló. Al rato el computador se apagó, intenté con ctrl + alt + supr cuando la pantalla se puso verde, y lentamente una figura fue tomando forma en la pantalla. Repentinamente la figura se transformó en una cara, parecía una máscara, con los ojos cerrados. Yo estaba paralizada, no me podía mover, no podía ni reaccionar. Esa cara me tenía hipnotizada. Repentinamente, la cara empezó a abrir los ojos, y en ese momento recuperé fuerzas y salí corriendo de mi cuarto. En el pasillo me encontré con mí a abuela que había acabado de entrar. Sintiendo mi agitación me preguntó qué había pasado. Casi sin voz le dije que había algo raro en mi computadora. Entramos juntas y yo casi con los ojos cerrados, sin embargo, mi computador estaba encendido como de costumbre con mi tarea abierta.
Mi abuela me regañó porque seguro me había quedado dormida y había tenido una pesadilla. Me regañó otra vez por estar viendo páginas de fantasmas y me advirtió que el reino sobrenatural no respeta tecnologías ni fronteras: “Todos somos energía, y tu preciosa tecnología una mucha energía, seguro estas abriéndole la puerta a algo que no quieres tener aquí”.
Me quedé pensando en lo que me dijo mi abuela, sin embargo, me sentí tonta. Revisé la computadora pero no encontré nada extraño. Apagué y me fui a dormir. La tarea la terminaría después.
Me dormí inmediatamente, sin embargo, ya avanzada la noche sentí un rasguño cerca de la cabecera de mi cama. No quise abrir los ojos, porque pensé que seguro iba a pasar, cuando al momento siguiente, escuché una leve respiración. Pensé que era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada, sin embargo me quedé absolutamente quieta. Era verdad, sentía una presencia al lado de mi cama, alguien estaba rasguñando la cabecera de la cama y respiraba lentamente. Traté de no moverme, de no dar a entender que estaba plenamente consciente, pero la entidad presintió mi cambio, y sentí que alguien o algo se sentó en mi cama. Con los ojos aún cerrados me levanté, me enredé en las cobijas y caí al piso. Comencé a gritar cuando sentí que un par de manos me agarraba la espalda y me volteaban. Abrí los ojos y de golpe vi a mi abuela con cara de preocupación. Estaba bastante asustada y me preguntaba qué me pasaba. Sólo pude abrazarla y entre llantos le conté lo que me había pasado. Ella me dijo que me había escuchado hablar, y al abrir la puerta estaba en el piso gritando. Esa noche me pasé al cuarto de ella porque no quería volver al mío.
Al día siguiente me sentí tonta, y pensé que me había dejado llevar demasiado por mi imaginación. Sin embargo evité mi habitación por un buen rato. En la tarde ya no encontraba nada que hacer y decidí volver a mi computadora. Prendí y entré a internet, de repente me saltó un vínculo que decía "Detalles de limpieza", y aparecía mi cara. Me asusté, pero la curiosidad pudo más. Hice clic en vínculo y abrió un video. Era mi cuarto, la noche pasada, visto desde arriba, como si una cámara colgara del techo, allí estaba yo dormida, y había alguien a mi lado, que me observaba. De repente yo me levantaba y salía corriendo y el ente me perseguía, yo me tropezaba y luego caía y ya el ente se desaparecía. En ese momento aparecía mi abuela y me agarraba. Muy asustada bajé corriendo a decirle a mi abuela que viera el video, pero cuando llegamos a la computadora, ya el link redirigía a una página no encontrada.
Mi abuela ya estaba preocupada, me decía que dejara de entrar a esas páginas porque me estaba buscando un peligro serio. Por ese día le hice caso, pero tenía miedo que en la noche me fuera a pasar algo parecido. Así que decidí irme a dormir con mi abuela.
A media noche desperté de repente, un ruido… venía de mi habitación. Mi abuela dormía profundamente así que no la quise despertar, pero con el corazón en la mano me dirigí a mi cuarto. Abrí la puerta, y vi que mi computadora estaba encendida. Me acerqué a ver qué me quería mostrar y vi en la pantalla otra cara, diferente a la que había visto hacía dos noches. Esta me miraba fijamente, y aunque por mi garganta subía un grito, mis labios no lo dejaron salir. Me acerqué firmemente a la pantalla y confronté a lo que fuera que me estaba mirando. Sin embargo, mientras me acercaba iba notando algo extrañamente familiar en esa mirada. Me recordaba a alguien, sólo que no lo lograba ubicar. Me acerqué aún más, y estiré la mano para apagar la pantalla cuando sentí un calambre por todo mi cuerpo y perdí la consciencia.
Al rato desperté en mi cama, y no me podía levantar. Abrí los ojos y vi la misma persona que me miraba desde la pantalla, pero esta vez frente a mi cama. Intenté moverme pero no pude, intenté gritar pero tampoco logré pronunciar sonido. El ente empezó a rondar mi cama y yo sólo atinaba a mirarlo. A pesar que tenía miedo, sólo lograba preguntarme quién era y qué quería. Su cara me era muy familiar, esos ojos grandes y grises, cómo los míos. La forma de la nariz, la curvatura de la boca. ¿Sería posible? Inmediatamente, como si el ente supiera lo que yo estaba pensando, me dirigió la mirada y se empezó a acercar a mí. Mi corazón empezó a latir muy rápido y en un momento dado, alcancé a levantarme de la cama y corrí hacia la habitación de mi abuela. Ella no estaba en su habitación, pero antes de salir divisé que bajo de su cama había un computador portátil, uno que nunca antes había visto. La curiosidad se apoderó de mí y tomé el computador en mis manos, estaba encendido y tenía un archivo conocido, aquella psicofonía que había escuchado días atrás. Vi que tenía varios videos también, de aquella figura que rodeaba mi cama mientras bailaba de una forma extraña, como describiendo un ritual, como si luchara con el aire. Casi todos los videos tenían el mismo contenido, y en ellos yo estaba profundamente dormida.
Repentinamente caí en cuenta, la segunda cara que había visto era la de mi abuela, pero mucho más rejuvenecida. Me dirigí otra vez a mi cuarto y allá la encontré, tenía los ojos grises muy abiertos, y luchaba con el aire. O eso me pareció. Lentamente otra figura fue tomando forma dentro de mi cuarto, la máscara que había visto en mi computadora la primera noche. Esos ojos que me miraron con tanta profundidad. Mi abuela seguía en su lucha y yo paralizada no sabía qué hacer. Lentamente todo se fue poniendo negro y perdí otra vez la consciencia.
Ya sé que no vuelvo a meterme en esas páginas paranormales, ya mi abuela me lo había advertido. Ella me había dicho que esa limpieza era difícil, todas las noches ella debía limpiar y sacar a todos los entes que yo dejaba entrar. Y lo peor es que nunca se sabe cuándo puede quedar uno por ahí en algún archivo, en alguna carpeta oculta…
Sin embargo, la historia que me pasó hace poco supera todas las expectativas. Si mal no tenía entendido, un ente sobrenatural se encuentra más que todo en lugares viejos, decrépitos y con mucha historia de actividad paranormal. No en vano las historias que nos asustaban de pequeños tenían lugar en casas antiguas, en terrenos extraños, en noches oscuras de tormentas. Por eso al principio no pensé que a mí me estuviera pasando algo sobrenatural, pero este ente que me persiguió estaba en mi computador
Sí, así como lo escuchan. Yo pensé que era algún virus de computadora, de esos que te vuelven la vida cuadritos. Pero llegó un punto en el que lo que hacía era demasiado extraño para un virus, y cuando pasó al plano real, mi imprudencia casi me mata.
Mejor empiezo por el principio. A mí me gustaba mucho andar visitando esas páginas que contaban historias de terror y que hablaban de brujería, satanismo, demonios, y otras cosas paranormales. Mi hobbie era quedarme hasta tarde leyendo, viendo videos y escuchando esas grabaciones que llaman psicofonías. Era completamente adicta a dichos sitios y mi imaginación volaba con ellos.
Ya mi abuela me lo había advertido, que me dejara de esas cosas, que lo que estaba haciendo era abrir una puerta para que los del reino de los indeseables entraran, y que esa limpieza era muy difícil. Yo me ría de ella: - Ay abuela, estamos hablando de tecnología, de cosas que usted no entiende. Antes si se podía temer porque los muertos quedaban atrapados en lugares físicos y la gente iba a molestarlos, pero aquí lo que estoy viendo es como una especie de biblioteca virtual, no hay ningún peligro – Y yo seguía terca, adicta a esta información.
Una tarde que llegué temprano del colegio, que estaba sola en la casa, me fui derecho a mi computador a seguir mi investigación paranormal. Había encontrado una página en la cual se encontraban varias psicofonías grabadas en casas embrujadas, en cementerios y hasta una en la habitación de un bebe. Estaba concentrada escuchando cuando mi mirada se posó sobre uno de los links de esa página, que decía “psicofonía de limpieza virtual”, inmediatamente di clic sobre ella. Al instante me salió una ventana con un aviso: “Usted entra a este sitio bajo su propia cuenta y riesgo, si usted es una persona sensible le recomendamos salir inmediatamente”.
Me reí de la ingenuidad de quienes advertían, ¿qué peligro podía haber en escuchar una psicofonía? Sin embargo, la prohibición hizo que mi curiosidad se disparara, y haciendo caso omiso entré. Al principio no pasó nada, luego me pidió confirmación para bajar un archivo que guardé en mi disco para poder borrarlo después. Era una grabación y con mucha expectativa le di play. Escuché un pequeño rasguño, una respiración y una voz que decía… hola… todo en menos de veinte segundos.
Me sentí decepcionada porque esperaba más de semejante introducción, sin embargo sabía que había gente payasa en Internet que trataba de hacerle dar susto a los otros, pero lo que hacían era que uno perdiera el tiempo.
Cerré dicha página y me concentré en hacer mis tareas. Debía empezar a escribir sobre los hechos de la segunda guerra mundial, pero no me lograba concentrar. Aún tenía rabia por haberme ilusionado tontamente. Empecé a escribir cuando empecé a notar que mi Mouse se movía, no el ratón sino el puntero. Pensé que había dejado mal puesto y lo moví. Volvió a la normalidad. Luego empezó a titilar mi pantalla, como si quisiera apagarse. La golpeé un poco y se arregló. Al rato el computador se apagó, intenté con ctrl + alt + supr cuando la pantalla se puso verde, y lentamente una figura fue tomando forma en la pantalla. Repentinamente la figura se transformó en una cara, parecía una máscara, con los ojos cerrados. Yo estaba paralizada, no me podía mover, no podía ni reaccionar. Esa cara me tenía hipnotizada. Repentinamente, la cara empezó a abrir los ojos, y en ese momento recuperé fuerzas y salí corriendo de mi cuarto. En el pasillo me encontré con mí a abuela que había acabado de entrar. Sintiendo mi agitación me preguntó qué había pasado. Casi sin voz le dije que había algo raro en mi computadora. Entramos juntas y yo casi con los ojos cerrados, sin embargo, mi computador estaba encendido como de costumbre con mi tarea abierta.
Mi abuela me regañó porque seguro me había quedado dormida y había tenido una pesadilla. Me regañó otra vez por estar viendo páginas de fantasmas y me advirtió que el reino sobrenatural no respeta tecnologías ni fronteras: “Todos somos energía, y tu preciosa tecnología una mucha energía, seguro estas abriéndole la puerta a algo que no quieres tener aquí”.
Me quedé pensando en lo que me dijo mi abuela, sin embargo, me sentí tonta. Revisé la computadora pero no encontré nada extraño. Apagué y me fui a dormir. La tarea la terminaría después.
Me dormí inmediatamente, sin embargo, ya avanzada la noche sentí un rasguño cerca de la cabecera de mi cama. No quise abrir los ojos, porque pensé que seguro iba a pasar, cuando al momento siguiente, escuché una leve respiración. Pensé que era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada, sin embargo me quedé absolutamente quieta. Era verdad, sentía una presencia al lado de mi cama, alguien estaba rasguñando la cabecera de la cama y respiraba lentamente. Traté de no moverme, de no dar a entender que estaba plenamente consciente, pero la entidad presintió mi cambio, y sentí que alguien o algo se sentó en mi cama. Con los ojos aún cerrados me levanté, me enredé en las cobijas y caí al piso. Comencé a gritar cuando sentí que un par de manos me agarraba la espalda y me volteaban. Abrí los ojos y de golpe vi a mi abuela con cara de preocupación. Estaba bastante asustada y me preguntaba qué me pasaba. Sólo pude abrazarla y entre llantos le conté lo que me había pasado. Ella me dijo que me había escuchado hablar, y al abrir la puerta estaba en el piso gritando. Esa noche me pasé al cuarto de ella porque no quería volver al mío.
Al día siguiente me sentí tonta, y pensé que me había dejado llevar demasiado por mi imaginación. Sin embargo evité mi habitación por un buen rato. En la tarde ya no encontraba nada que hacer y decidí volver a mi computadora. Prendí y entré a internet, de repente me saltó un vínculo que decía "Detalles de limpieza", y aparecía mi cara. Me asusté, pero la curiosidad pudo más. Hice clic en vínculo y abrió un video. Era mi cuarto, la noche pasada, visto desde arriba, como si una cámara colgara del techo, allí estaba yo dormida, y había alguien a mi lado, que me observaba. De repente yo me levantaba y salía corriendo y el ente me perseguía, yo me tropezaba y luego caía y ya el ente se desaparecía. En ese momento aparecía mi abuela y me agarraba. Muy asustada bajé corriendo a decirle a mi abuela que viera el video, pero cuando llegamos a la computadora, ya el link redirigía a una página no encontrada.
Mi abuela ya estaba preocupada, me decía que dejara de entrar a esas páginas porque me estaba buscando un peligro serio. Por ese día le hice caso, pero tenía miedo que en la noche me fuera a pasar algo parecido. Así que decidí irme a dormir con mi abuela.
A media noche desperté de repente, un ruido… venía de mi habitación. Mi abuela dormía profundamente así que no la quise despertar, pero con el corazón en la mano me dirigí a mi cuarto. Abrí la puerta, y vi que mi computadora estaba encendida. Me acerqué a ver qué me quería mostrar y vi en la pantalla otra cara, diferente a la que había visto hacía dos noches. Esta me miraba fijamente, y aunque por mi garganta subía un grito, mis labios no lo dejaron salir. Me acerqué firmemente a la pantalla y confronté a lo que fuera que me estaba mirando. Sin embargo, mientras me acercaba iba notando algo extrañamente familiar en esa mirada. Me recordaba a alguien, sólo que no lo lograba ubicar. Me acerqué aún más, y estiré la mano para apagar la pantalla cuando sentí un calambre por todo mi cuerpo y perdí la consciencia.
Al rato desperté en mi cama, y no me podía levantar. Abrí los ojos y vi la misma persona que me miraba desde la pantalla, pero esta vez frente a mi cama. Intenté moverme pero no pude, intenté gritar pero tampoco logré pronunciar sonido. El ente empezó a rondar mi cama y yo sólo atinaba a mirarlo. A pesar que tenía miedo, sólo lograba preguntarme quién era y qué quería. Su cara me era muy familiar, esos ojos grandes y grises, cómo los míos. La forma de la nariz, la curvatura de la boca. ¿Sería posible? Inmediatamente, como si el ente supiera lo que yo estaba pensando, me dirigió la mirada y se empezó a acercar a mí. Mi corazón empezó a latir muy rápido y en un momento dado, alcancé a levantarme de la cama y corrí hacia la habitación de mi abuela. Ella no estaba en su habitación, pero antes de salir divisé que bajo de su cama había un computador portátil, uno que nunca antes había visto. La curiosidad se apoderó de mí y tomé el computador en mis manos, estaba encendido y tenía un archivo conocido, aquella psicofonía que había escuchado días atrás. Vi que tenía varios videos también, de aquella figura que rodeaba mi cama mientras bailaba de una forma extraña, como describiendo un ritual, como si luchara con el aire. Casi todos los videos tenían el mismo contenido, y en ellos yo estaba profundamente dormida.
Repentinamente caí en cuenta, la segunda cara que había visto era la de mi abuela, pero mucho más rejuvenecida. Me dirigí otra vez a mi cuarto y allá la encontré, tenía los ojos grises muy abiertos, y luchaba con el aire. O eso me pareció. Lentamente otra figura fue tomando forma dentro de mi cuarto, la máscara que había visto en mi computadora la primera noche. Esos ojos que me miraron con tanta profundidad. Mi abuela seguía en su lucha y yo paralizada no sabía qué hacer. Lentamente todo se fue poniendo negro y perdí otra vez la consciencia.
Ya sé que no vuelvo a meterme en esas páginas paranormales, ya mi abuela me lo había advertido. Ella me había dicho que esa limpieza era difícil, todas las noches ella debía limpiar y sacar a todos los entes que yo dejaba entrar. Y lo peor es que nunca se sabe cuándo puede quedar uno por ahí en algún archivo, en alguna carpeta oculta…
jueves, 7 de octubre de 2010
Evidencia
Fue una noche terrible. Primero pensé que era un resfrío que estaba empezando, porque a ratos me moría de calor y sudaba y a ratos temblaba y sentía que el frío me calaba los huesos. Al otro día tenía que levantarme temprano. Era el día de defensa de mi tesis, el día que culminaba mi esfuerzo de cinco años de sacrificio. Quizás eran sólo nervios. Me dormí a saltos.
Eran pasadas las tres de la mañana cuando me desperté. La luz de la luna se filtraba por la cortina que cubría mi ventana. La casa estaba tan silenciosa que me llamó la atención. No se oía ni un crujido nocturno de la casa expandiéndose o recogiéndose, ni los ladridos de algún perro solitario e insomne, ni los maullidos de alguna gata en celo sobre el tejado vecino. Sólo oía el silencio y el latido acelerado de mi corazón. Corrí la cortina para tapar la ventana completamente, pensé que era la luz lo que me había despertado, y me tapé hasta la nariz. Sin una razón aparente, recé un padrenuestro. No lo hacía desde hacía años. Volví a dormirme.
Cuando me desperté nuevamente y miré el reloj, me dí cuenta de que sólo habían pasado quince minutos. Algo estaba mal, mi cuerpo me avisaba que algún peligro invisible y desconocido me acechaba. Pensé que eran paranoias mías y que un vaso de leche tibia solucionaría mi dificultad para conciliar el sueño, pero cuando quise levantarme...
No podía moverme. No podía hablar. Pensé que era una pesadilla. Mil veces había oído hablar de ese estado de semiconsciencia en que no estás completamente dormida ni completamente despierta. Sentía que estaba despierta, mi mente estaba despierta, pero mi cuerpo estaba totalmente inmóvil y adormecido. Los ojos, sin embargo, podía girarlos y ver a mi alrededor. El reloj en la mesa de noche, la cortina cubriendo la luz de la ventana y en la puerta... en la puerta ví la sombra.
Cuando ví esa sombra claramente humana parada en la puerta, sentí que un aullido inhumano, gutural y primitivo escapó de mi garganta. Era miedo, miedo puro, miedo irracional. Un escalofrío de terror me recorrió la columna, una corriente de terror me paralizó el corazón por un microsegundo. Cerré los ojos fuertemente. Padre Nuestro que estás en los cielos...
Una pesadilla, tenía que ser una pesadilla. Aún así, seguía sin poder mover el cuerpo y no me atreví a abrir los ojos. Los muelles de mi cama crujieron. Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino...
Por favor, por favor, por favor, supliqué. Sea lo que sea, Diosito, que se vaya, por favor, protégeme. Sentí el peso de un cuerpo sobre mi cuerpo. Me oprimía el pecho, me costaba respirar. Sentía los latidos del corazón enfurecidos en mi garganta. El peso sobre mi cuerpo incrementaba, me iba a aplastar, me iba a reventar. Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo...
Por fin pude gritar y con el grito, el peso desapareció. Salí corriendo de mi habitación y me refugié en el dormitorio de mi hermana. Se asustó al verme. Le dije que había tenido una pesadilla horrible y que me dejara quedarme con ella. Pasé las pocas horas hasta la mañana soñando pesadillas extrañas y difusas.
Por la mañana me fui a la universidad. Defendí mi tesis mediocremente, pero obtuve una nota aceptable. Nos fuimos a celebrar con mis compañeros. Yo no podía sentirme alegre. Algo me oprimía el corazón y miraba con temor cada esquina, cada persona, cada rincón de oscuridad. Un par de tragos más tarde ya sentía el alma más ligera. Qué tonta había sido. Me había asustado una pesadilla sin sentido. Ya estaba oscuro cuando cada uno se fue a su casa.
Del paradero a mi casa hay dos cuadras de distancia. El miedo volvió a asaltarme cuando me encontré en la calle vacía y silenciosa. Decidí caminar por el medio de la calle, lejos de las sombras de los árboles. Varias luces de los postes empezaron a parpadear cuando estaba a mitad de camino. Sentí pasos detrás mío. Me volví a mirar. Ahí estaba de nuevo. La sombra me seguía. Corrí desesperada hasta llegar a mi casa.
En casa no hay nadie. Tengo miedo. Hasta hoy nunca creí en estas cosas. Tengo todas las luces prendidas y siento que me va a dar un ataque cardiaco cada vez que parpadean. Llamé por teléfono a mis padres y a mis hermanos, pero los teléfonos no comunican. No me atrevo a salir de la casa. Escribo estás líneas porque...
El resto de la carta está ilegible. Es la única evidencia que se ha encontrado de la desaparecida. En su habitación no hay señales de forcejeo ni de que ha estado aquí después de haber salido por la mañana. Las últimas personas en verla fueron sus compañeros de universidad. Los padres nos llamaron al llegar a casa y encontrar todas las luces encendidas, sin señales de su hija. Se procede a dar el parte a la sección de personas desaparecidas. No se descarta alguna enfermedad mental latente y/o el uso de drogas alucinógenas, de acuerdo a lo leído en la carta encontrada en la mesa de noche. Se da el parte a hospitales e instituciones de salud mental.
Firma.
Tte. Marcos González
Santiago, 07 de septiembre de 2010
Eran pasadas las tres de la mañana cuando me desperté. La luz de la luna se filtraba por la cortina que cubría mi ventana. La casa estaba tan silenciosa que me llamó la atención. No se oía ni un crujido nocturno de la casa expandiéndose o recogiéndose, ni los ladridos de algún perro solitario e insomne, ni los maullidos de alguna gata en celo sobre el tejado vecino. Sólo oía el silencio y el latido acelerado de mi corazón. Corrí la cortina para tapar la ventana completamente, pensé que era la luz lo que me había despertado, y me tapé hasta la nariz. Sin una razón aparente, recé un padrenuestro. No lo hacía desde hacía años. Volví a dormirme.
Cuando me desperté nuevamente y miré el reloj, me dí cuenta de que sólo habían pasado quince minutos. Algo estaba mal, mi cuerpo me avisaba que algún peligro invisible y desconocido me acechaba. Pensé que eran paranoias mías y que un vaso de leche tibia solucionaría mi dificultad para conciliar el sueño, pero cuando quise levantarme...
No podía moverme. No podía hablar. Pensé que era una pesadilla. Mil veces había oído hablar de ese estado de semiconsciencia en que no estás completamente dormida ni completamente despierta. Sentía que estaba despierta, mi mente estaba despierta, pero mi cuerpo estaba totalmente inmóvil y adormecido. Los ojos, sin embargo, podía girarlos y ver a mi alrededor. El reloj en la mesa de noche, la cortina cubriendo la luz de la ventana y en la puerta... en la puerta ví la sombra.
Cuando ví esa sombra claramente humana parada en la puerta, sentí que un aullido inhumano, gutural y primitivo escapó de mi garganta. Era miedo, miedo puro, miedo irracional. Un escalofrío de terror me recorrió la columna, una corriente de terror me paralizó el corazón por un microsegundo. Cerré los ojos fuertemente. Padre Nuestro que estás en los cielos...
Una pesadilla, tenía que ser una pesadilla. Aún así, seguía sin poder mover el cuerpo y no me atreví a abrir los ojos. Los muelles de mi cama crujieron. Santificado sea tu nombre, venga a nosotros tu reino...
Por favor, por favor, por favor, supliqué. Sea lo que sea, Diosito, que se vaya, por favor, protégeme. Sentí el peso de un cuerpo sobre mi cuerpo. Me oprimía el pecho, me costaba respirar. Sentía los latidos del corazón enfurecidos en mi garganta. El peso sobre mi cuerpo incrementaba, me iba a aplastar, me iba a reventar. Hágase tu voluntad aquí en la tierra como en el cielo...
Por fin pude gritar y con el grito, el peso desapareció. Salí corriendo de mi habitación y me refugié en el dormitorio de mi hermana. Se asustó al verme. Le dije que había tenido una pesadilla horrible y que me dejara quedarme con ella. Pasé las pocas horas hasta la mañana soñando pesadillas extrañas y difusas.
Por la mañana me fui a la universidad. Defendí mi tesis mediocremente, pero obtuve una nota aceptable. Nos fuimos a celebrar con mis compañeros. Yo no podía sentirme alegre. Algo me oprimía el corazón y miraba con temor cada esquina, cada persona, cada rincón de oscuridad. Un par de tragos más tarde ya sentía el alma más ligera. Qué tonta había sido. Me había asustado una pesadilla sin sentido. Ya estaba oscuro cuando cada uno se fue a su casa.
Del paradero a mi casa hay dos cuadras de distancia. El miedo volvió a asaltarme cuando me encontré en la calle vacía y silenciosa. Decidí caminar por el medio de la calle, lejos de las sombras de los árboles. Varias luces de los postes empezaron a parpadear cuando estaba a mitad de camino. Sentí pasos detrás mío. Me volví a mirar. Ahí estaba de nuevo. La sombra me seguía. Corrí desesperada hasta llegar a mi casa.
En casa no hay nadie. Tengo miedo. Hasta hoy nunca creí en estas cosas. Tengo todas las luces prendidas y siento que me va a dar un ataque cardiaco cada vez que parpadean. Llamé por teléfono a mis padres y a mis hermanos, pero los teléfonos no comunican. No me atrevo a salir de la casa. Escribo estás líneas porque...
El resto de la carta está ilegible. Es la única evidencia que se ha encontrado de la desaparecida. En su habitación no hay señales de forcejeo ni de que ha estado aquí después de haber salido por la mañana. Las últimas personas en verla fueron sus compañeros de universidad. Los padres nos llamaron al llegar a casa y encontrar todas las luces encendidas, sin señales de su hija. Se procede a dar el parte a la sección de personas desaparecidas. No se descarta alguna enfermedad mental latente y/o el uso de drogas alucinógenas, de acuerdo a lo leído en la carta encontrada en la mesa de noche. Se da el parte a hospitales e instituciones de salud mental.
Firma.
Tte. Marcos González
Santiago, 07 de septiembre de 2010
jueves, 23 de septiembre de 2010
Cuento de terror
Para esta semana, les propongo escribir un relato o cuento de terror, miedo o suspenso, como quieran llamarle.
Para orientarnos, les invito a que lean la página de Ciudad Seva y también que le den un vistazo a la información general que pone Wikipedia sobre los cuentos de terror y sus características.
El tema en sí es bastante "libre", refiriéndonos al hecho de que hay mil opciones que escoger y en las que basar nuestro cuento. La única "obligación" es que sea de terror, que logremos transmitir miedo al lector, que hagamos que al leer se le ponga la piel de gallina y los pelos de punta.
Nos leemos pronto! Espero que les guste la tarea...
Para orientarnos, les invito a que lean la página de Ciudad Seva y también que le den un vistazo a la información general que pone Wikipedia sobre los cuentos de terror y sus características.
El tema en sí es bastante "libre", refiriéndonos al hecho de que hay mil opciones que escoger y en las que basar nuestro cuento. La única "obligación" es que sea de terror, que logremos transmitir miedo al lector, que hagamos que al leer se le ponga la piel de gallina y los pelos de punta.
Nos leemos pronto! Espero que les guste la tarea...
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Propuesta de temas
Dejo esta entrada para que propongamos temas para las tareas del taller literario. Las propuestas se pueden hacer en los comentarios, ojalá con alguna referencia. No sólo decir "escribamos poesía" sino explicar, dentro de lo posible, qué tipo de poesía, en que consiste, sus características, que se espera de la tarea, etc. Así con todos los temas que propongamos.
Ojalá se animen y propongan muchos temas! Somos pocos los que participamos, pero siento y leo que la calidad ha mejorado considerablemente, siempre es un gusto leer los demás relatos y ver como una misma idea nos inspira de distinta forma.
Ah! a medida que vayamos proponiendo, se irán subiendo las tareas, así no estamos improvisando el día anterior sobre qué tema escribir esta semana.
Nos leemos pronto!
Ojalá se animen y propongan muchos temas! Somos pocos los que participamos, pero siento y leo que la calidad ha mejorado considerablemente, siempre es un gusto leer los demás relatos y ver como una misma idea nos inspira de distinta forma.
Ah! a medida que vayamos proponiendo, se irán subiendo las tareas, así no estamos improvisando el día anterior sobre qué tema escribir esta semana.
Nos leemos pronto!
sábado, 18 de septiembre de 2010
La eterna primavera
Nunca entendió porqué le decían la ciudad de la eterna primavera, hasta que salió de ella.
En aquel pueblito norteño casi se congela. El frío era tan extremo que la mantenía dormida, las precauciones eran máximas debido a que un olvido de guantes, gorros o bufanda, un hueco en su ropa térmica y tenía una pulmonía asegurada.
En el desierto casi se ahoga. El calor abrasante impedía pensar con claridad, se mantenía fatigada, con sed y desesperada. El clima seco y caliente era simplemente insoportable.
En aquella ciudad se sentía plena, no hacía mucho frío ni mucho calor, el clima era sencillamente fresco. La ciudad era hermosa, lo que ayudaba más a la ilusión de encontrarse en un pequeño paraíso en una tierra virgen, inexplorada.
Los árboles verdes daban un aroma natural que la rápida urbanización no lograba opacar. El cielo siempre se mantenía claro, aun cuando llovía, y lo más frío que podría estar se solucionaba con un simple saco, y en casos extremos, una bufanda.
Sí, era cierto que, en otros lugares del mundo, los otoños son espectaculares y que los veranos son deliciosos, pero en este pequeño rincón del mundo donde estaba su vida, la eterna primavera daba la sensación de calidez y confort que ningún otro lugar del planeta puede proporcionar.
Las montañas también daban una extraña sensación de seguridad. Esos gigantes verdes rodeaban la ciudad como un fuerte, cobijando a sus habitantes y brindándoles un pequeño refugio contra las fuertes embestidas de los vientos oceánicos que devastaban la mayor parte del país.
Clima fresco, viento suave, montañas verdes, cielo azul, aroma a café. Esta es la eterna primavera y allí vive feliz.
En aquel pueblito norteño casi se congela. El frío era tan extremo que la mantenía dormida, las precauciones eran máximas debido a que un olvido de guantes, gorros o bufanda, un hueco en su ropa térmica y tenía una pulmonía asegurada.
En el desierto casi se ahoga. El calor abrasante impedía pensar con claridad, se mantenía fatigada, con sed y desesperada. El clima seco y caliente era simplemente insoportable.
En aquella ciudad se sentía plena, no hacía mucho frío ni mucho calor, el clima era sencillamente fresco. La ciudad era hermosa, lo que ayudaba más a la ilusión de encontrarse en un pequeño paraíso en una tierra virgen, inexplorada.
Los árboles verdes daban un aroma natural que la rápida urbanización no lograba opacar. El cielo siempre se mantenía claro, aun cuando llovía, y lo más frío que podría estar se solucionaba con un simple saco, y en casos extremos, una bufanda.
Sí, era cierto que, en otros lugares del mundo, los otoños son espectaculares y que los veranos son deliciosos, pero en este pequeño rincón del mundo donde estaba su vida, la eterna primavera daba la sensación de calidez y confort que ningún otro lugar del planeta puede proporcionar.
Las montañas también daban una extraña sensación de seguridad. Esos gigantes verdes rodeaban la ciudad como un fuerte, cobijando a sus habitantes y brindándoles un pequeño refugio contra las fuertes embestidas de los vientos oceánicos que devastaban la mayor parte del país.
Clima fresco, viento suave, montañas verdes, cielo azul, aroma a café. Esta es la eterna primavera y allí vive feliz.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Recuerdos
Desde el avión, la vista es absolutamente espectacular, no solo por lo pequeñas que se ven las cosas desde el aire, sino por la sensación de tranquilidad que causa ver la ciudad. Sobre todo si es de noche, con sus infinitas hileras de luces por todas partes que la pintan de naranja, pero un naranja bonito -luz y calidez-. Parece que el creador se dedico esmeradamente a crear cuando le toco el turno a esta ciudad, porque lo que se ve desde el aeropuerto no solo es organizado y con ínfulas de ciudad primermundista, sino que el mar lo rodea y baña la playa y parece un pequeño pedacito de cielo.
Y te sientes bien, te llenas de calma y al mismo tiempo de expectación, porque abajo, en tierra firme, podrás descansar y disfrutar.
Si llegas de noche, esa sensación te acompaña hasta la mañana siguiente cuando te toca salir de la habitación de tu hotel, y abandonar ese idílico estado de bienestar.
Si llegas de día, la realidad te golpea en todo su soleado esplendor apenas pones un pie afuera del aeropuerto.
Y tus sentidos son puestos a prueba.
Sientes una ola de calor que te golpea, tan fuerte que deja de parecerte ola y en tus mejores momentos bromearas sobre un tsunami pero en ese es lo último que se te ocurre. Y hay una multitud que te rodea, llena de pancartas y de Welcome, extranjero, que no hace nada para alejar esa primera sensación.
Y como ellos tampoco se alejan, viene el fastidioso zumbido de la gente murmurando, y a pesar de querer huir de ese terrible sonido en el primer automóvil que encuentres, realmente no sirve de mucho, porque además de gritar desaforadamente para invitarte a utilizar sus servicios, y cobrarte lo que luego de enteraras es una tarifa carísima, el taxista que eliges no deja de hablar en todo el trayecto, eso si, sin bajarle en ningún momento a la música de su radio.
Pero por lo menos tiene aire acondicionado.
Hay que agradecer las pequeñas cosas de la vida.
Pero el camino entre el taxi y la recepción del hotel –que no tiene aire acondicionado- es de nuevo terrible. Como bien dice un amigo que vive aquí, esta ciudad es 100 grados más caliente que el infierno. Y es así todo el maldito año.
Cada vez que vengo aquí siento que me derrito. Es un fastidio, lo único que se me ocurre hacer es tirarme en una cama o un sofá encender el aire y dormir.
Hasta que pienso en ti.
Porque este es el único lugar que me permito hacerlo, que me permito recordar tu cabello ondeando con la brisa mientras anochecía, recordar tu risa, recordarte.
Y cuando lo hago, no siento calor ni fastidio, todo es diferente. Siento la lluvia mojando de nuevo mi piel, siento tu risa mientras tu blusa blanca se moja y yo te digo que te cubras, nos veo de nuevo corriendo como niños bajo la lluvia. Un torrencial aguacero de verano que nunca supimos de donde vino ni porqué.
Pero que aprendí, gracias a ti, a disfrutar.
Recuerdo que tirabas de mí diciéndome que era muy serio y debía aprender a disfrutar las pequeñas cosas de la vida, y que en ese momento sería tu misión.
Y cómo levantaste las palmas de tus manos para recibir el agua, y tu risa de niña consentida, y la alegría de tus ojos cuando finalmente me decidí a unirme a tus juegos.
Y siento cada gota que cae sobre mi cuerpo, y cada una de las que cayó sobre tu cuerpo.
Y soy feliz de nuevo.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Pablo
Arañitas. Veía a las arañitas correr por el pasto, perderse en las largas hojas afiladas y puntiagudas. Hacía calor, un calor casi sofocante, pero a la sombra del árbol no se sentía tanto. Me picaba el abdomen. La frazada que habíamos puesto sobre el pasto casi seco era de lana de oveja y picaba. Cerré los ojos, apoyé la cabeza en mis brazos y escuché el silencio. A esa hora todos dormían la siesta, incluso los grillos habían preferido dormitar al calor y dejar sus cantos para más tarde. Sentía las gotas de sudor resbalar por mi nuca y mi cuello.
- En dos semanas entras a clases...
La voz de Pablo me sonó lejana. Era lo que más odiaba del verano, que llegara a su fin, tener que volver a la rutina, a las clases, a la ciudad. Me habría quedado para siempre en la casa de campo, tirando piedras al río para ver cuántas veces rebotaban antes de hundirse, comiendo fruta verde directo de los árboles, mirando a las arañitas hacer sus castillos de hilo.
- Quería contarte que... en dos semanas yo también me voy.
Me sacudí la modorra y me senté. Miré a Pablo, quien a su vez evitaba mirarme. Parecía estar muy concentrado en unos arbustos en la distancia
- ¿Cómo que te vas? ¿Dónde te vas?
- Me voy a estudiar. Mi papá no quiere que me dedique a ser el capataz de la hacienda de tu papá. Quiere algo mejor para mí. Ha ahorrado todos estos años para pagarme una carrera, me aceptaron en la Universidad, voy a...
La voz de Pablo sonaba como algodón en mis oídos. Pablo, mi Pablo, no podía irse. Él pertenecía al paisaje de la casa de campo, él estaba ahí siempre que íbamos por el fin de semana o para las vacaciones. Pablo, siempre recibiéndonos montado en su caballo, con la mirada baja cuando papá estaba presente, con un guiño travieso cuando me veía sola. Pablo me pertenecía, no podía irse. De pronto el calor se volvió insoportable. Sentí que la cara se me puso colorada y sentí unos deseos terribles de llorar y de gritar y de pegarle a Pablo con todas mis fuerzas. Mi reacción era injusta, lo sé, pero yo sólo tenía 16 años y mi mundo era yo, y todo el universo giraba en torno a mí. Una arañita cayó del árbol sobre mi pierna y trató de subir afirmándose del vello sudoroso. La veía borrosa a través de las lágrimas que no quería dejar escapar.
- No quiero que te vayas...
- No puedo quedarme aquí. Tengo que hacer algo con mi vida... eres sólo una niña, no pensé que lo entenderías.
Le dí un manotazo a la araña y la reventé en mi muslo. ¡Una niña! ¿Así es como Pablo me veía? ¿Una niña?
- No me importa lo que hagas. ¡Puedes irte a la mierda si quieres!
Quise levantarme e irme. No quería que me viera llorar. Pablo me tomó de las manos y me abrazó.
- Si hago esto es por ti... ¿no lo ves? Es por nosotros. Tu papá jamás permitiría algo entre nosotros, pero si tengo un título, una profesión, un futuro sólido... ¿o es que ya no me quieres?
Pablo... Me puse a llorar en su cuello. Yo amaba a Pablo con todo mi ser. Después de años de besos robados a cada instante, de caricias en lugares prohibidos, de horas hablando de todo y nada, Pablo me decía todo esto. Pablo no entendía que mi familia jamás me habría dejado estar con él, con su título o sin su título, él era, simplemente, de otra clase. Si al menos se hubiera quedado en la hacienda, quizás con los años ambos nos habríamos casado con otra persona y nosotros nos habríamos seguido viendo a escondidas, como se rumoreaba que hacía mamá con el encargado de los caballos. Pero Pablo quería arruinar todo, quería irse, quería aspirar a lo imposible. Era el momento de dejarlo ir.
Me solté de su abrazo, me quité toda la ropa y me tendí sobre la frazada. Me picaba la espalda y los muslos horriblemente, pero aguanté. Pablo titubeó unos segundos, y luego me siguió. Esa tarde de fines de verano hicimos el amor tres veces. Recuerdo el cuerpo cálido de Pablo, las gotas de su sudor mezclándose con las mías, el dolor, el placer y la sangre de mi entrepierna primeriza, el peso de su respiración, su cara concentrada y por sobre nosotros, las arañitas del árbol lanzándose en picada afirmadas de su tela, corriendo traviesas por el pasto, ajenas a nuestra despedida.
- En dos semanas entras a clases...
La voz de Pablo me sonó lejana. Era lo que más odiaba del verano, que llegara a su fin, tener que volver a la rutina, a las clases, a la ciudad. Me habría quedado para siempre en la casa de campo, tirando piedras al río para ver cuántas veces rebotaban antes de hundirse, comiendo fruta verde directo de los árboles, mirando a las arañitas hacer sus castillos de hilo.
- Quería contarte que... en dos semanas yo también me voy.
Me sacudí la modorra y me senté. Miré a Pablo, quien a su vez evitaba mirarme. Parecía estar muy concentrado en unos arbustos en la distancia
- ¿Cómo que te vas? ¿Dónde te vas?
- Me voy a estudiar. Mi papá no quiere que me dedique a ser el capataz de la hacienda de tu papá. Quiere algo mejor para mí. Ha ahorrado todos estos años para pagarme una carrera, me aceptaron en la Universidad, voy a...
La voz de Pablo sonaba como algodón en mis oídos. Pablo, mi Pablo, no podía irse. Él pertenecía al paisaje de la casa de campo, él estaba ahí siempre que íbamos por el fin de semana o para las vacaciones. Pablo, siempre recibiéndonos montado en su caballo, con la mirada baja cuando papá estaba presente, con un guiño travieso cuando me veía sola. Pablo me pertenecía, no podía irse. De pronto el calor se volvió insoportable. Sentí que la cara se me puso colorada y sentí unos deseos terribles de llorar y de gritar y de pegarle a Pablo con todas mis fuerzas. Mi reacción era injusta, lo sé, pero yo sólo tenía 16 años y mi mundo era yo, y todo el universo giraba en torno a mí. Una arañita cayó del árbol sobre mi pierna y trató de subir afirmándose del vello sudoroso. La veía borrosa a través de las lágrimas que no quería dejar escapar.
- No quiero que te vayas...
- No puedo quedarme aquí. Tengo que hacer algo con mi vida... eres sólo una niña, no pensé que lo entenderías.
Le dí un manotazo a la araña y la reventé en mi muslo. ¡Una niña! ¿Así es como Pablo me veía? ¿Una niña?
- No me importa lo que hagas. ¡Puedes irte a la mierda si quieres!
Quise levantarme e irme. No quería que me viera llorar. Pablo me tomó de las manos y me abrazó.
- Si hago esto es por ti... ¿no lo ves? Es por nosotros. Tu papá jamás permitiría algo entre nosotros, pero si tengo un título, una profesión, un futuro sólido... ¿o es que ya no me quieres?
Pablo... Me puse a llorar en su cuello. Yo amaba a Pablo con todo mi ser. Después de años de besos robados a cada instante, de caricias en lugares prohibidos, de horas hablando de todo y nada, Pablo me decía todo esto. Pablo no entendía que mi familia jamás me habría dejado estar con él, con su título o sin su título, él era, simplemente, de otra clase. Si al menos se hubiera quedado en la hacienda, quizás con los años ambos nos habríamos casado con otra persona y nosotros nos habríamos seguido viendo a escondidas, como se rumoreaba que hacía mamá con el encargado de los caballos. Pero Pablo quería arruinar todo, quería irse, quería aspirar a lo imposible. Era el momento de dejarlo ir.
Me solté de su abrazo, me quité toda la ropa y me tendí sobre la frazada. Me picaba la espalda y los muslos horriblemente, pero aguanté. Pablo titubeó unos segundos, y luego me siguió. Esa tarde de fines de verano hicimos el amor tres veces. Recuerdo el cuerpo cálido de Pablo, las gotas de su sudor mezclándose con las mías, el dolor, el placer y la sangre de mi entrepierna primeriza, el peso de su respiración, su cara concentrada y por sobre nosotros, las arañitas del árbol lanzándose en picada afirmadas de su tela, corriendo traviesas por el pasto, ajenas a nuestra despedida.
martes, 7 de septiembre de 2010
Estaciones del año
Para esta semana les propongo escribir un relato relacionado con alguna de las estaciones del año. La idea no es sólo contar "era invierno" o "era verano", sino describir las sensaciones de esa estación del año, algo que haga al lector identificarse con la estación que hemos escogido, "sentir", al leer, que está en nuestro cuento, sentir la estación del año en el cuerpo... Además de escribir una historia interesante, por supuesto.
Espero que la idea les parezca interesante. Recuerden que si tienen otra ideas pueden subirlas como borrador y las iremos subiendo a medida que vayamos avanzando con las tareas.
Espero que la idea les parezca interesante. Recuerden que si tienen otra ideas pueden subirlas como borrador y las iremos subiendo a medida que vayamos avanzando con las tareas.
Etiquetas:
Estaciones del año,
Proyecto semanal
domingo, 29 de agosto de 2010
Libertad fantasma
Quince años. Quince largos años llevo confinada a esta silla de ruedas, todo por su culpa. No hay noche en que no sueñe con el maldito accidente ni día que pase sin recordármelo a cada minuto. Éramos jóvenes, teníamos el mundo por delante, planes, queríamos tener hijos, estábamos recién casados. Era la noche de año nuevo, habíamos cenado con la familia de Jorge y Jorge... Jorge había bebido más de la cuenta. Yo me sentía tan feliz, tan plena... A la semana siguiente tenía cita con mi médico para confirmar mis sospechas de embarazo. No había querido decirle nada a Jorge hasta estar completamente segura. Iba pensando en todo esto, en la sorpresa que le iba a dar, cuando sentí el impacto y al segundo siguiente, oscuridad y dolor. Lo siguiente que recuerdo es haber despertado en el hospital, el médico informándome que no sólo había perdido al bebé, también había perdido la movilidad de mis piernas. De la cintura para abajo era un vegetal muerto, jamás volvería a caminar. Nunca sabría que era parir un hijo. Pregunté por Jorge. Él estaba bien, sólo había sufrido heridas leves. Era yo quien me había llevado la peor parte.
Parece que hubiese sido hoy por la mañana. Si cierro mis ojos aún puedo sentir ese diminuto bebé queriendo vivir dentro mío. Me arrastro en mi silla de ruedas por el living. Jorge no ha vuelto del trabajo. Probablemente llegue tarde, como tantas noches, como casi todas las noches. Yo sé que me desprecia, que para él no soy más que un estorbo, pero yo lo amo, lo amo tanto... Si tan sólo él me quisiera un poco de lo que yo lo quiero. Pongo música en la radio. Guns n' Roses, la música de mi juventud perdida. November rain. No puedo evitar llorar a gritos "When I look into your eyes, I can see a love restrained, But darlin' when I hold you, Don't you know, I feel the same, 'Cause nothin' lasts forever, And we both know hearts can change, And it's hard to hold a candle, In the cold November rain, We've been through this, Such a long long time, Just tryin' to kill the pain"...
El dolor... Mis piernas muertas... La puerta se abre cuando suena en el reproductor Don't cry... Jorge me mira con hastío. Cuánto más puedo soportar vivir esta pesadilla que se repite día a día. De pronto lo entiendo todo. Jorge será más feliz sin mí, podrá rehacer su vida, podrá completar todos los planes que algún día me atreví a soñar junto a él. Quiero decirle que es libre, pero Jorge se ha ido a la cocina. Lo oigo abrir el refrigerador. Jorge nunca será libre mientras yo esté viva, si es que a ser un parásito en esta silla de ruedas puede llamársele vida... Talk to me softly, There is something in your eyes, Don't hang your head in sorrow, And please don't cry, I know how you feel inside I've, I've been there before, Something is changin' inside you, And don't you know...
Detrás de los libros está la pistola que siempre guardo a mano. Jorge solía decirme que tenía que aprender a defenderme por si algo pasaba mientras él estaba en el trabajo. Incluso me había enseñado a usarla. La reviso con manos temblorosas y ojos nublados... Don't you cry tonight, I still love you baby, Don't you cry tonight, Don't you cry tonight, There's a heaven above you baby, And don't you cry tonight...
Llamo a Jorge. Se demora en venir. En segundos recuerdo todo lo que voy a echar de menos de esta vida. Quizás no ha sido tan terrible. Quizás si me han pasado cosas que valen la pena... Si sólo Jorge me hubiera mostrado que me amaba... Give me a whisper, And give me a sign, Give me a kiss before you, tell me goodbye...
Jorge no se sorprende de verme con la pistola apuntándome la cabeza. Creo ver un destello de alegría y alivio en sus ojos, un amago de sonrisa, un no-sé-cómo-describir en su cuerpo. Qué estás haciendo... oigo la falsedad en su voz, la falta de preocupación. Me siento tan sola... Lloro con fuerza. Si Jorge me dijera que me ama... Pero sólo oigo su silencio y a Axel cantar en la radio Don't you take it so hard now, And please don't take it so bad, I'll still be thinkin' of you, And the times we had...baby
Jorge... Dime que me quieres... Pero Jorge se calla. Este es el momento que he esperado toda mi vida, que me diga que vamos a estar bien, que me diga que no haga esto, que me ama y me necesita, que soy su vida... Pero Jorge sólo se queda parado con las manos en los bolsillos, lo veo a través de mis lágrimas, como desafiándome a que dispare. Aprieto el gatillo y en un microsegundo alcanzo a ver su cara de sorpresa, cuando he cambiado la dirección al apuntar. Jorge no alcanza a reaccionar. La bala le entra por el ojo izquierdo y veo salir una explosión de sangre detrás de su cabeza que mancha el muro, y Jorge cae al suelo.
Han pasado varias horas. Los detectives me han dado esta hoja de confesión. Dicen que si me declaro culpable la pena será mucho menor. No sé cuántos años de cárcel me esperan. La detective que me custodia no entiende por qué sonrío. And please remember that I never lied, And please remember, how I felt inside now honey, You gotta make it your own way, But you'll be alright now sugar, You'll feel better tomorrow, Come the morning light now baby... La detective no sabe que el cosquilleo que sentía en los dedos de los pies ha vuelto, no sabe que el médico le llama una sensación fantasma y que me ha dicho que es normal en personas que han perdido la movilidad, no sabe que el médico estaba equivocado y que por fin, después de 15 años y después de que Jorge se ha ido, he sido capaz de mover los dedos de los pies. Ella no sabe que sonrío porque por fin he empezado a saborear mi libertad.
viernes, 27 de agosto de 2010
Larga vida al rey
La coronación tuvo lugar en la pequeña capilla de Notre Mère de la Paix. Fue un momento emocionante, cuando el padre ponía la corona en su cabeza, la corona real. Siempre supo que este era su destino: tenía ahora un reino que gobernar, unos vasallos con quienes contar, muchos planes de expansión del reino que su padre le había dejado y que él incrementaría para sus hijos.
También tenía enemigos, enemigos peligrosos, hombres y mujeres que se habían visto impactados cuando las reformas habían puesto de relieve los negocios oscuros que desangraban el tesoro real. Pero no le importaba, sabía que iba a prosperar, sabía que lo que su padre había construido (antes una tierra inhóspita, hoy el centro del mundo) debía perdurar. En su corazón estaba el sentido del deber y ahora la corona en su cabeza le otorgaba el poder.
Sin embargo, ese poder se le otorgaba en un momento de bastante inestabilidad. Se enfrentaba a una corte agitada por intrigas y complots. Se enfrentaba a un reino hambriento que reclamaba justicia. No sabía en quien podía confiar puesto que su propia familia estaba divida entre continuar las tradiciones y morir en el intento, o reformar el reino y seguir hacia un futuro incierto, a un futuro donde quizás ya no haya un reino.
Todo esto lo pensaba mientras se dirigía hacia el atrio principal a saludar a su pueblo. Pasos cortos y firmes, lentos pero seguros. La emoción era tan intensa que empezó a sentir que su corazón se aceleraba, sudaba frío, temblaba. En su cabeza tenía la voz de su padre: "en todo momento debes mantener el porte de un Rey" por lo cual siguió caminando erguido, sin prestarle atención al dolor que empezaba a subirle por el pecho.
Ya faltaba poco para llegar al atrio, afuera escuchaba la voz de su prefecto que lo anunciaba y los gritos de su pueblo que lo aclamaban. De repente una luz brillante cegó sus ojos y luego todo se volvió oscuridad.
Fue el reinado más corto de la historia, el nuevo Rey había muerto de un ataque al corazón aún antes de aparecer frente a su pueblo. Toda la corte agitada clamaba a una sola voz: larga vida al rey.
Curriculum Mortis
http://www.youtube.com/watch?v=NofWe8Cqw44&feature=related
Oscuridad. Luz. Manos viejas de partera. Mi madre sonríe discretamente. Mi padre se toma el bigote orgulloso. Pezón. Leche tibia. Biberón. Primeros pasos. Papá, Mamá, ¡Cabrón!. Sombrerito con mi nombre grabado. Alcohol. Mi madre llora. Mi padre ya nunca se tomará el bigote. Velorio. Ráfagas de pólvora hacía el cielo. Escuela. 1,2,3,4,5. A,B,C,D,E. Pelea. Siempre pelea afuera de la escuela. Mi primer mascota un gallo. Cumpleaños. Juegos, nadie quiere ser el policía. Adolescencia. Mi primer trabajo. ! Ahí vienen los judas! Reformatorio. Más peleas. Más trucos. Adiós inocencia. Libertad. Mi primer arma. Mi primera misión. Mis manos manchadas de sangre. Insomnio. Escalofríos. Arrepentimiento. No hay marcha atrás. Soy uno más. Paquetes de 100 grs escondidos en la cajuela. 1000 Dólares para mí. Fajo piteado con mi nombre. Texana. Camioneta grande. Nadar por el Rio Bravo con 20 kilos pegados al cuerpo. Federales. Mis manos manchadas de sangre. Me limpio con mi pañuelo y sigo adelante. Cantina. Amigos. Ráfagas entran por las ventanas. Suerte. Mi hermano menor se ha ido con mi Padre. Venganza. Rifles Ak47. 5 muertos. Reputación. Casa para mi madre. Comer en la mesa del jefe. Mujeres. Todas las mujeres que quiera. Oro. Diamantes en las cachas. Balas de plata. Camionetas del año. Blindadas. Respeto y miedo. Soy el amo de mi colonia. Avión. Colombia. Mi primer Millón de dólares. Mano derecha de mi patrón. Sobornos. Policía. Gobierno. Iglesia. Poder. Nada más excitante que ver sus caras llenas de miedo. Crecimiento. La mitad de la ciudad es mía. La mitad de lo mío es de mi jefe. Amor a la esposa de mi jefe. No más amos. Cabeza del ex jefe colgada fuera de su casa. 30 muertos a cuestas. Sangre sobre sangre. Más dinero del que se pueda contar. Coca pura. Ejercito y gobernador amigos. Coca inyectada. Caminar sin miedo donde sea. Tráfico. Hombre pobre se cruza en mi camino. Hombre pobre muerto. Más coca. Ordenes no cumplidas. Ayudante muerto. Familia de ayudante muerto. Desconfianza. Mitad de mis soldados muertos. Paranoia. Descuido. La casa rodeada por conocidos. Más gente que tiros en mi Ak 47. Han entrado. Un último tequila. Una última línea. Una última canción. Llamas de colores. Sueño y Oscuridad de nuevo.
Por: Legas
Oscuridad. Luz. Manos viejas de partera. Mi madre sonríe discretamente. Mi padre se toma el bigote orgulloso. Pezón. Leche tibia. Biberón. Primeros pasos. Papá, Mamá, ¡Cabrón!. Sombrerito con mi nombre grabado. Alcohol. Mi madre llora. Mi padre ya nunca se tomará el bigote. Velorio. Ráfagas de pólvora hacía el cielo. Escuela. 1,2,3,4,5. A,B,C,D,E. Pelea. Siempre pelea afuera de la escuela. Mi primer mascota un gallo. Cumpleaños. Juegos, nadie quiere ser el policía. Adolescencia. Mi primer trabajo. ! Ahí vienen los judas! Reformatorio. Más peleas. Más trucos. Adiós inocencia. Libertad. Mi primer arma. Mi primera misión. Mis manos manchadas de sangre. Insomnio. Escalofríos. Arrepentimiento. No hay marcha atrás. Soy uno más. Paquetes de 100 grs escondidos en la cajuela. 1000 Dólares para mí. Fajo piteado con mi nombre. Texana. Camioneta grande. Nadar por el Rio Bravo con 20 kilos pegados al cuerpo. Federales. Mis manos manchadas de sangre. Me limpio con mi pañuelo y sigo adelante. Cantina. Amigos. Ráfagas entran por las ventanas. Suerte. Mi hermano menor se ha ido con mi Padre. Venganza. Rifles Ak47. 5 muertos. Reputación. Casa para mi madre. Comer en la mesa del jefe. Mujeres. Todas las mujeres que quiera. Oro. Diamantes en las cachas. Balas de plata. Camionetas del año. Blindadas. Respeto y miedo. Soy el amo de mi colonia. Avión. Colombia. Mi primer Millón de dólares. Mano derecha de mi patrón. Sobornos. Policía. Gobierno. Iglesia. Poder. Nada más excitante que ver sus caras llenas de miedo. Crecimiento. La mitad de la ciudad es mía. La mitad de lo mío es de mi jefe. Amor a la esposa de mi jefe. No más amos. Cabeza del ex jefe colgada fuera de su casa. 30 muertos a cuestas. Sangre sobre sangre. Más dinero del que se pueda contar. Coca pura. Ejercito y gobernador amigos. Coca inyectada. Caminar sin miedo donde sea. Tráfico. Hombre pobre se cruza en mi camino. Hombre pobre muerto. Más coca. Ordenes no cumplidas. Ayudante muerto. Familia de ayudante muerto. Desconfianza. Mitad de mis soldados muertos. Paranoia. Descuido. La casa rodeada por conocidos. Más gente que tiros en mi Ak 47. Han entrado. Un último tequila. Una última línea. Una última canción. Llamas de colores. Sueño y Oscuridad de nuevo.
Por: Legas
sábado, 21 de agosto de 2010
Relato Musical
Hola a todos/as:
Por lo visto seguimos todavía sin profesor, y como no se han presentado propuestas de profesores invitados, entonces supongo que continuaremos nosotras mismas proponiendo las actividades semanales.
Les propongo que nuestra próxima tarea sea un relato utilizándo música, puede ser subiendo un video de youtube que tenga la canción que queramos. De esta forma podemos explorar la combinación de dos sentidos al mismo tiempo.
La idea es que escribamos un relato y adjuntemos un clip de audio que refuerce lo que estamos escribiendo, por ejemplo: si escribimos una historia divertida podemos utilizar música alegre, si es una historia triste hay muchas baladas y música clásica que lo pueden acompañar, si es una historia de acción, está la música de las películas de acción, etc. La idea es que con la música se resalten las emociones de las letras.
En un comentario les había dejado esta página que explica mejor lo que propongo (omitiendo obviamente la parte física).
Espero que se animen los que andan perdidos, y son todos bienvenidos a presentar sus trabajos :)
Por lo visto seguimos todavía sin profesor, y como no se han presentado propuestas de profesores invitados, entonces supongo que continuaremos nosotras mismas proponiendo las actividades semanales.
Les propongo que nuestra próxima tarea sea un relato utilizándo música, puede ser subiendo un video de youtube que tenga la canción que queramos. De esta forma podemos explorar la combinación de dos sentidos al mismo tiempo.
La idea es que escribamos un relato y adjuntemos un clip de audio que refuerce lo que estamos escribiendo, por ejemplo: si escribimos una historia divertida podemos utilizar música alegre, si es una historia triste hay muchas baladas y música clásica que lo pueden acompañar, si es una historia de acción, está la música de las películas de acción, etc. La idea es que con la música se resalten las emociones de las letras.
En un comentario les había dejado esta página que explica mejor lo que propongo (omitiendo obviamente la parte física).
Espero que se animen los que andan perdidos, y son todos bienvenidos a presentar sus trabajos :)
martes, 10 de agosto de 2010
La niña del lago escondido
Era casi como la leyenda del dorado, excepto que éste lugar era real. Todos los veranos mis amigos y yo íbamos a una casa – campamento en las afueras de nuestra ciudad. Nuestros padres nos enviaban allí para aprender a sobrevivir lejos de ellos, aunque creo que era más bien porque no sabían que hacer con nosotros durante tres meses de vacaciones.
La casa campamento se encontraba ubicada sobre un gran terreno Su mayor atracción era el gran lago frente a los campamentos, pero mis amigos y yo nos adentramos en el bosque y encontramos un pequeño lago rodeado de altos y frondosos árboles. El agua cristalina provenía de una pequeña gruta encerrada por dos grandes rocas. Era nuestro lugar favorito para jugar, porque era privado y porque era hermoso. Allí habíamos construido una casa en uno de los árboles, y amarramos unas lianas con las cuales nos balanceábamos sobre el agua y nos lanzábamos dentro del lago.
Los días se iban en juegos y exploración del lugar. En las noches, encendíamos fogatas y contábamos historias. No recuerdo cuándo fue la primera vez que alguien mencionó la historia de la niña perdida, pero sí recuerdo que me fascinó de inmediato. Una niña perdida en el bosque se ahogó en una cascada muy parecida a nuestra cascada secreta, estaba jugando y no se dio cuenta donde pisó, cayó y se golpeó la cabeza y murió ahogada en el fondo del lago.
A pesar que no le prestábamos atención a esta historia, en las noches sentía una leve opresión en mi pecho cuando pensaba en la niña que se encontraba en el fondo del lago.
Una tarde, mientras tomábamos un descanso de la maratón inicial de juegos, decidí ir a pasear por el campamento. Estaba triste porque extrañaba a mis padres, pero sentía algo más, un impulso que me guiaba firmemente hacia algún lugar específico. No me resistí y me dejé llevar, pronto me encontré mirando fijamente nuestra cascada secreta, y sentí temor por lo que me había traído hasta allí. Una cosa era estar jugando con mis amigos, otra muy distinta era venir sola luego de escuchar la temible historia.
Permanecí allí otro rato más, hasta que al fin sentí la corneta que nos llamaba para la cena. Empecé a regresar al campamento cuando una suave voz me detuvo. Me devolví y vi a una niña, de más o menos mi edad, mirándome con ojos grandes y asustados. Corrí lo más rápido que pude hacia mi campamento y les conté a mis amigos.
Nadie me creyó, por supuesto, dijeron que había sido mi imaginación. Pero yo sabía lo que había visto ¿o no?
Al fin convencí a mis amigos que me acompañaran otra vez, para mostrarles lo que había visto. Regresamos pero no había nada, aunque sabíamos que si algo iba a aparecer, no aparecería inmediatamente, entonces encendimos la fogata y empezamos a contar historias. Al rato me aburrí y como el chocolate que me estaba comiendo lo derritió el fuego y me había caído en la camisa, decidí acercarme al lago para lavarme.
Cuando me agaché para tocar el agua, repentinamente volví a ver el reflejo de aquel rostro que había visto unas horas antes, pero esta vez, antes de poder gritar, unas poderosas manos me arrastraron hacia el agua. Desesperada luchaba contra esa fuerza que me halaba, esperaba que mis amigos hubieran escuchado la caída, o por lo menos notaran mi ausencia, aunque nadie llegaba a socorrerme.
El tiempo pasaba y me sentía más sofocada, más débil. El impulso de respirar se hacía cada vez más apremiante pero las manos invisibles me mantenían firmemente debajo del agua. En cierto momento mi cuerpo no pudo más, mis pulmones se abrieron por reflejo y el agua empezó a entrar en mi cuerpo. Era una sensación de quemazón, de angustia, de terror. Un momento después, todo quedó negro.
Un rato más tarde abrí los ojos y comprendí que seguía en el fondo del lago. Mirándo la noche estrellada supe que esta vez tampoco saldría. Esos niños que estaban en la orilla no se percataban de mi presencia, pero ellos no eran los amigos que hacía ya años me acompañaban el día que caí en este lago y este árbol, con ramas como manos, me aprisionó tan fuerte que no me dejó salir nunca más.
La casa campamento se encontraba ubicada sobre un gran terreno Su mayor atracción era el gran lago frente a los campamentos, pero mis amigos y yo nos adentramos en el bosque y encontramos un pequeño lago rodeado de altos y frondosos árboles. El agua cristalina provenía de una pequeña gruta encerrada por dos grandes rocas. Era nuestro lugar favorito para jugar, porque era privado y porque era hermoso. Allí habíamos construido una casa en uno de los árboles, y amarramos unas lianas con las cuales nos balanceábamos sobre el agua y nos lanzábamos dentro del lago.
Los días se iban en juegos y exploración del lugar. En las noches, encendíamos fogatas y contábamos historias. No recuerdo cuándo fue la primera vez que alguien mencionó la historia de la niña perdida, pero sí recuerdo que me fascinó de inmediato. Una niña perdida en el bosque se ahogó en una cascada muy parecida a nuestra cascada secreta, estaba jugando y no se dio cuenta donde pisó, cayó y se golpeó la cabeza y murió ahogada en el fondo del lago.
A pesar que no le prestábamos atención a esta historia, en las noches sentía una leve opresión en mi pecho cuando pensaba en la niña que se encontraba en el fondo del lago.
Una tarde, mientras tomábamos un descanso de la maratón inicial de juegos, decidí ir a pasear por el campamento. Estaba triste porque extrañaba a mis padres, pero sentía algo más, un impulso que me guiaba firmemente hacia algún lugar específico. No me resistí y me dejé llevar, pronto me encontré mirando fijamente nuestra cascada secreta, y sentí temor por lo que me había traído hasta allí. Una cosa era estar jugando con mis amigos, otra muy distinta era venir sola luego de escuchar la temible historia.
Permanecí allí otro rato más, hasta que al fin sentí la corneta que nos llamaba para la cena. Empecé a regresar al campamento cuando una suave voz me detuvo. Me devolví y vi a una niña, de más o menos mi edad, mirándome con ojos grandes y asustados. Corrí lo más rápido que pude hacia mi campamento y les conté a mis amigos.
Nadie me creyó, por supuesto, dijeron que había sido mi imaginación. Pero yo sabía lo que había visto ¿o no?
Al fin convencí a mis amigos que me acompañaran otra vez, para mostrarles lo que había visto. Regresamos pero no había nada, aunque sabíamos que si algo iba a aparecer, no aparecería inmediatamente, entonces encendimos la fogata y empezamos a contar historias. Al rato me aburrí y como el chocolate que me estaba comiendo lo derritió el fuego y me había caído en la camisa, decidí acercarme al lago para lavarme.
Cuando me agaché para tocar el agua, repentinamente volví a ver el reflejo de aquel rostro que había visto unas horas antes, pero esta vez, antes de poder gritar, unas poderosas manos me arrastraron hacia el agua. Desesperada luchaba contra esa fuerza que me halaba, esperaba que mis amigos hubieran escuchado la caída, o por lo menos notaran mi ausencia, aunque nadie llegaba a socorrerme.
El tiempo pasaba y me sentía más sofocada, más débil. El impulso de respirar se hacía cada vez más apremiante pero las manos invisibles me mantenían firmemente debajo del agua. En cierto momento mi cuerpo no pudo más, mis pulmones se abrieron por reflejo y el agua empezó a entrar en mi cuerpo. Era una sensación de quemazón, de angustia, de terror. Un momento después, todo quedó negro.
Un rato más tarde abrí los ojos y comprendí que seguía en el fondo del lago. Mirándo la noche estrellada supe que esta vez tampoco saldría. Esos niños que estaban en la orilla no se percataban de mi presencia, pero ellos no eran los amigos que hacía ya años me acompañaban el día que caí en este lago y este árbol, con ramas como manos, me aprisionó tan fuerte que no me dejó salir nunca más.
lunes, 9 de agosto de 2010
La cascada de la bruja
Cierta vez encontraron intestinos y sangre en la gruta detrás de la cascada. Se dijeron muchas cosas, entre ellas que eran las tripas que las brujas vomitaban para poder transformarse en pájaros malditos que anunciaban la muerte. Las supuestas brujas después, se suponía, volvían a la gruta, ingerían sus propios intestinos y recuperaban su forma humana. Más tarde se demostró que los intestinos eran animales y surgieron otras teorías, se habló de cultos satánicos y de orgías con animales, pero el nombre, la cascada de la bruja, perduró para siempre.
La gruta es usada normalmente para fiestas entre estudiantes, quienes se desafían los unos a los otros a cruzar la cascada y entrar a la gruta por la pequeña cuesta que rodea el borde, casi invisible para quien no conoce el terreno, y difícil de sortear con el cuerpo sobrio. En lo que llevo de policía me ha tocado ver tres estudiantes ahogados y varios con una pierna rota e intoxicados. Yo mismo, en mis tiempos de estudiante, participé en alguna que otra excursión a la cascada de la bruja. Lo típico era después de una fiesta, cuando el ambiente empezaba a decaer y los grados de alcohol en el cuerpo a subir, alguien proponía ir a la cascada de la bruja. Nadie se negaba. Nadie quería parecer cobarde. Nos íbamos conduciendo con cuidado, de suerte ninguno se mató en un accidente de tránsito, y llegábamos cuando casi estaba amaneciendo. Nos quitábamos los zapatos y los calcetines, nos arremangábamos los pantalones y con mucho cuidado bajábamos primero, afirmándonos con mucho cuidado de alguna planta, algún arbusto, alguna saliente rocosa, hasta la cuesta. De ahí caminábamos un par de metros haciendo equilibrio hasta la cascada. La perspectiva de caer al agua fría nos despejaba la cabeza y lográbamos llegar con éxito.
Dentro de la gruta se sentía la humedad que te respiraba en los huesos, que te helaba los pies descalzos. Encendíamos alguna vela dejada por alguien, o alguna de las nuestras. Era un código silencioso de honor, siempre llevar a la gruta algo que usaríamos y algo que dejaríamos para quien viniera después. Era algo así como un apartamento común. Todos habíamos contribuido a amoblarlo y decorarlo. En las paredes habían pinturas, nombres, fechas, un John Lennon hecho a carbón, una Madre Teresa en tonos tierra. Mi esposa, en ese tiempo mi novia, solía abrazarse a mí y decirme que no le gustaba estar ahí. Había algo malsano en el aire, me decía, y yo aprovechaba de sujetarla con fuerza contra mi cuerpo.
La fiesta solía morir en la gruta. A veces nos quedábamos hasta tarde, desayunábamos cerveza y los restos de la fiesta, esperábamos a que saliera el sol y nadábamos. El agua de la cascada era fría como el hielo, me dolían los testículos de nadar ahí.
Con los años dejamos de ir a la cascada de la bruja. El trabajo, los estudios, la familia, los hijos... No pensaba en la cascada de la bruja hasta el siguiente caso de un estudiante herido o en el peor de los casos, muerto, y volvía a recordar mis tiempos de estudiante. Ayer, sin embargo... Alguien nos llamó diciendo que desde la cascada de la bruja de oían gritos inhumanos. Normalmente no son estudiantes en un día de semana los que circulan por la cascada de la bruja. Pensamos que podía ser alguien herido, así que me dirigí allá con mi autopatrulla y una ambulancia. Me costó bajar hacia la cuesta con mi uniforme rígido y mis bototos militares, además de que los años no han pasado en vano. Con cuidado, recorrí la cuesta hasta la gruta. Los paramédicos esperaban una orden mía para bajar. No escuchaba ni un solo sonido, ni un grito, ni un gemido. Quizás había sido un animal agonizando o alguna broma, o bien la superstición de la gente que a veces juega malas pasadas. De todas formas, me quise asegurar de que no había nadie dentro de la gruta. Entré apuntando con mi linterna y lo que ví... Lo que ví...
En el suelo habían varias frazadas sobre la dura roca. En los muros, aún estaban John Lennon y la Madre Teresa como guardianes borrosos de la gruta, compartiendo el espacio con nombres y fechas que seguramente se habían añadido después de mis tiempos. Al fondo de la gruta, las llamas oscilaban sobre dos velas casi consumidas. Sobre las frazadas, una mujer inconsciente yacía apoyando la cabeza en el muro, las piernas abiertas, desnuda de cintura para abajo y entre las piernas, sus tripas asomando sangrientas. Recordé la leyenda a la que la cascada le debía el nombre, pero entonces ví en un rincón de la gruta un movimiento, me llevé la mano a la pistola rápido y le grite a eso, fuera lo que fuera, que se quedara quieto o dispararía. Una mujer, una anciana, levantó las manos. Me dijo que no le disparara, que estaba desarmada. Me acerqué a ella y ví que tenía las manos llenas de sangre. Siempre apuntándola, me acerqué a la mujer, una jovencita en realidad, cuando la miré de más cerca, que yacía en el suelo. Estaba muerta. Inmovilicé a la vieja, la esposé, y llamé a los paramédicos.
Una vez en el cuartel, interrogué a la vieja. Me dijo que desde hacía años practicaba abortos en la gruta de la cascada de la bruja. El lugar era ideal, oculto, de difícil acceso, la superstición de la gente mantenía alejados a los intrusos y la vieja nunca practicaba los abortos en un fin de semana, porque sabía que los estudiantes podrían acercarse. Después de practicado el aborto lanzaba el feto al agua o lo enterraba por las cercanías. Me dió escalofríos pensar en esos pequeños fetos de forma semi humana hundiéndose en el agua, los estudiantes nadando sobre ellos. Algo había salido mal esta última vez, me dijo la vieja. La chica le había dicho que tenía varios meses menos de gestación de los que en realidad tenía, el bebé estaba cruzado, la chica era débil... Moví la cabeza con pesar. La vieja se iba a llevar al menos 10 años de cárcel por la muerte de la chica y el aborto. Me fui a casa con la cabeza confundida.
Mientras miraba una antigua foto de la cascada de la bruja, le conté a mi mujer lo que había pasado. Siempre te dije que ese lugar estaba maldito, que había algo raro en el aire, me dijo ella. Tomó la foto de mis manos, la miró con detenimiento y me dijo: nunca me había dado cuenta, pero la cascada de la bruja tiene la forma de una mujer pariendo. Volví a mirar la foto. Ví que tenía razón. Las rocas de los lados eran sus piernas, el agua eran sus interiores sangrantes y palpitantes. No me costó visualizar el resto de la jovencita muerta y de su hijo nonato. Sin poder evitarlo, vomité.
La gruta es usada normalmente para fiestas entre estudiantes, quienes se desafían los unos a los otros a cruzar la cascada y entrar a la gruta por la pequeña cuesta que rodea el borde, casi invisible para quien no conoce el terreno, y difícil de sortear con el cuerpo sobrio. En lo que llevo de policía me ha tocado ver tres estudiantes ahogados y varios con una pierna rota e intoxicados. Yo mismo, en mis tiempos de estudiante, participé en alguna que otra excursión a la cascada de la bruja. Lo típico era después de una fiesta, cuando el ambiente empezaba a decaer y los grados de alcohol en el cuerpo a subir, alguien proponía ir a la cascada de la bruja. Nadie se negaba. Nadie quería parecer cobarde. Nos íbamos conduciendo con cuidado, de suerte ninguno se mató en un accidente de tránsito, y llegábamos cuando casi estaba amaneciendo. Nos quitábamos los zapatos y los calcetines, nos arremangábamos los pantalones y con mucho cuidado bajábamos primero, afirmándonos con mucho cuidado de alguna planta, algún arbusto, alguna saliente rocosa, hasta la cuesta. De ahí caminábamos un par de metros haciendo equilibrio hasta la cascada. La perspectiva de caer al agua fría nos despejaba la cabeza y lográbamos llegar con éxito.
Dentro de la gruta se sentía la humedad que te respiraba en los huesos, que te helaba los pies descalzos. Encendíamos alguna vela dejada por alguien, o alguna de las nuestras. Era un código silencioso de honor, siempre llevar a la gruta algo que usaríamos y algo que dejaríamos para quien viniera después. Era algo así como un apartamento común. Todos habíamos contribuido a amoblarlo y decorarlo. En las paredes habían pinturas, nombres, fechas, un John Lennon hecho a carbón, una Madre Teresa en tonos tierra. Mi esposa, en ese tiempo mi novia, solía abrazarse a mí y decirme que no le gustaba estar ahí. Había algo malsano en el aire, me decía, y yo aprovechaba de sujetarla con fuerza contra mi cuerpo.
La fiesta solía morir en la gruta. A veces nos quedábamos hasta tarde, desayunábamos cerveza y los restos de la fiesta, esperábamos a que saliera el sol y nadábamos. El agua de la cascada era fría como el hielo, me dolían los testículos de nadar ahí.
Con los años dejamos de ir a la cascada de la bruja. El trabajo, los estudios, la familia, los hijos... No pensaba en la cascada de la bruja hasta el siguiente caso de un estudiante herido o en el peor de los casos, muerto, y volvía a recordar mis tiempos de estudiante. Ayer, sin embargo... Alguien nos llamó diciendo que desde la cascada de la bruja de oían gritos inhumanos. Normalmente no son estudiantes en un día de semana los que circulan por la cascada de la bruja. Pensamos que podía ser alguien herido, así que me dirigí allá con mi autopatrulla y una ambulancia. Me costó bajar hacia la cuesta con mi uniforme rígido y mis bototos militares, además de que los años no han pasado en vano. Con cuidado, recorrí la cuesta hasta la gruta. Los paramédicos esperaban una orden mía para bajar. No escuchaba ni un solo sonido, ni un grito, ni un gemido. Quizás había sido un animal agonizando o alguna broma, o bien la superstición de la gente que a veces juega malas pasadas. De todas formas, me quise asegurar de que no había nadie dentro de la gruta. Entré apuntando con mi linterna y lo que ví... Lo que ví...
En el suelo habían varias frazadas sobre la dura roca. En los muros, aún estaban John Lennon y la Madre Teresa como guardianes borrosos de la gruta, compartiendo el espacio con nombres y fechas que seguramente se habían añadido después de mis tiempos. Al fondo de la gruta, las llamas oscilaban sobre dos velas casi consumidas. Sobre las frazadas, una mujer inconsciente yacía apoyando la cabeza en el muro, las piernas abiertas, desnuda de cintura para abajo y entre las piernas, sus tripas asomando sangrientas. Recordé la leyenda a la que la cascada le debía el nombre, pero entonces ví en un rincón de la gruta un movimiento, me llevé la mano a la pistola rápido y le grite a eso, fuera lo que fuera, que se quedara quieto o dispararía. Una mujer, una anciana, levantó las manos. Me dijo que no le disparara, que estaba desarmada. Me acerqué a ella y ví que tenía las manos llenas de sangre. Siempre apuntándola, me acerqué a la mujer, una jovencita en realidad, cuando la miré de más cerca, que yacía en el suelo. Estaba muerta. Inmovilicé a la vieja, la esposé, y llamé a los paramédicos.
Una vez en el cuartel, interrogué a la vieja. Me dijo que desde hacía años practicaba abortos en la gruta de la cascada de la bruja. El lugar era ideal, oculto, de difícil acceso, la superstición de la gente mantenía alejados a los intrusos y la vieja nunca practicaba los abortos en un fin de semana, porque sabía que los estudiantes podrían acercarse. Después de practicado el aborto lanzaba el feto al agua o lo enterraba por las cercanías. Me dió escalofríos pensar en esos pequeños fetos de forma semi humana hundiéndose en el agua, los estudiantes nadando sobre ellos. Algo había salido mal esta última vez, me dijo la vieja. La chica le había dicho que tenía varios meses menos de gestación de los que en realidad tenía, el bebé estaba cruzado, la chica era débil... Moví la cabeza con pesar. La vieja se iba a llevar al menos 10 años de cárcel por la muerte de la chica y el aborto. Me fui a casa con la cabeza confundida.
Mientras miraba una antigua foto de la cascada de la bruja, le conté a mi mujer lo que había pasado. Siempre te dije que ese lugar estaba maldito, que había algo raro en el aire, me dijo ella. Tomó la foto de mis manos, la miró con detenimiento y me dijo: nunca me había dado cuenta, pero la cascada de la bruja tiene la forma de una mujer pariendo. Volví a mirar la foto. Ví que tenía razón. Las rocas de los lados eran sus piernas, el agua eran sus interiores sangrantes y palpitantes. No me costó visualizar el resto de la jovencita muerta y de su hijo nonato. Sin poder evitarlo, vomité.
viernes, 23 de julio de 2010
lunes, 19 de julio de 2010
La Pasantia
Era la primera fiesta a la que me invitaban desde que empece mi pasantía de verano en aquella multinacional reconocida. Yo tenia 18 años y me sentía grande, importante, casi toda una ejecutiva, excepto que todavía me faltaban tres años para graduarme y era todavía en gran parte dependiente de mis padres.
La fiesta la había organizado mi cuasi jefe. Un argentino muy divertido con el cual coqueteaba inocentemente durante horas de oficina. El argentino era guapo pero no me interesaba. Ya había puesto los ojos en Juan, un chico de mi edad que me gusto desde que lo conocí cuando nos presentaron. Juan también estaba haciendo una pasantía ese verano. Yo tenía a Juan en la mira como prospecto de amor de verano y ya nos habíamos besado entre copas - sin compromiso, por supuesto. Juan estaba conmigo en la fiesta solo como "amigo"
El argentino había puesto unos cuantos chorizos en la barbacoa. Estábamos en la terraza y una leve brisa nos traía el olor de la carne. Juan y yo conversábamos con otros chicos de nuestra edad que trabajaban con nosotros. El vino tinto había empezado a correr por mis venas y yo empezaba a tener una exquisita sensación de levedad. El timbre sonó y un hombre maduro entro, le dio un abrazo al argentino y le entrego una copa de vino. El argentino y el recién llegado se acercaron a nosotros.
- Les presento a Tomas, gerente de mercadeo. Dijo el argentino
Extendí mi mano y con una sonrisa me presente al gerente. El, apretó mi mano un poco mas largo de lo normal y me pregunto que estudiaba. Empezamos a conversar en grupo y poco a poco nos fuimos quedando solos. Al principio hablamos sobre el campo profesional: lo que el hacia, lo que yo quería hacer con mi carrera, y cosas por el estilo. Después de unas tantas copas lo profesional quedo atrás y conversábamos sobre lo delicioso que era bailar. Me pidió que bailáramos y así lo hicimos por casi el resto de la noche. Juan nos interrumpió y me dijo que se iba. Me sentí apenada por haberlo dejado solo todo ese tiempo así que me despedí de Tomas y me fui con Juan.
Al día siguiente me encontré con Juan y su amigo en un festival de Jazz. Mientras escuchábamos una de las bandas de Jazz, el amigo de Juan recibió una llamada en su celular. Hablo un par de minutos y luego se dirigió a nosotros:
-Era mi amigo que se va a encontrar con nosotros. Viene para acá en un par de minutos.
Unos minutos después, llego, nada mas y nada menos, que Tomas. Me sonroje al verle y me sentí un poco incomoda estando con el y Juan en el mismo sitio. Lo salude de beso en la mejilla. Nos tomamos unas cervezas y al final de la noche Tomas se brindo a llevarme a casa, con la excusa de que mi apartamento estaba en camino al suyo. Me fui con Tomas y cuando llegamos a su auto, un Audi TT del año, vi que tenía mi chaqueta, la que había olvidado en la casa del argentino la noche anterior.
- La dejaste en la fiesta anoche y quería asegurarme de que la tuvieras de vuelta…y también quería asegurarme de que te volvería a ver. Me gustas, y me gustaría invitarte a comer mañana.
- Me encantaría.
Fuimos a comer y a bailar varias veces. Tomas me llevaba a sitios elegantes, ordenaba vinos exquisitos y champaña con cada cena. Siempre hablaba de los negocios que estaba a punto de cerrar, de los países que visitaba en sus viajes de negocios, de los sitios a donde me quería llevar. Con el me sentía como una mujer sofisticada, madura y sensual. Cada vez que nos tocábamos sentía corriente en todo el cuerpo. Hacíamos el amor todo el tiempo y en todas partes. Nunca pensé que fuese posible explotar en éxtasis una y otra vez en una sola ocasión, pero así lo fue con Tomas. Nunca hablamos del estatús de nuestra relación y yo seguía saliendo con Juan de vez en cuando pese a que me la pasaba contando los minutos hasta el próximo encuentro con Tomas.
Era el ultimo día de nuestra pasantía. Tuvimos una fiesta de despedida en el trabajo. Mientras comíamos pastel, Juan me tomo de la mano y me guío a una oficina vacía. En aquella oficina me dijo que me amaba y que quería que fuera su novia aunque viviéramos en diferentes ciudades. Lo vi tan frágil y sincero y aunque mi voz interna me decía que fuera honesta, no podía soportar la idea de verlo decepcionado, así que mentí y le dije que si. Juan me invito a cenar a un restaurante elegante esa noche para celebrar.
Mientras caminábamos a nuestra mesa me quede pálida al ver que en la mesa de al lado estaba Tomas con otra mujer. Me quería morir. Le invente una excusa a Juan, y le dije que no me sentía bien y que me tenia que ir. Juan intento convencerme de que me llevaba a casa y yo me negué. Mientras caminaba hacia la puerta, la mirada de Tomas encontró la mía. Salí rápido del lugar y caminaba llena de ira y vergüenza al mismo tiempo. Me lo merecía. Debí haber sido honesta con Juan. si lo hubiera sido, no hubiera visto a Tomas con otra. No me sentiría culpable y engañada a la vez.
A la media noche tocaron en mi puerta. Abrí medio dormida y me sorprendí al ver a Tomas.
-Quiero pedirte disculpas.
-¿A que te refieres?
- Te mentí. Soy casado, y nunca te lo dije.
Agarro mi mano en la noche oscura y me beso.
- Te amo. Ya no siento nada por mi esposa. Quiero estar contigo. No me importa lo que cueste.
Lo mire con tristeza y le dije:
- Yo también te mentí. Estoy saliendo con Juan y la verdad no estoy lista para una relación con alguien tan mayor. Gracias por mostrarme aquel mundo clamoroso, pero lo nuestro, no puede ser. Todavía soy muy joven e inmadura aunque estuve jugando a mujer por un rato contigo, nunca podré ser quien soy. Mas no me arrepiento de los momentos contigo y espero algún día volver a sentir sensaciones tan intensas con alguien mas. Adiós Tomas.
Lentamente sentí mi mano escabullirse de la suya en la oscuridad y deje atrás aquella sensación correntosa que había sentido durante el verano. Cerré la puerta tras de mi y me dirigí hacia el teléfono. Levante el auricular y le marque a Juan.
- Àlo.
- Hola Juan. Es Ana. Quiero decirte que todo este tiempo he estado saliendo con otro hombre. No quiero ser tu novia. Perdóname y suerte en tu vida.
Colgué el teléfono mientras una lagrima se escurría por mi mejilla, y en ese momento me di cuenta, que ya no era una niña.
La fiesta la había organizado mi cuasi jefe. Un argentino muy divertido con el cual coqueteaba inocentemente durante horas de oficina. El argentino era guapo pero no me interesaba. Ya había puesto los ojos en Juan, un chico de mi edad que me gusto desde que lo conocí cuando nos presentaron. Juan también estaba haciendo una pasantía ese verano. Yo tenía a Juan en la mira como prospecto de amor de verano y ya nos habíamos besado entre copas - sin compromiso, por supuesto. Juan estaba conmigo en la fiesta solo como "amigo"
El argentino había puesto unos cuantos chorizos en la barbacoa. Estábamos en la terraza y una leve brisa nos traía el olor de la carne. Juan y yo conversábamos con otros chicos de nuestra edad que trabajaban con nosotros. El vino tinto había empezado a correr por mis venas y yo empezaba a tener una exquisita sensación de levedad. El timbre sonó y un hombre maduro entro, le dio un abrazo al argentino y le entrego una copa de vino. El argentino y el recién llegado se acercaron a nosotros.
- Les presento a Tomas, gerente de mercadeo. Dijo el argentino
Extendí mi mano y con una sonrisa me presente al gerente. El, apretó mi mano un poco mas largo de lo normal y me pregunto que estudiaba. Empezamos a conversar en grupo y poco a poco nos fuimos quedando solos. Al principio hablamos sobre el campo profesional: lo que el hacia, lo que yo quería hacer con mi carrera, y cosas por el estilo. Después de unas tantas copas lo profesional quedo atrás y conversábamos sobre lo delicioso que era bailar. Me pidió que bailáramos y así lo hicimos por casi el resto de la noche. Juan nos interrumpió y me dijo que se iba. Me sentí apenada por haberlo dejado solo todo ese tiempo así que me despedí de Tomas y me fui con Juan.
Al día siguiente me encontré con Juan y su amigo en un festival de Jazz. Mientras escuchábamos una de las bandas de Jazz, el amigo de Juan recibió una llamada en su celular. Hablo un par de minutos y luego se dirigió a nosotros:
-Era mi amigo que se va a encontrar con nosotros. Viene para acá en un par de minutos.
Unos minutos después, llego, nada mas y nada menos, que Tomas. Me sonroje al verle y me sentí un poco incomoda estando con el y Juan en el mismo sitio. Lo salude de beso en la mejilla. Nos tomamos unas cervezas y al final de la noche Tomas se brindo a llevarme a casa, con la excusa de que mi apartamento estaba en camino al suyo. Me fui con Tomas y cuando llegamos a su auto, un Audi TT del año, vi que tenía mi chaqueta, la que había olvidado en la casa del argentino la noche anterior.
- La dejaste en la fiesta anoche y quería asegurarme de que la tuvieras de vuelta…y también quería asegurarme de que te volvería a ver. Me gustas, y me gustaría invitarte a comer mañana.
- Me encantaría.
Fuimos a comer y a bailar varias veces. Tomas me llevaba a sitios elegantes, ordenaba vinos exquisitos y champaña con cada cena. Siempre hablaba de los negocios que estaba a punto de cerrar, de los países que visitaba en sus viajes de negocios, de los sitios a donde me quería llevar. Con el me sentía como una mujer sofisticada, madura y sensual. Cada vez que nos tocábamos sentía corriente en todo el cuerpo. Hacíamos el amor todo el tiempo y en todas partes. Nunca pensé que fuese posible explotar en éxtasis una y otra vez en una sola ocasión, pero así lo fue con Tomas. Nunca hablamos del estatús de nuestra relación y yo seguía saliendo con Juan de vez en cuando pese a que me la pasaba contando los minutos hasta el próximo encuentro con Tomas.
Era el ultimo día de nuestra pasantía. Tuvimos una fiesta de despedida en el trabajo. Mientras comíamos pastel, Juan me tomo de la mano y me guío a una oficina vacía. En aquella oficina me dijo que me amaba y que quería que fuera su novia aunque viviéramos en diferentes ciudades. Lo vi tan frágil y sincero y aunque mi voz interna me decía que fuera honesta, no podía soportar la idea de verlo decepcionado, así que mentí y le dije que si. Juan me invito a cenar a un restaurante elegante esa noche para celebrar.
Mientras caminábamos a nuestra mesa me quede pálida al ver que en la mesa de al lado estaba Tomas con otra mujer. Me quería morir. Le invente una excusa a Juan, y le dije que no me sentía bien y que me tenia que ir. Juan intento convencerme de que me llevaba a casa y yo me negué. Mientras caminaba hacia la puerta, la mirada de Tomas encontró la mía. Salí rápido del lugar y caminaba llena de ira y vergüenza al mismo tiempo. Me lo merecía. Debí haber sido honesta con Juan. si lo hubiera sido, no hubiera visto a Tomas con otra. No me sentiría culpable y engañada a la vez.
A la media noche tocaron en mi puerta. Abrí medio dormida y me sorprendí al ver a Tomas.
-Quiero pedirte disculpas.
-¿A que te refieres?
- Te mentí. Soy casado, y nunca te lo dije.
Agarro mi mano en la noche oscura y me beso.
- Te amo. Ya no siento nada por mi esposa. Quiero estar contigo. No me importa lo que cueste.
Lo mire con tristeza y le dije:
- Yo también te mentí. Estoy saliendo con Juan y la verdad no estoy lista para una relación con alguien tan mayor. Gracias por mostrarme aquel mundo clamoroso, pero lo nuestro, no puede ser. Todavía soy muy joven e inmadura aunque estuve jugando a mujer por un rato contigo, nunca podré ser quien soy. Mas no me arrepiento de los momentos contigo y espero algún día volver a sentir sensaciones tan intensas con alguien mas. Adiós Tomas.
Lentamente sentí mi mano escabullirse de la suya en la oscuridad y deje atrás aquella sensación correntosa que había sentido durante el verano. Cerré la puerta tras de mi y me dirigí hacia el teléfono. Levante el auricular y le marque a Juan.
- Àlo.
- Hola Juan. Es Ana. Quiero decirte que todo este tiempo he estado saliendo con otro hombre. No quiero ser tu novia. Perdóname y suerte en tu vida.
Colgué el teléfono mientras una lagrima se escurría por mi mejilla, y en ese momento me di cuenta, que ya no era una niña.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
