viernes, 23 de julio de 2010

Fotorelato (3)

La tarea de esta semana es la foto de Kate y la tomó prestada de aquí:




Saludos. Nos leemos!

lunes, 19 de julio de 2010

La Pasantia

Era la primera fiesta a la que me invitaban desde que empece mi pasantía de verano en aquella multinacional reconocida. Yo tenia 18 años y me sentía grande, importante, casi toda una ejecutiva, excepto que todavía me faltaban tres años para graduarme y era todavía en gran parte dependiente de mis padres.

La fiesta la había organizado mi cuasi jefe. Un argentino muy divertido con el cual coqueteaba inocentemente durante horas de oficina. El argentino era guapo pero no me interesaba. Ya había puesto los ojos en Juan, un chico de mi edad que me gusto desde que lo conocí cuando nos presentaron. Juan también estaba haciendo una pasantía ese verano. Yo tenía a Juan en la mira como prospecto de amor de verano y ya nos habíamos besado entre copas - sin compromiso, por supuesto. Juan estaba conmigo en la fiesta solo como "amigo"

El argentino había puesto unos cuantos chorizos en la barbacoa. Estábamos en la terraza y una leve brisa nos traía el olor de la carne. Juan y yo conversábamos con otros chicos de nuestra edad que trabajaban con nosotros. El vino tinto había empezado a correr por mis venas y yo empezaba a tener una exquisita sensación de levedad. El timbre sonó y un hombre maduro entro, le dio un abrazo al argentino y le entrego una copa de vino. El argentino y el recién llegado se acercaron a nosotros.

- Les presento a Tomas, gerente de mercadeo. Dijo el argentino

Extendí mi mano y con una sonrisa me presente al gerente. El, apretó mi mano un poco mas largo de lo normal y me pregunto que estudiaba. Empezamos a conversar en grupo y poco a poco nos fuimos quedando solos. Al principio hablamos sobre el campo profesional: lo que el hacia, lo que yo quería hacer con mi carrera, y cosas por el estilo. Después de unas tantas copas lo profesional quedo atrás y conversábamos sobre lo delicioso que era bailar. Me pidió que bailáramos y así lo hicimos por casi el resto de la noche. Juan nos interrumpió y me dijo que se iba. Me sentí apenada por haberlo dejado solo todo ese tiempo así que me despedí de Tomas y me fui con Juan.

Al día siguiente me encontré con Juan y su amigo en un festival de Jazz. Mientras escuchábamos una de las bandas de Jazz, el amigo de Juan recibió una llamada en su celular. Hablo un par de minutos y luego se dirigió a nosotros:

-Era mi amigo que se va a encontrar con nosotros. Viene para acá en un par de minutos.

Unos minutos después, llego, nada mas y nada menos, que Tomas. Me sonroje al verle y me sentí un poco incomoda estando con el y Juan en el mismo sitio. Lo salude de beso en la mejilla. Nos tomamos unas cervezas y al final de la noche Tomas se brindo a llevarme a casa, con la excusa de que mi apartamento estaba en camino al suyo. Me fui con Tomas y cuando llegamos a su auto, un Audi TT del año, vi que tenía mi chaqueta, la que había olvidado en la casa del argentino la noche anterior.

- La dejaste en la fiesta anoche y quería asegurarme de que la tuvieras de vuelta…y también quería asegurarme de que te volvería a ver. Me gustas, y me gustaría invitarte a comer mañana.

- Me encantaría.

Fuimos a comer y a bailar varias veces. Tomas me llevaba a sitios elegantes, ordenaba vinos exquisitos y champaña con cada cena. Siempre hablaba de los negocios que estaba a punto de cerrar, de los países que visitaba en sus viajes de negocios, de los sitios a donde me quería llevar. Con el me sentía como una mujer sofisticada, madura y sensual. Cada vez que nos tocábamos sentía corriente en todo el cuerpo. Hacíamos el amor todo el tiempo y en todas partes. Nunca pensé que fuese posible explotar en éxtasis una y otra vez en una sola ocasión, pero así lo fue con Tomas. Nunca hablamos del estatús de nuestra relación y yo seguía saliendo con Juan de vez en cuando pese a que me la pasaba contando los minutos hasta el próximo encuentro con Tomas.

Era el ultimo día de nuestra pasantía. Tuvimos una fiesta de despedida en el trabajo. Mientras comíamos pastel, Juan me tomo de la mano y me guío a una oficina vacía. En aquella oficina me dijo que me amaba y que quería que fuera su novia aunque viviéramos en diferentes ciudades. Lo vi tan frágil y sincero y aunque mi voz interna me decía que fuera honesta, no podía soportar la idea de verlo decepcionado, así que mentí y le dije que si. Juan me invito a cenar a un restaurante elegante esa noche para celebrar.

Mientras caminábamos a nuestra mesa me quede pálida al ver que en la mesa de al lado estaba Tomas con otra mujer. Me quería morir. Le invente una excusa a Juan, y le dije que no me sentía bien y que me tenia que ir. Juan intento convencerme de que me llevaba a casa y yo me negué. Mientras caminaba hacia la puerta, la mirada de Tomas encontró la mía. Salí rápido del lugar y caminaba llena de ira y vergüenza al mismo tiempo. Me lo merecía. Debí haber sido honesta con Juan. si lo hubiera sido, no hubiera visto a Tomas con otra. No me sentiría culpable y engañada a la vez.

A la media noche tocaron en mi puerta. Abrí medio dormida y me sorprendí al ver a Tomas.
-Quiero pedirte disculpas.
-¿A que te refieres?
- Te mentí. Soy casado, y nunca te lo dije.

Agarro mi mano en la noche oscura y me beso.

- Te amo. Ya no siento nada por mi esposa. Quiero estar contigo. No me importa lo que cueste.

Lo mire con tristeza y le dije:

- Yo también te mentí. Estoy saliendo con Juan y la verdad no estoy lista para una relación con alguien tan mayor. Gracias por mostrarme aquel mundo clamoroso, pero lo nuestro, no puede ser. Todavía soy muy joven e inmadura aunque estuve jugando a mujer por un rato contigo, nunca podré ser quien soy. Mas no me arrepiento de los momentos contigo y espero algún día volver a sentir sensaciones tan intensas con alguien mas. Adiós Tomas.

Lentamente sentí mi mano escabullirse de la suya en la oscuridad y deje atrás aquella sensación correntosa que había sentido durante el verano. Cerré la puerta tras de mi y me dirigí hacia el teléfono. Levante el auricular y le marque a Juan.

- Àlo.
- Hola Juan. Es Ana. Quiero decirte que todo este tiempo he estado saliendo con otro hombre. No quiero ser tu novia. Perdóname y suerte en tu vida.

Colgué el teléfono mientras una lagrima se escurría por mi mejilla, y en ese momento me di cuenta, que ya no era una niña.

martes, 13 de julio de 2010

La carta

Hoy te recuerdo como el primer día que te vi, tan joven y bella. Me impactó tu sonrisa y tu mirada. Todo tu ser estaba tan lleno de luz que por primera vez sentí que mi vida tenía un propósito, y que tu serías el motor de mis acciones.

Recuerdo la primera vez que te tuve en mis brazos, estabas tan cálida y confortable. Sólo podía besarte y admirarte, tu mano en mi mano me hacía creer que sería así por siempre. Mi corazón estallaba de alegría. Juro que nunca había sentido algo así.
Juré que nunca te iba a perder, que te protegería con todo mi ser, que mi vida entera la dedicaría a preservar esa pureza que para algunos pasaba desapercibida, pero para mí era un faro de luz en la oscuridad.

Ya había perdido a una mujer a quien había amado, pero juré que ese amor lo duplicaría, y te haría tan o más feliz de lo que la hice a ella.

Han sido unos años maravillosos a tu lado, me encantó todo lo que me enseñaste, me hiciste sentir vivo, joven, le diste sentido a mi vida. Estuve ahí para ver tus alegrías y tus tristezas, y tú estuviste también allí para compartir todos los momentos en mi vida.

Estaba tan orgulloso de que fueras mía, que no vi el paso del tiempo ni como ibas cambiando. Aquella mujer que tanto me complacía, para quien yo era su todo, se fue transformando en una extraña. No sé si era la situación... o quizás yo cambié también. Pero nuestras vidas se separaron y mi corazón roto, llorando tu silencio, esperaba que notaras que yo siempre iba a estar allí para ti.

Poco a poco regresaste, pero ya no era lo mismo. Ahora tenías nuevas ideas y sentimientos, querías ir a buscar otra vida. De repente tu mundo se abrió hacia otras nuevas posibilidades, y a pesar de mi dolor, mi amor por ti me dijo que tenía que dejarte ir.

Regresaste y mi corazón se colmó de alegría. Pero no regresaste por mí. En esa búsqueda encontraste al hombre ideal, al amor de tu vida, ese que ahora será tu vida y tú felicidad... y no puedo más que alegrarme de tu destino.

Hija mía, hoy en el día de tu matrimonio, quiero expresarte cuánto te amo, cuán importante eres para mí y cómo esa manito, que algún día buscó la mía con desesperación, con el temor a lo desconocido en un mundo extraño, sin la plena consciencia pero el temprano presentimiento que sólo seríamos dos, es ahora la mano que entrego a quien elegiste como tu compañero de vida, rogando a Dios que sea el hombre que pueda darte toda la felicidad que te mereces.

Sin embargo, la vida está llena de sorpresas, por eso siempre debes recordar que no importa que tan lejos vaya esa manito, nunca se sentirá sola ni desprotegida, porque aquí te ofrezco la mía, férrea y firme como un roble ante el paso del tiempo, para seguir dándote todo el amor que hay en mí para ti.

lunes, 12 de julio de 2010

Las cosas sencillas

Siempre me decía que le gustaban las cosas simples de la vida: tomar sopa, caminar descalza por la arena, leer a Neruda, pintarse las uñas. Le gustaba tomarle fotos a todo, cada vez que salíamos, ella llevaba su cámara. Paseábamos por el parque forestal mientras el click del obturador marcaba nuestros pasos. Le gustaba fotografíar las cosas sencillas, la gente de la calle, las palomas, los pacos de las esquinas con cara de aburridos, las micros, los niños en los juegos, los puentes malolientes del Mapocho... Pero ella, ella no salía nunca en las fotos.

- Yo soy la fotógrafa - Solía decirme cuando yo le pedía que posara para una foto - tengo que estar detrás de la cámara, no enfrente de ella.

Yo la amaba con un amor quizás desquiciado, ella era todo para mí. Nunca cuestioné ninguna de sus decisiones, excepto aquella última, la que se la llevó de mi lado.

- Tengo cáncer - Me dijo un día de rompe y raja - Y te digo desde ya que estoy en la fase cuatro, que no quiero tratamientos que me hagan mierda el cuerpo y me alarguen una miseria de seis meses una vida indigna. Fue asintomático, el médico me lo descubrió hace dos semanas y he decidido vivir lo que me queda de vida de la mejor forma posible.

Se me hizo un nudo horrible en la garganta.

- No quiero perderte...
- ¿Por qué te enfocas en lo negativo? ¿No te das cuenta de que te estoy diciendo de que estos últimos meses, días, horas o minutos que me queden, quiero pasarlos contigo?
- Pero si hay algo que hacer... Una mínima luz de esperanza...
- No la hay, y aunque así fuera, me alegro de tener este aviso. ¿Qué tal si hoy por la mañana me hubieran atropellado y ahora estuviera muerta? ¡No habría alcanzado a vivir nada de lo que quiero!

Tenía razón, aunque en ese momento no lo entendí. En ese momento le dije que era egoísta, que no pensaba en nosotros, en mí. Ella, recuerdo, me abrazó muy fuerte, consolándome, como si hubiera sido yo quien había recibido el anuncio de muerte.

Tal como el médico había pronosticado, se fue apagando gradualmente durante esos seis últimos meses de vida. En un intento frenético de, como ella le llamaba, atrapar el mundo en su cámara, tomaba fotos por doquier. En una caja tengo guardadas cientos de tarjetas de memoria con sus fotos. Aún no soy capaz de sentarme con tiempo a verlas. Aún no tengo la fuerza de hacerlo. Yo le pedía que me dejara tomarle alguna foto y ella se reía de mi estupidez.

- ¿Cómo se te ocurre que quiero que me recuerdes así? ¿Con esta cara de muerta?

Yo no la contradecía. Esos seis meses, los mejores seis meses de mi vida, fuí su esclavo. Por las noches se recostaba en mi pecho y la oía respirar con dificultad. Le daba su medicación para el dolor, le hacía cariño, y la sentía alejarse de mí.

Falleció una noche, en el sueño, como suele decirse. Estaba recostada con su cabeza en mi hombro, liviana como una pluma. La quise despertar. Le dí un beso en la frente. La noté fría y rígida, y entendí. Se había ido para siempre. La dejé con cuidado en la cama, fuí a su cosmetiquero lleno de artilugios inentendibles y escogí un esmalte de uñas, uno oscuro que sabía era su favorito y le pinté con cuidado las uñas. Llamé a la funeraria y me avisaron que llegarían en unas horas. Preparé una sopa, serví dos tazones que se enfriaron en la mesa, sin nadie que los bebiera. Fuí por su cámara y tomé una foto de mi mano tomando su mano, con sus uñas oscuras y sus dedos muertos. Me dolieron todas las caricias que nunca recibiría y la certeza de que nunca, nunca más, iba a conocer a alguien que me hiciera sentir lo que ella. La funeraria me encontró recostado a su lado, leyéndole los cien sonetos de amor de Neruda. Días más tarde esparcí sus cenizas en la orilla de la playa, descalzo sobre la arena.

jueves, 1 de julio de 2010

Fotorelato (2)

Nuestro siguiente "Fotorelato" ha sido propuesto por Claudia y esta es la fotografía:


Nos leemos!

lunes, 28 de junio de 2010

La cajita de color crema

Yo llevaba un par de semanas con Renato cuando conocí a su hermano gemelo, Javier. Renato me gustaba, era un buen tipo, pero Javier... Javier era otra cosa. A pesar de ser idénticos por fuera, por dentro eran totalmente distintos. Renato era tranquilo, risueño, caballero, confiable. Todo en él parecía bondad. Javier, en cambio, representaba el peligro, era poco comprometido, siempre andaba serio, era el mino, y él lo sabía. Yo habría caído por Javier sin dudas, de haberlo conocido primero, y lamenté cuando Renato me lo presentó. A mí los que me gustaban eran los que eran como Javier, no los niñitos buenos, aburridos y predecibles como Renato.

No recuerdo cuánto tiempo pasó. Quizás fueron unos meses. Yo aprovechaba cada momento en que veía a Javier para compararlo con Renato, mi novio formal, y quejarme en silencio de lo que él no era y nunca sería. Javier me gustaba, me atraía, pero tenía claro que nunca pasaría algo entre nosotros. Sin embargo un día... Fue un día sábado. Yo fui a buscar a Renato a su casa. Javier estaba solo. Me hizo pasar. Nos sentamos en el living, me ofreció algo de tomar mientras esperábamos a Renato. Conversamos, para ser sincera, no recuerdo de qué, pero recuerdo la sensación de cosquilleo, de nervios, de pensar en lo imposible... Hasta que pasó. Javier y yo nos besábamos, casi arrastrándonos por el suelo, camino a su dormitorio. A medio desnudar nos detuvimos, nos dijimos algo, una disculpa, con voz entrecortada y volvimos al living, arreglándonos la ropa. No podíamos hacer eso, no podíamos hacerle eso a Renato. Cinco minutos después estábamos completamente desnudos en la cama de Javier.

Estuvimos así cerca de un año. Nos veíamos en los momentos robados a Renato. En los paseos familiares, en las cenas en casa de sus abuelos, en las noches en que me quedaba a dormir en casa de Renato y le exigía dormir sola. Renato hacía pequeños intentos de avanzar conmigo en lo sexual, pero yo lo detenía, le decía que quería esperar hasta el matrimonio, y Renato, pobre Renato, me creía y me respetaba, y se iba a dormir a su dormitorio mientras yo me quedaba en el de invitados. Cuando todos dormían, Javier aparecía por el dormitorio y nos faltaban minutos para acariciarnos en silencio, antes de que amaneciera.

Fue en la casa de campo que la familia tenía, que Renato me pidió matrimonio. En el gesto más cursi del mundo, me llevó a dar un paseo. Paramos al lado de un árbol. Renato me mostró un corazon dibujado con su nombre y el mío adentro y al pie del árbol, en una cajita color crema, un anillo reluciente. No supe decirle que no. Renato se puso a llorar cuando, de rodillas, puso el anillo en mi dedo. Me sentí asqueada. Esa misma tarde me las arreglé para que Renato se fuera a dar un paseo con su madre y me escapé con Javier al campo. Fuimos al mismo árbol y le conté que Renato me había pedido matrimonio. Javier me daba la espalda. Yo estaba sentada en el suelo, sobre el pasto seco y largo, jugando con una ramita. Cuando levanté la vista después de haberle preguntado qué íbamos a hacer, ví que Javier, con una piedra afilada, había borrado los nombres dentro del corazón. Fue la primera vez que lo ví demostrarme que yo le importaba, que lo que teníamos, lo que fuera que haya sido, le importaba. Lo hicimos ahí, con el pasto enterrándoseme y picándome en el cuerpo. Javier me dijo que no le importaba echarse a su familia encima, que estaba enamorado de mí, que me quería para él, que ya no soportaba verme con su hermano, saberme de Renato. Yo a Renato le tenía cariño, me costaba pensar en desprenderme de él y por otra parte, pensaba en que Renato era algo seguro. Con Javier corría el riesgo de que no funcionara, de que no fuera lo que yo quería que fuera. Quizás, al final, lo que quería era una mezcla de Renato y Javier. Obviamente no lo podría tener nunca. Ese mismo día terminé con Renato, le devolví el anillo, le dije que lo sentía, y desaparecí de su vida. Tampoco quise ver a Javier.

Hoy Renato está casado y tiene una hija. Javier ha vuelto a buscarme. Según él, quería cerrar el círculo conmigo, responder lo que quedó inconcluso entre nosotros. Fuimos a su casa de campo. Caminamos conversando. Llegamos hasta el viejo árbol, todavía con las cicatrices del engaño en su tronco. Javier me preguntaba si yo creía que podíamos intentarlo de nuevo. Que nunca dejó de quererme, que ahora el tiempo había pasado, que su familia lo entendería. Puse mi mano sobre el corazón rugoso y áspero mientras lo que me decía Javier se iba haciendo más y más pequeñito. Cuando miré hacia abajo, arrimada a una raíz sobresaliente del árbol y casi oculta por el pasto crecido, vi una pequeña, sucia y maltratada cajita de color crema.

Mundo paralelo

Lo siento, nunca te di esperanzas, me dio pena que las cosas resultaran así, y que después de nuestro encuentro te arrastraras con promesas de amor que nunca busqué y de las que huí por mucho tiempo.

Habían sido meses de intentos inconclusos, faltaban un par de días para que viajaras; habíamos llegado demasiado lejos para echarse atrás, point of no return y la química nos explotaba por los poros. Te lo dije desde el dia uno, no seré tu pareja, menos tu amante, sabes que ya no creo en el amor. Somos adultas, vivamos lo que haya que vivir. Reconozco que fue especial, que me gustaste en el instante en que te vi, que tu cara y tu exquisitez era como la imaginaba, y que morí de placeres una y otra vez enredada en tu cuerpo hasta la madrugada, varias madrugadas después de noches que competían entre si hasta llegar casi a confundirme.

Hasta aquel último día camino a la cordillera, volábamos en la moto, y llegamos a ese cafecito de cuentos, kuchen de manzana y chocolate caliente, tu mano tomando la mía; me decias que yo era tu sueño hecho realidad y yo no sabia que decir. Al rato bajamos al rio, y nos quedamos sentadas entre las rocas, oyendo el agua mientras atardecía. Me abrigabas del frío con tu abrazo, y cerré los ojos con la esperanza de un nuevo comienzo.

Pero no fue así, me sumergí en un dolor inmenso, y lloré desconsolada en silencio, de impotencia, rabia, de no poder sentir nada. Estaba en medio de un paisaje maravilloso, con una persona especial, después de unos días soñados, pero mi corazón estaba en otro lugar, un lugar escondido y grabado a fuego por alguien más. Lo supiste de inmediato, aun cuando trate de apagarlo, y no recuerdo si preguntaste si lloraba por ella, y no recuerdo si te respondí que si.

Han pasado los años y otra vez vuelves a buscarme, me cuentas que aun sigo en ti, que nunca me olvidaste, y que en aquellas piedras grabaste nuestros nombres. Dices que me escribirás, que esperas verme algún día. Me quedo quieta y cierro los ojos, y recuerdo la inmensidad del paisaje, el cielo gris, la dureza de las rocas, el ritmo furioso del agua bajando, y me pregunto si existirá un mundo paralelo donde ella ya no exista mas.

El primer beso

Increíble que después de tantos años todavía siga allí. Recuerdo mucho el día en que Felipe, mi primer "novio," tallo aquel corazón. En esa época yo tenía 11 años y era la única niña que se pasaba jugando fútbol con los niños del barrio. A esa edad ya empezaban las niñas del barrio a fijarse en los niños y por medio de juegos, de risas, y de coquetería inocente, muchas recibieron su primer beso. Yo creía, en esa época, que nadie se fijaría en mi y que nunca besaría a nadie. Pero estaba equivocada.

Felipe llego al barrio en épocas de navidad de ese año. David, su primo, me lo presentó en una tarde calurosa mientras jugábamos fútbol a la vuelta de la esquina de la casa de la abuela. Felipe me miraba y me miraba, pero no decía nada. Después de tres días de escondite, partidos de fútbol, lleva y carreras en bicicleta, Felipe me pregunto que si quería ser su novia.

¿Felipe quería que yo fuera su novia? ¿yo? Se me hacía muy extraño que aquel chico se hubiese fijado en mi. No podía entender por que quería que yo fuera su novia. Felipe era uno de los chicos más guapos del grupo y era un año mayor que yo. ¿por que habiendo tantas otras chicas bonitas en el barrio, me había preguntado a mi?

Le dije que si, y en ese momento Felipe talló el corazón con nuestros nombres en el. Me agarro de la mano y me dijo:
- Ahora me tienes que dar un beso.
-¿Un beso? pe..pero no es muy rápido, le conteste
- Pero si no me das un beso, entonces no somos novios
- bueno, te doy un beso en la mejilla.
- NO. Tiene que ser en la boca…

Mi corazón latía a millón. Nunca le había dado un beso a nadie. ¿Que tal que el lo detestara? ¿Que se arrepintiera de haberme pedido que fuera su novia? Pero un beso no podía ser tan difícil. En ese momento, recordé las decenas de escenas de novela que había visto de reojo, mientras pretendía jugar cuando la abuela sollozaba, hipnotizada, en frente de la pantalla del televisor.  Me acerque a el, cerré los ojos, y sentí sus labios húmedos y suaves sobre los míos. Sentía como si miles de mariposas pequeñas batieran sus alas dentro de mi estomago. Abrí un poco la boca y sentí su lengua intentar colarse dentro de la mía. Me sorprendió aquel intento y cerré la boca bruscamente mientras su lengua todavía estaba en la mía. Felipe emitió un pequeño gemido de dolor y con eso el beso termino abruptamente. Lo mire, sonrojada, le pedí disculpas, y salí corriendo.

Al día siguiente Felipe vino a buscarme a casa. Mi abuela le dijo que yo y mis primos estábamos en la piscina del club. Mientras estaba en la piscina lo vi llegar, pero el no me vio. Me escondí el resto de la tarde, pues me moría de la pena de verlo o besarlo otra vez. Después de una horas vi que se fue con la cabeza baja. Fue la ultima vez que vi a Felipe. Durante el resto de las vacaciones de Navidad me la pase escondiendome de el.

La visita de Felipe a su primo llego a su fin y el se fue igual de rápido e inesperado que aquel beso. Y al igual que aquel corazón tallado en esa piedra, Felipe y su beso quedaron marcados para siempre en mi corazón, como una bella memoria de mi niñez y el primero de muchos besos por venir.

El curso de fotografía.

- Ya poh, dime. ¿Te gusta?
- Está bonita. ¿La sacaste tú o el profe?
- Obviamente que yo, de lo contrario no te la mostraría.
- Lo mismo me dijiste de ese kuchen de manzana.
- ¿Vas a empezar de nuevo?
- No, pero la mentirosa no fui yo. A todo esto, ¿no te ha cocinado nada más la fresca esa?
- Ya te dije que no la he visto. ¿Podemos comentar de mi fotografía ahora?
- ¿Y que más quieres que te diga?
- Sobre los efectos que logré sobre ella, ¿no te fijaste?
- ¿Cuáles efectos?
- No te los voy a decir, la idea es que tú los descubras. Haz un esfuerzo; es importante para mí.
- Déjame mirarla con atención... ¿Te refieres a que los árboles se ven lejos y borrosos?
- Es uno de los efectos que logré.
- Harto fea la mano en el árbol. Yo que tú hubiera usado una mano más decente, esta se ve toda sucia.
- En las cosas que te fijas.
- Chuta, que sensible. ¿Y de quién es la mano fea?
- De una compañera del curso.
- Supongo que es bonita o tiene buen culo; de lo contrario no la hubieras usado de modelo.
- Parece que escogí un mal momento para venir a verte.
- Te hago una pregunta sencilla y ya que te quieres ir. Y no me quites la foto, la quiero observar con detención.
- Prefiero irme, pero quédate con la fotografía.
- ¿Te vas a juntar con la de las manos feas?
- ¿Con quién?
- No te hagas el tonto. ¿O vas a ver a la del kuchen?
- Me voy a mi casa. Si no me crees, me puedes llamar en unos veinte minutos al teléfono fijo.
- Claro, igual que esa vez que te llamé y me contestó tu hermana y me dijo que ya estabas durmiendo.
- Estaba cansado, había trabajado desde muy temprano. Ya te lo dije.
- Es que siempre me dices, pero el problema es que no te creo. Como este curso de fotografía.
- ¿Cuál es el problema?
- Es que me llama la atención que de un día para otro te las des de fotógrafo.
- No es de un día para otro. ¿Acaso no recuerdas que para mi cumpleaños te pedí una cámara fotográfica?
- Y harto cara que me costó. Haber sabido que la ocuparías para conocer mujeres, no te la regalo.
- Ahora sí me voy.
- Típica actitud tuya, irte cuando te conviene.
- Si no me crees que me voy a mi casa, anda a dejarme.
- Buena idea. También podría ir a dejarte y a buscarte al curso de fotografía, ¿te tinca?
- Sólo si me dejas conducir.

jueves, 24 de junio de 2010

Los que seguimos

Bueno, como dijimos en la tarea pasada, pregunté quien seguía en el taller. Algunos me escribieron diciendo que no tenían tiempo y que preferían retirarse y otros simplemente no dieron señales, así que lo que hice fue quitarles el permiso de autor a todas esas personas que decidieron no seguir. Gracias a todos los que participaron, aunque la colaboración haya sido cortita.

Y... Ahora a escribir mejor que nunca! Seguimos poquitas, pero cantidad no es siempre sinónimo de calidad, no? Disculpen los atrasos en las actualizaciones, pero ahora sí ya me puse las pilas. Ah! Además puse en la lista de correo a los que seguimos, así les llegarán los comentarios directo a la bandeja de entrada del correo eléctronico.

Nos leemos!

jueves, 17 de junio de 2010

Fotorelato (1)

Ha llegado el jueves y la nueva tarea. Se pidió plazo para hacer los comentarios de la tarea anterior hasta el lunes, así que no se olviden de hacerlos apenas tengan tiempo.

Para hoy, un fotorelato. Esperé hasta última hora para ver si había alguien que quisiera subir otra fotografía, pero nadie me avisó ni vi fotografías en borrador, así que subo una que encontré yo y que me inspiró una historia que ya estoy trabajando. Espero que a ustedes les inspire de igual forma! La fotografía es esta:

Y la tomé prestada de este sitio.

Respecto al blog, apenas vuelva a mi casa el lunes, reorganizo la lista de participantes con quienes al final siguen y quienes se han retirado.
Que tengan un buen inicio de fin de semana y espere leerles pronto!

lunes, 14 de junio de 2010

Ella

Llámenme un romántico, un iluso, un soñador... Sinónimos se me ocurren miles, no me importa. La busqué por dos años, dos largos años, después de haberla pensado otros tantos larguísimos ocho años. Nunca la olvidé. Fue mi primer amor, no me atrevo a decir si fue mi gran amor, pero fue la primera mujer a quien toqué, la primera mujer a quien besé. Las que vinieron después fueron una imitación, un burdo intento de copiar sus senos suaves y redondos, su entrepierna tibia y sus besos húmedos. Y su sonrisa. Y su forma de ser. Cuando terminó conmigo me volví casi loco, pero nunca se lo demostré. Tuve la madurez y el orgullo de hacer como que no me importaba, mientras por dentro me consumía de celos al verla con otro. Quería que fuera mía de nuevo, nunca se lo dije. Ahora me arrepiento. Con el tiempo traté de olvidarla. A veces me imaginaba que me la encontraría de casualidad en el centro, que la abrazaría y le diría que la he estado esperando y que todo volvería a ser como antes, o mejor que antes, pero nunca la vi. Me casé con una mujer preciosa, me imagino que me enamoré y por eso me casé, pero a ella, a la primera, nunca la olvidé. Hace dos años empecé a buscarla de nuevo, no sé porqué. Me imagino que es porque nunca cerramos nuestro ciclo, o quizás sólo quería saber cómo estaba, asegurarme de que su vida iba bien y de que era feliz. No la encontré en facebook, ni en Hi5 ni en ninguna red social. Ninguno de los amigos que alguna vez tuvimos en común sabía de ella. Parecía que la tierra se la hubiera tragado. Agregué a cientos de mujeres con algo de su nombre, una combinación de su primer nombre y su segundo apellido, o sus dos nombres, o sus dos apellidos... Cualquier cosa que se me ocurriera que pudiera ser ella. Envié mil correos inventados por mí, con la esperanza de que alguno me respondiera diciéndome: sí, soy yo... Pero nunca llegaron, hasta hace un mes. Se me ocurrió poner su nombre completo, una vez más, en google. Había un enlace que ponía su nombre completo, que ya había visto las miles de veces que la busqué, pero nunca escribí a ese correo electrónico porque pensaba que no era ella. No perdía nada. Le escribí preguntándole si era ella. Pasaron dos días sin respuesta. Cuando llegué a mi trabajo, lo recuerdo bien, ese día jueves, y abrí mi correo electrónico, me dió vértigo de ver en la bandeja de entrada una respuesta con sus nombres y sus apellidos. Me tomé la cabeza con las manos, sonreí como un niño y con manos temblorosas leí lo que me había escrito. Era ella. ¡Era ella! Quería gritarlo, quería saltar, quería explotar de felicidad. Ella...

Y ahora ha pasado un mes desde eso... Y todo ha cambiado tanto. Hemos hablado a diario por messenger pero todavía sin vernos en persona, sólo por la cámara. Queremos conocernos de nuevo antes de una cita física. Yo no necesito conocerla más, es la misma que recordaba, sólo que ella no se da cuenta. Sus ojos y sus gestos siguen siendo los mismos diez años más tarde, su sonrisa sigue siendo luminosa, incluso su pelo es tal cual como recuerdo, después de haberle pasado mis dedos por él veces infinitas. Casi no trabajo por estar pendiente de sus respuestas a mis correos y ansío los momentos en que estoy solo para hablar con ella por teléfono. Nos hemos contado nuestras vidas y a pesar de que han pasado tantos años, me sigue gustando. Hace cosa de 3 semanas que mi esposa me nota raro. Dice que ya no la miro, que parezco feliz, pero de una felicidad ajena. No soy capaz de tocarla, no siento deseo y se ha dado cuenta de mi alejamiento. Mi esposa es hermosa, pero no es ella, y me da tristeza pensar lo que le estoy haciendo y planear un futuro en que mi esposa no existe en el mapa, solo ella. Sé que alguien saldrá muy dañado de todo esto. Quizás sea mi mujer, quizás sea yo... Pero quiero correr el riesgo.

Hoy hablaba con mi mejor amigo sobre esto y sobre los problemas que me ha traído en mi matrimonio. Me dijo que era un tonto, un romántico, un soñador, un iluso. Ella no es real, me dijo, en cambio tu esposa sí. Me dijo que si quería una aventura, podía meterme con la secretaria de la oficina, que me tiene ganas desde hace tiempo. Mi amigo no entiende. No es la aventura. A ella no la quiero para una noche de cama. En realidad no sé que quiero, pero la quiero a ella, conmigo, para siempre, como debió de ser siempre. He esperando demasiado tiempo. Le dije a mi amigo, para cambiar el tema con una broma, que la secretaria estaba demasiado flaca. Me respondió que flaca y todo tiene mucha más carne que los zumbidos de ella en el messenger. Me dieron ganas de romperle la cara.

Estás en mis manos

- ¿Hasta cuándo mierda llorai?
Ya estaba cansado de ella, su vida completa era un drama, que el papá era un borracho, que la mamá no quería que me viera, ni siquiera tirar tranquilos podíamos, y así no hay quién aguante. Por eso lo hizo, estoy seguro, porque lo del accidente no me lo compró, lo tenía todo bien pensado y calculado para que justo esa noche - la noche de mi cumpleaños - pasara todo. Y claro, yo borracho, caí en el juego. Ya me parecía extraño que por una vez tuviera dinero para pagar el motel.
- Para ti es fácil, total, te haces el loco, pero es a mí a quien le estás cagando la vida.
Como si en pleno siglo XXI una universitaria no supiera cuidarse. Mierda, le dije que compráramos condones, pero ella, porfiada con que no era lo mismo, insistió en que se estaba tomando las pastillas que YO le pagaba todos los meses y que no habría problema.
- La solución es simple, Ana, llama a alguna de tus amigas y pídele el nombre de algún médico.
Me miró con ojos de pena, pero algo se había roto, ya no era lo mismo y, francamente, era la excusa perfecta para dejarla. Además ya había logrado que Susana saliera conmigo esa semana. ¿Cómo le iba a decir que esta pendeja me había cagado la vida? ¿Qué si no lograba convencerla iba a tener que dejar la universidad y ponerme a trabajar, como me lo había advertido mi viejo? Había que cambiar de táctica.
- Amor, no creo que sea ahora el momento, tenemos toda una vida por delante para casarnos y formar una familia. ahora los dos tendríamos que dejar de estudiar y así no podemos darle un futuro a un hijo.
Noté que sus defensas comenzaron a flaquear, nuevamente había sorteado el abismo y estaba abierta a otras alternativas. El que dijo que convencer a una mujer era difícil no tenia soberana idea de lo que estaba hablando. Ahí estaba Ana, sentada, con los ojos llorosos, pero a mi merced. Sólo me quedaba un detalle que afinar.
- Mañana me consigo la plata, Anita, vamos y asunto solucionado.
La vi asentir, tomar su chaqueta e irse. Tomé el teléfono y llamé a Susana, dispuesto a todo esa noche. Ana ya era parte del pasado.

El paño de lágrimas.

I

Me pasó a buscar a las 6 en punto a la oficina. Tuvo que esperarme 30 minutos; por apurón le pasó.

- Ya estai escuchando Coldplay, hueón – Fue lo primero que le dije cuando me subí al auto.
- Puta, me gustan. ¿No te acordai que fuimos al recital y que cantaste todas las canciones?
- Eso era para engrupirme a la Marcela. No era ni tan rica y harto cara que me costó la entrada. ¿Puedo poner música de hombre ahora?

Camino a su casa me contó lo que le pasaba: lo había llamado la maraca de su ex. Mientras me lo decía y me repetía palabra por palabra la conversación, a la manera de las mujeres, me acordé de las pizzas. No sabía en que minuto de la conversación, o monólogo mas bien, lo podía interrumpir para hacerle notar que hacía unas cuantas cuadras habíamos dejado atrás la pizzería. Le indiqué un lugar donde se podía virar en “u” para devolvernos a comprar.

Lo observé bajarse del auto, pedir la pizza, esperarla, pagarla: tiritaba entero. Y todo por una mujer. Mientras encendía un cigarro me pregunté por enésima vez que fue lo que le encontró, primero para calentarse con ella, y segundo para enamorarse de esa manera tan enfermiza. Era la típica chilena, de esas que cuando uno las describe se da cuenta que existen cientos como ellas: ni tan chica ni tan baja, ni gorda ni flaca, con el pelo castaño oscuro y los ojos de color café. Si en este momento el gil le está pagando a una igualita la pizza.

Escucho a Coldplay de nuevo y me doy cuenta que se le quedó el celular en el auto. Es ella. Le contesto. Está llorando.

- Soy el Toño, asi es que podi dejar el show de lado.
- Pásamelo por favor.
- No está acá.
- No te creo. Nunca deja de lado su teléfono. Si incluso hasta peleábamos por eso.
- ¿Y para qué te voy a mentir? En todo caso, aprovechando esta linda conversación, me gustaría harto que la cortaras.
- ¿Cortarla de qué?
- No te hagai la niña de las monjas conmigo.
- Y tú no te hagas el excelente amigo conmigo.

Maraca y la puta que la parió. Preferí cortar y apagar el teléfono. Ella misma me había coqueteado todo el tiempo hasta que no aguanté más, mal que mal soy hombre y el otro gil muy amigo mío será pero uno tiene sangre en las venas. Y ya me estaba arrepintiendo de andar de paño de lágrimas de una relación enfermiza y tener que escuchar una y otra vez lo mismo.

II

Por supuesto que llegué con resaca al otro día a trabajar. Bajé a comprarme dos botellas de agua mineral al negocio más cercano y aproveché de conversar un poco con la tetoncita que atiende. Aunque está harto rica, no me convendría tenerla tan cerca para que me vigile o me pida explicaciones.

Suena mi teléfono y es el ahogado de amor. Quiere preguntarme si es verdad que anoche la maraca lo llamó varias veces y que yo le cortaba o él se lo imaginó. ¿Y cuál es la diferencia?, le pregunté. Mucha, me contesto, porque si es así, significa que aún me ama.

III

Como su amigo lo único que me queda es ayudarlo a olvidarla. Y, aunque le he dado varias vueltas, creo que lo mejor será que le cuente de la vez esa.

No fue mi culpa; eso demás que lo entenderá. Estábamos todos igual de borrachos, y la tonta se me ofreció solita: se apoyó en mi hombro, me dijo que estaba media confundida con sus sentimientos, que quería saber mi opinión... y me dio un beso. ¿Qué iba hacer yo si se me estaba ofreciendo? Obvio que aproveché. Además, haciendo memoria, recién estaban saliendo, como que no tenían nada serio. La toquetié lo que más pude y así supe que estaba harto rica. Pero no seguí más allá por esa cosa de la amistad.

- Tengo que contarte algo. Igual es un tema un poco complicado, pero te va a servir para olvidarla.
- Pero déjame que te cuente yo primero: anoche fui a su casa, conversamos, y estamos juntos de nuevo!

Mamita

Ayer perdí la pega, nos rajaron a todos; el viejo Emilio, el sopa, Gutiérrez, Martínez, la mitad de de la fabrica pa' la casa. No se que voy a hacer, lo que mas me preocupa es mi viejita, que no cacha na. Hace tiempo se veía venir, pero nos hacíamos los wnes no mas, que mas podíamos hacer; cualquier amago de huelga habría sido peor, estos perros no tienen alma, solo les interesa llenarse mas los bolsillos a costa de nosotros. Aguantamos harto yo cacho, al menos el Pedro aguantó hasta que lo suspendieran sin sueldo por atreverse a enfrentar a García. Al final dio lo mismo, lo sacaron igual con el articulo 33 transitorio, sin un peso ni para parar la olla la semana siguiente. Mi vieja anda mal del pulmón hace rato, se levanta al alba pa’ tomar la micro y llegar a tiempo a la casa de la patrona, por allá en La Dehesa creo que se llama, dos horas de viaje, con un frío de putamadre, y le dieron hora recién para el 15 en el consultorio, y sin niuno pa’ comprarle el remedio por fuera. No se como se las arregló pa’ estirar los veinte pesos que le dejé la semana pasada, para dejarme la vianda. Ahora que le voy a decir, no se preocupe mamita, que yo se lo compro, no se preocupe mamita, no me prepare na’ de comida que los cabros están haciendo una olla común. La otra es salir a vender, como en el verano que estuvo bueno, pero en esta época no pasa na, se pelean las esquinas, la seguridad ciudadana que no tiene otra cosa que estar paqueando, les quitan todo, les pegan y mas encima a la cana toda la noche. El compadre Julio hace rato me tiene palabreado pa’ que hagamos un trabajito, dice que es plata fácil, que es llegar y llevar, que las viejas andan en otra, no cachan una en esos eventos, y andan cargás al billete. Cuando llegué a la casa, ahí estaba mi viejita sentada en la mesa de la cocina, esperándome con un pedazo de pie que le regalo la patrona del cumpleaños de las rucias chicas. Cuando cabro siempre me hacia dulces, que sabe que me encantan, pero ahora, con suerte debe quedar media taza de harina en el mueble verde. No le dije na, no sabía que decirle, y me comí el pie sentado con ella en la mesa mientras conversamos un poco, haciendole cariño en la mano. Sonó el teléfono, era el Julio, salí de la cocina y le contesté hablando bajo“ya –le dije – nos encontramos a las ocho en la quinta sur, ya, si, no te preocupí, si wn, de allá somos”. Descolgué mi chaqueta de la silla, y antes de salir le di un beso en la frente y me despedí “no se preocupe mamita, no me espere despierta, que me salió un turno extra, el cojo faltó de nuevo, así que sacaré unos pesitos extra y mañana si que le traigo el remedio”.

lunes, 7 de junio de 2010

La entrevista

Antes de la tarea me gustaría disculparme con los miembros del grupo por mi ausencia. Gracias por la oportunidad de continuar en el taller pese a mi falta de comunicación.
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- Señor Gino Gómez, siga a mi oficina por favor
- Si como no
-Tome asiento.
- Gracias.
-¿Quiere un café?
-Si por favor

¿Como carajos termine aquí? La segunda ronda de entrevistas para un trabajo de ingeniero de proyectos. Odio las entrevistas. Todo se decide en los primeros cinco minutos. Le caíste bien al que entrevista si o no, punto final. El resto es relleno, al entrevistador le importa cinco centavos la experiencia que tengas, o si respondes bien a las preguntas. He tenido mucha suerte en las que he tenido hasta ahora. En una, la entrevistadora estaba enamorada de un amigo mío y la mitad de la entrevista se nos fue en hablar de èl y voilà, me dieron el trabajo. Quien sabe como me ira en esta. No me prepare mucho. La verdad no es mi trabajo ideal, pero la lucha por ganar mas y la necesidad de un cambio a mi monótono trabajo de hoy hacen que valga la pena el intento.

La verdad nunca me imagine que un día estaría trabajando para una compañía que vende motores. Puede sonar como un sueño para muchos hombres en mi campo, pero para mi no lo es. Cuando decidí estudiar ingeniería lo tenía todo muy claro, iba a usar mi beca para una carrera práctica, con la cual podría conseguir un trabajo bien pago, ahorrar unos años, y luego abandonar la vida de ingeniería para convertirme en un artista de tiempo completo. Ya hace cinco años de eso y en este momento no estoy tan seguro que mi plan se realice algún día. Todo hacía tanto sentido en ese momento. Pero ahora me doy cuenta de que al posponer mi plan, minimice la posibilidad de ejecutarlo. El puto miedo. El miedo de no realizarme como artista, el miedo a la critica, el miedo al encontrarme con que quizá mi sueño de ser artista era solo eso, un sueño. Ahora con un hijo y con una esposa que, aunque no lo diga explícitamente, quiere no trabajar y quedarse en casa con el pequeño, veo mas y mas lejana la oportunidad de realizar ese sueño. ¿me estaré defraudando a mi mismo? Bah, Parezco idiota pensando en estas cosas. La verdad es que estoy feliz como estoy. Además, cuantos tipos no querrían estar donde estoy. Buen trabajo, casado con una mujer maravillosa un hijo grande y saludable. Quizá no sea artista de tiempo completo, quizá nunca lo llegue a ser, pero vivo la vida día a día y bueno, quien quita que me gane la lotería algún día y hay si me pueda dedicar a artista…viajar por el mundo con mi familia, pintar, escribir…no mas corbatas, no mas madrugar a trabajar, ¡no más entrevistas de trabajo!…mientras tanto, seguiré de artista en los ratos libres, disfrutando de las vacaciones de empleado con mi mujer y mi hijo y trabajando para vivir, pero eso si, nunca viviendo para trabajar…

- Aquí está su café. ¿Azúcar?
- No, gracias. Lo prefiero negro. Que bonita pintura tiene detrás de su escritorio.
- Gracias, la pinte yo.
- No me diga, sabe algo, yo también pinto en mi tiempo libre...

sábado, 5 de junio de 2010

La que nunca falla

Me da miedo acercarme y decirle lo que siento. Ella me puede rechazar, no nos conocemos hace mucho, pero estoy impactado con su personalidad, es diferente a las otras chicas, no le da miedo hablar lo que piensa, es muy inteligente, es bonita (bah, está muy buena), creo que está soltera, pero a fin de cuentas eso no importa mucho, si ella me quiere, vendrá a mí.

Es difícil cuando estoy con ella, no sé que hacer, la treta de hacerme el difícil no funciona con ella, y me da miedo perderla. Ella no sabe lo que siento, pero tampoco se lo voy a decir, tengo que esperar a ver si ella muestra alguna señal... después me pasa lo que dicen por ahí "el que muestra el hambre se queda sin comer"

Aghh me acuerdo de mi madre, intentando enseñarme modales y ser caballero con las damas... eso no funciona del todo. Ayuda un poco, claro está, pero no logro impresionarla mucho más... una vez leí en su blog que ella odia las flores y los chocolates... menos mal porque que pereza comprar eso también, pero no sé con qué impresionarla.

No es que piense en ella todo el rato, no soy como esos de las novelitas que son machos por fuera y florecitas por dentro, pero sí me ocupo gran parte del tiempo en imaginármela, ese cuerpo, esa boca...en fin, no sigo porque me tocará ducharme con agua fría y ya tengo una reunión, pero esa mujer es increíble.

Seguro también es una de esas que se hacen la fuerte por fuera pero están necesitadas por dentro, quieren un hombre fuerte en sus vidas...

En fin, será invitarla a tomar algo, esa nunca falla.

jueves, 3 de junio de 2010

El sexo opuesto

Primero, quiero empezar agradeciendo enormemente a Alejandro Ramírez por la tarea pasada. Fue una experiencia interesante para todas las participantes! Esperamos tenerlo pronto de nuevo como profesor invitado. Mientras tanto, no se olviden de seguir visitándolo en su página de minicuentos.

Lo segundo es respecto al taller. Me alegra mucho que hayan participado de la tarea anterior y comentando en los textos de las demás compañeras. El taller ha ido remontando la "baja racha", espero que siga así!

Hay varias personas que me han pedido invitaciones y que nunca han escrito. Estaba pensando en retirarle los permisos a esas personas, no quiero parecer "mala onda" pero si no escriben nada... No le veo el sentido a que sean miembros de nuestro taller, no? Pero quiero saber qué piensan ustedes. Ahora, no sé qué es lo que pasa con la gente que escribió solo una vez y no apareció más. No me han dicho que se retiran, pero tampoco creo que deberíamos rogarle a nadie por escribir, no? Bueno, estaba pensando que dejemos esta tarea de esta semana para ver quien sigue y quien no y si alguien por "X" razón quiere seguir pero no tiene tiempo precisamente ahora para escribir, puede avisar. A quien no escriba en esta tarea (me refiero a la gente que solo escribió una vez) le retiraré la invitación y si quieren volver más tarde cuando tengan tiempo y ganas, pues son bienvenidos! Qué opinan?

El otro tema es la tarea de la próxima quincena. Para esta semana había pensado en escribir sobre una foto, pero quiero ser más demócrata, así que estaba pensando en que cada participante busque una foto y cada semana de tarea subimos la foto de una de nosotras y todas escribimos un texto sobre la misma foto. No es necesario que subamos las fotos una seguida de otra, puede ser una foto al mes, y así por lo menos tendremos tarea para cuando nos falte profesor o estemos sin ideas. Ojalá busquen la foto esta semana (así que hay en realidad dos tareas esta semana) para tenerlas de reserva y no tener que estar buscando a última hora. Y ojalá también que sea una foto que les "provoque" algo, en la que uno se pueda inspirar. Si la sacan de internet, no se olviden de decirme de dónde la tomaron, por si tuviera copyright para poner los derechos que correspondan. Pueden subir la foto a una entrada que guardan como borrador y luego las vamos subiendo en el futuro.

Y después de tanta parafernalia, la tarea de esta semana:

Escribir un relato con nosotras como protagonistas, pero el protagonista tiene que ser del sexo opuesto. Es decir, "tienen que meterse en la piel" de un hombre (todas las que escribimos somos mujeres). El tema es libre, solo tiene que ser en primera persona y contado como si fuera un hombre, pero el ejercicio no es solo escribir algo cambiándole el sexo al protagonista, sino que seamos capaces de tratar de pensar como (o como creemos que piensa) un hombre, y describir sus acciones no desde nuestros ojos de mujer, sino como creemos que lo ve un hombre.

Espero que les parezca interesante el reto y les guste la tarea. A ponerse a escribir!

lunes, 31 de mayo de 2010

Cautiverio

Le dolía la marca de la mordedura en la espalda y las uñas dobladas hacia atrás. Ya no intentaba soltarse, las muñecas y los tobillos los tenía entumecidos desde tiempos inmemoriales. Lo más terrible era la oscuridad, no el dolor ni el hambre, pero la sensación de no saber qué hora del día era ni cuantos días, semanas o meses llevaba en cautiverio. A lo lejos el aullido lastimero del perro anunciaba que volvía y la paradoja descomunal le llenaba de alegría: con su torturador y el taconeo de sus botas, entraba también en la habitación un rayito de luz.

Comentarios

Los amiguitos juegan en el computador uno al lado del otro, turnándose, mientras las mamás de ambos conversan un té, de lo más cómodas. Esa habitación es la más acogedora, ideal para pasar la tarde y tener los niños a la vista.

- Mamá, mamá, mira el monstruo de cuatro ojos, lo maté ¡lo maté! Ahora le toca a Ricardo..., te toca.
- Ooooh... Qué entretenido mi amorcito, qué fuerte eres mataste al monstruo, me alegro porque era tan feo...
- ¡Mamá! yo le saqué un brazo.
- ...
- Mamá, hoy en el colegio, Tomás Gutiérrez dijo que sus papás se separaron.

domingo, 30 de mayo de 2010

El abrazo

Y la fría lluvia arreciaba, como llorando porque sería la última vez que te vería. ¡Abrázame!, me pediste y te respondí con un abrazo brutal, pensando en no dejarte partir. ¡No te vayas!, te pedí, pero mi voz no te alcanzó. Y me quedé ahí, parada en medio de la estación, viendo cómo caminabas en dirección al tren y respirando por última vez el olor de tu piel.

sábado, 29 de mayo de 2010

Ahora si que sí.

Recogí al perro de mierda y lo subí al auto. Entre ruegos (esperando que Karen me contestara el teléfono) y puteadas (rogando que no me manchara el tapiz) arranqué lo más rápido que pude.

El perro jadeaba y se quejaba. Igual me dio un poco de pena, si mal que mal fue mi culpa el haberlo atropellado.

La Karen me dice que se lo lleve a su casa, que entre los dos lo curaremos. Aprovecho de comprarle un ramo de rosas a un vendedor en el semáforo y me miro al espejo. Ahora sí que será mía.

La pared de silencio

Ese día todos lo ignoraban. Estaban tristes, sabían lo que él había hecho y no se lo perdonaban, pero tenía que explicarles. Intentó acercarse a su hermana, pero lo ignoró y se encerró en su habitación a llorar. Su hermano estaba en el comedor con los ojos rojos y la mirada ausente, tampoco le prestó atención. Sus padres se hallaban en la sala de estar, su madre estaba bajo calmantes, porque la noticia había sido muy impactante. No se le podía hablar tampoco. Su padre miraba alternamente el fuego de la chimenea y a su esposa, él en el marco de la puerta intentó explicarles, pero sólo recibió una pared de silencio.

Muy triste decidió irse de la casa, para siempre, pero antes escribió una carta explicando desde su punto de vista lo que había sucedido. La dejó en la mesita del recibidor, junto a la esquela que decía: "La Familia Ortiz lamenta el fallecimiento de su hijo..."

jueves, 20 de mayo de 2010

Minicuento

Recibí una invitación para escribir sobre mis minicuentos en este taller literario. Me siento muy agradecido y espero que algo de lo que escriba sea de su interés.

Hace casi dos años decidí crear un blog para publicar los cuentos que iba escribiendo. La idea era escribir uno diario como una forma de presionarme para escribir. Al principio escribía cuentos de extensión variable, pero luego descubrí que los más cortos gustaban más y las visitas se incrementaban notablemente (paranoia de todo bloguero: revisar constantemente su estadísticas de visitas). Luego un familiar me propuso crear una web donde pudiera publicar mis escritos. Así nació MINICUENTO.COM.

Todos los días publico un minicuento acompañado de una ilustración de mi amigo E. S. Bernoy. Normalmente nunca tienen más de 200 palabras e incluso, idealmente, no debería tener más de 100. Yo los llamo minicuentos, pero en otras latitudes los llaman microrrelatos, minificciones, nanocuentos, etc. La denominación es lo de menos. Escribo el cuento y luego se lo envío al ilustrador; él lo lee, lo interpreta y crea una ilustración libre según sus gustos literarios y artísticos. Como regla general no interfiero en la ilustración, excepto cuando la ilustración explica o reinterpreta la historia (cuando deliberadamente se deja algún vacío para el lector); o cuando hay algún escrito o leyenda en la ilustración (ésta se debe limitar a evocar y sugerir). Al principio le pedí al ilustrador que repitiera un par de ilustraciones (mientras sincronizábamos nuestros gustos), pero luego ha sido un trabajo fluido y enriquecedor.

Es difícil decir cómo escribo los minicuentos puesto que nunca hay un patrón fijo. Todo el tiempo estoy en busca de ideas (se encuentran en el lugar más inesperado) y las anoto en una libreta. Lo mejor es concretar esa idea pronto porque si pasa demasiado tiempo la fuerza de la idea se desvanece. Antes de empezar a escribir el cuento procuro tener el final para evitar rodeos innecesarios, explicaciones tediosas o descripciones prescindibles. Así, teniendo el final, todas las demás partes se van acomodando para tener un relato redondo. Un buen final es casi imprescindible en un buen cuento, aunque no se puede caer en el fácil y trillado recurso del final sorpresa. Además en el final no debe recaer toda la fuerza del cuento.

Por ser un cuento corto el principio del relato debe cumplir con varios requisitos:
1. Atrapar al lector antes de que finalice la primera línea.
2. Ubicar al lector espacial o temporalmente (indispensable lo primero) para que de entrada sepa de qué se trata.

De este modo en pocas líneas el lector sabe hacia dónde va la historia y no se siente desconcertado, como en un limbo.

Los minicuentos, por las limitaciones de espacio, crean una nueva realidad a partir de otra existente. Reescriben la literatura, parodian, juegan con los clichés, combinan estilos y técnicas. Según lo anterior, cuentos sobre el dinosaurio (de Monterroso), la metamorfosis (de Kafka), los mitos griegos, la historia, etc., pululan en el universo literario. Y el cuento, como en todo lo literario, debe dedicarse a recrear y no a explicar. Es mejor narrar cómo un hombre asesina a su mejor amigo que era un hombre muy malo, o plasmar al protagonista intentando escribir sin éxito que decir que es un escritor frustrado.

No existen normas para escribir (ni cuentos, ni novelas ni poesías). Los decálogos que han intentado muchos escritores se deben leer como una simple enumeración de sugerencias (que afectaran en mayor o menor medida según el estilo y los gustos particulares de cada escritor). Los talleres de escritores (presenciales o virtuales) no deben ser un tablero de enseñanza sino un foro de discusión. Porque la lectura y la escritura continua son el mejor y más amable de los maestros.

Además de la invitación me han pedido que les deje a los talleristas una tarea, pero como soy un poco anárquico con la enseñanza simplemente sugeriré que escriban un minicuento (ojalá con no más de 100 palabras, pero si necesitan más no hay problema) que verse sobre un tema fantástico.

Muchas gracias por la atención y espero que haya escrito algo interesante que les sirva de una u otra forma en su experiencia con la escritura.

Les copio un par de mis minicuentos a modo de ilustración y los espero todos los días en www.minicuento.com




LA PESTE

Ilustración de Edgardo Sebastián Bernoy
Cuando esa noche llegó el doctor Rosales a su casa, encontró muerto en la jaula a su hámster. Lo revisó en silencio y temió lo peor. Se puso los guantes y empezó a buscar en todos los rincones de la casa. En el desván encontró lo que buscaba: varias ratas muertas.

Salió al jardín y las incineró mientras pensaba qué hacer. Una opción era huir, otra era no hacer nada. Volvió al estudio y organizó en silencio el maletín.

Durante la cena no pronunció ni una sola palabra. Esperaba, como una premonición, que alguien llamara a la puerta. Hasta que por fin escuchó ese momento esperado... Cogió el maletín, repasó en voz baja el juramento hipocrático, y salió a enfrentarse a la muerte.



EL CHIMPANCÉ

Ilustración de Edgardo Sebastián Bernoy
El chimpancé se escapó del zoológico y se refugió en mi casa. Me suplicó con la mirada que lo protegiera y que no lo denunciara. Me apiadé de él. Desde entonces el fastidioso animal se ha empeñado en imitar todos mis movimientos. Aprendió a comportarse correctamente en la mesa, cocina modestamente y sus hábitos higiénicos son bastante dignos. Pero me tocó detenerlo cuando también intentó acostarse con mi esposa: inconforme, se sentó a observarnos y a anotar sus impresiones en una libreta.

Alejandro Ramírez

lunes, 10 de mayo de 2010

Lulita

Lulita es una niña muy obediente y tranquila; vive sola con su madre en una casa pequeña, en una pequeña cuadra de un pueblo más pequeño aun. Siempre viste impecable a pesar de tener muy poco dinero en casa, pero la madre se las ingenia para sacar unos pesos extra vendiendo pan amasado, para comprarle de vez en cuando un pinche para el cabello o unos calcetines. La madre de Lulita trabaja de una fábrica de quesos y llega tarde a casa. Lulita va a la escuela en la mañana, donde es la primera del curso, y cuando tocan la campana, sale muy derecha y camina a casa, sin desviar la atención en los chicos que la miran pasar. Aun cuando tiene 15 años, su madre la ha criado de forma muy estricta y no le permite salir sola ni recibir a nadie. Cuando llega a casa, se saca el uniforme, que deja muy estirado en la silla de la pieza que comparte con su madre. Luego almuerza sentada en la mesa de la cocina, el plato que esta en el horno. Cuando termina, lava la loza, y sale al patio a descolgar la ropa lavada, para luego plancharla. A las cinco en punto termina y se sienta de nuevo en la mesa con una taza de te, esta vez con sus cuadernos, a hacer las tareas hasta las ocho. Al atardecer, ve pasar a sus compañeras y compañeros de escuela rumbo a la plaza, donde solo va con su madre los domingos a la misa de ocho, y ocasionalmente a comprar en las tiendas cercanas.

Un día en el colegio, la directora anuncia que se realizará un festival para reunir fondos para reparar el techo de la escuela. También les cuenta presa de entusiasmo que como broche de otro, tendrán la visita del cantante de moda juvenil e ídolo del momento, Juan Sadé, quien dará un concierto para donar dinero a la escuela. Lulita lo ama en secreto, y tiene guardada bajo una tabla suelta del piso, una foto de su amado. Cuando dicen el nombre del cantante, Lulita se pone roja y siente que el corazón le saldrá por la boca, así que reprime sus sentimientos y se queda quieta, intentando que su turbación pase inadvertida. Cuando terminan las clases camina excitada a casa. La primera vez que viò a Sadé, fue hacía unos meses cuando fue con su madre de visita a la casa de su madrina; ahí estaba en la pantalla del televisor en el programa sabatino de la tarde: moreno, alto, con un traje negro, cantando canciones de amor que le erizaron los pelos de los brazos. Alguna vez le gustò un chico, pero èl nunca la mirò. Sadé era diferente y veía en sus ojos la señal de que esas canciones las estaba cantando para ella. Lo había visto un par de veces más, y lo escuchaba en la radio de la cocina después de la tarea, que es cuando su madre le permitía prenderla, pero no siempre tenía suerte, y solo tocaban a otros artistas. Ahora caminaba a casa, como cada tarde, pero algo había cambiado, una emoción desconocida, una ansiedad, una promesa.

Durante las semanas que pasaron, Lulita intentó hablar con su madre y pedirle permiso para asistir al concierto, pero sabía que diría que no, que era imposible dejarla salir de noche a la plaza del pueblo, donde se celebraría el pequeño concierto. Cada tarde cuando su madre volvía, saludaba a Lulita en forma seca; no era una mujer muy cariñosa, pensaba que el afecto se demostraba de otras formas. Le preguntaba como le había ido en la escuela, si había hecho la tareas, y se ponía el delantal. Lavaba la ropa y preparaba la comida. La niña permanecía expectante ante alguna señal de su madre, una sonrisa, algo que le dijera que era un buen momento para preguntar, pero la mujer permanencia ausente y ella no se atrevía a decir una palabra. Lulita se iba a la cama, y cuando las luces se apagaban, lloraba en silencio, porque sabía que nunca podría estar frente a frente a su príncipe de voz maravillosa.

La fecha llegó, y fue a la escuela como cada mañana; hubo una clase temprano y luego salieron todos al patio a preparar las actividades anunciadas; las chicas y chicos confeccionaban plumeros de papel de diarios, letreros y pendones de colores, decorando con ellos los pasillos. Hacia un día hermoso de primavera, aunque el sol no calentaba del todo. Quieta en su pupitre, hacía dibujos para los carteles; no era una niña muy sociable y no tenia amigas, a nadie a quien contarle esa corriente subterránea de emociones que la tenían exaltada y triste a la vez. Cuando llegò la tarde partió a su casa. Cuando llegó, se sentó en la mesa de la cocina, sin comer siquiera y se quedó ahí, estática, por horas, sin poder llorar. La ropa quedó colgada y tiesa de sol, la comida se cubrió con una dura capa y la plancha esta vez no salió del viejo mueble. Cuando empezó a oscurecer, sintió los gritos de los chicos que iban camino a la plaza, vestidos con sus mejores trapos y moviendo al aire sus plumeros de papel. Esta vez hacían más ruido que de costumbre, pues iban coreando las canciones de Juan Sadé.

Se levantó y fue a la habitación, se sentó en la cama y se desnudó. El reflejo de la luz que venía de la luna toco su piel, y se observó en el espejo del ropero; sus labios rojos y abultados, su mirada de mujer, ya no de niña, sus ojos y su pelo largo y negro bajando por sus pechos erguidos; sacó sus ropas de domingo de un cajón y se vistió en la oscuridad. Salió de casa y enfilo por el pequeño camino de tierra hacia la plaza. A medida que iba caminando, comenzaban a verse las primeras luces y el sentir el ruido de la gente. Unos niños tiraban petardos y encendían estrellitas de luz, y multitudes de personas se agolpaban para acercarse al escenario. Extasiada, observada envuelta de ese ambiente iluminado y festivo, de vendedores ambulantes con sus manzanas confitadas y yo-yos de colores, de malabaristas y magos leyendo las cartas a ilusionados parroquianos. A medida que pasaban los minutos el miedo iba pasando, porque Lulita le tenia miedo a todo; a estar sola tan lejos de casa, aunque solo fueran una cuadras, a la oscuridad, a los perros, al disgusto de su madre cuando volviera a casa. Si, eso era lo que mas temía, aun cuando nunca la había castigado de ninguna forma; el solo pensar en desobedecerla no la dejaba del todo tranquila. Se fue acostumbrando al bullicio, y trato de acercarse lo más que pudo al escenario, hasta que divisó a unas compañeras de curso que se asombraron al verla. Lulita las miró tímida, y en vez de ignorarla, la llamaron sonrientes para que se acercara, y le regalaron un plumero de papel. Los parlantes anunciaron la llegada del artista, y la música empezó a sonar cada vez más fuerte, hasta que Juan Sadè apareció elegante y seductor. Lulita gritaba, y cantaba y reía en medio de cientos de personas, mientras veía al hombre más hermoso de la tierra cantando “Si supieras lo que esperé por ti”. Las emociones eran tantas, risa, llanto, sensación de libertad, todas condensadas en la hora que duró el concierto. En medio de vítores y vises, el cantante dijo adiós al pueblo, prometiendo amarlos y adorarlos para siempre.

La multitud se fue abriendo, y se despidió de sus compañeras como si fueran amigas. Nos vemos en la escuela!!! le gritaron, y Lulita sintió que su vida ya no sería la misma a partir de mañana, que era el día más feliz de su vida, y que nunca lo olvidaría. Se sintió fuerte, tranquila y empezó a caminar entre la multitud cada vez mas dispersa, cuando notò que alguien la seguía de cerca; siguió unos pasos mas sin atreverse a mirar, mientras el miedo se apoderaba de ella imaginando los peligros de la noche. “Lulita” llamó la mujer, y al darse vuelta se encontró con su madre que la miraba; Lulita quiso hablar pero la madre le dijo con la mirada que no era necesario. La miró asombrada, llena de preguntas, pero la madre estaba serena, con un amago de sonrisa en su boca. Y como cuando era domingo, caminaron las dos mujeres tomadas del brazo rumbo a la casa en medio de la noche.

El amor de mi vida.

Hace dos días que no me llama. Y como le dio ahora con que nuestra relación es libre, sin nombre, no puedo exigirle nada. Pero el muy fresco sí me exige a mí bastantes cosas: que le cotice unos pasajes al sur para el próximo evento, que busque por todos los supermercados cercanos a la oficina unos chocolates finísimos para regalar a los clientes, que lo vaya a dejar a la casa porque le carga manejar, que le consiga nuevas promotoras porque al cliente no le gustaron las últimas…

A veces me dan ganas de no verlo más, de cerrar para siempre la puerta de mi corazón que le abrí hace casi diez años y comenzar de nuevo, con un hombre que realmente se la juegue por mí y no tenga problemas en andar conmigo de la mano por donde sea.

De hecho, y si la memoria no me falla, la única vez que estuvimos juntos sin preocuparnos por los demás fue en Antofagasta, donde el trabajo era poco y la paga muy buena. Tres días completos para nosotros dos, casi como una luna de miel: recorrimos las playas, nos sacamos fotos riéndonos como niños, comimos y tomamos harto, fumamos, hicimos el amor. Claro que nunca tomados de la mano porque no le gustan mucho las demostraciones públicas (a mi tampoco), pero si alguien nos veía podía notar sin problemas que somos pareja, por esa cosa de las actitudes que una hace sin darse cuenta.

Lo bueno es que en ese viaje logré que me abriera un poco su corazón y me dijera lo que realmente siente por mí. Se enredó un poco en las explicaciones, pero lo que sí me quedó grabado es que le da miedo enamorarse, y yo le aproveché de preguntar si ahora tenía miedo, y me dijo que sí, que se sentía enamorado de mí.

También la otra conclusión a la que llegamos es que sería imposible vivir juntos, porque (como dos buenos geminianos que somos) nuestros caracteres son demasiado fuertes y, tal como nos ocurre día a día en el trabajo, pasaríamos peleando y al final la convivencia diaria se transformaría en un infierno.

Me acuerdo que la felicidad por ese viaje me duró como un mes: él estuvo cariñoso, atento, me llamaba, nos veíamos más seguido y yo me sentí un poco más segura porque veía sinceridad en sus ojos. Quizás me valoró realmente como mujer y pudo darse cuenta de todo lo que yo he hecho por él en estos años, mis sacrificios y mi amor sin esperar nada a cambio, sólo un llamado o una mirada distinta a las demás.

Claro, porque su problema es que le gustan todas las mujeres. Hasta las que él me dice que no le gustan, como esa yegua que estaba a cargo de las promotoras para un evento bien grande. Lo pillé porque fue justo en esas épocas medias extrañas que pasa, que se aleja de mí y sólo trabajamos. Igual me acostumbré a esos períodos suyos como de distanciamiento; supongo que tiene cosas que pensar o está muy ocupado.

Pero esa vez fue diferente, porque no andaba malhumorado ni estresado: al contrario, no podía disimular una sonrisa como de satisfecho. Me hice la tonta, pero apenas pude le tomé el celular y le revisé las llamadas recibidas, realizadas y perdidas, anoté los números desconocidos para mí y sólo uno era el que más marcaba. El problema era que tenía sospechas sobre dos mujeres (ninguna de su tipo, porque cuál de las dos es más flacuchenta y sin pechugas, y se supone que le gustan pechugonas y harto de donde agarrar, en fin). Llamé a las agencias de las dos, como haciéndome la que estaba poniendo al día nuestra base de datos, y así fue como supe con la yegua que andaba. Le observé su felicidad por un mes completo, hasta lo seguí en mi auto en la noche, y vi con mis propios ojos como entraba al mismo motel que me llevaba a mí con la yegua esa.

No lo encaré sino que esperé que se le pasara la calentura. Me enfermé del estómago en esos meses, pero por lo menos bajé de peso y algo es algo. Obvio que a la yegua plana la trataba pésimo cada vez que iba a la oficina y los cheques para pago se los escribía mal. Si reclamaba por algo yo me hacía la que no me daba cuenta y asunto zanjado, además que con el cargo de conciencia que sentía por engañarme con esa estúpida no era capaz de retarme por tantos errores.

Después, cuando volvió a buscarme, me costó mucho perdonarlo y no hacerle comentarios hirientes, aunque que lo único que conseguía era tenerlo un día para mí y luego que se alejara por bastante tiempo, en ese mutismo lleno de gruñidos que me duele mucho. Hasta que me di cuenta que si no quería perderlo debía lavar mi corazón de toda la rabia y resentimiento.

Porque esa es la única manera en que lo siento mío.

Recuerdo de la infancia

Marita tenía 5 años cuando entró a 1o. básico. Ya en otras ocasiones se había separado de su madre, pero siempre con sufrimiento de por medio. Había ingresado al jardín infantil con su hermana menor, y mientras la pequeña gozaba compartiendo con los otros niños, Marita lloraba en un rincón. Para ayudarla, la madre la inscribió en la misma escuela donde ella trabaja, pero esto no significó ningún alivio, y Marita siguió con el llanto a la hora de quedarse en la sala de clases.
En la nueva escuela la esperaba Sor Ma. Teresa que llevaba 6 años de monja profesa. Tenía harta experiencia con niños, pues había sido ayudante de la profesora de primero básico desde los 19 años, cuando empezó su postulantado.
Sor Ma. Teresa era alegre, cariñosa, bajita y con la cara redonda. Muy distinta a la directora, una moja italiana color tiza, muy seria y disciplinada que daba susto a cualquiera, incluídos los adultos.
La madre de Marita tenía una estrecha relación con las monjas, se conocían desde hace tiempo. Para la fiesta de la Virgen, el 8 de diciembre, la madre de Marita las convidaba al campo a recolectar copihues, y se quedaba con la simpática imagen de las mojas sujetándose los hábitos para encaramarse en los árboles.

Pero poco cambiaban las cosas para Marita, seguía llorando cada mañana que tenía que ser separada de su madre. La bajaba de la camioneta, la tomaba de la mano, y mientras se acercaban a la puerta de la escuela le repetía con entusiasmo "... Qué bien lo van a pasar hoy con tus compañeros... Qué rico correr por la cancha y jugar al pillarse... Se hace tan corto el tiempo de clases...", pero Marita nunca vió nada atractivo en las afirmaciones de su madre.





Ahora que Marita es adulta, tiene ese dulce recuerdo de haber sido de las niñas que lloró al entrar a la escuela. En su mente de adulta, ese gran problema es algo muy lejano. Ya ha pasado tanto tiempo, tantos años en los que, como cualquier persona, fue dejando de a pedacitos su inocencia para abrir los ojos al mundo, con todo lo negativo y positivo que esto significa.

Antes de dormirse, de vez en cuando Marita recuerda su infancia. Una noche tuvo curiosidad de esa monja de cara iluminada y feliz... De la que ya ni recordaba el nombre. Entró a internet, y llegó a un foro de ex alumnos de su antigua escuela ¡Que maravilla! ahí estaban muchos comentarios alusivos al espacio físico de la escuela, a las profesoras y a Sor Ma. Teresa, incluso había fotos de ella abrazando a un par de niños vestidos con ropa chilota. Y a Marita se le vino como un flash el día en que llorando salió de la escuela, dio la vuelta a la esquina y alcanzó a su madre a punto de marcharse. Qué alivio encontrarla, y qué angustia cuando su madre la regresó a la escuela. Ahí estaba Sor Ma. Teresa, quien la recibió y, pasando por entre todos los compañeros que se encontraban sentados, la condujo hasta la salita de atrás de la sala de clases, lugar destinado a colgar los delantales. Marita no levantó la vista mientras escuchó el silencio y los golpes en el trasero que le dio Sor Ma. Teresa con el bolsón. No le dolió.

Esta noche se da cuenta de las marcas que dejó en su personalidad la humillación de la monja, y del dolor, ese que sintió cuando escuchó a su madre contarle a una amiga: "Sor Ma. Teresa me contó que le había pegado".

domingo, 9 de mayo de 2010

En la mente de un hombre

Samir era un niño grande... o eso es lo que todos creían. Toda su vida había vivido en una comunidad conservadora y muy tradicional, sin embargo, las miles de imposiciones que su entorno le imponían no lograban mitigar ese espíritu rebelde que quería cabalgar libre, lejos de todo aquel encierro en el que vive.

A Samir le gustaba hablar con la gente, conocer su modo de vida, sus creencias, sus costumbres, sus peculiaridades, su familia creía que está bien siempre y cuando no perdiera su pureza y su castidad.

El no entendía el porqué de tantas restricciones: había restricciones para la vestimenta, para la comida, para las relaciones sociales, para la risa... para el amor. Sí, Samir soñaba algún día encontrar a alguien a quien amar, no alguien que sus padres le obliguen a amar, y aunque en la comunidad donde vivía esto sería motivo suficiente para ser exiliado a él no le interesaba, era joven y no le daba miedo el trabajo pesado, sabía que iba a estar bien.

Conoció a Luna en una reunión de trabajo, era una chica bastante diferente, no le importaba el que dirán ni las imposiciones sociales, era inteligente, bonita e independiente: hechizó a Samir desde el primer momento. Samir soñaba con ella, su corazón se aceleraba cuando oía su voz, temblaba al verla, suspiraba con solo recordar su nombre. Siempre la miraba en la cafetería cuando ella se acercaba a pedir su café matinal, veía la mirada de sus otros colegas que seguramente pensaban lo mismo que él: esa chica no era nada tradicional, y presentaba un reto. Samir un día decidió tomar cartas en el asunto antes que alguien se le adelantara y le habló.
- Hola, que presentación tan buena la tuya, no sabía que los niveles de ventas habían dado ese vuelco tan terrible, sin embargo lo manejaste muy bien.
- Hola, gracias, vaya, que alegría que alguien lo reconozca ¿cómo te llamas?
- Soy Samir
- Yo soy Luna, ¿quieres tomarte un café conmigo y conversamos más?
- Claro…

El corazón de Samir latió acelerado toda la velada, y al final lo único que podía recordar era sus hermosos ojos y su dulce voz. Esa tarde fue mágica y Samir caminó en nubes de alegría.
La relación se fue consolidando a medida que pasaba el tiempo, de un colegaje amistoso pasó a una amistad más profunda y a una química chispeante. Luna sabía que Samir la encontraba atractiva y poco a poco ella empezó a encontrarlo dulce, a admirar su batalla interna con la rigidez de la comunidad donde él vivía, a verlo atractivo.

Su relación fue un remolino de emociones encontradas, dulzura, deseo, ganas de salir adelante, amistad, complicidad… era lo que ambos sentían cuando estaban juntos. Luna era una mujer vibrante, llena de misterios y de retos. Cada vez que estaban juntos Samir descubría aspectos de la humanidad que pensó eran imposibles o sólo cuentos de hadas. Samir creció con Luna, llegó hasta el cielo y empezó a pensar que quizás estaba en el camino a la libertad que tanto añoraba.

Samir no podía ser más dichoso, pero aún quedaba el pequeño problema que era una relación secreta. Samir no era capaz de decirles a sus padres que había encontrado a la chica de sus sueños, pero que no era alguien de su comunidad, que no era la chica sumisa y tranquila que sus padres querían como nuera. Era una mujer independiente, segura de sí misma, que nunca se sometería a la voluntad de un hombre o a los trabajos de un hogar. Samir se sentía locamente atraído por Luna, y sabía que ella sentía lo mismo por él… ¿será mejor escaparme? ¿dejar todo atrás y partir? Luna lo aceptará sin problemas, ella me quiere... ¿no?... es verdad que de tanto en tanto me reprocha mi falta de carácter en cuanto a nuestra relación, y si consiente en esconderla es por el bien del trabajo de ambos, pero ¿sería diferente si trabajáramos en distintos lugares?... al fin de cuentas ella es una chica independiente y conoce mucho más del mundo que yo… la verdad es que me asusta, ¿qué le puedo ofrecer yo? gano menos que ella, no soy tan abierto como ella, quiero casarme y tener una vida tranquila, ella quiere mucho más que eso… además, ¿qué va a pasar si nos casamos? Yo quiero llegar del trabajo y que mi esposa me espere con la casa limpia, una rica cena y la mejor de las sonrisas, Luna no sabe cocinar, le aterra quedarse en la casa y siempre quiere explorar y conocer el mundo, Luna no me necesita, soy sólo su compañero ¿qué tal que tenga más compañeros y yo no sepa?... ¿será que mis padres tienen razón? Si les presento a Luna no la van a querer, y me voy a meter en problemas, además mi madre ya me tiene unas cuantas candidatas para esposa, chicas tradicionales, pero Luna me gusta mucho… con ella tendría la posibilidad de salir de aquí, claro que eso significaría perder todo lo que conozco... ¿y que tal que un día, estando lejos de aquí ella conozca a alguien mejor y se vaya?... no tendré a donde regresar... perderlo todo por un sueño de juventud...

Samir se casó con Nadita, una mujer que sus padres eligieron como esposa y no se puede quejar, Nadita es una esposa cariñosa y tradicional, se hace cargo de la casa, atiende a los niños, le espera con la cena caliente y cumple sus deberes maritales sin chistar. Nadita es la esposa perfecta para Samir porque ella depende de él, lo hace sentir importante y necesitado, él es su héroe y ella por siempre lo adorará. El sabe que ha sido el único hombre en la vida de Nadita y eso lo hace sentirse superior, intocable.

Sin embargo, en las noches de insomnio, escuchando la tranquila respiración de su esposa a su lado, Samir piensa en Luna y se pregunta...

Sebastián

Sebastián era un chico feliz y afable, parco en palabras, sí, pero no se puede pedir todo e incluso este pequeño defecto le hacía aún más interesante. En cuanto acabó los estudios encontró un buen trabajo y se echó novia. Pronto buscaron una casa, se casaron y no tardaron mucho en tener hijos. Bien seguiditos, como mandan los cánones.

Con el paso del tiempo este chico agradable se fue convirtiendo en un hombre huraño. Perdió todo el contacto con sus amigos y se fue encerrando en sí mismo, ni siquiera miraba a su mujer. Se había convertido en esclavo de sus hijos, sobreprotegidos y mimados porque él no quería que les faltara de nada, y del trabajo, no existía nada más en su vida. Sus familiares, los únicos con los que seguía manteniendo algún contacto, no eran capaces de hacerle entrar en razón y su mujer miraba incrédula al hombre con el que compartía la cama cada noche, intentando ver algún vestigio del chico que le había cautivado hacía no tantos años. Del hombre cariñoso, atento y siempre dispuesto a echar una mano no quedaba nada, ella se sentía invisible frente a él, pero no podía negar que era un padre siempre presente y eso complicaba su decisión de abandonarle. Sebastián por su parte odiaba todo de su vida actual, nada le proporcionaba satisfacciones. El trabajo que tanto le gustaba al principio le resultaba ahora monótono y sin interés, sin embargo seguía dejándose la piel en él cada día a falta de una motivación mejor. Su mujer a la que tanto había querido cuando la conoció le parecía la persona más pesada del mundo y ya hace meses que había decidido ignorarla. La casa que había buscado con tantas esperanzas de futuro ahora le parecía una cárcel, en un pueblo que odiaba, rodeado de vecinos cotillas que seguro que hablaban de sus problemas matrimoniales cada vez que le veían pasar. Y ni siquiera se reconocía a sí mismo cuando se miraba en el espejo, había engordado casi 20 kilos, no era capaz de andar más de cinco minutos sin perder el aliento y estaba empezando a quedarse calvo, signo inexorable del paso del tiempo que le confirmaba que estaba echando a perder su vida. Desgraciadamente no era capaz de encontrarle un sentido a su vida, no se veía así diez años después, prefería verse muerto y a menudo hacía bromas de mal gusto al respecto. Sólo sus hijos conseguían sacarle una sonrisa de vez en cuando, pero no era suficiente para hacerle reaccionar y despertarle de su letargo.

Un día en el supermercado vio a una mujer que le resultó familiar aunque no podía recordar de qué la conocía. Tenía una belleza simple y dulce y Sebastián no pudo evitar mirarla fijamente. Ella se dio cuenta y en seguida y desvió la mirada, le disgustaba que un hombre tan desagradable la mirara de aquella manera. La cajera saludó a la mujer “Hola Estefanía, ¿qué tal va todo?” y esta sonrió. Sebastián pensó en el nombre y vinieron a él recuerdos extraordinarios, de su primer amor verdadero que acabó de aquella forma tan triste. Ellos todavía se querían pero Estefanía tuvo que viajar lejos por un año y decidieron darse tiempo, cuando ella volvió, Sebastián pensó que durante su ausencia Estefanía habría conocido a chicos mucho más interesantes que él y nunca se atrevió a ponerse en contacto se nuevo con ella. El tiempo fue pasando y sus caminos no volvieron a cruzarse. Hasta ese día. ¿Se atrevería Sebastián comprobar si esa Estefanía era, como él intuía, la misma que le había robado el corazón? De todos modos, ese viaje relámpago al pasado le había hecho darse cuenta que aún tenía ganas de vivir y le quedaban sentimientos, sólo era cuestión de orientarlos en la dirección correcta para salir adelante. A partir de ese día sólo iba a hacer lo que le dijera el corazón y no iba a dejarse llevar por los dictados de una vida correcta a los ojos de los demás.

martes, 4 de mayo de 2010

Hasta que la muerte nos separe

Abre los ojos cansada, como si no hubiera dormido en toda la noche, con el dolor de cabeza punzante que la acompaña casi a diario. Está sola en la cama. Él se ha ido a trabajar. Otro día de silencio.

Se levanta, se ducha, se maquilla, se viste, se perfuma. Con manos inquietas va recorriendo la casa, dándole instrucciones a la empleada, arreglando las flores que solo ella ve que no están en la posición en que deberían estar. Ha pasado más de la mitad de su vida casada con él y se lo recuerda a sí misma cada día.

Hubo un tiempo, en el principio, en que se sintió enamorada. Todo era nuevo, nuevas sensaciones, la nueva casa, el nuevo marido. Desde pequeña lo había soñado, el despertarse cada mañana junto a la misma persona, ser feliz. Pero el sueño no duró. A los pocos meses se convirtió en pesadilla cuando descubrió que él le era infiel. Hubo llantos, recriminaciones, silencios y hasta alguna cachetada. Ella quiso separarse, él le dijo que nunca la dejaría irse, que cuando se habían casado lo habían hecho hasta que la muerte los separara y que "las otras" no eran importantes para él, que él la amaba.

Ella no le creyó. Si necesitaba a otras era porque en realidad no la amaba. En su desesperación trató todo lo posible por escapar de él. No quería oírlo, no quería verlo. Él le repetía que estarían juntos hasta que la muerte los separara y esa fue la única solución que ella vió. Se cortó las muñecas con el cuchillo más grande de la cocina, se tomó todos los somníferos que pudo conseguir y se metió a la tina llena de agua tibia, pero él no la dejó morir. La sacó del agua, le lavó el estómago y le cosió la piel y le prometió que cambiaría. La amaba. Solo a ella. Ya no habrían otras.

Herida, buscó lo que no tenía en su matrimonio en brazos de otro, pero le pesó la conciencia y le provocó arcadas. Le confesó el affair a él, y él, en vez de dejarla o de al menos recriminarle, como ella esperaba, la perdonó. Le dijo, simplemente, que la perdonaba y que no se hablaría más del tema. Estaban casados hasta que la muerte los separara.

Con el tiempo llegaron los niños y la esperanza de escapar de él se esfumaba con el pasar de cada día. Nunca habría podido dejar a los niños. Se resignó a llevar una vida muerta. Ni siquiera el arte, lo que había estudiado y para lo que, se decía, tenía talento, la consolaba. Dejó de pintar y dibujar. Sólo de vez en cuando hacía pequeñas cosas, regalos diminutos para sus amigas. Los años se le fueron en ver crecer a los niños y verlos irse, moverse por la casa silenciosa como una mariposa atolondrada y esperar, esperar por el momento de su libertad. Algunas veces pensó en asesinarlo, pero llegada la hora, nunca tuvo el valor de hacerlo. Sin embargo, nunca bajó la guardia. Cada mes guardaba un poco de dinero en un lugar secreto. Con el tiempo se había convertido en una pequeña fortuna. Ella soñaba a diario en lo que haría cuando él ya no estuviera. Pensó que él finalmente la dejaría ir cuando lo descubrió engañándola con otro hombre, pero él le dijo que no, que a quien amaba era a ella, que el otro era un pasatiempo, que estarían juntos hasta que la muerte los separara. Si me dejas, te busco, te mato, mato a los niños y después me suicido, finalizó él. Ella sabía que hablaba en serio.

Pero ahora... ahora es distinto. Los niños se han ido, son más grandes y más poderosos que él, sabe que no les puede hacer daño. Y ella... ella ha conocido a alguien, un aspirante a artista de quien cree haberse enamorado, pero no está segura de ser correspondida. El artista es joven y pobre y ella sabe que le dobla la edad, pero piensa que quizás si su pequeña fortuna le ayuda a impulsar su carrera, la verá con otros ojos. El problema sigue siendo él. En el lugar más profundo de su ser, ella sabe que él no la dejará ir, sabe que dentro de él se esconde un animal que ha estado agazapado todos estos años y sabe que a pesar de lo que ha dicho, él jamás le ha perdonado su desliz...

- "Yo los declaro marido y mujer, hasta que la muerte los separe"...

Ella oye los aplausos. Ve que él se le acerca, 25 años más joven, y la besa. ¿Ha sido un sueño? ¿O una premonición? Todavía aturdida baja los escalones tratando de no enredarse en el vestido de novia. Ve que los invitados mueven la boca, pero oye sus voces como si hablaran un idioma extraño, imposible de entender. Quiere correr, huir, no volver la vista atrás, pero sabe que está atrapada y que hará lo que él diga, hasta que la muerte los separe.

lunes, 3 de mayo de 2010

La Ley y el Deseo

Blue nos ha dado la idea para esta semana:

Elementos que hacen valioso un relato:

- Tener un personaje con caracteristicas definidas, que este tenga defectos y virtudes, ya no hay nadie completamente malo o bueno. Este personaje debe ser continuo en sus acciones, por ejemplo si es inteligente que lo sea siempre, a menos que tenga una justificación valida para hacer algo muy tonto.

- Debe relatar algo interesante o excepcional; dentro de los acontecimientos del relato hay dos líneas paralelas que son "La ley" y "El deseo"; la idea es que haya conflicto entre estos dos polos, ya que no es interesante una historia donde los personajes se muevan solamente por la ley o solamente por el deseo, ejemplo: un relato de unas monjitas haciendo una fila; ese relato en sí no sería interesante a menos que ocurra algo que rompa el curso predecible o donde las acciones se mueven en una sola área: "que una monjita se salga de la fila". Lo que ocurra con ese relato es lo que lo hará interesante o no. Si la monjita se sale de la fila y nadie dice nada ni hay reacción, deja de ser interesante también, pero si se genera alguna acción de parte su entorno, o la vemos recorrer un camino de aventuras y cosas nuevas, por ej., es cuando empieza a ponerse interesante.

- Debe poseer emotividad y producir identificación: identificación con las cosas que nos pasan a nosotros como seres humanos, desde las básicas a las mas complejas; tiene que ver también con la identificación de uno mismo puesta en el relato, cosas que tengan que ver con nosotros, que sea un espejo de lo que tu eres. Eso no significa que el personaje sea uno, o las cosas que se cuenten sean experiencias necesariamente reales, sino que en lo más profundo del relato estés tú.


La Tarea de esta semana será hacer un relato donde se cumplan con esas tres características, basándose en la premisa de "la ley y el deseo"; cuando se habla de deseo, en el caso de las monjitas, no significa que ella se saldrá la fila a hacer cosas poco santas, o si, eso quedara a criterio de quien escribe. El deseo es visto mas como un impulso vital e interno de encontrar algo mas allá, de romper con ciertos moldes, que hagan un relato interesante y poderoso.

En resumen el relato:
1.- debe tener un personaje de caractaristicas definidas.
2.- debe relatar algo interesante o excepcional que mueva al personaje de la ley al deseo o viceversa.
3.- debe poseer emotividad y producir identificación; que en lo más profundo del relato estés tú.


Bueno, la tarea ya está dada. Los plazos para subirla son desde ahora hasta el lunes 10 de mayo, o sea, tenemos una semana! A ponerse a trabajar!
Gracias Blue por la idea. Estoy ansiosa de leer los relatos de esta semana. Abrazo a todas! Macarena.

domingo, 2 de mayo de 2010

Propuesta de profesor invitado

Hola a todos.

Leía el anterior post de Maca y me di cuenta que posiblemente estemos en un impasse de escritores, pero creo que es normal, a fin de cuentas ni pagamos ni nos pagan por participar aquí, y desgraciadamente para algunos eso es excusa para no comprometerse con las cosas y eso puede crear inestabilidad en los demás.

Sin embargo, no nos enfoquemos en esas cosas negativas, veamos los puntos positivos que hemos logrado entre todos:

1. Tenemos nuestro taller literario y nuestro espacio para leer, escribir y aprender. Incluso en las polémicas que se han presentado hemos aprendido (a pesar de que la primera tuvo un fuerte impacto) y es normal estar en desacuerdo con los demás.

2. Tenemos unos cuantos amigos virtuales (aunque muchos de ustedes ya se conocían) pero es agradable saber que para cualquier cosa que escribes, hay alguien detrás de la pantalla que lo lee y opina, es decir, nuestra producción tocó a alguien en algún nivel.

3. Este es un espacio, por pequeño que sea, para dejar volar nuestra imaginación, y por lo visto nos hemos ido soltando bien, quizás por ahora no nos nominen a un Nobel de la escritura, pero por lo menos en mi caso me he divertido mucho leyendo los cuentos de mis compañeros y escribiendo para ellos.

Estoy segura que hay muchas más cosas buenas, lo importante es que los que estamos aquí tenemos el compromiso con el taller, con los compañeros y lo más importante, con nosotros mismos de compartir y aprender.

Luego de esa entrada filosófica quería proponerles alguito (si el profe lo aprueba, claro está), yo leo mucho una página de minicuentos que me encanta www.minicuento.com. Aquí podemos ver como un párrafo narra toda una historia agradable, sencilla y muy entretenida. El autor de la página se llama Alejandro Ramírez y personalmente creo que es un gran escritor. Podemos pedirle que nos de una "lección" virtual sobre técnicas para escribir minicuentos y luego, con base en eso, la tarea podría ser escribir un minicuento. Sería una especie de profesor invitado.

Si les gusta la idea me dicen, yo me pongo en contacto con él y le explico lo que queremos lograr. Él es una persona maravillosa y seguro que nos encuentra un hueco en su agenda :)

Quedo entonces a la espera de sus comentarios y de la aprobación de Tito y Maca.

Los mejores deseos para todos.

sábado, 1 de mayo de 2010

Los proyectos inconclusos y la tarea de esta semana.

Si hay algo que no me gusta, es dejar proyectos inconclusos. Si bien hay cosas que hago solo por un tiempo, ese tiempo, aunque a veces corto, es un ciclo, con un inicio y un final. Este taller lo inicié por una necesidad mía y esa necesidad, esa urgencia de escribir, no se me ha pasado/ido/quitado.

No sé bien que es lo que esperaba del taller. Soy realista. Sé que como en cualquier proyecto en el que participemos seres humanos algunos se quedarán en el camino, otros se irán, otros se unirán, y así, será un flujo constante de almas, como la vida misma, no? Me da pena ver el taller agonizando casi, pero no lo voy a dejar morir. Y para eso necesito ayuda. Yo no puedo hacer las cosas sola. Me gusta escribir, amo escribir, pero no tengo la formación ni los conocimientos suficientes como para dirigir este taller sola, ni como para hacer críticas "literarias" a los demás que escriben. Tampoco puedo obligar a nadie a participar y habrán veces en que participe mucha gente y otras en que seremos pocos. Solo espero no terminar escribiendo sola...

Y bueno, hablando de ayuda... Aún no hay tarea para esta semana, como me imagino que ya han visto. Si alguien quiere sugerir tareas son bienvenidas. También, de nuevo, si alguien tiene ideas de cómo mejorar el taller, experiencias que nos puedan contar de otros talleres, o lo que sea, no duden en comentar.

Gracias por participar en esto conmigo!

¿Cómo aprender a escribir?

Estimad@s; Como un aporte a nuestro querido taller subo un my buen articulo que encontre, en mi contante busqueda autodidactica de ser escritora. Espero les guste.
Blue.

Tomado del sitio http://www.leergratis.com/literatura/como-aprender-a-escribir.html

¿Cómo aprender a escribir?
La lectura como escritura
Por Germán Lacanna, en 4 de Mayo de 2008

¿Cómo escribir un cuento? La pregunta parece el título prometedor encontrado en algún folleto callejero que promueve algún tipo de taller literario. La pregunta conlleva una respuesta implícita: preguntarse sobre una manera o técnica de escritura significa que esa manera o técnica existe. Lo que a su vez significa que alguien tiene (¿escondida en un cajón?) una serie de leyes a seguir que facilitarían la producción literaria. Aviso: nunca he ido a un taller literario y siempre he querido saber que se enseña allí. En realidad la duda va más alla de ello: ¿se puede enseñar a escribir? ¿se puede aprender a escribir?

Creo que el riesgo más importante radica en la personalidad del maestro que maneja al taller ya que a veces puede incitar -conciente o inconcientemente- a escribir como él, o como le gusta a él. Este tipo de profesores terminan jugando un rol más dictatorial que de guía literario ya que sólo aceptan una visión única de los hechos: la suya. Algunos me dirán que no todos son así: es cierto. Otros me dirán que ese tipo de maestros son por lo general gente de renombre en la esfera literaria y que sus alumnos buscan convertirse en discípulos, como si se tratase de la vieja escuela pictórica del renacimiento. También es cierto, pero no por ello menos peligroso.

Quizás el mejor consejo que se le puede dar a las personas que quieren “aprender” a escribir es, sencillamente, “aprender” a leer. En ese sentido Borges no estaba tan equivocado cuando decía que todo lo que había leído era aún más importante que todo lo que había escrito. En esta “humilde” frase se encuentra concentrada toda una teoría sobre la literatura que, años después, generó (y sigue generando) repercusiones, ecos, en las diferentes áreas de la filosofía y del análisis literario.

La enseñanza principal de esta idea es la siguiente: toda escritura es siempre, y antes que nada, lectura. Escribir es siempre re-escribir. Esto quiere decir que cada vez que estamos escribiendo un texto, estamos en realidad re-escribiendo otro texto, citando otro texto.

Dos cuentos de Borges nos aclaran este concepto: “La biblioteca de Babel” y “Pierre Menard, autor del Quijote“. En el primero, el autor argentino imagina que el universo es una infinita biblioteca en la que basta con que un texto sea probable para que exista. Por ende, cualquier tipo de combinación de letras -tenga sentido o no- era suficiente para llenar las páginas de los innumerables fascículos perdidos en la biblioteca. Entre ellos existiría una suerte de Libro-Dios que contendría todos los otros libros en él; sin embargo, este Libro-Dios está perdido para siempre. De aquí se desprende una idea importante: todos las obras de la biblioteca son la re-escritura de ese Libro-Dios, son borradores, copias, de esa Obra Original.En “Pierre Menard, autor del Quijote”, Borges nos presenta una paradoja: un escritor francés que desea volver a escribir el Quijote, literalmente, pero sin copiarlo. Para entender mejor de que se trata leamos este párrafo:

Es una revelación cotejar el Don Quijote de Menard con el de Cervantes. Éste, por ejemplo, escribió (Don Quijote, primera parte, noveno capítulo): … la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir. [...]Menard, EN CAMBIO, escribe: … la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo, depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso de lo presente, advertencia de lo por venir.

Ponemos el acento en “en cambio” porque nos muestra la diferencia entre el texto “original” -el del Quijote- y la “copia” -el de Menard. Ambos fragmentos son morfológicamente iguales, sin embargo poseen sentidos diferentes, es decir, se pueden leer de maneras diversas: el estilo de Menard es arcaizante y afectado, él de Cervantes, desenfadado.

Ambos ejemplos nos ayudan a pensar la escritura como lectura: antes de ser escritor, se es lector y mientras mejor lector uno pueda ser, mejor escritor será. Esta idea excedió los dominios de la literatura y fue aplicada en diferentes campos de estudios. El filósofo francés Jacques Derrida, por ejemplo, desarrolla toda una teoría sobre el monolingüismo del otro que, resumiendo groseramente, argumenta que uno habla siempre una sóla lengua, pero esa lengua no nos pertenece: viene del otro, pasa por nosotros y se va. La lengua, como la escritura en nuestro caso, no nos pertenece, viene de otra parte. Así, escribir equivale siempre a citar un texto de otro. Y como ese otro texto se ha perdido para siempre (porque no viene de ninguna parte, porque es siempre cita de otro texto), la literatura sería una casa de citas, un palimpsesto: un texto borrado y vuelto a escribir.

Es interesante señalar como esta noción coincide con un fenómeno que advirtió hacia 1930 el ensayista alemán Walter Benjamin: en la época de la reproductibilidad técnica la idea del “alma” de una obra, vinculada a su originalidad y autenticidad, tiende a desaparecer; gracias (o por culpa, como prefieran los lectores) a los mecanismos de reproducción los objetos estéticos pueden ser copiados y reproducidos al infinito, haciendo que la idea del “original” su vuelva obsoleta. Hoy en día nadie se preguntaría por el original de un film cuando vamos a un cine o compramos un DVD; uno no dice nunca “he ido a ver el original de Titanic al cine” o “me acabo de comprar la copia de Titanic en DVD”, sería ridículo. Porque la idea de original desapareció, ya no hay originales, sólo hay copias (borradores) que circulan entre nosotros.

Volviendo al tema del taller literario, hay un ejercicio recomendado por Hernán Casciari que es el siguiente: escribir un texto cualquiera tratando de imitar al máximo el estilo de nuestro escritor favorito; releer el texto y encontrar las frases que no se parezcan en nada a la prosa de nuestro escritor y subrayarlas, ése es nuestro estilo.