viernes, 19 de marzo de 2010

El poeta del circo romano

Me sorprendió que acudiera a la cita. Se sentó a mi lado, en un sillón pequeño de color rojo. Nuestras piernas estaban pegadas y yo sudaba. Por primera vez me había quedado sin palabras. Por primera vez en mi vida no sabía qué decir. Mirábamos el espectáculo del escenario desde nuestro, especie de, palco privado. Había otra gente, sí, y nos miraban de reojo. Pensaba en qué habría pasado de haber estado solos. Las luces se apagaban, se prendían, se desplazaban y cambiaban de colores y yo hacía como que estaba atenta, pero los nervios me carcomían. Pensaba en el circo romano y en las víctimas destrozadas en la arena y me imaginaba a mí misma en medio de los leones, el César con el pulgar señalando hacia abajo, mi condena a muerte después de haber hecho el ridículo, de haberle confesado lo mucho que me gustaba y su posterior rechazo. Mi imaginación trabajaba rauda, y a pesar de los gritos, exclamaciones y vitoreos del resto de la gente, el silencio entre nosotros era lo que me ensordecía.

De la nada sentí que su mano tomaba la mía. No nos miramos. Una gota de sudor tibio resbaló por mi cuello haciéndome cosquillas. Su mano estaba tibia. Hablamos, no sé de qué, no recuerdo las palabras, solo la sensación de mi mano en su mano, sus caricias sutiles en mis dedos, y las gotas rodando lentamente desde mi nuca por la espalda. Me intimidaba él. Aún no era famoso, pero iba hacia ese camino. Quise hablarle de sus libros, de su poema que me había hecho llorar, aquel de la chica que se suicidaba mil y una veces, cortándose los párpados con gillettes y arrancándose las uñas con un alicate, aquel poema con el que me había enamorado de él, pero no quería hacer el ridículo y que se fuera.

El espectáculo casi terminaba cuando él sacó un lapiz de su bolsillo. No era un lápiz, era más bien una pluma estilográfica, y empezó a dibujar algo en mi mano. Se demoró poco. En la parte exterior de mi mano había dibujado un alicate y entre las piernas del mismo, como si el alicate hubiera estado pariendo, la palabra MAO. Le dije que estaba muy bien hecho, y era la verdad, parecía real, como de una fotografía en blanco y negro. Le dije que podría tatuármelo. Me parecía demasiada coincidencia que de todos los dibujos imaginables hubiera hecho precisamente el alicate de las uñas. No sabía que significaba MAO, no me lo imaginé comunista, y no quise preguntarle. Las preguntas vendrían después entre mis sábanas, después de haber hecho el amor repetidas veces. Quizás para entonces el dibujo ya se habría borrado y él habría tenido que dibujarme otro, quizás en otro lugar. Quería que mi cuerpo entero fueran sus páginas para dibujar y escribir sus poemas. Quería ser yo su musa inspiradora, que sus poemas cambiaran de la depresión más negra a la lujuria más desenfrenada. Nos pusimos de pie juntos para aplaudir el final del espectáculo y le pregunté con voz temblorosa si quería acompañarme a mi casa y tomar algo juntos.

Ví su sonrisa, sus ojos melancólicos, y esperaba su respuesta cuando oí mi teléfono sonar a los lejos. Y él empezó a marcharse. El teléfono sonaba más fuerte. Yo no quería responder, quería que él se quedara conmigo, pero su imagen se diluía y se alejaba. Desperté de un salto, con el corazón desbocado y mi teléfono sonando gracias a algún degenerado que llamó a las cinco de la mañana y que se quedó callado cuando contesté. Me levanté al baño. Tenía los ojos hinchados de sueño y el sexo inflamado de placer inconcluso. Quise volver a dormirme y soñar con él, pero él, el poeta, el dibujo de mi mano y el circo romano se habían ido para siempre.

5 comentarios:

Kate dijo...

El aspecto técnico se lo dejo a los expertos, pero me gusta mucho este relato porque me identifico con el "sueño inconcluso" y me gustó mucho la descripción de los sentimientos de la protagonista... ese preámbulo que es tan emocionante, el ¿será que sí? mientras el corazón no deja de latir... personalmente me parece muy difícil de escribir, pero creo que lo has plasmado muy bien.

Saludos!

Nina Giordano dijo...

Me gustó mucho! Erótico, sin utilizar frases que hagan referencia al sexo explícito, pero que aún así logra transportar a un ambiente lujurioso... =)

Grape-Flavored Bitch dijo...

Hola, me encontre este taller por Liv, aun tienen vacantes para entrar en el? =x

patchwork dijo...

Hola... Hace rato que quiero participar en un taller literario, pero no se como se hace para participar aqui...
Veo que escriben, y luego los participantes comentan de lo que escribes??
Hay algun profe que corrija, enseñe? se juntan en sesiones virtuales a conversar de los relatos?jajaja sorry x tanats preguntas, bueno, eso.
Graciass!!

Tito Manfred dijo...

excelente lo que hiciste aquí, Maca. a la destreza narrativa a la que nos tienes acostumbrados, ahora le sumaste una sutileza en el lenguaje digna de elogio. soy partidario de un erotismo más crudo, pero debo reconocer que me gustó mucho tu relato, las palabras que escogiste, el tono etéreo que le imprimiste y que se condice con el carácter onírico de la historia. si bien no hay la narración de un acto carnal propiamente tal, la escena en el anfiteatro es tan sublimemente erótica que me pareció más excitante que cualquiera de los demás cuentos. no entraré en detalles, pero tu relato really turned me on, hahaha.
ahora bien, como la perfección no existe, pero igual hay que perseguirla, tengo la obligación de señalarte detalles a corregir, ripios a pulir. fundamentalmente, no quedé conforme con el cierre del texto, con la frase final; le falta fuerza; puedes decir lo mismo, pero con otras palabras, con otra intensidad. además, tomando en cuenta que el sueño inconcluso es un tópico bastante recurrente en la cuentística, es importante darle un matiz diferente al mismo, para así no caer en el lugar común.
fuera de lo anterior, great work, Maca :)