martes, 30 de marzo de 2010

Los proyectos del taller

Hablamos con Tito sobre la frecuencia de los proyectos y pensamos que uno a la semana es quizás demasiado seguido, así que hemos decidido que las tareas se darán dos veces por mes: el primer jueves de cada mes y el tercer jueves de cada mes.

Las tareas irán cambiando. No siempre serán lo que estamos acostumbrados a escribir, a veces nos parecerá que "no podemos escribir sobre eso". La idea es que hagamos un esfuerzo. Si bien este es un taller literario libre, en el que nadie paga por participar ni al que nadie le pagan por escribir, sí hay compromisos, y aunque a veces la tarea o proyecto nos parezca difícil es importante que hagamos el esfuerzo de cumplir con lo propuesto, no solo por el compromiso con nuestros compañeros y compañeras de taller, pero por el compromiso que hemos hecho con nosotros mismos. Hay que tratar y tratar.

La idea de disminuir la frecuencia a dos proyectos mensuales es también de que ojalá todos los participantes escriban en todas las tareas que se dan, por difíciles que sean, y no solo en la que nos gusta o acomoda. Pensamos que si es cada dos semanas es más fácil también hacerse un tiempo para sentarse a escribir.

Hay gente que me ha preguntado sobre participar en este taller. Quienes quieran participar deben enviarme su dirección de correo electrónico a lachinitaenblog@gmail.com para poder enviarles la invitación al blog.

Nos leemos pronto!

viernes, 19 de marzo de 2010

El poeta del circo romano

Me sorprendió que acudiera a la cita. Se sentó a mi lado, en un sillón pequeño de color rojo. Nuestras piernas estaban pegadas y yo sudaba. Por primera vez me había quedado sin palabras. Por primera vez en mi vida no sabía qué decir. Mirábamos el espectáculo del escenario desde nuestro, especie de, palco privado. Había otra gente, sí, y nos miraban de reojo. Pensaba en qué habría pasado de haber estado solos. Las luces se apagaban, se prendían, se desplazaban y cambiaban de colores y yo hacía como que estaba atenta, pero los nervios me carcomían. Pensaba en el circo romano y en las víctimas destrozadas en la arena y me imaginaba a mí misma en medio de los leones, el César con el pulgar señalando hacia abajo, mi condena a muerte después de haber hecho el ridículo, de haberle confesado lo mucho que me gustaba y su posterior rechazo. Mi imaginación trabajaba rauda, y a pesar de los gritos, exclamaciones y vitoreos del resto de la gente, el silencio entre nosotros era lo que me ensordecía.

De la nada sentí que su mano tomaba la mía. No nos miramos. Una gota de sudor tibio resbaló por mi cuello haciéndome cosquillas. Su mano estaba tibia. Hablamos, no sé de qué, no recuerdo las palabras, solo la sensación de mi mano en su mano, sus caricias sutiles en mis dedos, y las gotas rodando lentamente desde mi nuca por la espalda. Me intimidaba él. Aún no era famoso, pero iba hacia ese camino. Quise hablarle de sus libros, de su poema que me había hecho llorar, aquel de la chica que se suicidaba mil y una veces, cortándose los párpados con gillettes y arrancándose las uñas con un alicate, aquel poema con el que me había enamorado de él, pero no quería hacer el ridículo y que se fuera.

El espectáculo casi terminaba cuando él sacó un lapiz de su bolsillo. No era un lápiz, era más bien una pluma estilográfica, y empezó a dibujar algo en mi mano. Se demoró poco. En la parte exterior de mi mano había dibujado un alicate y entre las piernas del mismo, como si el alicate hubiera estado pariendo, la palabra MAO. Le dije que estaba muy bien hecho, y era la verdad, parecía real, como de una fotografía en blanco y negro. Le dije que podría tatuármelo. Me parecía demasiada coincidencia que de todos los dibujos imaginables hubiera hecho precisamente el alicate de las uñas. No sabía que significaba MAO, no me lo imaginé comunista, y no quise preguntarle. Las preguntas vendrían después entre mis sábanas, después de haber hecho el amor repetidas veces. Quizás para entonces el dibujo ya se habría borrado y él habría tenido que dibujarme otro, quizás en otro lugar. Quería que mi cuerpo entero fueran sus páginas para dibujar y escribir sus poemas. Quería ser yo su musa inspiradora, que sus poemas cambiaran de la depresión más negra a la lujuria más desenfrenada. Nos pusimos de pie juntos para aplaudir el final del espectáculo y le pregunté con voz temblorosa si quería acompañarme a mi casa y tomar algo juntos.

Ví su sonrisa, sus ojos melancólicos, y esperaba su respuesta cuando oí mi teléfono sonar a los lejos. Y él empezó a marcharse. El teléfono sonaba más fuerte. Yo no quería responder, quería que él se quedara conmigo, pero su imagen se diluía y se alejaba. Desperté de un salto, con el corazón desbocado y mi teléfono sonando gracias a algún degenerado que llamó a las cinco de la mañana y que se quedó callado cuando contesté. Me levanté al baño. Tenía los ojos hinchados de sueño y el sexo inflamado de placer inconcluso. Quise volver a dormirme y soñar con él, pero él, el poeta, el dibujo de mi mano y el circo romano se habían ido para siempre.

miércoles, 17 de marzo de 2010

El por qué odio a Antonia

Mientras observo a Luis y Antonia, brindando y riendo como en los viejos tiempos, recuerdo porqué la odio tanto. Y es que la muy desgraciada me echó a perder la vida ¿Y cómo no, si me quitó lo que yo más quería?


– Perdónanos, pero estamos enamorados – se justificó ella la última vez que nos dirigimos la palabra, hace más de 5 años, cuando me anunció, por teléfono y sin previo aviso, de su matrimonio con Luis.


Yo me había enamorado con esa pasión que consume a los 18 años, y la noche de nuestra graduación, sabiendo que el objeto de mi amor se iría a una universidad en otra ciudad, decidí desahogar mi corazón e, inesperadamente, encontré respuesta a mis más ocultos deseos. Me tomó de la mano y me arrastró hasta uno de los dormitorios ubicados en la planta alta, apenas cerró la puerta sus tibios labios se fundieron con los míos en el beso más apasionado que jamás he dado, ahí estaba al fin, a mi alcance, oyendo su respiración jadeante, su excitación aumentaba aún más el deseo e, instintivamente, comencé a desabrochar el cierre de sus jeans, mientras sentía una de sus manos desabrochando mi sujetador mientras con la otra jalaba de mi pelo. De pronto, me vi tumbada en la cama, con su cuerpo sobre el mío, sintiendo el calor de su piel desnuda, ardiendo de deseo, su lengua iniciando un recorrido en mi labio inferior, para ir bajando por mi cuello, mis senos y finalizar su travieso viaje hasta mi húmedo sexo, y a medida que el ritmo de sus besos aumentaba, mis gemidos se iban convirtiendo en gritos de placer hasta sentir una explosión que recorrió mis entrañas, sin entender a quién pertenecían esas manos o de quién eran esos pies, apenas consciente de la luz al final del túnel, pero agradecida del amor.


Cuando desperté la mañana siguiente, Antonia se había ido y en las sábanas sólo quedaba el olor de nuestros cuerpos.

martes, 16 de marzo de 2010

La casa de playa

Se ha pasado todo el día trabajando, un poco de agua fresca es lo que necesita. Mientras se desnuda para tomar un baño, ve su cuerpo reflejado en un pequeño espejo. No le gustan los espejos, pero las mujeres que lo visitan parecen no poder vivir sin la vanidad de verse reflejadas. Claro, hay mujeres más vanidosas que otras, sobre todo la condesa.

Después de secar su cabello, viste pantalones de pescador y una camisa blanca, abierta a medio pecho. Se mira una vez más en el espejo, analiza su reflejo. Tal vez él también posee algo de vanidad. El recuerdo de los labios color carmín vuelve a su mente. Tiene que controlarse, porque si piensa una vez más en ese corsé blanco y apretado…

Respira profundo y mira hacia el mar para distraerse. Cada que parpadea, puede casi sentir esos dientes mordiéndole los labios. Su pantalón se siente de repente más ajustado. Ríe a carcajadas, y decide que la próxima vez se duchará con agua helada.

Ella camina descalza y de prisa, silenciosamente. Nadie debe enterarse que salió de casa, mucho menos a dónde se dirige. Cuando por fin empieza a subir las escaleras hacia la casa de Juan, sabe que está a salvo. Un hombre alto la recibe, con ropa holgada y poco formal. Las horas de trabajo le han dado un aspecto bronceado, que contrasta con su mirada de ojos verdes. Ella es claramente una aristócrata, su mirada y su atuendo la delatan. Lleva puestos un vestido y sombrero blanco. Ambos sonríen, bien saben que no importa la ropa que llevan puesta, lo que importa es la piel debajo de ella.

Sin preámbulos empiezan a besarse, la charla puede esperar. Ella besa su cuello, mientras él la toma de la cintura. No es difícil para él quitarle el vestido, los botones caen al suelo mientras ella le quita la camisa. Los besos siguen, con mordidas juguetonas en los labios. Sus miradas se cruzan y sonríen, mientras las manos expertas de él, ya lograron quitarle los listones al corsé. Debajo se escondían sus pechos, que son redondos y rellenos. El deja de besarle el cuello, para besarla al tiempo en que ella arquea la espalda y queda recostada en la cama. Sus cuerpos desnudos están mas cerca que nunca.

El placer es tal, que es casi imposible pensar, el sabor de su sudor la embriaga. No pueden quedarse quietos y prueban sentarse, pararse y hasta recostarse de lado. Las huellas de la batalla empiezan a aparecer. Rasguños en la espalda de ambos, respiración entrecortada y explosiones de placer. La noche es larga, y tan sólo toman los descansos necesarios, antes de volver a comenzar.

Horas después, miran cansados las estrellas. Nada importa, cuando hay noches como esta.

sábado, 13 de marzo de 2010

En la terraza.

- Vamos, nena.
- No, me da miedo, ¿qué tal que nos vea alguien?
- ¿Quién nos va a ver? son las tres de la mañana
- No importa, ¿qué tal que haya alguien desvelado y mire por la ventana?
- Pues que vea, vamos, tú sabes que quieres.

Así fue como terminamos esa madrugada en la terraza de la casa, el vino de la noche anterior había nublado mis sentidos y me había excitado. Sentía todo mi cuerpo caliente, quería ser tocada, lamida, penetrada, quería muchas cosas, y él también. El ambiente prohibido y a la vez peligroso hacía que nuestra excitación se elevara, pero cuando empezó a besarme, a meter su lengua en mi boca, decidí dejar los temores de lado y entregarme a esa pasión animal que crecía con el paso del tiempo.

Mientras me besaba, su mano jugaba con los botones de mi camisa, que arrancó de un solo tirón, dejándome expuesta al frio de la madrugada; luego su boca bajó por mi cuello, sentía su saliva caliente mientras su boca aprisionaba el nacimiento de mi seno mientras que sus manos en la parte trasera de mi espalda quitaban mi sujetador con precisión quirúrgica. Su boca se entretuvo lamiendo mis pezones, que se pusieron duros, anhelantes.

Yo me sentía en una película, admirada, deseada, excitada, quería que me vieran, quería mostrarle al mundo el fuego que me abrasaba y me quería consumir. Lentamente bajó su boca por mi estómago mientras deslizaba la falda por mis piernas. Se detuvo a jugar con mis tanguitas, que arrancó con fuerza mientras yo sentía el calor incrementarse en todo mi cuerpo. Rápidamente abrí las piernas y su lengua desesperada exploró mi vagina en toda su extensión, sentía que se deslizaba de arriba a abajo para volver a subir y deteniéndose en mi punto exacto que rápidamente me provocó una, dos y tres oleadas de placer.

Al parecer su excitación era mucho más de lo que podía controlar porque no me dio tiempo de retribuirle el acto: intempestivamente me cargó, me apoyó contra la pared y me penetró fuertemente, como un animal en celo. Mi éxtasis iba creciendo y no pude evitar empezar a gritar de la mezcla de dolor y placer que sentía. Cada penetración era una puñalada de goce. Finalmente cuando no pude resistir más, exhalé un grito final, seguido poco después por su propio grito y sentí su fuerte chorro dentro de mí, lo que me hizo gozar aún más.

No hubo amor, ni sentimientos, sólo pasión salvaje desbordada, aunque nunca olvidaré la cara espantada de la vecina que, desvelada, nos miraba desde la casa del frente.

Reina

Algo bueno le estaba preparado, era cuestión de querer, de saberse bonita, y de regalarse ante algún hombre relativamente conocido, que cumpliera unos pocos requisitos: limpieza, no demasiada embriaguez, y una pizca de popularidad bastaban.

Sao Paulo había superado sus expectativas, más por los estratégicos movimientos interpersonales, que por los temas de trabajo. Desde un principio esa fue su intención. El calor de Brasil había terminado por ahuyentar su carácter responsable.

De vuelta, no quedaba más que cosechar lo sembrado en la convención.

Llegó junto a un par de amigas y saludó con un beso en la mejilla, se mantuvo haciéndose la normal, riéndose y coqueteando para disimular su nerviosismo. Se protege con el falso coqueteo infantil...

Se mira con Davor y conversan más tiempo del debido para dos personas que sólo buscan amistad. Él había asistido a la convención pero como parte del grupo de apoyo, no habían tenido la oportunidad de compartir lo suficiente.

Davor es diez años mayor que ella, lo que lo hace bastante interesante, no es muy alto, sus ojos café brillan, y un mechón lácio le cae sobre la frente. Es evidente que llama la atención de varias. Un atractivo más.

- ¿Bajemos?
- No ¿Para qué? - haciéndose la difícil.
- Providencia yo quiero bajar contigo, ven conmigo.
- No, a ver... No te entiendo - mientras sonríe.
- Tú sabes que quiero estar contigo - insiste, mucho más decidido que suplicante.
- Yo no sé nada…

Se van del brazo en dirección a la escalera del club, ella sonríe encubriendo el apetito de su cuerpo, el frío que le sube desde el estómago y le sale caliente por la garganta.

Un amigo le grita que no, le advierte cual padre. Providencia lo mira despreocupada, es ella la que tiene la situación bajo control.

El subterráneo está completamente oscuro y Providencia elige meterse al baño. Ante la vacilación de Davor, afirma aún más su decisión, y a partir de ese momento se siente la reina.

Recibe los expertos besos del compañero que hoy ella misma ha preferido. No deja que avance el tiempo y ya está tocando el bulto, cada vez más firme y tibio, bajo el pantalón de Davor. Su experiencia es mínima, pero nada mejor para ocultarlo que ir más, y más allá. Por un momento él se sorprende cuando ella intenta bajarle el pantalón. Davor se va por el mismo camino, pero ella no lo deja. Hoy, Providencia y nadie más que Providencia manda. Es ella quien va a agradarle. Con fuerza levanta su camisa blanca y recorre el torso de Davor, apretándolo y bajando hasta el ombligo, lo besa y hunde su lengua rosada lentamente hasta que la saliva se le seca. Con la mano derecha toma firmemente su pene y lo menea rítmicamente sin descanso. Los gemidos de Davor alimentan y motivan las caricias de la, esta noche, reina. Con temor a aburrirlo, deja que sus senos se deslicen hacia abajo rozando sus pezones con el pecho y estómago de Davor. Se inclina hasta que sus rodillas se encuentran con las baldosas frías. Él la toma de la cabeza con dulzura, como cuidando que no se detenga. Providencia se moja los labios y, como la mejor de las peritas, lleva su boca hasta cubrir por completo el pene húmedo de Davor. Lo siente en su paladar, y después en su garganta que es golpeada por una arcada. El poder de la reina domina cualquier manifestación física, sin duda. Providencia reprime las arcadas y las convierte en placer... De a poco succiona esa masa rígida y la mete violentamente hasta el fondo de su boca, la saca y le pasa la lengua mientras con sus manos distingue los testículos y los masajea completamente segura con incansables movimientos.

Davor la aparta. Para ella es suficiente, es la señal que esperaba. No le interesa ver cómo él explota tirando a distancia su semen, ni como procura hacerlo lo más lejos posible de ella.

Se lava las manos, arregla su escote, y se acomoda el pelo frente al espejo. Sus ojos ya se acostumbraron a la oscuridad.

- Mejor yo subo por la escalera de la derecha y tú en un rato por la otra - Sentencia Providencia
- No hay problema, nos vemos - contesta Davor agarrándola de la cintura y dándole un beso que ella esquiva sonriente y distante mientras se va.

jueves, 11 de marzo de 2010

Literatura erótica

A casi dos semanas de ocurrido el terremoto que asoló a medio Chile (de donde son buena parte de quienes participan en este taller), ya es hora de retomar nuestras actividades.

Y qué mejor manera de volver a darle duro a las teclas que dedicar esta semana a la literatura erótica. La relación es muy sencilla: diga lo que diga la ONEMI, las placas tectónicas son pura mitología y, en realidad, los sismos son el efecto de los cuadros plásticos que ensayan los dioses en el centro de la Tierra. "No manches, wey". Es la pura y santa verdad, iñor.

Bueno, al grano: creo que todos tenemos una noción más o menos clara de qué es la literatura erótica y qué elementos debe tener un texto literario para ser catalogado de "erótico", así que seré breve en mi exposición:

La literatura erótica es un subgénero literario en el cual los textos -sean narrativos, líricos o dramáticos- se relacionan, directa o indirectamente, con el sexo y el erotismo ("una metáfora de la sexualidad", en palabras de Octavio Paz). Por lo general, se tiende a buscar una distinción valórica entre lo erótico, lo obsceno y lo pornográfico, pero ésta resulta anacrónica si consideramos que se trata de categorías que son producto cultural de un lugar y un tiempo determinados (lo que en Chile es obsceno, en Japón puede no serlo; lo que ayer era pornográfico, hoy ya no lo es). Por consiguiente, para efectos del taller, entrará en la categoría de literatura erótica todo texto cuyo eje temático sea el sexo y su práctica, sin importar que el abordaje del mismo sea erótico, obsceno o pornográfico (aunque no lo crean, arte y pornografía no son antónimos; si no me creen, lean a Henry Miller o vean cuadros de Gustav Klimt). Desde luego, no pierdan de vista que en toda obra literaria (y las eróticas no son la excepción), las palabras entrañan otra verdad, una realidad distinta y mucho más compleja que la explicitada; por ende, cuando nos enfrentamos a un cuento o poema erótico, el acto carnal narrado o poetizado sirve de metáfora de una verdad más profunda sobre el ser humano y su condición.

Pues, bien, una vez expuesto lo anterior, ahora sólo toca dar el proyecto escritural para esta semana: escribir un texto (cuento, poema o híbrido) de temática erótica con una extensión de entre 1.000 y 2.000 caracteres. Plazo fatal para subirlo al blog: el próximo lunes a las 23:59 hrs. (o el martes a las 00:00 hrs., como máximo). Qué esperan, ¡a escribir!

miércoles, 10 de marzo de 2010

Retomamos el taller

Este jueves retomaremos el Taller Literario. Tenemos conocimiento de que todas las participantes que son chilenas residentes en Chile se encuentran bien, pero es entendible que no puedan escribir acá todavía.

Algo que no mencioné y que en su momento no creí necesario, pero lo hago ahora: Cuando decidí formar este taller, yo misma le pedí a Tito y a Natalie (afumhue) que fueran los profesores de este taller. Como condición les pedí que ellos, que estudiaron/estudian carreras relacionadas con la literatura, fueran quienes nos hicieran los comentarios o correcciones "técnicas", lo que no quiere decir que las demás NO podamos hacer aportes y comentarios. También les pedí que ellos NO subieran al Taller Literario textos propios, para que su labor como "profesores" fuera más objetiva. Las opiniones o críticas que Tito o Natalie puedan hacer, tómenlas como algo técnico, no como algo personal. Obviamente no es necesario estudiar literatura para ser escritor, pero sí creo que lo que ellos estudiaron nos puede ayudar a mejorar lo que escribimos (sin nosotras mismas estudiar literatura e independientemente de lo que hagamos con nuestra vida), lo cual ha sido la idea del taller desde el principio. Uno no le pregunta al mecánico sobre un problema psicológico, así como tampoco uno le pregunta al psicólogo qué es lo que le pasa al auto... Cuando le pedí a Tito y a Natalie que nos ayudaran, lo hice porque pensé que sus opiniones serían valiosas y lo sigo pensando, que hay que rescatar lo valioso de las opiniones, no solo de los profesores, pero también de los demás que comentan, y siempre enfocarnos en el tema que estamos comentando y con esto me refiero a que comentemos el texto que estamos leyendo y demos sugerencias de cómo mejorar, o qué nos hace sentir, o qué nos gustó/no nos gustó, etc.

Tito es también la persona que subirá cada semana el proyecto en el que trabajaremos y quien nos dará una breve explicación sobre el tema, que nos servirá para orientarnos. Ustedes también pueden proponer temas y trataremos de trabajarlos todos.

Otra cosa que creo que es importante es mantener un lenguaje "neutro". Acá habemos personas de distintas nacionalidades, si bien compartimos el idioma español, hablamos y escribimos distintos dialectos. A veces puede ser difícil escribir en "neutro" y es normal y natural escribir con frases o palabras típicas de nuestros países, pero tratemos de, en lo posible, no escribir extremadamente en nuestro "dialecto", cosa de que las demás participantes al leer se queden con un signo de interrogación en los ojos sin entender ni una palabra de lo que escribimos.

El tema de el próximo proyecto: Lo hablamos con Tito y después de algunos comentarios que me hicieron algunas compañeras del Taller sobre que la tarea parecía un poco difícil, sobretodo si estamos recién empezando, acordamos en que esa tarea (junto con el texto que Kate ya había publicado) quedará en borrador para más adelante. Así que ahora a esperar a que Tito suba la tarea de esta semana. ¡Qué ganas tengo de leerles!

lunes, 1 de marzo de 2010

Taller suspendido

Informo que debido al terremoto acontecido en Chile el taller literario queda suspendido hasta nuevo aviso. Gracias por su comprensión y espero que pronto podamos retomar esta actividad.