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lunes, 28 de junio de 2010

Mundo paralelo

Lo siento, nunca te di esperanzas, me dio pena que las cosas resultaran así, y que después de nuestro encuentro te arrastraras con promesas de amor que nunca busqué y de las que huí por mucho tiempo.

Habían sido meses de intentos inconclusos, faltaban un par de días para que viajaras; habíamos llegado demasiado lejos para echarse atrás, point of no return y la química nos explotaba por los poros. Te lo dije desde el dia uno, no seré tu pareja, menos tu amante, sabes que ya no creo en el amor. Somos adultas, vivamos lo que haya que vivir. Reconozco que fue especial, que me gustaste en el instante en que te vi, que tu cara y tu exquisitez era como la imaginaba, y que morí de placeres una y otra vez enredada en tu cuerpo hasta la madrugada, varias madrugadas después de noches que competían entre si hasta llegar casi a confundirme.

Hasta aquel último día camino a la cordillera, volábamos en la moto, y llegamos a ese cafecito de cuentos, kuchen de manzana y chocolate caliente, tu mano tomando la mía; me decias que yo era tu sueño hecho realidad y yo no sabia que decir. Al rato bajamos al rio, y nos quedamos sentadas entre las rocas, oyendo el agua mientras atardecía. Me abrigabas del frío con tu abrazo, y cerré los ojos con la esperanza de un nuevo comienzo.

Pero no fue así, me sumergí en un dolor inmenso, y lloré desconsolada en silencio, de impotencia, rabia, de no poder sentir nada. Estaba en medio de un paisaje maravilloso, con una persona especial, después de unos días soñados, pero mi corazón estaba en otro lugar, un lugar escondido y grabado a fuego por alguien más. Lo supiste de inmediato, aun cuando trate de apagarlo, y no recuerdo si preguntaste si lloraba por ella, y no recuerdo si te respondí que si.

Han pasado los años y otra vez vuelves a buscarme, me cuentas que aun sigo en ti, que nunca me olvidaste, y que en aquellas piedras grabaste nuestros nombres. Dices que me escribirás, que esperas verme algún día. Me quedo quieta y cierro los ojos, y recuerdo la inmensidad del paisaje, el cielo gris, la dureza de las rocas, el ritmo furioso del agua bajando, y me pregunto si existirá un mundo paralelo donde ella ya no exista mas.

lunes, 14 de junio de 2010

Mamita

Ayer perdí la pega, nos rajaron a todos; el viejo Emilio, el sopa, Gutiérrez, Martínez, la mitad de de la fabrica pa' la casa. No se que voy a hacer, lo que mas me preocupa es mi viejita, que no cacha na. Hace tiempo se veía venir, pero nos hacíamos los wnes no mas, que mas podíamos hacer; cualquier amago de huelga habría sido peor, estos perros no tienen alma, solo les interesa llenarse mas los bolsillos a costa de nosotros. Aguantamos harto yo cacho, al menos el Pedro aguantó hasta que lo suspendieran sin sueldo por atreverse a enfrentar a García. Al final dio lo mismo, lo sacaron igual con el articulo 33 transitorio, sin un peso ni para parar la olla la semana siguiente. Mi vieja anda mal del pulmón hace rato, se levanta al alba pa’ tomar la micro y llegar a tiempo a la casa de la patrona, por allá en La Dehesa creo que se llama, dos horas de viaje, con un frío de putamadre, y le dieron hora recién para el 15 en el consultorio, y sin niuno pa’ comprarle el remedio por fuera. No se como se las arregló pa’ estirar los veinte pesos que le dejé la semana pasada, para dejarme la vianda. Ahora que le voy a decir, no se preocupe mamita, que yo se lo compro, no se preocupe mamita, no me prepare na’ de comida que los cabros están haciendo una olla común. La otra es salir a vender, como en el verano que estuvo bueno, pero en esta época no pasa na, se pelean las esquinas, la seguridad ciudadana que no tiene otra cosa que estar paqueando, les quitan todo, les pegan y mas encima a la cana toda la noche. El compadre Julio hace rato me tiene palabreado pa’ que hagamos un trabajito, dice que es plata fácil, que es llegar y llevar, que las viejas andan en otra, no cachan una en esos eventos, y andan cargás al billete. Cuando llegué a la casa, ahí estaba mi viejita sentada en la mesa de la cocina, esperándome con un pedazo de pie que le regalo la patrona del cumpleaños de las rucias chicas. Cuando cabro siempre me hacia dulces, que sabe que me encantan, pero ahora, con suerte debe quedar media taza de harina en el mueble verde. No le dije na, no sabía que decirle, y me comí el pie sentado con ella en la mesa mientras conversamos un poco, haciendole cariño en la mano. Sonó el teléfono, era el Julio, salí de la cocina y le contesté hablando bajo“ya –le dije – nos encontramos a las ocho en la quinta sur, ya, si, no te preocupí, si wn, de allá somos”. Descolgué mi chaqueta de la silla, y antes de salir le di un beso en la frente y me despedí “no se preocupe mamita, no me espere despierta, que me salió un turno extra, el cojo faltó de nuevo, así que sacaré unos pesitos extra y mañana si que le traigo el remedio”.

lunes, 10 de mayo de 2010

Lulita

Lulita es una niña muy obediente y tranquila; vive sola con su madre en una casa pequeña, en una pequeña cuadra de un pueblo más pequeño aun. Siempre viste impecable a pesar de tener muy poco dinero en casa, pero la madre se las ingenia para sacar unos pesos extra vendiendo pan amasado, para comprarle de vez en cuando un pinche para el cabello o unos calcetines. La madre de Lulita trabaja de una fábrica de quesos y llega tarde a casa. Lulita va a la escuela en la mañana, donde es la primera del curso, y cuando tocan la campana, sale muy derecha y camina a casa, sin desviar la atención en los chicos que la miran pasar. Aun cuando tiene 15 años, su madre la ha criado de forma muy estricta y no le permite salir sola ni recibir a nadie. Cuando llega a casa, se saca el uniforme, que deja muy estirado en la silla de la pieza que comparte con su madre. Luego almuerza sentada en la mesa de la cocina, el plato que esta en el horno. Cuando termina, lava la loza, y sale al patio a descolgar la ropa lavada, para luego plancharla. A las cinco en punto termina y se sienta de nuevo en la mesa con una taza de te, esta vez con sus cuadernos, a hacer las tareas hasta las ocho. Al atardecer, ve pasar a sus compañeras y compañeros de escuela rumbo a la plaza, donde solo va con su madre los domingos a la misa de ocho, y ocasionalmente a comprar en las tiendas cercanas.

Un día en el colegio, la directora anuncia que se realizará un festival para reunir fondos para reparar el techo de la escuela. También les cuenta presa de entusiasmo que como broche de otro, tendrán la visita del cantante de moda juvenil e ídolo del momento, Juan Sadé, quien dará un concierto para donar dinero a la escuela. Lulita lo ama en secreto, y tiene guardada bajo una tabla suelta del piso, una foto de su amado. Cuando dicen el nombre del cantante, Lulita se pone roja y siente que el corazón le saldrá por la boca, así que reprime sus sentimientos y se queda quieta, intentando que su turbación pase inadvertida. Cuando terminan las clases camina excitada a casa. La primera vez que viò a Sadé, fue hacía unos meses cuando fue con su madre de visita a la casa de su madrina; ahí estaba en la pantalla del televisor en el programa sabatino de la tarde: moreno, alto, con un traje negro, cantando canciones de amor que le erizaron los pelos de los brazos. Alguna vez le gustò un chico, pero èl nunca la mirò. Sadé era diferente y veía en sus ojos la señal de que esas canciones las estaba cantando para ella. Lo había visto un par de veces más, y lo escuchaba en la radio de la cocina después de la tarea, que es cuando su madre le permitía prenderla, pero no siempre tenía suerte, y solo tocaban a otros artistas. Ahora caminaba a casa, como cada tarde, pero algo había cambiado, una emoción desconocida, una ansiedad, una promesa.

Durante las semanas que pasaron, Lulita intentó hablar con su madre y pedirle permiso para asistir al concierto, pero sabía que diría que no, que era imposible dejarla salir de noche a la plaza del pueblo, donde se celebraría el pequeño concierto. Cada tarde cuando su madre volvía, saludaba a Lulita en forma seca; no era una mujer muy cariñosa, pensaba que el afecto se demostraba de otras formas. Le preguntaba como le había ido en la escuela, si había hecho la tareas, y se ponía el delantal. Lavaba la ropa y preparaba la comida. La niña permanecía expectante ante alguna señal de su madre, una sonrisa, algo que le dijera que era un buen momento para preguntar, pero la mujer permanencia ausente y ella no se atrevía a decir una palabra. Lulita se iba a la cama, y cuando las luces se apagaban, lloraba en silencio, porque sabía que nunca podría estar frente a frente a su príncipe de voz maravillosa.

La fecha llegó, y fue a la escuela como cada mañana; hubo una clase temprano y luego salieron todos al patio a preparar las actividades anunciadas; las chicas y chicos confeccionaban plumeros de papel de diarios, letreros y pendones de colores, decorando con ellos los pasillos. Hacia un día hermoso de primavera, aunque el sol no calentaba del todo. Quieta en su pupitre, hacía dibujos para los carteles; no era una niña muy sociable y no tenia amigas, a nadie a quien contarle esa corriente subterránea de emociones que la tenían exaltada y triste a la vez. Cuando llegò la tarde partió a su casa. Cuando llegó, se sentó en la mesa de la cocina, sin comer siquiera y se quedó ahí, estática, por horas, sin poder llorar. La ropa quedó colgada y tiesa de sol, la comida se cubrió con una dura capa y la plancha esta vez no salió del viejo mueble. Cuando empezó a oscurecer, sintió los gritos de los chicos que iban camino a la plaza, vestidos con sus mejores trapos y moviendo al aire sus plumeros de papel. Esta vez hacían más ruido que de costumbre, pues iban coreando las canciones de Juan Sadé.

Se levantó y fue a la habitación, se sentó en la cama y se desnudó. El reflejo de la luz que venía de la luna toco su piel, y se observó en el espejo del ropero; sus labios rojos y abultados, su mirada de mujer, ya no de niña, sus ojos y su pelo largo y negro bajando por sus pechos erguidos; sacó sus ropas de domingo de un cajón y se vistió en la oscuridad. Salió de casa y enfilo por el pequeño camino de tierra hacia la plaza. A medida que iba caminando, comenzaban a verse las primeras luces y el sentir el ruido de la gente. Unos niños tiraban petardos y encendían estrellitas de luz, y multitudes de personas se agolpaban para acercarse al escenario. Extasiada, observada envuelta de ese ambiente iluminado y festivo, de vendedores ambulantes con sus manzanas confitadas y yo-yos de colores, de malabaristas y magos leyendo las cartas a ilusionados parroquianos. A medida que pasaban los minutos el miedo iba pasando, porque Lulita le tenia miedo a todo; a estar sola tan lejos de casa, aunque solo fueran una cuadras, a la oscuridad, a los perros, al disgusto de su madre cuando volviera a casa. Si, eso era lo que mas temía, aun cuando nunca la había castigado de ninguna forma; el solo pensar en desobedecerla no la dejaba del todo tranquila. Se fue acostumbrando al bullicio, y trato de acercarse lo más que pudo al escenario, hasta que divisó a unas compañeras de curso que se asombraron al verla. Lulita las miró tímida, y en vez de ignorarla, la llamaron sonrientes para que se acercara, y le regalaron un plumero de papel. Los parlantes anunciaron la llegada del artista, y la música empezó a sonar cada vez más fuerte, hasta que Juan Sadè apareció elegante y seductor. Lulita gritaba, y cantaba y reía en medio de cientos de personas, mientras veía al hombre más hermoso de la tierra cantando “Si supieras lo que esperé por ti”. Las emociones eran tantas, risa, llanto, sensación de libertad, todas condensadas en la hora que duró el concierto. En medio de vítores y vises, el cantante dijo adiós al pueblo, prometiendo amarlos y adorarlos para siempre.

La multitud se fue abriendo, y se despidió de sus compañeras como si fueran amigas. Nos vemos en la escuela!!! le gritaron, y Lulita sintió que su vida ya no sería la misma a partir de mañana, que era el día más feliz de su vida, y que nunca lo olvidaría. Se sintió fuerte, tranquila y empezó a caminar entre la multitud cada vez mas dispersa, cuando notò que alguien la seguía de cerca; siguió unos pasos mas sin atreverse a mirar, mientras el miedo se apoderaba de ella imaginando los peligros de la noche. “Lulita” llamó la mujer, y al darse vuelta se encontró con su madre que la miraba; Lulita quiso hablar pero la madre le dijo con la mirada que no era necesario. La miró asombrada, llena de preguntas, pero la madre estaba serena, con un amago de sonrisa en su boca. Y como cuando era domingo, caminaron las dos mujeres tomadas del brazo rumbo a la casa en medio de la noche.

jueves, 22 de abril de 2010

Encuentros

Hace rato que Ana no maneja, así que el tiempo de la oficina a la casa y de la casa a la oficina, aunque sea poco, para leer salva. Por eso un largo fin de semana en la playa, con el último libro de la historia del tío perdido en Usa, es un plan total para degustar en forma lenta su placer nada de culpable. Desde hace mucho que ella lo ama, como escritor por supuesto, y ha leído todo lo que ha escrito. Es unos años menor que ella, cosa que antes no sabía; se lo imaginaba muy joven, pero no, es casi de su generación. Sonríe, es placer lo que le provoca el ocio y la lectura, bajar por la larga escala que lleva de la casa hacia el camino y luego de las rocas a la playa.

Tiende el pareo y moldea la arena con los pies desnudos, acomodando el cojín Doisneau; saca los cigarros y el encendedor, los lentes y los fonos, sintoniza a John Mayer; un ritual de mañanas de niebla, donde apenas se divisa gente, de tardes de veranos añejos y de los que vendrán, con pocas variaciones. Abre el libro y el marca-pàgina está donde terminó de leer la última vez. La azafata esta dando las indicaciones de abrochar los cinturones de seguridad, apagar los celulares, acomodar los asientos y a los pocos minutos siente el vacío bajo sus pies, ese vértigo al despegar el avión de la tierra; mira a la gente que abre sus periódicos, acomodan sus bolsos, hablan en voz baja.

Y lo mira a él; llevan varios viajes juntos; lo acompaña en el intento de transcribir su infancia, de su padre y la desaparición de Carlos; la ultima vez él le mencionó que estaba pensando dejar la historia hasta ahí, “quien soy yo para desenterrar y exponer la vida privada de la familia”; ella toma su mano que sostiene un whisky, y le dice:

- Nadie que se pierde por su voluntad puede ser feliz, Alberto, no es lo que decía tu amiga? de alguna manera es tu historia también. Que genial habría sido haber crecido en Los Angeles, y luego volver a Chile, haber tenido papá y mamà juntos, al menos por un rato, haber tenido vida de cabro chico, todas las películas que viste, los amigos y los juegos, los viajes con el abuelo, y este talento bestial para poner en letras de molde tanto vivido. Sabes que te entiendo, y aunque hay tantas cosas que no se, somos tan iguales en esa soledad pegada a los huesos, ese autismo como lo llamas tu, que no es mas que tiempo que le robamos al mundo para vivir nuestros propios mundos, para escribir, leer y encontrarnos. Tienes que contar esa historia, en una de esas te salvas tú también.

La mira pensativo, emocionado, y se queda pegado mirando la ventanilla del avión, traspasando el aire: “Ana”, la siente, pero esta solo. En el asiento contiguo solo hay un libro, su libro, impreso. Lo abre y cae arena, y un marca-páginas de pluma.

Cuento: Continuidad de los parques, de Julio Cortázar.

martes, 6 de abril de 2010

guata

pensé que estaba en problemas, se me apretó la guata, pero poco, igual poco. igual ha pasado ene tiempo, igual el contacto es repoco, no así el cariño, pero es eso, cariño. cuatro de la mañana, vueltas y vueltas, le ayudo a bb, pero en que, si hay un solo pc como la gente, y esa cosa es en pc, pero no puedo dormir, debería venderlo, pero me darían tres chauchas, igual salva, pero los cables molestan, me apestan, y ahora sin lentes peor, pa tirar el lcd pa adelante, se ven peor. no se, no seria buena idea venderlo, pero igual falta la silla, de esas del homecenter, claro que tendría que pedirla a la pata el auto, sino en micro como, filo. nunca estuve enamorada, no alcanzó, esta claro; yo amo a v., para siempre. solo que es una de las mejores personas que he conocido, y esa sensación de vida en común, de casita feliz, desayunos en cama, los muebles, el auto, era rico. tengo esta teoría cuadradita ahora, tan clara, ojala me acuerde mañana que onda, pa decirle que no es necesario que se case. que sepa que no me desvele por ella, o sea!, igual era tema, la sensación no fue buena, pero no era pa tanto. no había resultado nunca, es loco, no me acuerdo cuando ni porque, pero hace rato que lo supe. esa onda depre de no quererse y el sexo, igual tema. una idea seria hacerle atún con mayo y tomate y choclo pa que se lleve a la u., aunque alomejor solo le gusta con lechuga. total si no se lo lleva que lo deje en el refri. igual salva, o un cheque restoran pa que se compre un buen desayuno, pa que no ande con la guata vacía todo el día. aunque busque no tengo memoria de momentos totales en la cama, solo uno, en la pared de madera, sin la sensación física de cuerpo tocado, o de alma tocada a través del cuerpo, eso total. g. tal vez, pero no me acuerdo, que loco no acordarse de como fue el sexo con otras gentes. sigue tecleando, deben ser como las cinco calculo, ni idea, si prendo la tele me quedo dormida mas rápido. ok, mañana le digo, que me presente a la polola, no altiro, claro, y filo, no me hago mas atado. transparencia, claro que las explicaciones, como que no le interesan.

pd1. gracias macarena por la invitacion
pd2. no se si se pueden poner imagenes, sino, la saco :o)
pd3. que bueno estar aca