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viernes, 29 de abril de 2011

Un año de taller

Hace poco más de una año que empezamos con el taller literario y ciertamente son muchas las razones que me motivan para continuar.

Al principio la dinámica contaba con la presencia de un profesor que nos proponía las tareas y nos corregía y comentaba nuestros escritos. Esta era una buena forma de verificar qué tanto comprendíamos las instrucciones y qué tan bien las aplicábamos.

También participábamos dejando el comentario en el trabajo de nuestros compañeros. Esta dinámica cambió cuando los profesores se retiraron, pero fue un cambio beneficioso. Ahora, aparte del reto de planear la escritura, tenemos el reto de planear una tarea. Ser profesor y alumno al mismo tiempo no es fácil, sin embargo, evitamos la parcialidad permitiendo que todos propongan diversas tareas y cumpliendo con ellas.

Para mí ha sido una experiencia muy grata porque no sólo he tenido un espacio donde practicar, sino que he tenido un espacio para conocer personas que, como yo, se comunican a través de la escritura y están interesadas en mejorarla. Son personas de varios países y esto aporta una riqueza cultural que no podría obtener en un taller literario local.

Además, también está el reto de idear historias nuevas, emocionantes, que se superen con el tiempo, que impacten, que emocionen. Esto hace que con cada tarea la imaginación vuele a niveles insospechados y resulten productos que nunca habría imaginado escribir.

Siento que, aunque no esté al nivel de los más grandes escritores, he mejorado con la práctica. Es emocionante imaginar qué propondrán, qué pensarán mis compañeros y qué puedo escribir que sea sorprendente, novedoso y a la vez claro.

Aunque en algunas ocasiones hemos estado a punto de abandonar, siento que me ha inspirado mucho la presencia de mis compañeras que han estado ahí, siempre comprometidas con esa idea nacida hace ya un año y que espero continúe por mucho más tiempo.

viernes, 1 de abril de 2011

El secreto

Estaba sentada sola en el tren mientras pensaba la vida que había dejado tras de sí. Revolvía su té distraídamente, enfriándolo, sin tomar, sin dejar de revolver. Su mano estaba desconectada de su mente, su mente desconectada de su cuerpo.

Sabía que le tomaría tiempo olvidar su rostro, su sonrisa, sus caricias, su perfume. Pero también sabía que la separación era el único camino. Aquella fotografía que había encontrado, accidentalmente, en su portafolio la había inquietado. Sólo ahí vino a conocer a su hermana gemela, desaparecida hacía tiempo. Y nunca más él le volvió a mencionar el tema. Y ella nunca más volvió a ver la foto.

Ella sabía que había muchos detalles que simplemente estaban fuera de lugar, por ejemplo, las velas que encontró escondidas entre sus cajas de zapatos un día cuando le dio por hacer una limpieza profunda. Supuso que planeaba una noche romántica, pero como dicha noche no llegaba, se empezó a preguntar si no la planearía para otra más.

Sin embargo sus sospechas eran infundadas, simplemente él nunca le dio motivos para sospechar que en su vida había otra. Su trabajo lo consumía por completo. Y los fines de semana, muchas veces tenía que dejarla para ir a la oficina. Claro, ella no era tonta, y algunas veces lo seguía sin que él se diera cuenta. Efectivamente, se dirigía a su oficina, al igual que sus otros compañeros. Y allí se quedaban, hasta tarde. Ella sólo veía entrar y salir a las personas de seguridad y a las personas del aseo. También salían grupos de ejecutivas que al parecer iban a almorzar y luego volvían, pero nunca salía su marido. No había ningún indicio que él tuviera a otra.

Fue por culpa de un clavo que toda la verdad salió a la luz. Una noche tarde, mientras esperaba que su esposo saliera de una de sus interminables reuniones nocturnas, ella decidió entretenerse y hacer arreglos caseros. Decidió colgar un cuadro que pensó se vería bonito en el corredor, pero el martillo parecía no querer obedecerle y golpeó la pared. El clavo saltó, rodó y se cayó por una rendija del suelo de madera. Ella alcanzó a verla y procedió a tratar de abrirla. Se sorprendió que levantara fácilmente y la sorprendió aún más lo que vio. Envueltos en una manta, una serie de DVD’s con carátula blanca. La curiosidad fue bastante, razón por la cual se dirigió a la sala, abrió el mueble que guardaba el gran teatro en casa, con su televisor de alta definición e insertó el primer DVD.

En un primer plano aparecía una oficina. La silla de cuero, el escritorio y alguien rubio amarrado dando la espalda a la cámara. Una mujer entra en escena, sosteniendo una correa y diciendo palabras sugestivas. Está vestida de ejecutiva y camina un poco torpe con tacones altos. Ella pausa el video y piensa de quién podrá ser. Además, parece que antes hubiera visto a esa mujer. Continúa la reproducción del video.

La mujer empieza a quitarse la ropa, y revela una masculinidad escondida y pronta a jugar. Ella se sorprende. ¿qué hace esto en mi casa? ¿quién trajo esto a mi casa?.
El video continúa, otras mujeres entran en escena, Mujeres que poco a poco revelan su masculinidad. A ella se le hacen conocidas, pero no logra identificar. No logra entender.

La estocada final llega cuando revelan la persona misteriosa escondida tras la silla. Una mujer rubia, de mirada clara. La mujer de la foto. La hermana de su esposo. ¡No está muerta! Pausa el video, se acerca al televisor, trata de recordar. Ahí están, cabello rubio, ojos grandes. Con más curiosidad continúa reproduciendo el video.

Los otros hombres disfrazados de mujeres hacen una danza ritual alrededor de la mujer atada a la silla. Poco a poco la desviste y revelan otra masculinidad escondida. Ella salta de la silla. No lo puede creer. ¿Qué está pasando?

De repente, la realidad la golpea como un rayo. Reconoce al grupo de mujeres. Son las ejecutivas que salían de la oficina de su esposo. Obviamente un poco más alocadas, pero definitivamente eran ellas. Pero si eran hombres… eso quería decir que las llegadas tarde, los trabajos de fin de semana, las reuniones con los colegas… ¡no podía ser! Era su imaginación.

Decidió ir a enfrentar a su esposo. ¡No podía ser! Entró a su oficina sin avisar y lo que vio confirmó todo lo que había estado pensando. En la mitad de la oficina se encontraba la mujer rubia, llevaba un vestido traslúcido que dejaba ver toda su masculinidad. Abrió los ojos como platos y trató de musitar palabra, pero estaba petrificado. Ella sólo pudo dar la vuelta e irse de allí.

Tomó el tren que la llevara lo más lejos posible de él. Sentada en su cabina, revolvía el te distraídamente y no pudo evitar dejar aflorar las lágrimas cuando sus ojos se posaron en la pelota y el caballito de madera. Los primeros regalos que compró cuando, horas antes, se enteró de la buena noticia. Aún no sabía el sexo del bebe, pero supuso que no sería problema. Son juguetes que sirven a cualquier niño. Lo más emocionante iba a ser ver la cara del orgulloso papá cuando ella le contara.

domingo, 2 de enero de 2011

Una navidad

Una navidad sucedió y una navidad nos enteramos. Ella lo quería tanto, lo protegía, era incondicional. El también la quería, era su pequeña sombra. Aún mucho después de que crecieron se veía esa complicidad… nunca nos habríamos imaginado.

Pero mejor empiezo por el principio. Yo había ido a visitar a mi abuela, como todas las navidades, puesto que era tradición que todos nos reuniéramos en su casa. Era una vieja casa victoriana, con un porche amplio, techos altos y revestidos en madera. Era una casa muy antigua y muy bella.

Lo mejor de esa casa era el bosquecito que la rodeaba. Cuando mi abuela tuvo a mi mamá, decidió que con seis hijos, la ciudad no sería un buen escenario de crianza. Por esta razón habló con mi abuelo y decidieron venderlo todo y mudarse al campo. Compraron una pequeña hacienda rodeada de un bosque y que colindaba con un pequeño riachuelo que bordeaba la propiedad.

Con mis primos jugábamos mucho al escondite en el bosque. Los adultos nos decían que no nos alejáramos mucho, y trataban de asustarnos con historias de duendes y brujas, pero nosotros teníamos un espíritu aventurero que sólo niños de 10 años pueden tener y el bosque era nuestro territorio inexplorado. Lo que más nos gustaba del bosque eran los misteriosos pinos altos y la piedra grande que hacía las veces de mirador en una de las partes más altas del bosque. Desde allí se podía ver todo el bosque, el pueblo y mucho más allá de las vías de la recién construida línea de tren.

Ese diciembre al que me refiero no fue particularmente agradable. Todos tenían miedo, y con justa razón. Por esos días habían aparecido varias personas asesinadas y se rumoreaba que era culpa de un convicto que había escapado de la prisión de un pueblito cercano. Claro está, los adultos no nos dejaban ir a jugar al bosque, si salíamos debíamos estar acompañados y casi todas las actividades se hacían dentro de la casa.

Fue el 22 de diciembre que a Lorena, la prima mayor, se le ocurrió la idea de fugarnos un ratico mientras los adultos iban al pueblo a comprar varias cosas para la cena navideña. La estadía de tantos días en la casa de la abuela, sin poder salir, nos había acumulado demasiada energía. A pesar que corríamos todo el día por esa vieja casa, la necesidad de libertad, de aire fresco era mucho mayor, por eso no fue muy difícil convencernos que era una buena idea. Como nos dejaron con la tía Mary y el tío Paco (la una estaba vieja y sorda, el segundo se la pasaba todo el día frente a su televisor viendo las carreras de caballos y discutiendo porque en su tiempo los jinetes eran mucho mejores que esos “chiquillos aficionados de hoy en día”) no fue muy difícil salir sin que ellos notaran nuestra ausencia.

Ya dije que Lorena era la mayor. Tenía doce años y era la única hija de mis tíos. Era una de mis primas preferidas porque era una persona con mucha imaginación, nos contaba historias de fantasmas, hadas y duendes, nos enseñaba juegos nuevos y divertidos y siempre sabía mucho más de todo que el resto de nosotros. Era una hermana mayor porque nos protegía a todos, como si fuéramos sus propios hermanos. A pesar que sólo nos veíamos en las vacaciones de diciembre, y en algunas ocasiones en las vacaciones de fin de curso, siempre podíamos hablar con ella como si no hubiera pasado un solo día desde la separación. Lorena tenía una imaginación bastante grande y fue ella quién nos enseñó que podíamos jugar al escondite en el bosque, pretendiendo ser animales fantásticos con nombres propios de un libro de cuentos. Lorena era la reina del lugar y todos la respetábamos porque era una reina justa y buena.

Los segundos al mando eran Louis y su hermano gemelo Leonard, ellos eran dos de los tres hijos de mi tía, viuda de un general del ejército a quién sólo Lorena conoció puesto que murió a los días de que los gemelos nacieran. Ella estaba casada en segundas nupcias con el tío Walter, poeta, músico y escritor, quién nos deleitaba en las frías noches que quedábamos atrapados por las tormentas de nieve. El tercer hermano era tan sólo un bebe, el más joven de la familia, por lo tanto sólo lo veíamos cuando su mamá lo traía en brazos para que la familia lo viera. Louis y Leonard tenían 11 años y eran físicamente grandes, como su difunto padre, por esa razón eran los guerreros de la corte.

Molly era la siguiente en la escala. Molly no era familia propiamente, ella era hija del tío Mick, quién no era hijo de mi abuela, pero ella lo había criado como tal. Con seis hijos, una casa completa y un esposo al que atender, no sé como mi abuela fue capaz de hacerse con otro más. Sin embargo el tío Mick es quién más quería a la abuela, estaba pendiente de ella y la ayudaba con todo. Después de ir a la universidad, el tío Mick se casó con una chica del pueblo y se fue a vivir cerca de la abuela, por esta razón, Molly era la que más conocía el bosque y hacía de guía para todos.

Luego veníamos Camille mi hermana y yo. Yo era mayor que ella, puesto que tenía 8 años y ella 7, y éramos también parte de la tradición de visitar a la abuela en las vacaciones de diciembre. Como éramos los que vivíamos más lejos, los que menos conocíamos los alrededores y los más pequeños del grupo, hacíamos parte del séquito de Lorena. Yo era caballero de la corte y Camille era dama de compañía.

De la corte también hacían parte tres vecinos de la casa de mi abuela. Tom y Julie. Eran casi parte de la familia. Tenían 4 y 10 años respectivamente. Tom era bastante inquieto, pero mi hermana era quien se hacía cargo de él. Julie era la que ponía a pelear a los hermanos gemelos puesto que era muy bella, y ellos siempre querían escoltarla. Había un tercer personaje que aparecía muy de vez en cuando. Se llamaba Rick y era el hermano mayor de Tom. Ambos eran hijos de una pareja que era muy pobre. Rick era bastante dominante y aunque ya trabajaba para ayudar a su familia, a veces venía y jugaba con nosotros. El problema era que siempre terminaba peleando con Lorena. En esa época no entendía por qué ellos siempre peleaban. Lorena era la reina, eso lo sabíamos, pero cuando Rick llegaba, decía que siempre debía haber un rey. Y ahí empezaban las peleas. Varias veces habían llegado a los puños y los gemelos tenían que intervenir para separarlos. Lorena era una persona muy calmada, pero Rick sabía enojarla. Ahora veo las cosas tan claras, pero en esa época yo era sólo un niño y no podía entender muchas cosas.

Ese día salimos todos a jugar y en el camino nos encontramos con Tom y con Julie. Lorena siempre había sentido un cariño muy especial por Tom, al ser el más pequeño, lo llevaba en brazos y siempre lo protegía, más que a todos nosotros. Tom apenas estaba aprendiendo a hablar, y casi nunca entendíamos lo que decía. Lorena era la única que lo entendía, por eso congeniaron tan bien. En fin, ese día salimos a jugar y como siempre, nos adentramos en lo profundo del bosque, hasta la piedra mirador que era el palacio de la reina. Desde allí, mirando hacia la pared de la montaña, alguien empezaría a contar y todos saldríamos corriendo a escondernos. Jugamos un rato al escondite y luego empezamos a jugar al palacio, los guerreros decidieron irse a verificar el perímetro, yo encontré unas tizas olvidadas en un hueco de la roca y empecé a dibujar y decorar el palacio de la reina, dibujaba sobre lo que el hielo dejaba y trazaba figuras que recrearían palacios de cuentos de hadas. Tom se entretuvo jugando con una ardilla que se internó en el bosque y Lorena fue tras él para que no se perdiera o se hiciera daño. Mi hermana estaba jugando con bolas de nieve con Julie y Molly. En este momento pienso que si tan sólo no nos hubiéramos separado, nada de aquello habría pasado. Pero el destino es incierto y las cosas pasan más rápido de lo que uno planea, completamente fuera de nuestro control.
En mi mente todo parece haber pasado en menos de unos minutos, pero sé que fueron unas dos horas mientras terminaba de dibujar cuando empecé a notar la prolongada ausencia de Lorena. Las niñas habían dejado de tirarse bolas de nieve y se habían entretenido armando un muñeco de nieve. Los gemelos habían llegado hacía una media hora y estaban abriendo una brecha para deslizarnos por una colina que se inclinaba desde la piedra. Poco a poco nos dimos cuenta que Lorena y Tom no regresaban y empezamos a buscarlos.

Creo que pasaron unos cuarenta minutos antes de escuchar ese grito desgarrador y correr en dirección a él. El grito provenía de la parte más espesa del bosque, cerca a una cañada que desembocaba en el río que por allí pasaba. Cuando logramos llegar, encontramos a Lorena blandiendo una rama frente a un señor que nunca habíamos visto, lo había golpeado y el hombre yacía en el piso, semiinconsciente. No entendía que pasaba, pero podía ver a Lorena, con su vestido rasgado, su ropa interior al aire, el cabello lleno de nieve y visiblemente nerviosa. Soltó un grito desgarrador y tortuoso: “Ese hombre me quería violar y acaba de matar a Rick”.

Las siguientes horas pasaron como un sueño. En mis recuerdos sé que en ese momento llegaron más personas, nuestros familiares y vecinos que habían acudido en cuanto escucharon el fuerte grito, que yo pensaba era de Lorena. Al mirar por el barranco, abajo en el río yacía el cuerpo de Rick, desfigurado por la caída. En ese momento sentí que las piernas me flaquearon y alguien me apartó de allí. Rápidamente nos condujeron a la casa, a Lorena se la llevaron para la estación de policía y nosotros fuimos a dormir luego de que nuestros padres se aseguraran que estábamos bien.

Ese 23 de diciembre fue extraño. El ambiente de la casa era de celebración, por la vida de Lorena, pero también había mucha tristeza en el aire. Rick había muerto y cuando Lorena contó la historia a los mayores (los pequeños no estábamos presentes, pero yo me agazapé en la puerta para escuchar) todos tuvieron un fuerte escalofrío.
Mi prima estaba aún saliendo de su estado de shock, tenía varios magullones y un ojo morado, como si la hubieran golpeado. Las heridas de arañazos en sus piernas, las que vi cuando llegué al risco, estaban ocultas bajo sus faldas, pero ella se tocaba, para disminuir el dolor. No entendía qué había pasado, yo sólo era un niño. En ese entonces no comprendía por qué querían hacerle daño a Lorena, era una niña buena, atractiva e inteligente. ¿Quién querría dañar a una persona así?

Lorena estaba jugando con Tom y con la ardilla y no se dio cuenta todo lo que se adentró en el bosque. En un momento dado, Tom salió al claro que se encontraba frente al risco y Lorena corrió para evitar que se fuera a asomar y posiblemente caerse. En ese momento, sintió un empujón por detrás y cuando unas manos le dieron vuelta, vio que un hombre extraño estaba encima de ella y que empezaba a tocarla. Lorena describió la cara del hombre con palabras que, cuando comprendí, me hicieron estremecer: “el hombre tenía una mirada oscura, perdida, sus labios no dejaban de moverse y salivaba como un perro en celo”. En ese momento Lorena empezó a llorar. Entendí que el hombre había logrado arrancar su vestido y había llegado a su ropa interior cuando, de repente, se movió hacia un lado, como si lo hubieran empujado. En ese momento vio a Rick, que se abalanzaba sobre él, y que empezaban a forcejear. Lorena sólo atinó a agarrar a Tom y una rama de un árbol. Rick intentaba golpear al hombre, pero en un momento dado, el hombre, mucho más fuerte, lo alzó por el costado y la pierna, y lo lanzo hacia el abismo. Ahí me di cuenta que el grito había sido de Rick, no de Lorena. Lorena entonces blandió una rama y aprovechando que el hombre se hallaba un poco distraído, lo golpeó, dejándolo inconsciente, fue cuando nosotros llegamos y el resto era historia. Lorena no dejaba de llorar y decir: “Pobre Rick, yo siempre lo traté mal y él me ayudó cuando más lo necesité ¿Por qué tuvo que morir por mí?”

El hombre había sido identificado como el asesino convicto que se había escapado. Las autoridades lo condenaron a muerte por el asesinato de Rick, y de varias otras personas y lo mataron el mismo 23 de diciembre.

Esa navidad pasamos en casa de la abuela, agradecidos porque Lorena estuviera viva pero al mismo tiempo apesadumbrados por la muerte de Rick. Como Lorena era hija única sus padres casi siempre la complacían en todo, aún más después de sobrevivir a semejante ataque. Ella pidió quedarse con Tom, que lo llevaran a la casa y lo criaran como su hermano menor. De esta forma quería retribuir a los padres de Rick la pérdida de su hijo. Los padres de Lorena estaban un poco reticentes al principio, pero viendo las buenas intenciones de su hija, accedieron rápidamente a complacerla. Los padres de Tom no opusieron resistencia. Esa familia le daría a su hijo lo que ellos no podrían darles, y además recibirían una renta mensual. Podría decirse que finalmente fue una buena navidad.

Los años pasaron y fuimos creciendo. Aún continuábamos reuniéndonos en la casa de la abuela las navidades, pero evitábamos hablar de lo que había pasado esa navidad. Lorena y Tom eran más cercanos que nunca, sin embargo, pronto notaron que Tom tenía un problema más profundo: había perdido la facultad de hablar. Los años pasaban y Tom no hablaba, lo llevaron donde todos los médicos posibles, le hacían todas las terapias propuestas, pero Tom simplemente no hablaba. Los psiquiatras determinaron que el impacto de ver a su hermano morir de forma violenta había causado la inhibición de sus centros de habla. Sin embargo, decían, menos mal encontró una familia amorosa y una hermana mayor que lo adoraba, puesto que el shock se habría podido extender, causarle depresión extrema e incluso, matarlo. Cada vez que estas palabras se pronunciaban, Lorena se estremecía y abrazaba a Tom con mucha fuerza. El a su vez la correspondía.

Ellos tenían una relación muy bonita, Lorena era su guía y él su sombra. Siempre andaban juntos, Lorena siempre le contaba cuentos en las noches y le susurraba algo al oído. Tom abría los ojos gigantes y la abrazaba. Luego se dormía. Sin embargo, Tom no hablaba. Nunca se separaba de Lorena, no compartía con más nadie que no fuera ella. Todos los veíamos y hablábamos de una unidad entre hermanos bastante peculiar. Sin embargo, entre más pasaba el tiempo, era evidente que ninguno de los dos se despegaba del otro. Lorena casi no tenía amigos, Tom tampoco tenía amigos. Sólo eran ellos dos juntos contra el mundo.

Casi 20 años después de los sucesos nos volvimos a reunir. Esta vez fue para asistir al funeral de la abuela. Ya nuestros tíos eran personas mayores. La tercera generación, es decir nosotros, ya éramos adultos casados, con hijos, con trabajos y con responsabilidades. En el transcurso de estos años yo había conservado el contacto con todos mis primos, ya hombres y mujeres adultos con familia, incluso con Julie, quien siguió siendo amiga de mi hermana y asistieron a la misma universidad. Con todos excepto con Lorena, a quien ninguno había vuelto a ver desde que ella cumplió los quince años cuando sus padres murieron y a ella y a Tom los adoptaron unos familiares por el lado de su padre.

Uno por uno todos fueron llegando. La última en llegar fue Lorena y me impactó mucho verla, hacía casi 15 años que no la veía y estaba convertida en una mujer muy atractiva. Más atrás de ella venía Tom, todo un joven de 24 años, aún seguía mudo y seguía tras Lorena. Sin embargo, esta vez, la relación era mucho más extraña. Lorena estaba mucho más imponente, mucho menos dulce de lo que la recordaba. Ahora bebía y estaba constantemente de mal humor. Tom iba tras ella, se notaba cansado y fatigado. Sin embargo, el ritual de los cuentos por la noche, el susurro en el oído, los ojos grandes, el abrazo y las buenas noches no había muerto. Esa fue la última vez que vi a Lorena y a Tom.

Unos años después de la muerte de la abuela, un 23 de diciembre, llegaba a casa con mis hijos, después de un paseo en trineo por el parque y mi esposa salió bastante agitada. Me dijo que tenía una gran visita esperándome en la sala. Me dirigí hacia allí y mi sorpresa fue grande al ver a Molly, a Julie, a los gemelos y a mi hermana, todos reunidos en la sala. Nos abrazamos mucho y a pesar de mi felicidad por compartir con mi familia, pronto noté en sus ojos un dejo de tristeza y temor. Mi esposa nos trajo café y bizcochos y enviamos a los niños a jugar afuera. Louis tomó la palabra y lo que contó me dejó frío.

“Ayer 22 de diciembre pasó algo terrible. Lorena murió a manos de Tom, y éste se suicidó después. Al parecer él tomó un cuchillo de la cocina y se abalanzó sobre ella degollándola. Luego subió a su habitación, escribió algo en unas hojas, se desfiguró la cara y luego se enterró el cuchillo en su corazón”
Mi mente no dejaba de girar y miles de preguntas se agolpaban allí ¿Por qué? ¿Qué pasó con esa relación tan unida? ¿Están seguros? ¿Qué escribió? Por sola respuesta me pasaron unas hojas, manchadas de sangre, que los policías entregaron a mis primos cuando hicieron las pesquisas. Las hojas exhibían una escritura infantil, temblorosa y manchada de sangre y algo que parecía ser agua, lágrimas de Tom mientras lo escribió.

Mi voz me impide comunicarme y contar al mundo el sufrimiento en el que vivo. Hoy, 22 de diciembre de 19**, en el aniversario número 24 de la muerte de mi hermano Rick, quiero por fin contar la verdadera historia. Para ello tuve que eliminar mi mayor impedimento. Pero no me arrepiento. La quise mucho, mucho más de lo que nadie se ha imaginado, porque sé que Lorena actuó bien cuando hizo lo que hizo. Pero no puedo vivir bajo su yugo mucho más tiempo. Siento que ambos hemos enloquecido, y sólo la muerte será nuestra liberación, limpiará su consciencia y yo la acompañaré.
Lorena no es la persona que todos creyeron que era. Ella es la responsable de la muerte de Rick. Yo era muy niño, pero lo vi todo, y ella lo sabe. Ella estaba ese día en el risco, jugando conmigo, cuando mi hermano Rick apareció. Rick era una buena persona, y Lorena le gustaba mucho. Recuerdo que empezaron a hablar, y pronto la conversación se tornó violenta. Rick empujó a Lorena al piso y rasgó su vestido. Pensé que jugaban y me iba a unir a su juego cuando Lorena se lo quitó de encima y empezó a pegarle. Rick le pegó también, pero Lorena logro acorralarlo frente al risco y lo empujó. Del bosque salió un hombre que había escuchado todo. Le dijo algo a Lorena, pero ella lo golpeó con una rama y lo dejó inconsciente. Luego llegaron los primos y Lorena les dijo que el hombre había matado a Rick y ella le había golpeado para evitar que me hicieran daño.

Lorena siempre fue cariñosa conmigo y por mucho tiempo no entendí qué había pasado. Un día me llevaron a su casa, me dieron juguetes y se convirtió en mi hermana mayor. Yo estaba feliz. Poco tiempo después, sin embargo, le pregunté a Lorena sobre la versión que yo recordaba de los hechos. Lorena entonces me miró con ojos como poseídos y me dijo que nunca más podía volver a recordar aquello, que si decía una sola palabra a alguien, ella me mataría tal y como había matado a mi hermano. Luego me abrazaba, me contaba un cuento y yo enseguida volvía a dormir. Esto se ha repetido todas las noches desde que tengo 5 años. Lorena se acerca a mi cama, me cuenta un cuento y antes de irse, me susurra en el oído que si hablo, me mata como mató a mi hermano. Luego me abraza y me duermo.

No resisto más, hoy es el aniversario de la muerte de mi hermano, Lorena ha estado bebiendo estos últimos años y está mucho más cruel de lo normal. Hoy pensó que la estaba viendo cuando salía de darse su baño. Me dijo que era un cerdo violador tal y como lo fue mi hermano. Que también era retrasado. Mi Lorena, es buena persona cuando no bebe, cuando olvida todo aquello. Pero creo que mi cara le recuerda a mi hermano. Hoy no aguanto más. Ella me dio una vida agradable, pero no resisto su voz chillona cuando me dice que me va a matar. Hoy le retribuí su gran favor, la liberé de su cuerpo, de su mente enferma y pronto me uniré a ella, en ese lugar donde sólo hay amor, alegría
.

Una navidad sucedió, una navidad nos enteramos. Ella su protectora y torturadora. Él su seguidor y su justiciero.

domingo, 17 de octubre de 2010

La despedida

Día soleado, día de estrellas,
noches blancas, luna llena
el pasto mojado, rocío mañanero,
la brisa fresca soplando en el cielo
sin embargo mi alma, sufre una afrenta
cual pequeño velero en plena tormenta

Esta carta honesta, a ti dirigida
contiene en sus versos mi despedida
no la firmaré porque tu posición debe ser cuidada
y si la sociedad se entera mi alma se verá quebrada

Párrafos cortos, letra menuda,
pequeños dibujos que esconden la duda
estilo ligero, triste por demás,
una que otra lagrima cayendo al compás
espero que me oigas, espero que entiendas
que la decisión hoy tomada, no permite arengas

Fueron noches hermosas las que pasé a tu lado
disfruté la brisa y el calor del verano
las noches de invierno fueron aún más bellas
el calor de tu cuerpo ocultaba las centellas

Pero de esos momentos de amor y pasión
quedó como resultado una terrible adicción
a ti, a tus besos, a tu piel como fruto
y en mi vientre, hoy, un creciente tributo.

Ambos sabemos que el fruto de nuestro amor
en este mundo cruel no tendría perdón
sufriría el yugo de los hijos rechazados
porque sus progenitores no eran aceptados
por eso hoy, mi decisión prima
y mi amor por ti me lleva a la cima
de un terrible pico de dolor y tensión
pero lo prefiero antes que tu dimisión.

Unas cuantas pastillas, un poco de alcohol
quizás un veneno calme esta desazón
sólo espero comprendas, ni siquiera que perdones
porque me llevo conmigo parte de tus dones
y aunque quizás tú ni te des cuenta
sé que mi alma quedará contenta

Recuerda que siempre contigo estaré
desde allí donde estemos de ti cuidaré
nos vamos hoy, pero no te olvidaremos
tú continúa con tu vida de sueños supremos
y algún día, cuando a nosotros te unas
recuerda que un amor no muere en la bruma
permanece por siempre, aún en la eternidad
porque en este mundo, no permiten la verdad

domingo, 10 de octubre de 2010

Una limpieza difícil

Se ha hablado de todo tipo de fantasmas, los que habitan en las casas, los que habitan en los lugares baldíos, los que se pegan a los seres humanos y le roban las energías (creo que les llaman vampiros), en fin, si hablamos del reino sobrenatural, las manifestaciones demoníacas son muchas.

Sin embargo, la historia que me pasó hace poco supera todas las expectativas. Si mal no tenía entendido, un ente sobrenatural se encuentra más que todo en lugares viejos, decrépitos y con mucha historia de actividad paranormal. No en vano las historias que nos asustaban de pequeños tenían lugar en casas antiguas, en terrenos extraños, en noches oscuras de tormentas. Por eso al principio no pensé que a mí me estuviera pasando algo sobrenatural, pero este ente que me persiguió estaba en mi computador

Sí, así como lo escuchan. Yo pensé que era algún virus de computadora, de esos que te vuelven la vida cuadritos. Pero llegó un punto en el que lo que hacía era demasiado extraño para un virus, y cuando pasó al plano real, mi imprudencia casi me mata.

Mejor empiezo por el principio. A mí me gustaba mucho andar visitando esas páginas que contaban historias de terror y que hablaban de brujería, satanismo, demonios, y otras cosas paranormales. Mi hobbie era quedarme hasta tarde leyendo, viendo videos y escuchando esas grabaciones que llaman psicofonías. Era completamente adicta a dichos sitios y mi imaginación volaba con ellos.

Ya mi abuela me lo había advertido, que me dejara de esas cosas, que lo que estaba haciendo era abrir una puerta para que los del reino de los indeseables entraran, y que esa limpieza era muy difícil. Yo me ría de ella: - Ay abuela, estamos hablando de tecnología, de cosas que usted no entiende. Antes si se podía temer porque los muertos quedaban atrapados en lugares físicos y la gente iba a molestarlos, pero aquí lo que estoy viendo es como una especie de biblioteca virtual, no hay ningún peligro – Y yo seguía terca, adicta a esta información.

Una tarde que llegué temprano del colegio, que estaba sola en la casa, me fui derecho a mi computador a seguir mi investigación paranormal. Había encontrado una página en la cual se encontraban varias psicofonías grabadas en casas embrujadas, en cementerios y hasta una en la habitación de un bebe. Estaba concentrada escuchando cuando mi mirada se posó sobre uno de los links de esa página, que decía “psicofonía de limpieza virtual”, inmediatamente di clic sobre ella. Al instante me salió una ventana con un aviso: “Usted entra a este sitio bajo su propia cuenta y riesgo, si usted es una persona sensible le recomendamos salir inmediatamente”.

Me reí de la ingenuidad de quienes advertían, ¿qué peligro podía haber en escuchar una psicofonía? Sin embargo, la prohibición hizo que mi curiosidad se disparara, y haciendo caso omiso entré. Al principio no pasó nada, luego me pidió confirmación para bajar un archivo que guardé en mi disco para poder borrarlo después. Era una grabación y con mucha expectativa le di play. Escuché un pequeño rasguño, una respiración y una voz que decía… hola… todo en menos de veinte segundos.

Me sentí decepcionada porque esperaba más de semejante introducción, sin embargo sabía que había gente payasa en Internet que trataba de hacerle dar susto a los otros, pero lo que hacían era que uno perdiera el tiempo.

Cerré dicha página y me concentré en hacer mis tareas. Debía empezar a escribir sobre los hechos de la segunda guerra mundial, pero no me lograba concentrar. Aún tenía rabia por haberme ilusionado tontamente. Empecé a escribir cuando empecé a notar que mi Mouse se movía, no el ratón sino el puntero. Pensé que había dejado mal puesto y lo moví. Volvió a la normalidad. Luego empezó a titilar mi pantalla, como si quisiera apagarse. La golpeé un poco y se arregló. Al rato el computador se apagó, intenté con ctrl + alt + supr cuando la pantalla se puso verde, y lentamente una figura fue tomando forma en la pantalla. Repentinamente la figura se transformó en una cara, parecía una máscara, con los ojos cerrados. Yo estaba paralizada, no me podía mover, no podía ni reaccionar. Esa cara me tenía hipnotizada. Repentinamente, la cara empezó a abrir los ojos, y en ese momento recuperé fuerzas y salí corriendo de mi cuarto. En el pasillo me encontré con mí a abuela que había acabado de entrar. Sintiendo mi agitación me preguntó qué había pasado. Casi sin voz le dije que había algo raro en mi computadora. Entramos juntas y yo casi con los ojos cerrados, sin embargo, mi computador estaba encendido como de costumbre con mi tarea abierta.

Mi abuela me regañó porque seguro me había quedado dormida y había tenido una pesadilla. Me regañó otra vez por estar viendo páginas de fantasmas y me advirtió que el reino sobrenatural no respeta tecnologías ni fronteras: “Todos somos energía, y tu preciosa tecnología una mucha energía, seguro estas abriéndole la puerta a algo que no quieres tener aquí”.

Me quedé pensando en lo que me dijo mi abuela, sin embargo, me sentí tonta. Revisé la computadora pero no encontré nada extraño. Apagué y me fui a dormir. La tarea la terminaría después.

Me dormí inmediatamente, sin embargo, ya avanzada la noche sentí un rasguño cerca de la cabecera de mi cama. No quise abrir los ojos, porque pensé que seguro iba a pasar, cuando al momento siguiente, escuché una leve respiración. Pensé que era mi imaginación que me estaba jugando una mala pasada, sin embargo me quedé absolutamente quieta. Era verdad, sentía una presencia al lado de mi cama, alguien estaba rasguñando la cabecera de la cama y respiraba lentamente. Traté de no moverme, de no dar a entender que estaba plenamente consciente, pero la entidad presintió mi cambio, y sentí que alguien o algo se sentó en mi cama. Con los ojos aún cerrados me levanté, me enredé en las cobijas y caí al piso. Comencé a gritar cuando sentí que un par de manos me agarraba la espalda y me volteaban. Abrí los ojos y de golpe vi a mi abuela con cara de preocupación. Estaba bastante asustada y me preguntaba qué me pasaba. Sólo pude abrazarla y entre llantos le conté lo que me había pasado. Ella me dijo que me había escuchado hablar, y al abrir la puerta estaba en el piso gritando. Esa noche me pasé al cuarto de ella porque no quería volver al mío.

Al día siguiente me sentí tonta, y pensé que me había dejado llevar demasiado por mi imaginación. Sin embargo evité mi habitación por un buen rato. En la tarde ya no encontraba nada que hacer y decidí volver a mi computadora. Prendí y entré a internet, de repente me saltó un vínculo que decía "Detalles de limpieza", y aparecía mi cara. Me asusté, pero la curiosidad pudo más. Hice clic en vínculo y abrió un video. Era mi cuarto, la noche pasada, visto desde arriba, como si una cámara colgara del techo, allí estaba yo dormida, y había alguien a mi lado, que me observaba. De repente yo me levantaba y salía corriendo y el ente me perseguía, yo me tropezaba y luego caía y ya el ente se desaparecía. En ese momento aparecía mi abuela y me agarraba. Muy asustada bajé corriendo a decirle a mi abuela que viera el video, pero cuando llegamos a la computadora, ya el link redirigía a una página no encontrada.

Mi abuela ya estaba preocupada, me decía que dejara de entrar a esas páginas porque me estaba buscando un peligro serio. Por ese día le hice caso, pero tenía miedo que en la noche me fuera a pasar algo parecido. Así que decidí irme a dormir con mi abuela.

A media noche desperté de repente, un ruido… venía de mi habitación. Mi abuela dormía profundamente así que no la quise despertar, pero con el corazón en la mano me dirigí a mi cuarto. Abrí la puerta, y vi que mi computadora estaba encendida. Me acerqué a ver qué me quería mostrar y vi en la pantalla otra cara, diferente a la que había visto hacía dos noches. Esta me miraba fijamente, y aunque por mi garganta subía un grito, mis labios no lo dejaron salir. Me acerqué firmemente a la pantalla y confronté a lo que fuera que me estaba mirando. Sin embargo, mientras me acercaba iba notando algo extrañamente familiar en esa mirada. Me recordaba a alguien, sólo que no lo lograba ubicar. Me acerqué aún más, y estiré la mano para apagar la pantalla cuando sentí un calambre por todo mi cuerpo y perdí la consciencia.

Al rato desperté en mi cama, y no me podía levantar. Abrí los ojos y vi la misma persona que me miraba desde la pantalla, pero esta vez frente a mi cama. Intenté moverme pero no pude, intenté gritar pero tampoco logré pronunciar sonido. El ente empezó a rondar mi cama y yo sólo atinaba a mirarlo. A pesar que tenía miedo, sólo lograba preguntarme quién era y qué quería. Su cara me era muy familiar, esos ojos grandes y grises, cómo los míos. La forma de la nariz, la curvatura de la boca. ¿Sería posible? Inmediatamente, como si el ente supiera lo que yo estaba pensando, me dirigió la mirada y se empezó a acercar a mí. Mi corazón empezó a latir muy rápido y en un momento dado, alcancé a levantarme de la cama y corrí hacia la habitación de mi abuela. Ella no estaba en su habitación, pero antes de salir divisé que bajo de su cama había un computador portátil, uno que nunca antes había visto. La curiosidad se apoderó de mí y tomé el computador en mis manos, estaba encendido y tenía un archivo conocido, aquella psicofonía que había escuchado días atrás. Vi que tenía varios videos también, de aquella figura que rodeaba mi cama mientras bailaba de una forma extraña, como describiendo un ritual, como si luchara con el aire. Casi todos los videos tenían el mismo contenido, y en ellos yo estaba profundamente dormida.

Repentinamente caí en cuenta, la segunda cara que había visto era la de mi abuela, pero mucho más rejuvenecida. Me dirigí otra vez a mi cuarto y allá la encontré, tenía los ojos grises muy abiertos, y luchaba con el aire. O eso me pareció. Lentamente otra figura fue tomando forma dentro de mi cuarto, la máscara que había visto en mi computadora la primera noche. Esos ojos que me miraron con tanta profundidad. Mi abuela seguía en su lucha y yo paralizada no sabía qué hacer. Lentamente todo se fue poniendo negro y perdí otra vez la consciencia.

Ya sé que no vuelvo a meterme en esas páginas paranormales, ya mi abuela me lo había advertido. Ella me había dicho que esa limpieza era difícil, todas las noches ella debía limpiar y sacar a todos los entes que yo dejaba entrar. Y lo peor es que nunca se sabe cuándo puede quedar uno por ahí en algún archivo, en alguna carpeta oculta…

sábado, 18 de septiembre de 2010

La eterna primavera

Nunca entendió porqué le decían la ciudad de la eterna primavera, hasta que salió de ella.

En aquel pueblito norteño casi se congela. El frío era tan extremo que la mantenía dormida, las precauciones eran máximas debido a que un olvido de guantes, gorros o bufanda, un hueco en su ropa térmica y tenía una pulmonía asegurada.

En el desierto casi se ahoga. El calor abrasante impedía pensar con claridad, se mantenía fatigada, con sed y desesperada. El clima seco y caliente era simplemente insoportable.

En aquella ciudad se sentía plena, no hacía mucho frío ni mucho calor, el clima era sencillamente fresco. La ciudad era hermosa, lo que ayudaba más a la ilusión de encontrarse en un pequeño paraíso en una tierra virgen, inexplorada.

Los árboles verdes daban un aroma natural que la rápida urbanización no lograba opacar. El cielo siempre se mantenía claro, aun cuando llovía, y lo más frío que podría estar se solucionaba con un simple saco, y en casos extremos, una bufanda.

Sí, era cierto que, en otros lugares del mundo, los otoños son espectaculares y que los veranos son deliciosos, pero en este pequeño rincón del mundo donde estaba su vida, la eterna primavera daba la sensación de calidez y confort que ningún otro lugar del planeta puede proporcionar.

Las montañas también daban una extraña sensación de seguridad. Esos gigantes verdes rodeaban la ciudad como un fuerte, cobijando a sus habitantes y brindándoles un pequeño refugio contra las fuertes embestidas de los vientos oceánicos que devastaban la mayor parte del país.

Clima fresco, viento suave, montañas verdes, cielo azul, aroma a café. Esta es la eterna primavera y allí vive feliz.

viernes, 27 de agosto de 2010

Larga vida al rey



La coronación tuvo lugar en la pequeña capilla de Notre Mère de la Paix. Fue un momento emocionante, cuando el padre ponía la corona en su cabeza, la corona real. Siempre supo que este era su destino: tenía ahora un reino que gobernar, unos vasallos con quienes contar, muchos planes de expansión del reino que su padre le había dejado y que él incrementaría para sus hijos.

También tenía enemigos, enemigos peligrosos, hombres y mujeres que se habían visto impactados cuando las reformas habían puesto de relieve los negocios oscuros que desangraban el tesoro real. Pero no le importaba, sabía que iba a prosperar, sabía que lo que su padre había construido (antes una tierra inhóspita, hoy el centro del mundo) debía perdurar. En su corazón estaba el sentido del deber y ahora la corona en su cabeza le otorgaba el poder.

Sin embargo, ese poder se le otorgaba en un momento de bastante inestabilidad. Se enfrentaba a una corte agitada por intrigas y complots. Se enfrentaba a un reino hambriento que reclamaba justicia. No sabía en quien podía confiar puesto que su propia familia estaba divida entre continuar las tradiciones y morir en el intento, o reformar el reino y seguir hacia un futuro incierto, a un futuro donde quizás ya no haya un reino.

Todo esto lo pensaba mientras se dirigía hacia el atrio principal a saludar a su pueblo. Pasos cortos y firmes, lentos pero seguros. La emoción era tan intensa que empezó a sentir que su corazón se aceleraba, sudaba frío, temblaba. En su cabeza tenía la voz de su padre: "en todo momento debes mantener el porte de un Rey" por lo cual siguió caminando erguido, sin prestarle atención al dolor que empezaba a subirle por el pecho.

Ya faltaba poco para llegar al atrio, afuera escuchaba la voz de su prefecto que lo anunciaba y los gritos de su pueblo que lo aclamaban. De repente una luz brillante cegó sus ojos y luego todo se volvió oscuridad.

Fue el reinado más corto de la historia, el nuevo Rey había muerto de un ataque al corazón aún antes de aparecer frente a su pueblo. Toda la corte agitada clamaba a una sola voz: larga vida al rey.

martes, 10 de agosto de 2010

La niña del lago escondido

Era casi como la leyenda del dorado, excepto que éste lugar era real. Todos los veranos mis amigos y yo íbamos a una casa – campamento en las afueras de nuestra ciudad. Nuestros padres nos enviaban allí para aprender a sobrevivir lejos de ellos, aunque creo que era más bien porque no sabían que hacer con nosotros durante tres meses de vacaciones.

La casa campamento se encontraba ubicada sobre un gran terreno Su mayor atracción era el gran lago frente a los campamentos, pero mis amigos y yo nos adentramos en el bosque y encontramos un pequeño lago rodeado de altos y frondosos árboles. El agua cristalina provenía de una pequeña gruta encerrada por dos grandes rocas. Era nuestro lugar favorito para jugar, porque era privado y porque era hermoso. Allí habíamos construido una casa en uno de los árboles, y amarramos unas lianas con las cuales nos balanceábamos sobre el agua y nos lanzábamos dentro del lago.

Los días se iban en juegos y exploración del lugar. En las noches, encendíamos fogatas y contábamos historias. No recuerdo cuándo fue la primera vez que alguien mencionó la historia de la niña perdida, pero sí recuerdo que me fascinó de inmediato. Una niña perdida en el bosque se ahogó en una cascada muy parecida a nuestra cascada secreta, estaba jugando y no se dio cuenta donde pisó, cayó y se golpeó la cabeza y murió ahogada en el fondo del lago.

A pesar que no le prestábamos atención a esta historia, en las noches sentía una leve opresión en mi pecho cuando pensaba en la niña que se encontraba en el fondo del lago.

Una tarde, mientras tomábamos un descanso de la maratón inicial de juegos, decidí ir a pasear por el campamento. Estaba triste porque extrañaba a mis padres, pero sentía algo más, un impulso que me guiaba firmemente hacia algún lugar específico. No me resistí y me dejé llevar, pronto me encontré mirando fijamente nuestra cascada secreta, y sentí temor por lo que me había traído hasta allí. Una cosa era estar jugando con mis amigos, otra muy distinta era venir sola luego de escuchar la temible historia.

Permanecí allí otro rato más, hasta que al fin sentí la corneta que nos llamaba para la cena. Empecé a regresar al campamento cuando una suave voz me detuvo. Me devolví y vi a una niña, de más o menos mi edad, mirándome con ojos grandes y asustados. Corrí lo más rápido que pude hacia mi campamento y les conté a mis amigos.
Nadie me creyó, por supuesto, dijeron que había sido mi imaginación. Pero yo sabía lo que había visto ¿o no?

Al fin convencí a mis amigos que me acompañaran otra vez, para mostrarles lo que había visto. Regresamos pero no había nada, aunque sabíamos que si algo iba a aparecer, no aparecería inmediatamente, entonces encendimos la fogata y empezamos a contar historias. Al rato me aburrí y como el chocolate que me estaba comiendo lo derritió el fuego y me había caído en la camisa, decidí acercarme al lago para lavarme.

Cuando me agaché para tocar el agua, repentinamente volví a ver el reflejo de aquel rostro que había visto unas horas antes, pero esta vez, antes de poder gritar, unas poderosas manos me arrastraron hacia el agua. Desesperada luchaba contra esa fuerza que me halaba, esperaba que mis amigos hubieran escuchado la caída, o por lo menos notaran mi ausencia, aunque nadie llegaba a socorrerme.

El tiempo pasaba y me sentía más sofocada, más débil. El impulso de respirar se hacía cada vez más apremiante pero las manos invisibles me mantenían firmemente debajo del agua. En cierto momento mi cuerpo no pudo más, mis pulmones se abrieron por reflejo y el agua empezó a entrar en mi cuerpo. Era una sensación de quemazón, de angustia, de terror. Un momento después, todo quedó negro.

Un rato más tarde abrí los ojos y comprendí que seguía en el fondo del lago. Mirándo la noche estrellada supe que esta vez tampoco saldría. Esos niños que estaban en la orilla no se percataban de mi presencia, pero ellos no eran los amigos que hacía ya años me acompañaban el día que caí en este lago y este árbol, con ramas como manos, me aprisionó tan fuerte que no me dejó salir nunca más.

martes, 13 de julio de 2010

La carta

Hoy te recuerdo como el primer día que te vi, tan joven y bella. Me impactó tu sonrisa y tu mirada. Todo tu ser estaba tan lleno de luz que por primera vez sentí que mi vida tenía un propósito, y que tu serías el motor de mis acciones.

Recuerdo la primera vez que te tuve en mis brazos, estabas tan cálida y confortable. Sólo podía besarte y admirarte, tu mano en mi mano me hacía creer que sería así por siempre. Mi corazón estallaba de alegría. Juro que nunca había sentido algo así.
Juré que nunca te iba a perder, que te protegería con todo mi ser, que mi vida entera la dedicaría a preservar esa pureza que para algunos pasaba desapercibida, pero para mí era un faro de luz en la oscuridad.

Ya había perdido a una mujer a quien había amado, pero juré que ese amor lo duplicaría, y te haría tan o más feliz de lo que la hice a ella.

Han sido unos años maravillosos a tu lado, me encantó todo lo que me enseñaste, me hiciste sentir vivo, joven, le diste sentido a mi vida. Estuve ahí para ver tus alegrías y tus tristezas, y tú estuviste también allí para compartir todos los momentos en mi vida.

Estaba tan orgulloso de que fueras mía, que no vi el paso del tiempo ni como ibas cambiando. Aquella mujer que tanto me complacía, para quien yo era su todo, se fue transformando en una extraña. No sé si era la situación... o quizás yo cambié también. Pero nuestras vidas se separaron y mi corazón roto, llorando tu silencio, esperaba que notaras que yo siempre iba a estar allí para ti.

Poco a poco regresaste, pero ya no era lo mismo. Ahora tenías nuevas ideas y sentimientos, querías ir a buscar otra vida. De repente tu mundo se abrió hacia otras nuevas posibilidades, y a pesar de mi dolor, mi amor por ti me dijo que tenía que dejarte ir.

Regresaste y mi corazón se colmó de alegría. Pero no regresaste por mí. En esa búsqueda encontraste al hombre ideal, al amor de tu vida, ese que ahora será tu vida y tú felicidad... y no puedo más que alegrarme de tu destino.

Hija mía, hoy en el día de tu matrimonio, quiero expresarte cuánto te amo, cuán importante eres para mí y cómo esa manito, que algún día buscó la mía con desesperación, con el temor a lo desconocido en un mundo extraño, sin la plena consciencia pero el temprano presentimiento que sólo seríamos dos, es ahora la mano que entrego a quien elegiste como tu compañero de vida, rogando a Dios que sea el hombre que pueda darte toda la felicidad que te mereces.

Sin embargo, la vida está llena de sorpresas, por eso siempre debes recordar que no importa que tan lejos vaya esa manito, nunca se sentirá sola ni desprotegida, porque aquí te ofrezco la mía, férrea y firme como un roble ante el paso del tiempo, para seguir dándote todo el amor que hay en mí para ti.

sábado, 5 de junio de 2010

La que nunca falla

Me da miedo acercarme y decirle lo que siento. Ella me puede rechazar, no nos conocemos hace mucho, pero estoy impactado con su personalidad, es diferente a las otras chicas, no le da miedo hablar lo que piensa, es muy inteligente, es bonita (bah, está muy buena), creo que está soltera, pero a fin de cuentas eso no importa mucho, si ella me quiere, vendrá a mí.

Es difícil cuando estoy con ella, no sé que hacer, la treta de hacerme el difícil no funciona con ella, y me da miedo perderla. Ella no sabe lo que siento, pero tampoco se lo voy a decir, tengo que esperar a ver si ella muestra alguna señal... después me pasa lo que dicen por ahí "el que muestra el hambre se queda sin comer"

Aghh me acuerdo de mi madre, intentando enseñarme modales y ser caballero con las damas... eso no funciona del todo. Ayuda un poco, claro está, pero no logro impresionarla mucho más... una vez leí en su blog que ella odia las flores y los chocolates... menos mal porque que pereza comprar eso también, pero no sé con qué impresionarla.

No es que piense en ella todo el rato, no soy como esos de las novelitas que son machos por fuera y florecitas por dentro, pero sí me ocupo gran parte del tiempo en imaginármela, ese cuerpo, esa boca...en fin, no sigo porque me tocará ducharme con agua fría y ya tengo una reunión, pero esa mujer es increíble.

Seguro también es una de esas que se hacen la fuerte por fuera pero están necesitadas por dentro, quieren un hombre fuerte en sus vidas...

En fin, será invitarla a tomar algo, esa nunca falla.

sábado, 29 de mayo de 2010

La pared de silencio

Ese día todos lo ignoraban. Estaban tristes, sabían lo que él había hecho y no se lo perdonaban, pero tenía que explicarles. Intentó acercarse a su hermana, pero lo ignoró y se encerró en su habitación a llorar. Su hermano estaba en el comedor con los ojos rojos y la mirada ausente, tampoco le prestó atención. Sus padres se hallaban en la sala de estar, su madre estaba bajo calmantes, porque la noticia había sido muy impactante. No se le podía hablar tampoco. Su padre miraba alternamente el fuego de la chimenea y a su esposa, él en el marco de la puerta intentó explicarles, pero sólo recibió una pared de silencio.

Muy triste decidió irse de la casa, para siempre, pero antes escribió una carta explicando desde su punto de vista lo que había sucedido. La dejó en la mesita del recibidor, junto a la esquela que decía: "La Familia Ortiz lamenta el fallecimiento de su hijo..."

domingo, 9 de mayo de 2010

En la mente de un hombre

Samir era un niño grande... o eso es lo que todos creían. Toda su vida había vivido en una comunidad conservadora y muy tradicional, sin embargo, las miles de imposiciones que su entorno le imponían no lograban mitigar ese espíritu rebelde que quería cabalgar libre, lejos de todo aquel encierro en el que vive.

A Samir le gustaba hablar con la gente, conocer su modo de vida, sus creencias, sus costumbres, sus peculiaridades, su familia creía que está bien siempre y cuando no perdiera su pureza y su castidad.

El no entendía el porqué de tantas restricciones: había restricciones para la vestimenta, para la comida, para las relaciones sociales, para la risa... para el amor. Sí, Samir soñaba algún día encontrar a alguien a quien amar, no alguien que sus padres le obliguen a amar, y aunque en la comunidad donde vivía esto sería motivo suficiente para ser exiliado a él no le interesaba, era joven y no le daba miedo el trabajo pesado, sabía que iba a estar bien.

Conoció a Luna en una reunión de trabajo, era una chica bastante diferente, no le importaba el que dirán ni las imposiciones sociales, era inteligente, bonita e independiente: hechizó a Samir desde el primer momento. Samir soñaba con ella, su corazón se aceleraba cuando oía su voz, temblaba al verla, suspiraba con solo recordar su nombre. Siempre la miraba en la cafetería cuando ella se acercaba a pedir su café matinal, veía la mirada de sus otros colegas que seguramente pensaban lo mismo que él: esa chica no era nada tradicional, y presentaba un reto. Samir un día decidió tomar cartas en el asunto antes que alguien se le adelantara y le habló.
- Hola, que presentación tan buena la tuya, no sabía que los niveles de ventas habían dado ese vuelco tan terrible, sin embargo lo manejaste muy bien.
- Hola, gracias, vaya, que alegría que alguien lo reconozca ¿cómo te llamas?
- Soy Samir
- Yo soy Luna, ¿quieres tomarte un café conmigo y conversamos más?
- Claro…

El corazón de Samir latió acelerado toda la velada, y al final lo único que podía recordar era sus hermosos ojos y su dulce voz. Esa tarde fue mágica y Samir caminó en nubes de alegría.
La relación se fue consolidando a medida que pasaba el tiempo, de un colegaje amistoso pasó a una amistad más profunda y a una química chispeante. Luna sabía que Samir la encontraba atractiva y poco a poco ella empezó a encontrarlo dulce, a admirar su batalla interna con la rigidez de la comunidad donde él vivía, a verlo atractivo.

Su relación fue un remolino de emociones encontradas, dulzura, deseo, ganas de salir adelante, amistad, complicidad… era lo que ambos sentían cuando estaban juntos. Luna era una mujer vibrante, llena de misterios y de retos. Cada vez que estaban juntos Samir descubría aspectos de la humanidad que pensó eran imposibles o sólo cuentos de hadas. Samir creció con Luna, llegó hasta el cielo y empezó a pensar que quizás estaba en el camino a la libertad que tanto añoraba.

Samir no podía ser más dichoso, pero aún quedaba el pequeño problema que era una relación secreta. Samir no era capaz de decirles a sus padres que había encontrado a la chica de sus sueños, pero que no era alguien de su comunidad, que no era la chica sumisa y tranquila que sus padres querían como nuera. Era una mujer independiente, segura de sí misma, que nunca se sometería a la voluntad de un hombre o a los trabajos de un hogar. Samir se sentía locamente atraído por Luna, y sabía que ella sentía lo mismo por él… ¿será mejor escaparme? ¿dejar todo atrás y partir? Luna lo aceptará sin problemas, ella me quiere... ¿no?... es verdad que de tanto en tanto me reprocha mi falta de carácter en cuanto a nuestra relación, y si consiente en esconderla es por el bien del trabajo de ambos, pero ¿sería diferente si trabajáramos en distintos lugares?... al fin de cuentas ella es una chica independiente y conoce mucho más del mundo que yo… la verdad es que me asusta, ¿qué le puedo ofrecer yo? gano menos que ella, no soy tan abierto como ella, quiero casarme y tener una vida tranquila, ella quiere mucho más que eso… además, ¿qué va a pasar si nos casamos? Yo quiero llegar del trabajo y que mi esposa me espere con la casa limpia, una rica cena y la mejor de las sonrisas, Luna no sabe cocinar, le aterra quedarse en la casa y siempre quiere explorar y conocer el mundo, Luna no me necesita, soy sólo su compañero ¿qué tal que tenga más compañeros y yo no sepa?... ¿será que mis padres tienen razón? Si les presento a Luna no la van a querer, y me voy a meter en problemas, además mi madre ya me tiene unas cuantas candidatas para esposa, chicas tradicionales, pero Luna me gusta mucho… con ella tendría la posibilidad de salir de aquí, claro que eso significaría perder todo lo que conozco... ¿y que tal que un día, estando lejos de aquí ella conozca a alguien mejor y se vaya?... no tendré a donde regresar... perderlo todo por un sueño de juventud...

Samir se casó con Nadita, una mujer que sus padres eligieron como esposa y no se puede quejar, Nadita es una esposa cariñosa y tradicional, se hace cargo de la casa, atiende a los niños, le espera con la cena caliente y cumple sus deberes maritales sin chistar. Nadita es la esposa perfecta para Samir porque ella depende de él, lo hace sentir importante y necesitado, él es su héroe y ella por siempre lo adorará. El sabe que ha sido el único hombre en la vida de Nadita y eso lo hace sentirse superior, intocable.

Sin embargo, en las noches de insomnio, escuchando la tranquila respiración de su esposa a su lado, Samir piensa en Luna y se pregunta...

martes, 20 de abril de 2010

En la casa de Dios.

Cuando el hermano Marco se ordenó, los curitas de blanco le dijeron que allí encontraría la salvación, pero los curitas de blanco eran muy estrictos y tenían muchas reglas: había horas para dormir, para jugar, para rezar, para estudiar. Sentía que su vida estaba controlada y bajo vigilancia constante y el hermano Marco sentía que en ese vino de consagrar se colaban unas pepitas que lo adormilaban.

El hermano Marco no era demasiado inteligente, pero era muy sagaz con las cuentas, por lo que uno de los curitas de blanco le delegó la responsabilidad de los presupuestos. Todos los días debía sumar y dividir en las planillas las operaciones financieras básicas. Pronto fue capaz de organizar el presupuesto mensual del monasterio para que el rector no se diera cuenta del pequeño pero constante hilito de dinero que desaparecía de las arcas.

En los libros de cuentas figuraban los alimentos, las verduras, los pagos de los servicios, las sábanas, los detergentes, el jabón líquido, las medicinas con sus precios cotidianos, pero el hermano Marco hábilmente aumentaba los precios, dividía los porcentajes y alteraba las cifras para obtener esa ganancia extra que tanto atesoraba.

Pero, ¿por qué el hermano Marco ponía en riesgo su reputación, su hogar, su espiritualidad y su integridad quebrantando el cuarto mandamiento? Porque en la soledad del monasterio, con la vida de abstinencia aburrida y las pepitas somníferas, el hermano Marco recuperaba pacientemente el tesoro que le fue robado cuando lo declararon mentalmente inestable y lo encerraron en ese tal centro llamado “Instituto mental: La casa de Dios”.

(Cuento modelo: La rana que quería ser una rana auténtica, de Augusto Monterroso)

jueves, 1 de abril de 2010

El dolor

Pensar, pensar y pensar, es lo único que hago últimamente, ¿será que sí? Y ¿qué tal que no? ¿Qué mas hago? Preguntas y preguntas, pero no puedo detenerme a pensar en las preguntas, necesito soluciones inmediatas. Pero justo cuando me siento a escribir se me va el pensamiento, la mente se me pone en blanco, ¡bonita gracia! hoy cuando más te necesito huyes de mí. No me puedo quejar, está calientito aquí, aquí es seguro y cómodo… demasiado cómodo. Si sigo así me voy a enfermar de verdad y por ahora no me puedo enfermar, y hay tanto por hacer, todavía tengo que enviar los papeles… qué cantidad de papeles, no puedo creer el exceso de burocracia, ay quiero volver a los tiempos simples, donde el dolor era menos. ¿Por qué ahora?, ellos dicen que es el estrés, yo siento algo raro, pero no le quiero dar importancia, y ¿qué tal que esos extraños sepan? ellos no van a saber, no me conocen, no pueden verme. Tengo miedo, esa es la verdad, el futuro es incierto, tengo miedo porque quiero ir, pero la vez no quiero. Yo me conozco, no soy capaz de vivir el día a día, tengo que planear, organizar, no quiero ilusionarme, pero creo que ya estoy ilusionada y sigo luchando contra el dolor, las pastillas lo calman un rato pero ahí sigue. Hay un enano gritando en mi cabeza, me duele el corazón.

sábado, 13 de marzo de 2010

En la terraza.

- Vamos, nena.
- No, me da miedo, ¿qué tal que nos vea alguien?
- ¿Quién nos va a ver? son las tres de la mañana
- No importa, ¿qué tal que haya alguien desvelado y mire por la ventana?
- Pues que vea, vamos, tú sabes que quieres.

Así fue como terminamos esa madrugada en la terraza de la casa, el vino de la noche anterior había nublado mis sentidos y me había excitado. Sentía todo mi cuerpo caliente, quería ser tocada, lamida, penetrada, quería muchas cosas, y él también. El ambiente prohibido y a la vez peligroso hacía que nuestra excitación se elevara, pero cuando empezó a besarme, a meter su lengua en mi boca, decidí dejar los temores de lado y entregarme a esa pasión animal que crecía con el paso del tiempo.

Mientras me besaba, su mano jugaba con los botones de mi camisa, que arrancó de un solo tirón, dejándome expuesta al frio de la madrugada; luego su boca bajó por mi cuello, sentía su saliva caliente mientras su boca aprisionaba el nacimiento de mi seno mientras que sus manos en la parte trasera de mi espalda quitaban mi sujetador con precisión quirúrgica. Su boca se entretuvo lamiendo mis pezones, que se pusieron duros, anhelantes.

Yo me sentía en una película, admirada, deseada, excitada, quería que me vieran, quería mostrarle al mundo el fuego que me abrasaba y me quería consumir. Lentamente bajó su boca por mi estómago mientras deslizaba la falda por mis piernas. Se detuvo a jugar con mis tanguitas, que arrancó con fuerza mientras yo sentía el calor incrementarse en todo mi cuerpo. Rápidamente abrí las piernas y su lengua desesperada exploró mi vagina en toda su extensión, sentía que se deslizaba de arriba a abajo para volver a subir y deteniéndose en mi punto exacto que rápidamente me provocó una, dos y tres oleadas de placer.

Al parecer su excitación era mucho más de lo que podía controlar porque no me dio tiempo de retribuirle el acto: intempestivamente me cargó, me apoyó contra la pared y me penetró fuertemente, como un animal en celo. Mi éxtasis iba creciendo y no pude evitar empezar a gritar de la mezcla de dolor y placer que sentía. Cada penetración era una puñalada de goce. Finalmente cuando no pude resistir más, exhalé un grito final, seguido poco después por su propio grito y sentí su fuerte chorro dentro de mí, lo que me hizo gozar aún más.

No hubo amor, ni sentimientos, sólo pasión salvaje desbordada, aunque nunca olvidaré la cara espantada de la vecina que, desvelada, nos miraba desde la casa del frente.

sábado, 20 de febrero de 2010

Lugar de partida: Colombia

Sentada frente a su casa, ella rememoraba toda su vida y pensaba qué extraños giros del destino la había traído al lugar que se encontraba actualmente. Quizás recordarlos le ayudara a planear su futuro, quizás solo era una tarde ociosa sin nada más para hacer.

Kate había nacido hacía 23 años en una ciudad costera de Colombia llamada Barranquilla, pero dos años después, sus padres habían ido a vivir al interior llevándola a la segunda ciudad más importante del país: Medellín, la bella capital antioqueña rodeada de verdes y gigantes montañas, aunque técnicamente la ciudad en la que ella vivía quedaba en un valle.

Siempre le gustó leer, de hecho fue lo primero que aprendió a hacer, antes de caminar. Al año y medio era capaz de leer un cuento completo “de corrido” y era muy curiosa (demasiado curiosa dirían algunos), su interés por el mundo que la rodeaba parecía no tener fin. Esta cualidad la conservaría durante toda su vida aunque, algunas veces, la metería en varios problemas.

Viviendo en Medellín su familia se expandió, nacieron sus dos hermanas, dos y tres años menores. Ellas, sus papás y un tío que veía de vez en cuando eran su única familia en esta ciudad, pero ella sentía que no le hacía falta nadie más, su hogar siempre lo consideró Medellín, mientras que la costa era simplemente la ciudad a la que iba de vacaciones al mar y la otra familia… bueno, no era familia, eran parientes que veía de vez en cuando.

En el colegio siempre fue buena alumna, un tanto indisciplinada, pero en el plano académico siempre estuvo en los primeros lugares. Ella pensaba que su niñez había sido buena, tuvo varios amigos, hizo un montón de travesuras, jugó lo que tenía que jugar, trepó los árboles que tenía que trepar y sin mayor problemas tuvo su paso a la adolescencia, conoció personas nuevas, tuvo sus primeros romances, afianzó más sus amistades, tuvo sus rebeldías de adolescente (se reía sola al recordar ese sentimiento ambivalente entre ser un niño o un joven adulto que, aún con 23 años, a veces sentía).

Empezó a estudiar Ingeniería de sistemas pero no le gustó esa carrera, en especial porque había sido elegida sus padres y no por ella. ¿En qué diablos habré estado pensando?, se pregunta ahora cuando recuerda ese episodio de su vida – toda esa angustia, todo ese drama, ¿cómo decirles que no era eso lo que yo quería?... pero no sabía qué más hacer, no sabía qué quería hacer con mi vida - piensa. Inevitablemente eso tenía que suceder para encontrar lo que de verdad era para ella, sin embargo ella es más bien testaruda y sigue pensando que muchas de esas cosas se habrían evitado si hubiera sido un poco más firme en sus decisiones.

Nunca pensó en ser traductora (ni siquiera sabía que eso era una carrera) pero cuando presentó el examen y pasó, empezó a asistir a las clases, se dio cuenta que quizás había encontrado algo interesante. Y en verdad que encontró lo que le gustaba, sus cuatro años de universidad le dieron más alegrías que nunca, no sólo en el plano académico (aprendió tres idiomas) sino en el personal: conoció a muchos chicos interesantes, en especial aquel que le sonreía desde lejos y que secretamente quiso pero nunca se atrevió a decirle. Conoció a sus mejores amigos y amigas, recorrió varias ciudades de Colombia, y hasta empezó a soñar con expandir sus horizontes.

Ese sueño no sale de su cabeza, con el sol tibio en su cara y de fondo los ruidos de la ciudad tan familiar piensa que su vida ha sido bastante agradable, pero siente que ya es tiempo de partir. Quiere viajar, visitar otras culturas, conocer otras personas. ¿Quién sabe? quizás esa noticia que llegará en unos meses contenga su tiquete de salida...